Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Un real avivamiento, día 2

Annamarie Sauter: Con nosotras el pastor Israel Sanz.

Pastor Israel Sanz: Hermanos, Dios no es el medio es el fin, Dios no es el canal, es el caudal. Dios no solo es el Dador generoso, también es el Regalo inabarcable.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Patricia con nosotras.

Patricia de Saladín: Hoy estaremos escuchando la continuación de un mensaje del pastor Israel Sanz, pastor de la Iglesia Evangélica Bautista de Córdoba, en Andalucía, España. Su mensaje se titula, Un real avivamiento, y está basado en el Salmo 80. Si no escuchaste la primera parte, asegúrate de hacerlo. Encuéntrala en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Y recuerda que la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Ester capítulos 4 al 7.

El pastor Sanz nos retó a evaluar cuál es —verdaderamente— el gozo, la alegría de nuestro corazón: Dios o las cosas que Él nos ha dado. Y el pastor mencionó un error que solemos cometer, y es pensar que somos las autoras de nuestra prosperidad (sea cual sea el tipo de prosperidad). Hoy él continúa con un segundo error de modo que podamos evaluar nuestros corazones y clamar por avivamiento. Escuchemos. 

Pastor Sanz: Hay otro mal igual de pernicioso –y aquí es donde me quiero centrar un poco más– este mal crece en el corazón, no del ateo, sino del religioso. En el corazón del religioso Dios es reconocido. Nadie pone en duda Su existencia o Su poder, o Su benignidad; pero Dios no es visto como alguien deseable en Sí mismo, sino que Dios es visto como un poderoso canal, un canal por medio del que me vienen las bendiciones que yo ansío. Aquellas cosas que en realidad hacen las delicias de mi corazón.

Dios me da lo que yo quiero, por eso lo quiero tanto. Dios me da lo que yo quiero, por eso lo quiero tanto. Yo quiero hijos sanos, Dios me cuida mi niña, por eso yo quiero a Dios y por eso me interesa estar bien con Él. Yo necesito un trabajo y Dios me da un trabajo, por eso yo quiero a Dios y por eso quiero estar bien con Dios, y quiero tener las cuentas cortitas con Dios y quiero que Él me favorezca. Pero fíjate que en esa cuenta, en esa manera de pensar, Dios no es visto como alguien precioso y deseable en Sí mismo, sino que Dios es visto como un canal por medio del que yo recibo las cosas que de verdad quiero y las cosas que de verdad me gustan.

Dios es visto como alguien que me protege de aquellas cosas que me asustan o que me disgustan. Y venimos a relacionarnos con Dios como el vasallo –en los tiempos medievales– se relacionaba con su señor. El vasallo se ponía al servicio del señor y trabajaba en los campos del señor a cambio de que en el momento de la batalla, en tiempos de guerra cuando otros pueblos querían invadir, entonces el señor protegía a sus siervos. Les ofrecía la protección de su ejército y de su castillo. Pero hermanos, hablando claro, si no hubiera ninguna amenaza, si no existiera la posibilidad de invasiones extranjeras, si a ese vasallo se le asegurase que jamás en su vida tendría que afrontar el peligro, los campos del señor los iba a trabajar un guardia. Perdón, es una frase hecha, espero que no haya un guardia aquí que se moleste. Los campos del señor los iba a trabajar otro. Vamos a ver si queda claro: yo trabajo los campos del Señor porque el Señor también promete protegerme en tiempos de necesidad. Es un trueque, es un negocio. Pero realmente no es porque yo ame al Señor o el Señor sea alguien deseable para mí o yo lo haga voluntariamente con alegría. No, no. Es que yo tengo un beneficio, me interesa hacer eso.

La vida del religioso puede estar repleta de actividad religiosa, oración, venir a los cultos, dar ofrenda, de todas las cosas, pero el religioso se acerca al Señor porque el Señor le da cosas, porque el Señor le arrima cosas. Te cuida, te bendice y tú ves al Señor entonces como eso, como un canal por medio del que recibes aquellas cosas que sí son la alegría de tu vida.

