Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un nuevo comienzo

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos recuerda que no hay pecados pequeños.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Hay tanta tentación cuando estamos tratando con nuestra carne, con el pecado en nuestras vidas, a hacerle frente a las cosas que son obvias, a las cosas grandes, a la mayoría de las cosas, pero tendemos a pasar por alto algunos de esos pecados pequeños que son como nuestras mascotas, aquellos que nos gusta hacer.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Alguna vez has sentido como si tu crecimiento se encontrara en un punto muerto, como si no pudieras cambiar tus actitudes o comportamiento? Nancy tiene buenas noticias para cualquiera de nosotras que se sienta así. Hoy continuamos en la serie «Lecciones de la vida de Josué (Parte 11): Librando y ganando batallas espirituales.»

Nancy: En el día de ayer recibí un correo electrónico que realmente fue una carga pesada para mi corazón. Esta joven me dijo: «Soy una estudiante universitaria de veintiún años que estudia la Biblia. Crecí en un hogar cristiano y conozco todas las respuestas correctas; sin embargo, me siento como una cristiana derrotada, frustrada y agotada. Durante las últimas semanas he vuelto a caer en un estilo de vida que me atormenta y que sé que Dios aborrece. Y es un ciclo que odio.

Estuve bien durante un año y medio y vi ciertos comportamientos que se hacían menos frecuentes por largos períodos de tiempo entre las recaídas. Sin embargo, me encontré de nuevo en un punto donde una vez me encontraba –deseando poder terminar con la vida un día de estos. Y he vuelto a caer en una conducta bulímica, a cortarme y en un hábito moral pecaminoso personal.»

Y su correo continúo. . . en Aviva Nuestros Corazones nosotros estamos llamando a las mujeres a libertad, a plenitud, y abundancia en Cristo. Y estoy contenta por ella y por mujeres como ella que nos escriben, y espero que podamos ser de alguna manera de ayuda para ella.

Y lo que ella nos describió, quizás de una forma extrema, creo que describe la forma en que muchas de nosotras vivimos; con ciclos que van hacia arriba y hacia abajo, en la montaña rusa del cristianismo, con ataduras de pecado sobre las que no podemos obtener la victoria. Probablemente no tengas una conducta bulímica, o estés cortándote pero hay muchas mujeres que están lidiando con esto, más de las puedes imaginarte.

Pero puede ser algo con tu boca,  quizás con la ira con ira, o con un espíritu crítico, con las depresión, con los cambios de humor, con la mentira. . . lo oímos todo, en Aviva Nuestros Corazones, y una de las razones por las que mi corazón se inclina a personas como ella, es que sé lo que es lidiar con patrones de pecado en mi propia vida, y con la frustración y el agotamiento que esto puede traer a la vida cristiana.

Y durante las próximas sesiones, quiero que echemos un vistazo más de cerca, a lo que podemos aprender de la vida y de la obra de Josué, sobre cómo librar y ganar batallas espirituales.

Y hoy llegamos a Josué capítulo 8, que es la continuación de la historia de la que hemos estado hablando sobre el pecado de Acán y más tarde acerca de su muerte. Y ahora regresamos a Hai, donde los hijos de Israel ya habían sido derrotados a causa del pecado de Acán.

 Y regresemos a esta lectura en el capítulo 8, la continuación, el epílogo, el resto de la historia –y el reto de esta lectura es no dejar que las derrotas pasadas nos depriman. Y creo que va a ser alentadora para ti, como lo ha sido para mí.

Un teólogo escocés del año 1800, decía: «La vida cristiana victoriosa es una serie de nuevos comienzos.» 1 y me gusta eso. Me siento realmente agradecida por esta verdad de que la vida cristiana es una serie de nuevos comienzos. Y ¿No se sienten contentas de que Dios les permita empezar de nuevo? ¿Nos avivarías de nuevo Señor? y tú dices: «Señor, Tú me avivaste hace unos meses, pero estoy aquí de nuevo otra vez necesitando un toque fresco de Tu Espíritu Santo.» Gracias a Dios que Él nos da esos nuevos comienzos, especialmente en lo que se refiere a los fracasos de nuestro pasado.

Y cuando experimentamos fracasos o sufrimos derrotas espirituales, la tentación es a sumirnos en ellas, y a sumirnos en el fracaso. Y pensamos en el pasado –«en Hai, ahí fuimos derrotados. Perdí treinta y seis hombres allí, fallé allí»; y nos desanimamos. Y pensamos en el futuro, y estamos desanimadas porque pensamos que vamos a hacerlo de nuevo. Que vamos a caer de nuevo. Y tú dices: «Voy a caer de nuevo en ese ciclo.» Lo que sucede muchas veces es que nos paralizamos y nos quedamos estancadas. Nos sentimos como, «es que no puedo seguir adelante.»

