Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: Si queremos ver un avivamiento en nuestros días, necesitamos construir un camino de santidad.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Hemos aceptado la filosofía de que está bien que los cristianos se parezcan, piensen y actúen como el mundo. Hemos considerado una ofensa el confrontar a las personas por sus faltas, reprender a la gente por su pecado, ya sea en privado, o de ser necesario, públicamente.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Crónicas capítulos 1 y 2.

Dios es pronto para amar y para enseñar, ¿le has buscado? «En busca de Dios» es el título de nuestra serie actual, un estudio de doce semanas que te ayudará a experimentar el gozo de un avivamiento personal en la relación con Dios.

En las semanas anteriores hemos ido pavimentando el camino para llegar al tema de hoy. Hablamos sobre qué es y qué no es un avivamiento, y sobre las características de un avivamiento genuino. Luego escuchamos acerca de la gracia, y esta semana nos sumergiremos en el gozo y la belleza de la santidad.

Te recuerdo que puedes hacer este estudio (en grupo o individualmente) haciendo uso del libro «En busca de Dios». Encuéntralo, así como los audios y las transcripciones de estos programas en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Si estás escuchando este programa con el libro de estudio a mano, estarás trabajando la lección 6, el día 1. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: ¿Podrías decirme qué es lo que hace que una iglesia local tenga un testimonio poderoso para Cristo en su comunidad? Pienso que varias personas podrían responder esta pregunta diciendo: «Bueno, si tienen un buen programa de niños con una gran variedad de actividades. Esto sería de gran testimonio para Cristo en la comunidad». 

Algunos podrían decir que es el programa de música, que son los equipos de alabanza y adoración, o quizás las actividades de grupo de acuerdo a la edad. Otros dirían que tal vez sean los buenos programas para la juventud, los fabulosos programas de Navidad y Pascua, o que es la gran predicación lo que le da a la iglesia un gran testimonio. Pero veamos lo que dijo acerca de la iglesia local Charles Haddon Spurgeon, uno de los predicadores y pastores más grandes que ha existido. Él dijo: «En la medida en que una iglesia es santa, en esa medida su testimonio es poderoso para Cristo». ¿Alguna vez has pensado que este es el factor que hace que una iglesia impacte su comunidad? En la medida en que una iglesia sea santa, en esa misma medida será poderoso su testimonio para Cristo.

Si eso es cierto, debemos motivarnos a que nuestras iglesias sean más santas. Es una gran cosa tener los programas de niños, los programas para los jóvenes, los programas musicales, pero ¿qué me dicen del programa de santidad? Bueno, supongo que es más fácil tener programas de niños y de jóvenes que programas de santidad, pues de hecho no existen programas que te puedan hacer más santo.

Sin embargo, si la santidad es la que nos proporciona nuestro mayor testimonio, debemos hacernos la pregunta, ¿podríamos decir con honestidad que la mayoría de nuestras iglesias están dando un testimonio poderoso para Cristo en nuestras respectivas comunidades?

Hoy en día vemos el avance de tantas religiones falsas. A veces me pregunto por qué es que nuestras iglesias no están teniendo un mayor impacto para Cristo en el mundo secular. Si somos honestas, quizás debemos admitir que una de las razones, es porque nuestras iglesias no son santas. La gente no piensa en nuestras iglesias, en los cristianos, como personas santas.

La falta de testimonio en la comunidad tal vez dice algo acerca de nuestra falta de santidad. Esto debe ser preocupante para cada una de nosotras como hijas de Dios.

Si han escuchado Aviva Nuestros Corazones por un tiempo, algunas ya me han escuchado hablar acerca de la epidemia de pecado en la iglesia de hoy. Todas saben que es algo que inquieta mi corazón. Espero que también lo tengas presente en tu corazón.

Sin exagerarles, constantemente recibo cartas, correos electrónicos, llamadas y reportes que hablan de la falta de santidad y de pecados que ocurren de manera abierta y descarada en las iglesias. La falta de santidad. Me hago la pregunta, ¿por qué? ¿Por qué hoy en día parece que existe una epidemia de pecado en la iglesia?

Pues creo que la lista de razones la encabeza el hecho de que por generaciones la iglesia evangélica ha abandonado la predicación sobre el pecado y la santidad. Hoy en día este es un tema que simplemente no se escucha mucho.