Vamos de nuevo a nuestro texto. ¿Qué pasa? El pueblo de Dios está en ruinas. ¿Por qué? Porque Dios se ha apartado de Su pueblo, y cuando Dios ha dado un paso atrás los enemigos han invadido y los están destruyendo. Y ¿cómo es eso? ¿Cómo es que Dios ha cerrado sus ojos o ha dado un paso atrás? Dios ha dado un paso atrás porque el pueblo no hace más que darle la espalda una y otra vez. ¿Y cómo es que el pueblo le da la espalda a Dios? ¿Qué clase de locura se ha apoderado de su mente? Bueno, el pueblo se ha apartado de Dios porque Él, Dios, ha dejado de ser el tesoro de sus corazones y ellos han inclinado su corazón a las bendiciones que Dios les arrima.

Otros amores ocupan el lugar que solamente le pertenece al Señor. El pecado se llama idolatría, o cómo lo llaman algunos profetas y algunos apóstoles en el Nuevo Testamento, adulterio espiritual. Vamos a poner esto en orden. El corazón, en primer lugar –estos son los pasos de la decadencia– el corazón se enamora de las bendiciones. Las cosas que Dios me concede llegan a convertirse en el objeto de mi alegría, en mi deleite en mi satisfacción. Lo que me hace sentir vivo, lo que me hace sentir pleno, lo que me hace sentir gozoso, lo que me hace cantar, no es Dios sino las cosas que Dios me da; la música, el sexo, la comida, el fútbol, mi familia, mis hijos, el ministerio, la predicación, los amigos, los estudios, los viajes, la ropa, la moda. Esas son las cosas que a mí me hacen venirme arriba.

Paso dos: Dios se aparta de mí, no definitivamente pero me deja que camine un rato yo solo porque Dios no se presta a ser un Dios utilitario. Dios no se presta a ser el Dios máquina expendedora, donde yo meto una moneda de oración y Él me echa una lata de bendiciones. Dios no juega a eso. Si tú me quieres como el canal para recibir las bendiciones, ahí te quedas. Te voy a dejar que camines un rato solo.

Tercero, cuando eso pasa, los enemigos vienen y se ponen las botas. Y tu vida que ayer florecía y tu gozo que ayer estaba exuberante en tu corazón, se apaga. Tu vida se marchita y tu alma se convierte en un zarzal, en un laberinto, en algo oscuro; te quedas en penumbra, ya no hay gozo, ya no hay vitalidad, ya no hay deseo, ya no hay fuerza para hacer lo que antes hacía. Hermanos, en el terreno espiritual, cuando la comunicación con Dios se rompe, cuando Dios se aparta, cuando nuestra alma queda hecha un zarzal…mira hermano, nosotros hemos sido diseñados por Dios para vivir, para ser felices. ¿Hay alguien aquí que no quiera ser feliz? ¿Hay alguien aquí que su meta en la vida sea ser un desgraciado de campeonato? ¿Cuántos quieren ser felices de verdad? ¡Todos! Hemos sido diseñados por Dios de esa manera. Hay un anhelo legítimo diseñado por Dios en nuestros corazones de dicha, de felicidad, de plenitud, de abundancia, de orden, de belleza, de significado, de importancia.

Eso está puesto ahí por la mano de Dios; y cuando no tenemos a Dios y no encontramos satisfacción, plenitud, deleite, belleza, significado, identidad, descanso en Él, entonces intentamos buscarlo en otras cosas. Comer, hay que comer. Beber, hay que beber. Y cuando Cristo no está siendo el pan –verdadera comida– y el agua –verdadera bebida– cuando Cristo no está trayendo verdadera satisfacción a nuestro corazón, entonces comer, hay que comer.

Y es posible que en esta habitación haya personas que en esta etapa de su vida están comiendo en internet la pornografía, buscando descanso, buscando alivio, buscando placer en la pornografía; o buscándolo en lo que sea, en la avaricia, en el dinero, en tener más dinero, más dinero, o en idolatría hacia la ropa –no, esto tiene que ser de esta marca– o en el deporte, o en tu imagen o en tus medidas o en la comodidad o en el móvil o en la PlayStation…

Cuando Dios se aparta el alma se queda sin aquello que trae verdadera satisfacción y empieza a buscar en otras cosas. Pero ¿qué hacemos? ¿Qué hacer en esta situación? Porque tal vez algunas vidas aquí no pueden decir, «Dios es la alegría de mi vida». Estás intentando entretener tu vida; algunos con cosas buenas en sí mismas: la familia, los hijos, el deporte… Y otros con cosas malas en sí mismas: la pornografía, la avaricia…no sé. ¿Qué hacer? Pues regresamos a nuestro texto. ¿Qué hace Asaf? ¿Qué pide Asaf?