Pero regresemos a Josué en el capítulo 8. Y piensa en lo que ha sucedido y lo que él ha experimentado. Él lleva el peso de la derrota humillante que acababan de sufrir en Hai. Treinta y seis hombres perdieron la vida. Y él se sentía responsable de alguna forma, porque él era el líder. Y entonces a todo esto se le suma la angustia del pecado de Acán y sus consecuencias.

Josué era el que tenía que supervisar todo el proceso de la disciplina de la iglesia, por así decirlo, buscar  al culpable, lidiar con eso, y ver la muerte de este hombre por sus pecados. Es decir, Josué tenía que sentirse muy mal por todo esto. Y si alguna vez has estado en una posición de liderazgo, sabes que en una situación como esa, es fácil culparse y preguntarse, ¿hay algo que debí haber hecho diferente? ¿Hay algo que pude haber hecho de otra manera?

Cualquiera que sea padre o madre ha tenido esos sentimientos. Ves a sus hijos fallar, y te preguntas, ¿qué hicimos? ¿Qué hicimos mal? ¿Qué debimos haber hecho diferente? Y no son necesariamente preguntas equivocadas las que se hacen, porque Dios puede usar esas circunstancias, para traer luz a nuestras vidas y decir, «estas son las áreas donde quiero cambiarte.» El peligro está cuando nos sumergimos en los fracasos del pasado. Y nos sumergimos en lo que queda atrás.

Pero la buena noticia que encontramos al regresar al capítulo 8 de Josué es que Dios no había abandonado a Su pueblo. Dios les había disciplinado, les había purificado. El pecado había sido costoso; no había sido poca cosa. Pero Dios les dice: Bueno «Ahora es el momento de dejarlo atrás. Y ahora es el momento de seguir adelante.»

Así que vemos esta progresión, al mirar hacia atrás durante las últimas sesiones, ves a Dios bendiciendo a su pueblo mientras cruzan el río Jordán, mientras se caen las murallas de Jericó. Ese fue un tiempo de grandes bendiciones para los hijos de Israel.

Pero luego ves el pecado que entra en la historia, y en ese exceso de confianza de los israelitas, Acán y su desobediencia, ves que el pecado tiene consecuencias. Y ellos pierden la bendición. Pierden la presencia de Dios cuando pecan. Luego ves cómo es tratado el pecado, como hizo Josué en el capítulo 7. Y luego vemos, en el capítulo 8, que la bendición regresa.

  • Primero la bendición
  • Después el pecado
  • Luego las consecuencias
  • Luego el lidiar con las consecuencias, el lidiar con la raíz del pecado
  • Y entonces Dios libremente restaurarla bendición a su pueblo una vez más.

Y me parece que algunos creyentes se quedan atascados en el pecado y en sus consecuencias y no se mueven al lugar de la bendición. Y esto es lo que quiero que entienda esta joven de veintiún años que nos escribió, y lo que quiero que entiendas al detenernos en esta lectura.

Ahora, los hijos de Israel, sin embargo, tenían que recuperar el terreno perdido, y no hay duda de que el terreno perdido es difícil de recuperar. Habría sido mejor que el pecado nunca hubiera sido cometido. No quieres simplemente pecar y decir: «Bueno, puedo volver y empezar de nuevo.» Eso es como tratar con la gracia de Dios a la ligera, porque el pecado deja cicatrices. El pecado tiene consecuencias.

No tomes la gracia de Dios a la ligera. Pero aunque el terreno perdido es difícil de recuperar, por la gracia de Dios, es posible.

Y los hijos de Israel habían sido derrotados en Hai, pero estoy contenta de que ese no es el final de la historia. Estoy muy contenta de que Dios los llevó de nuevo a Hai, porque nos muestra una progresión que tenemos que seguir al hacer frente a los fracasos del pasado.

Los hijos de Israel habían lidiado con la causa de su derrota. Pero ahora tienen que ir de nuevo al lugar del fracaso y enfrentar el enemigo nuevamente. No pueden simplemente seguir adelante. Ellos tienen que volver a Hai y luchar la batalla de nuevo, y esta vez ganarla. Es hora de un nuevo comienzo.