No tenemos problemas en predicar sobre el pecado y la santidad, siempre y cuando no seamos muy específicos, siempre y cuando no se mencionen los pecados, o siempre y cuando se predique de los pecados de los demás. Pero si se mencionan nuestros pecados, entonces se están entrometiendo. Esto nos desagrada. Inmediatamente alegamos que es legalismo. No deseamos que se predique sobre el pecado o la santidad.

Como resultado hemos trillado superficialmente alrededor de muchos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento que proclaman la santidad de Dios, el odio de Dios hacia el pecado, la ira de Dios contra la iniquidad y Su juicio en contra de los pecadores que no se arrepienten. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste un sermón acerca de la ira de Dios? ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste un sermón acerca del juicio final de Dios?

Preferimos enfocarnos en referencias sobre la gracia de Dios, Su misericordia y Su amor. Necesitamos predicar acerca de estas cosas, pero no hemos estado tan entusiasmados de predicar o escuchar prédicas acerca de la ira, el juicio y la justicia de Dios.

Y como resultado hemos promovido algo que nosotros llamamos el evangelio, aunque realmente no lo es. Un evangelio que dice que es posible ser cristiano y a la vez negarse con terquedad a tratar con prácticas y comportamientos que sabemos que son pecaminosos. Es posible ser cristiano y seguir practicando la impiedad de manera consistente.

Hemos aceptado la filosofía de que está bien que los cristianos tengan la apariencia, piensen y actúen como el mundo. Hemos considerado una ofensa el confrontar y reprender a las personas sobre su pecado ya sea en privado, o de ser necesario, públicamente.

A veces pienso, si tan solo aborreciéramos cometer pecados tanto como nos disgusta confrontarlos. Decimos, «eso es algo privado, es asunto de ellos. No te involucres, no te entrometas». Hoy en día, por ejemplo, si algunas personas se enteran sobre algún asunto de disciplina en la iglesia eso es suficiente para suscitar una demanda legal.

Para que no pienses que estoy exagerando el caso, déjame darte algunos ejemplos que podría repetir una y otra vez. Recibí una carta de una mujer que me expresó una profunda preocupación sobre la falta de compromiso con la santidad de muchas personas que se hacen llamar creyentes.

En su carta dijo: «El entretenimiento mundano y la conversación grosera se encuentran galopantes en nuestras iglesias. Esta misma semana en un almuerzo de mujeres, el tema era lo preocupante que era ir a una película con restricción, y ver cómo algunas personas traían a sus hijos con ellos. Las escuché por unos minutos y no pude quedarme callada por mucho tiempo. De la manera más amable que pude, dije: «Señoras, somos cristianas. No puedo creer que estemos hablando de ir ver a películas con restricción».

No sé cómo reaccionaron ante su comentario, pero sé que muchas personas seguro la miraron como si viniera de otro planeta.

Recibí un correo electrónico de una graduanda de una de las universidades bíblicas más respetadas en los Estados Unidos. Me contó cómo Dios había tratado con ella sobre su idea de que la santidad era tan solo un asunto de cumplir reglas de hombres. Dios había estado tratando este asunto en su corazón. Compartió cómo los cristianos de 25 años de estos tiempos van casualmente a bares. También me habló de otros asuntos, desde la falta de modestia en la vestimenta hasta qué conversaciones son las apropiadas para grupos mixtos, de hombres y mujeres.

Luego dijo: «Cuando estaba de moda en la televisión la serie “Friends”, era popular entre las mujeres cristianas de alrededor de 20 años de edad, lo cual fue muy sorprendente para mí debido al contenido sexual que tenía este programa. Tenía dos compañeras de cuarto cristianas que lo veían todas las semanas». Esto era sumamente inquietante para ella como lo debe ser para nosotras.

Conozco una madre cristiana que es activa en su iglesia, y compartió cómo ella y su pareja de rendición de cuentas se juntan cada semana a ver un programa en la televisión, que está lleno de insinuaciones sexuales, mientras sus esposos se ocupan de los niños. Luego se molestó mucho cuando una amiga de su pequeño círculo le preguntó cómo podía ser eso congruente con su profesión de fe de ser cristiana. Pensó que fue algo muy inapropiado y grosero de parte de su amiga el atreverse a hacerle la pregunta.