Asaf no dice, «mira la viña está destruida, Señor, pero te voy a pedir una cuadrilla de ángeles que venga y la arregle. No dice eso Asaf. Tampoco dice, «Señor, los hombres y las bestias están arruinando esta planta tuya, manda un rayo que los parta. Tampoco dice eso. ¿Qué dice Asaf? ¡Vuelve, Señor! Vuelve, vuelve, Señor. No te estoy pidiendo una cuadrilla de ángeles que vengan y protejan la viña. No te estoy pidiendo que mates a nuestros enemigos que nos arruinan, te estoy pidiendo que te vengas con nosotros, que regreses Señor, que pongas Tu tienda de campaña en medio de esta parcela.

Te queremos a Ti, no solo Tu protección, no solo Tus favores, te queremos a Ti Señor. Dios mío, no es el regalo que traes en la mano, es la mano la que queremos, es Tu sonrisa, es Tu cara amable, eres Tú mismo, Tu presencia, Tú eres el regalo. Hermano, Dios no es el medio es el fin, Dios no es el canal es el caudal. Dios no es solo el dador generoso, también es el regalo inabarcable. Recuerda en el Cantar de los cantares, la sunamita, la mujer habla a su enamorado –este es un poema entre dos enamorados, un hombre y una mujer, pero yo creo que es perfectamente aplicable a Cristo y la iglesia. Y la mujer dice en un momento, «oh, si él me besara con besos de su boca, porque mejores son tus amores que el vino, a más del olor de tus suaves ungüentos (perfumes), tu nombre es como ungüento derramado». En otras palabras, oh, yo quiero tu beso, tus perfumes huelen genial. Me encantan tus perfumes, pero más allá de tus perfumes, tú, tú eres el perfume. Tu nombre es el perfume. Me encanta cómo hueles, pero tú eres el perfume.

¿Entiendes lo que la sunamita está diciendo, lo que la mujer está diciendo? Estás rodeado de gloria, pero tú mismo, tú, eres el perfume, tú eres lo que trae deleite a mi corazón, tú eres lo que me alegra, tú eres la alegría de mi vida. ¿Hay alguien en este salón que sea consciente de que tiene la tendencia a convertir las bendiciones de Dios en el centro de sus afectos? ¿Solo yo? ¿Hay alguien consciente…? Es decir, yo soy consciente, yo debo vigilarme, yo debo estar pendiente de mi propio corazón porque si me descuido tiendo a convertir las bendiciones de Dios en el foco de mi mirada, en lo que ocupa el centro de mi corazón.

Tiendo a ser idolatra. ¿Queremos avivamiento? Hay que derribar esos altares para que solo el Señor sea exaltado en este día; para que el Señor sea el admirado en este día. Ahora, ¿sientes la necesidad de clamar al Señor con estas mismas palabras, «Señor vuelve. Que brille Tu rostro, que Tú me sonrías, que Tu presencia realmente sea lo que traiga satisfacción, aliento, alegría a mi corazón. Reconozco Señor que quizá he puesto otras cosas. Reconozco que para mí, mi coche es más valioso o mi carrera o mi trabajo o mi familia o mis estudios o mi móvil o mi ropa». 

Reconozco que tal vez te he provocado de esa manera… Entonces tengo una palabra para ti. Arrepiéntete, reconócelo, confiésalo. Dile, «Señor, me da vergüenza decirlo pero eso es una realidad en mi vida. Sí, en la teoría todos decimos que Jesucristo regrese, pero mi corazón está lento para Ti, mi corazón está trabado, estoy empachado de chucherías. Señor, no tengo apetito por Ti, la Biblia me sabe a polvo. Señor, no encuentro ningún deleite en leer este libro, no tengo alegría, lo reconozco Señor. Vengo sin excusas, lo confieso, así de reventado estoy Señor. No quiero simular, no puedo simular, no puedo engañarte, así está mi corazón».