Cualquiera necesita un nuevo comienzo. Todas lo necesitamos algunas veces. Y eso es exactamente lo que Dios les está ofreciendo a los israelitas en este punto. Y es lo que Él nos ofrece a nosotras.

Ahora, al inicio de Josué capítulo 8, comenzando en el versículo 1, Dios se encuentra con Josué, y esto es justo después de la triste historia de la lapidación de Acán. Allí levantaron un memorial, un monumento conmemorativo. Y siempre sería un lugar triste que la gente miraría y diría: «Eso es lo que sucede si no se trata con el pecado a la manera de Dios.» Pero ahora Dios le da a Josué una palabra muy necesaria de consuelo y aliento, y estoy muy agradecida de que Dios sabe exactamente lo que necesitamos y cómo y cuándo dárnoslo.

Josué 8, versículo 1: «Entonces el Señor dijo a Josué: No temas ni te acobardes.» lo que Él está diciendo es: Sí, acabas de ser derrotado. Has perdido treinta y seis hombres. Fue trágico. No debió pasar, pero sucedió. Ahora eso quedó atrás. Sí, Acán pecó, y sí, mucha gente sufrió por su pecado, y los hijos de Israel quebrantaron su fe en mí, pero podemos dejar eso atrás. El pecado ha sido tratado.

Y ahora tenemos que seguir adelante. «No tengas miedo de seguir adelante. No desmayes. No te quedes estancada. No te quedes paralizada por el fracaso del pasado.»

Y esta es una palabra que repite el Señor a Josué: «No tengas miedo.» Y a medida que nos fijamos en lo que ha pasado, hay que dejarlo atrás, y no tengas miedo de seguir adelante. Es una palabra que Dios repite y da a nuestros corazones. Y puede ser exactamente la palabra que necesitas hoy: «No tengas miedo. No desmayes.»

Y ahora Dios le da la dirección a Josué, las instrucciones de cómo seguir desde allí: (v. 1) «Toma contigo a todo el pueblo de guerra y levántate, sube a Hai;» Y ahora, ellos han estado en Hai antes. ¿Crees que podrían tener miedo de volver allí de nuevo donde fueron derrotados? Pienso que sí, pero Dios les dice: «No temas» Regresa a donde perdiste la batalla» (parafraseado).

«...mira, he entregado en tu mano al rey de Hai, su pueblo, su ciudad y su tierra. Harás con Hai y con su rey lo mismo que hiciste con Jericó y con su rey; tomaréis para vosotros como botín solamente los despojos y el ganado. Prepara una emboscada a la ciudad detrás de ella.» (vv. 1-2).

Así que Dios le da a Josué las instrucciones, instrucciones específicas  para esta batalla, y las instrucciones son diferentes a las de otras ocasiones en otras batallas. La primera vez, los hijos de Israel únicamente enviaron 3.000 hombres a pelear la batalla de Hai. Y esta vez llevan todo el ejército que era de 600.000 hombres, y lo sabemos por otros pasajes.

Ahora bien, no parece necesario llevar un contingente de 600.000 soldados para tomar una ciudad de aproximadamente 12.000 personas. ¿Qué es eso, como cincuenta a uno, o algo así?  Pero creo que Josué ha aprendido que no se cuestiona a Dios. Y uno hace lo que Dios dice.

Entonces Dios da esta promesa: «Te he entregado al rey de Hai en tu mano. Harás con Hai y su rey como hiciste con Jericó y su rey» (vv. 1-2 parafraseado).

Y pensarías que Josué podría haber dicho, «pero, Señor, ¿puedes ver lo que sucedió la última vez que fuimos contra Hai?» pero Josué ejercita la fe  –fe en la promesa de Dios.

Y esta vez se les da permiso para guardar el botín, a diferencia de Jericó, y esta vez Dios les da un plan de batalla y una estrategia totalmente diferentes de las que Él hizo para Jericó. En Jericó, Dios hizo que las murallas cayeran sin que los israelitas tuvieran que luchar en absoluto. Esta vez fue diferente. Tendrían que luchar, pero aún sería Dios quien ganara la victoria. Dios dijo: «He entregado a Hai en tus manos.»

Y creo que es tres veces, por lo menos, en este capítulo que se ve esa frase. Dios siempre les está recordando a Josué y a su pueblo: que la batalla es del Señor.