Y por último, quiero animarte a tomar medidas extraordinarias para recuperar el tono espiritual. Y en este punto quiero hablaros –de la oración ya hemos hablado en estos días– pero yo quiero hablarte del ayuno. Quiero decir muy rápidamente, muy muy rápidamente, qué no es el ayuno. El ayuno no es una obra que concede méritos para ascender a un nuevo nivel de bendición.

¿Quieres ascender a un nuevo nivel de bendición? Entonces tienes que pagar una cuota, tienes que pagar un precio de ayuno y eso te da un ticket o te da un pase para el nuevo nivel de bendición. No. Hermano y hermana, los puntos que tú tienes después de ayunar 40 días, son los puntos que tú tenías antes de ayunar 40 días, que son los mismos puntos que tú tenías antes de conocer a Cristo cuando servías al diablo de todo corazón. El cristianismo no va por puntos, el cristianismo no va por méritos. No es que tú ganas el mérito para acceder a un nuevo nivel de bendición espiritual. En el cristianismo es gracia sobre gracia sobre gracia, favor inmerecido de Dios. Porque el Señor nos quiere mucho y Él es muy generoso con nosotros. El ayuno tampoco es un chantaje, no es un soborno a Dios, no es un precio, no es que Dios está allí un poco apático y no nos quiere bendecir y no se decide a bendecirnos, no sabe si bendecirnos o no, y nosotros entonces lo chantajeamos.

En una huelga de hambre, los que ayunan, lo que procuran es poner entre la espada y la pared a aquellos a quienes presentan sus reivindicaciones. El que cede antes es el que pierde; y se ejerce una presión importante porque si tú no me das lo que yo te estoy pidiendo vas a matarme de hambre, tú vas a ser el responsable de que yo me muera aquí delante de tu cara. Pero el ayuno no es eso, el ayuno no es que Dios está allí tranquilamente en Su trono, apático en cuanto nosotros, y le retorcemos el brazo Dios dice, «para, para, para que te bendigo», eso no es el ayuno.

Dios no tiene nada que ver con esa imagen. La tercera cosa que el ayuno no es, el ayuno no es una exhibición de espiritualidad. El ayuno no es una exhibición de mi consagración a Dios. Nosotros no ayunamos por ser espirituales, todo lo contrario. Nosotros no ayunamos por ser más consagrados, por ser más espirituales, nosotros ayunamos porque tenemos una tendencia a movernos hacia la mundanalidad. Ayunamos porque somos conscientes de nuestra debilidad espiritual. Con la oración yo me aferro a Dios, con la oración yo me aferro a Dios. Con el ayuno me despojo de mí vida. Y cuando estas dos manos se unen, cuando yo me aferro a Dios y Sus promesas y me despojó de las chucherías, entonces hay un algo que no sabría explicar, pero Dios aprueba y bendice esa dinámica.

Y la cuarta cosa, esto no haría falta decirlo, pero lo voy a decir por si acaso, el ayuno no es una dinámica encaminada a mejorar mi condición física. El ayuno no es para adelgazar. El que ayuna adelgaza, por lo menos durante un rato. Pero hermano, cuidado, cuidado. Tener la motivación de adelgazar no es una mala motivación. Pero cuidado con ayunar para adelgazar y lucir mejor; eso no es el ayuno. ¿Qué es el ayuno? El ayuno es un grito sencillo, básico y salvaje de nuestro corazón que dice así: «Dios mío, todo lo bueno viene de Ti, de Tu mano recibo todas las bendiciones, pero te quiero a ti más que a lo que traes en la mano. Gracias por el regalo, pero me quedo con la mano que lo porta. Gracias Señor por la casa y la comida pero no dependo de la casa ni de la comida, Tú eres mejor que la casa, Tú eres mejor que la comida, Tú eres mejor que la esposa, Tú eres mejor que los hijos, Tú eres mejor que el ministerio, Tú eres mejor que el trabajo, Tú eres mejor que el coche, que el móvil. Mi vida depende de Ti. Te necesito Señor. Mi vida se muere sin Ti. Sin Ti todo está vacío, todo está sin sentido; sin Ti no hay vigor ni fuerza para hacer el ministerio; sin ti no hay gozo permanente ni sabiduría ni cánticos en la noche; sin Ti no hay paz que sobrepasa todo entendimiento; sin Tí no hay poder ni vida ni fuego ni unción ni frutos; sin Ti todo es vacío, todo es debilidad, silencio, fracaso y frustración. Tengo hambre de Ti Señor. Los alimentos son buenos, pero Tú eres mejor. Tú me satisfaces más. Yo no estaré satisfecho hasta que Tú vengas. Ven, ven Señor, vuelve Señor haz resplandecer Tu rostro sobre mi vida».

Hermano, te invito a hacer un ayuno. No ahora, míralo tú con Dios. No necesariamente de comida, puede ser de móvil, donde encuentras tú que hay enganches en tu corazón. Incluso puede ser dentro de los matrimonios, y estoy hablando muy en serio. Incluso de la intimidad sexual. Hace poco el Señor me guió –y digo eso no para lucirme– hermanos, de verdad que no, sino para poner un ejemplo práctico. Él Señor me guió a hacer un ayuno combinado, durante algunos días comida, durante los siguientes días, televisión –y a mí me encanta, no la televisión, sino los eventos deportivos. Me encantan.

Y durante los siguientes días, de la intimidad sexual dentro del matrimonio. ¿Por qué? ¿Porque esas cosas son malas? Ninguna de ellas es mala, son bendiciones del Señor. Pero para decirle al Señor, «Señor, te anhelo a Ti más, te necesito a Ti más, y yo quiero que Tú seas la alegría de mi vida. No quiero encontrar la alegría de mi vida aquí». Me encanta comer, no quiero encontrar aquí la alegría de mi vida. Me encantan los eventos deportivos, y también trae alegría y gozo a mi corazón tener intimidad con mi esposa. Pero no quiero hallar la alegría de mi vida, ni aquí ni aquí ni aquí. 

Yo quiero poder decir con el salmista, «Dios Tú eres alegría de mi vida, y veo en mi corazón tendencia a levantar ídolos». Por eso necesitamos orar, por eso necesitamos este tipo de dinámicas. Búscate la manera, Dios te va a guiar. Pero aunque algunos piensan que se te ha ido la cabeza un poco, que estás siendo un poco fanático –si no lo tienes muy claro habla con el pastor, con los hermanos responsables –recuerda no por legalismo, no es un retorcerle el brazo a Dios, es decirle al Señor, es cantarle al oído tu amor y tu necesidad. Es decirle, «Señor yo quiero que Tú seas la alegría de mi vida, el gozo de mi gozo».

Y termino con esta historia: en una ocasión Jesús llegó a Capernaum y se puso a enseñar en una casa; y dice que la gente le rodeaba, habían venido fariseos de Jerusalén, escribas, gente de Decápolis, la casa estaba a reventar y Jesús estaba enseñando. ¿Puedes venirte a esa casa conmigo un momento? La casa está repleta, no cabe un alfiler. Jesús está enseñando pero el evangelista nos dice que el poder de Dios estaba presente para sanar. ¿Para qué? Para sanar. De repente, cuatro se acercan trayendo un amigo suyo que está paralítico, y posiblemente ellos intentaron entrar en la casa por la puerta principal, pero el evangelista nos dice que no podían porque la casa estaba atestada de personas. No lo dice la Escritura, pero yo supongo que ellos entonces rápidamente intentaron entrar por la puerta de atrás. A lo mejor abriéndose paso con la camilla, con el lecho de su amigo pidiendo que por favor la gente se apartara, «necesitamos ver a Jesús», pero ni por esas, no había manera.

Mientras Jesús estaba enseñando, pero el poder de Dios estaba presente para sanar. Cerca de Él, tan cerca que casi pueden sentir el aliento en la mejilla, están los fariseos. Los fariseos están tan cerca, tan cerca, pero tan lejos, tan lejos y fuera hay 4 personas, de hecho cinco, cuatro y el amigo paralítico que están intentando por todos los medios abrirse paso, porque todo su afán es poner a ese hombre delante de Jesús.