Si ganas la batalla, no es porque fuiste inteligente, o porque se esforzaron, es porque les entregué al enemigo en sus manos. Entonces Dios les da instrucciones específicas, comenzando con la idea, de poner una emboscada en contra de la ciudad, detrás de ella. Son instrucciones detalladas. Y nos recuerda la importancia de conocer cómo Dios quiere que nos ocupemos de cada situación en nuestras vidas – Él quiere que le preguntemos, que le pidamos dirección, que le pidamos instrucciones.

El otro día estaba en el teléfono hablando con alguien de nuestro personal acerca de un programa en nuestro ministerio. Y es algo que hemos hecho siempre de la misma manera desde hace varios años. Y cuando  estábamos en el teléfono, esta persona me dijo: «Así que este año, una vez más, lo haremos...» y esbozó, lo que hemos hecho en los últimos años.

Y como he estado viviendo en el libro de Josué. Le dije: «Esto puede ser exactamente lo que Dios quiere que hagamos. Puede que sea la forma en que Él quiere que volvamos a hacerlo. Pero no quiero que asumamos que esa es la manera en que Dios quiere que lo hagamos año tras año. Quiero asegurarme de que nuestro equipo se ha detenido y le ha preguntado al Señor: «Señor ¿Es esto lo que quieres que hagamos este año? ¿Es así como quieres que enfrentemos esta situación, o quieres que hagamos algo totalmente diferente?»

Y le dije a esta persona, «no asumamos que el Señor quiere que hagamos lo mismo de la misma manera cada vez. Necesitamos orar. Y necesitamos  pedirle al Señor, «Señor ¿Estamos yendo en la dirección correcta? ¿O deberíamos ir en una dirección diferente?»

Y permítanme resumir las instrucciones que Dios dio y cómo Josué las llevó a cabo: Algunas de las tropas fueron enviadas a la zona oeste de la ciudad donde montaron una emboscada –ellos estaban escondidos ahí. La gente de Hai no sabía que estaban allí. Entonces Josué y sus tropas, a la mañana siguiente, se acercaron a la ciudad de frente –por el  norte– y el pueblo de Hai vio las tropas de Josué venir. Y ellos vaciaron la ciudad.

Los soldados salieron de la ciudad, todos ellos, para ir en contra de Josué, y pensaron: hombre, los derribamos la última vez; y son lo suficientemente tontos como para venir contra nosotros de nuevo, vamos a derribarlos esta vez. Y cuando el ejército de Hai salió, Josué y sus tropas se volvieron y fingieron retirarse. Huyeron, como diciendo: «Nos van a dar de nuevo. Están ganando otra vez contra nosotros.»

Pero lo que Josué estaba haciendo era que estaba atrayendo a los hombres, al ejército de Hai, y una vez que todo el ejército estuvo fuera de la ciudad, Josué dio la señal que se había preestablecido –y voy a volver a esa señal en otro momento, pero dio la señal a las tropas que estaban esperando escondidas al otro lado de la ciudad, en el lado oeste.

Entonces esas tropas se trasladaron a la ciudad que ahora estaba vacía, y que había quedado sin defensa, y las tropas del oeste entraron y capturaron la ciudad y le prendieron fuego.

Y el versículo 21 nos dice que cuando los hombres de Hai que habían salido a perseguir a Josué se volvieron a mirar hacia atrás, hacia su ciudad, vieron toda su ciudad convertida en humo, y se dieron cuenta de que estaban atrapados. No podían ir a ninguna parte. Josué y sus tropas se devolvieron.

Y esto se ve en el versículo 21: «Al ver Josué y todo Israel que los emboscados habían tomado la ciudad y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y mataron a los hombres de Hai. Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro así que los de Hai quedaron en medio de Israel, unos por un lado y otros por el otro; y los mataron hasta no quedar de ellos sobreviviente ni fugitivo.» (vv. 21-22).

Así que Dios fue misericordioso. Habían sido derrotados en Hai una vez, pero esta vez, Dios entregó a Hai en sus manos, tal como lo hizo con Jericó.

Ahora, permítanme hacer dos observaciones acerca de este pasaje.

En primer lugar, es la minuciosidad con la que Josué se ocupó de la oposición. No hubo sobrevivientes. Él «los derrotó, hasta que no quedó ninguno que sobreviviera o se escapara,» y eso incluyó al rey –y puedes leer sobre eso en el versículo 29. Él fue capturado y fue asesinado.