Están tan lejos, tan lejos, tan lejos, pero tan cerca, tan cerca, tan cerca… De repente, en medio de la lección del rabí, empiezan a oírse ruidos en el techo y empieza a caer un polvillo, y alguien desmonta el techo y empiezan a descender al colega desde arriba. Pero ¿cómo se puede ser tan bestia? ¿Pero cómo se puede interrumpir…te imaginas la cara del dueño de la casa? ¿Te imaginas la cara de los fariseos? ¿Cómo se puede ser tan primitivo, tan obtuso, tan salvaje? ¿Cómo se interrumpe a un rabí de esta manera?

Ahora, ¿te imaginas la cara de Jesús? Yo creo que el corazón de Jesús empieza a latir deprisa, ¿por qué? Porque está enseñando, pero el poder de Dios estaba presente para sanar, y hasta esa hora nadie había echado mano del poder. Pero hubo cuatro que tenían una fe rompetechos, una fe salvaje, una fe que abre brecha. Ahí están los cuatro, no van a soltar, al final ponen al tipo delante de Jesús y Jesús –yo creo que aguantandose la risa del gozo que tenía, latiéndole el corazón deprisa, con lágrimas de la emoción– le dice, «hijo, tus pecados te son perdonados. Y la gente empieza a murmurar…¿quién es este que puede perdonar pecados? Y Él los mira y les dice, «para que sepáis que yo tengo autoridad para perdonar pecados, levántate, toma tu lecho y vete a tu casa.

Hermanos, termino aquí. Te llamo entonces a examinar tu corazón. Si tú eres de esos que dicen, «oye, esa palabra es para mí. Yo tengo un montón de amores pero no puedo decir que Jesús es la alegría de mi vida; pero yo hoy lo confieso delante del Señor, lo confieso con vergüenza pero lo confieso: «Señor, ha habido ídolos en mi corazón y mis afectos están muy repartidos. Yo quiero hacer un compromiso de buscar al Señor con oración y con este tipo de ayuno, un ayuno espiritual donde yo le voy a gritar a mi Señor; me voy a poner en una posición donde Él conquiste mi corazón entero; hasta que la vid, la planta, vuelva a estar llena de vitalidad y le haga sombra a las montañas.

Vamos a orar. Gracias Señor, gracias Dios por Tu Palabras. Gracias Espíritu Santo porque Tú haces que nuestro corazón responda a Tu Palabra Dios mío. Tú la haces viva para nosotros Señor. Tú calientas nuestros corazones, Tú alumbras nuestro entendimiento, Señor; y queremos rendirnos delante de Ti, queremos rendirnos a Tu llamado Señor, y queremos Dios mío responderte; queremos buscarte Señor, con celo. Dios mío, quebranta todo enganche, quebranta, arranca todo lo que está desviando los afectos y el cariño de nuestro corazón, derriba todo ídolo y ayúdanos a levantarnos contra todo rival tuyo. En el nombre de Jesús, bendice a mis hermanos y trae Señor tiempos de refrigerio sobre cada corazón a medida que te busquemos en Tu Palabra y veamos nuestro corazón para recrearse en Ti. En el nombre de Jesús, amén, amén. 

Patricia: Espero que esta enseñanza del pastor Israel Sanz te haya zarandeado de modo que seas avivada por el poder del Espíritu de Dios. Esta es la segunda parte del mensaje titulado Un real avivamiento. Si lo que has escuchado ha sido de bendición para ti, te animo a compartirlo con más mujeres. Hazlo a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Aquí en Aviva Nuestros Corazones queremos ayudarte no solo a sobrevivir en tu vida cristiana, sino a tener una vida abundante en Cristo, y creo que el programa de hoy nos ha animado a hacer precisamente eso. No te rindas, no te conformes. Arrepiéntete de tu idolatría o de la avaricia, busca a Dios con todo tu corazón, y sé vivificada por el poder de Su Palabra.

Creo que muchas estaríamos de acuerdo en decir que los días que estamos viviendo son días turbulentos. En nuestra próxima serie profundizaremos en Marcos capítulo 13, precisamente para ver cómo podemos, en días como estos, vivir una vida abundante en Cristo. Acompáñanos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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