Dios le había dicho: «Vas a destruir por completo a todos los cananeos.» Hemos visto la razón y era porque los cananeos eran gente malvada. Los israelitas simplemente ejecutaron el juicio justo de Dios sobre aquellos cuya copa de iniquidad estaba llena. «Y quemó Josué a Hai y la convirtió en un montón de ruinas para siempre, en una desolación hasta el día de hoy.» (v. 28). Y luego se construyó otro monumento, un montón de piedras sobre el lugar donde el rey de Hai había caído.

Y permítanme recordarles, una vez más, Warren Wiersbe dice en su libro sobre Josué: «Ten en cuenta que esta no era la "masacre de personas inocentes", sino el juicio de Dios sobre  una sociedad malvada que se había resistido a su gracia y su verdad.»2

No habría sido correcto para Israel hacer esto por su cuenta. Pero Dios les dijo: «Ustedes se convertirán en mis instrumentos para llevar a cabo mis propósitos en el trato con estas personas.»

Y creo que es importante que nos demos cuenta de que Josué terminó la tarea. Él terminó el trabajo. Él hizo un gran trabajo. Se llevó a cabo el juicio de Dios de manera completa.

Y ayer, mientras yo leía este pasaje nuevamente, otro ejemplo vino a mi mente: es un ejemplo opuesto –y es el ejemplo de Saúl, a quien le dijeron que fuera y destruyera por completo a todos los amalecitas, pero él salvó al Rey Agag y lo dejó vivo, y pasó el resto de su vida, en realidad terminó perdiendo su vida en última instancia, a causa de su pecado.

Y es una tentación cuando estamos tratando con nuestra carne, con el pecado en nuestras vidas, el hacerle frente a las cosas obvias, a las cosas grandes, a la mayoría de las cosas, pero tendemos a pasar por alto algunos de esos pequeños pecados que son como nuestras mascotas, aquellos que nos gusta hacer.

Josué pudo haber hecho lo que otros líderes y comandantes querían hacer que era desfilar con el rey que habían conquistado como ejemplo de su conquista, pero Josué no estaba tratando de hacerse famoso ni hacerse un gran nombre para sí mismo. Él estaba sólo tratando de ser obediente al Señor. La carne debe morir. Y cada pecado tiene que ser tratado, y tenemos que tratar con él a fondo. Y vemos una imagen de eso en cómo Josué  trató con Hai.

Y entonces, ahora quiero volver a lo de la señal que Josué hizo al pueblo que estaba emboscado cuando tenían que salir. Mencioné que cuando Josué iba de retirada, de ir en contra del pueblo de Hai, cuando se dio la vuelta, él  levantó la jabalina en el aire que era la señal para que las tropas en el lado oeste de la ciudad entraran a la ciudad de Hai.

«Entonces el Señor dijo a Josué: Extiende la jabalina que está en tu mano hacia Hai, porque la entregaré en tu mano. Y extendió Josué hacia la ciudad la jabalina que estaba en su mano. Y los que estaban emboscados se levantaron rápidamente de su lugar, y corrieron cuando él extendió su mano, entraron en la ciudad y se apoderaron de ella, y se apresuraron a prender fuego a la ciudad. (vv. 18-19).

Y cuando leo la Palabra de Dios, asumo que Dios no desperdicia ninguna palabra, cuando Él da instrucciones, es importante. Y hay un detalle asombroso, para mí, en esta historia.

En el versículo 18, vemos que Josué extendió su jabalina, lo que fue una señal para los otros hombres para que entraran en la ciudad. Pero mira el versículo 26: «Josué no retiró su mano con la cual tenía extendida la jabalina, hasta que hubo destruido por completo a todos los habitantes de Hai.»

Él mantuvo la jabalina levantada, la jabalina levantada en el aire durante todo el curso de la batalla, hasta que la batalla hubo terminado.

Y no te recuerda algo que Josué había visto y experimentado antes en su vida? ¿Recuerdas la primera batalla que libró Josué? Leemos ese relato en Éxodo capítulo 17 como él estaba abajo en el valle peleando contra los amalecitas. Pero ¿qué era lo que Moisés estaba haciendo en la colina arriba con la vista al valle?

Estaba sentado allí con sus manos en alto, con la vara de Dios en su mano, y cuando sus manos se cansaron de levantarla en el aire, se pusieron Aarón y Hur uno en cada lado para ayudar a levantar sus manos (y ya estudiamos este pasaje en esta serie de Josué) y Moisés mantuvo la vara levantada. Dijo que en cualquier momento que sus manos empezaban a caer, comenzaban a perder la batalla, pero sus manos estaban levantadas en todo momento, y ellos ganaron así la batalla.

Y esta fue una imagen de su dependencia de Dios. Y dijimos cuando estudiamos ese pasaje, hace algunas semanas, que Josué siempre recordaría que la batalla era del Señor. Y mientras él veía la vara levantada, su valentía y su fe crecían. Josué ahora es un hombre mayor –de noventa años– y él está siguiendo el ejemplo de su líder, levantando la jabalina en el aire, manteniéndola arriba.

¿Y piensas que fue fácil para un hombre de noventa años de edad mantener esa jabalina en lo alto en el aire durante todo ese tiempo? Quizás no, pero Dios le dio una fuerza sobrenatural. Era un símbolo de que la batalla es del Señor, que nosotros dependemos de Él. Fue un símbolo de la importancia de tener poder de permanecer en la batalla, perseverancia, y fidelidad.

Una cosa fue para mí ser cristiana a mis veinte años, cuando estaba tan llena de energía, y tanto entusiasmo. Y yo no podía imaginar cuando veía a las personas mayores caer espiritualmente durante la batalla, caer durante la carrera, y pensaba, ¿pero, qué pasa con ellos? ¿Por qué no pueden seguir adelante? Yo no fui de aliento en lo más mínimo para ninguno de ellos.

Pero ahora estoy cerca de mis sesenta años, y siento un poco más de comprensión por las personas que se cansan en la batalla. Y me doy cuenta de que una cosa es tener éxito y ser fiel en la primera oleada de la batalla cuando eres joven, y cuando estás llena de energía, pero otra cosa es permanecer en la batalla hasta que la victoria es completada, y permanecer fiel a largo plazo.

Permítanme leerles algo para ustedes que escribí en mi diario en un momento en que medité en este pasaje. Escribí: «Señor líbrame, líbrame oh Dios de batallas comenzadas pero no completadas. Por favor concédeme la gracia, la determinación y la capacidad de resistencia para terminar la obra que me diste que hiciese.»

Y eso es lo que quiero hacer. A menudo se lo digo a otros líderes cristianos cuando les escribo una nota, les digo frecuentemente: «Que el Señor te mantenga fiel hasta el final de la meta. Que el Señor mantenga tu mano levantada y que te mantenga fuerte y te dé siempre poder.»

Y así es como pueden orar por mí. Porque quiero ser fiel hasta el final de la batalla.

Tenemos que ser fieles, no sólo en el ministerio, sino al tratar con nuestro pecado, al tratar con la carne. Y a veces se vuelve  fastidioso. Y tú dices: «Estoy cansada de tratar con este mismo asunto una y otra vez.» Y hay algunos problemas en mi vida que estoy cansada de hacerles frente, y yo pronto diría, «Es que no quiero preocuparme por eso nunca más. No quiero pensar más en eso, simplemente quiero irme al cielo.»

Pero Josué dice: «No. Mantén esa jabalina en el aire. Sigue en la batalla. Mantente fiel. Sigue perseverando. Sigue hasta que la batalla haya sido ganada.»

Y esa jabalina levantada es un símbolo de triunfo sobre el enemigo. Dios ha ganado la batalla. Dios ha vencido. Dios ha conquistado. En el nombre del Señor, el enemigo ha sido vencido.

Y quiero llegar al cielo con mi mano alzada con la jabalina en mi mano. No quiero decir esto como símbolo de violencia. Me refiero sólo a un símbolo de triunfo, por la gracia de Dios. Él me ha mantenido fiel en la batalla, y los enemigos han sido vencidos, y ahora es el tiempo. Cuando llegues al cielo, entonces será el momento de descansar, de descansar de nuestras labores, de descansar de las batallas.

Pero, mientras tanto, estamos en la batalla, estamos en una batalla. Y no se hace más fácil a medida que envejeces. No es sencillo. A veces se hace más difícil, pero por la gracia de Dios  podemos permanecer fieles hasta la meta final.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado dando buenas noticias. Puedes crecer y fructificar en Cristo.

Esta enseñanza es parte de la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 11): Librando y ganando batallas espirituales.» Nancy nos ha estado llevado en un viaje profundo a través de la vida de Josué, exhortándonos a ser fuertes y valientes, y a permanecer fieles hasta el final de nuestros días.

Dios te ama incluso cuando pecas, pero también te ama lo suficiente como para ayudarte a abandonar el pecado. Escucha más acerca de esto mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Alexander Whyte (1837 a 1921).

2 Warren Wiersbe, Be Strong (Joshua): Poner el poder de Dios para trabajar en su vida (Cook, 1993), de 78 años.

 

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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