Estoy suscrita a un servicio en línea de mensajes ilustrados. Cada semana recibo diez mensajes nuevos, algunos de los cuales incorporo en las enseñanzas de Aviva Nuestros Corazones. Lo que más me asombra es que algunas semanas hasta un 50% de esas ilustraciones son extraídas de películas profanas, y regularmente se usan esas películas como fuente para ilustraciones de sermones.

Y me pongo a pensar, ¿estarán animando a los pastores a pararse los domingos en sus púlpitos y utilizar ilustraciones de películas que son profanas, inmorales y blasfemas? ¿Estarán animando a sus congregaciones a pensar que está bien ver y escuchar estas películas?

Algunas personas dirían: «Bueno, tan solo se están conectando con el mundo». Y yo digo: «Desconecta tu corazón del mundo. Conéctalo con el reino de Dios y tendrás mucho más impacto en el mundo que si tan solo eres como el mundo».

Una de las cosas que más debe preocuparnos en cuanto a la manera en que la iglesia se ha acomodado al mundo, es el impacto que esto está teniendo en nuestros jóvenes. Tenemos algunos amigos que dirigen un estudio bíblico en su casa para adolescentes que asisten a la secundaria del colegio cristiano de su hija. Estos estudiantes pueden considerarse como la crema y la nata de familias cristianas. Algunos de sus padres son parte del personal de un gran ministerio paraeclesiástico.

Recientemente en ese estudio mis amigos distribuyeron la letra de algunas canciones populares y les pidieron a los jóvenes que dijeran si estaban de acuerdo o no con el mensaje de las canciones, y el comportamiento que estaban abogando. Por lo que entiendo, tres de estas canciones tenían letras que eran descaradamente ofensivas. Por ejemplo, una de ellas era de la estrella de rock Eminem, que canta de manera gráfica acerca de asesinar a su madre acompañado de un despliegue interminable de profanidad.

Después de analizar las palabras, los jóvenes discutieron el hecho de que algunos de estos comportamientos eran realmente espantosos, algunas de las expresiones eran horribles. Luego les preguntaron si continuarían escuchando la canción aun si no estaban de acuerdo con el mensaje. Excepto por dos de ellos, estos jóvenes dijeron: «Sí, yo continuaría escuchando esa música aun con esos mensajes degradantes».

Cuando mis amigos vieron esto se entristecieron sobremanera. Como sabían que yo estaba escribiendo un libro sobre la santidad me escribieron para contarme lo que había ocurrido.

Me compartieron lo siguiente: «Nuestros corazones están rotos. Esta es una generación perdida. La iglesia y nosotros los adultos hemos fallado en pasar el testigo de la santidad a la próxima generación. Francamente no podemos culpar a estos muchachos. ¿Cómo pueden aspirar a una vida de santidad si no han sido expuestos a un estándar de santidad en la casa o desde el púlpito?»

Les he presentado varias ilustraciones aquí. Tengo más en mis notas que por razones de tiempo no puedo compartir, pero es necesario que entiendan que este tipo de ejemplo no es raro. No son excepcionales. Estoy leyendo y oyendo este tipo de cosas todo el tiempo.

Esto sería razón suficiente para preocuparnos. Pero la realidad es que este punto de vista retorcido acerca de lo que está bien o mal, se ha convertido en una característica de un número creciente de creyentes evangélicos, y está siendo promovido y en algunos casos defendido en el mundo evangélico. He escuchado esa perspectiva una y otra vez, una y otra vez, de personas que pertenecen a algunos de los ministerios e iglesias más respetadas de nuestros países. La perspectiva de que está bien acomodar al mundo.

No sé si conocen el nombre de Vance Havner, pero él era un predicador de hace tiempo y era muy bueno con las palabras. Él dijo algo hace muchos años: «El mundo y la iglesia comenzaron por coquetear mutuamente, luego se enamoraron, y ahora nos viene esta boda encima». La iglesia se ha casado con el mundo.

Bueno, ¿qué dice la Palabra de Dios acerca de esto? El Salmo 85, versículo 13, dice: «La justicia irá delante de Él, y sus pasos pondrá por camino». La santidad, un sendero para la santidad.

Isaías capítulo 35 describe el reino milenial de Cristo. En el versículo 8, dice: «Allí habrá una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad; el inmundo no transitará por él, sino que será para el que ande en ese camino; los necios no vagarán por él».

Amigas, nuestro trabajo de aquí a la venida de Cristo es estar ocupadas preparando un camino de santidad. La justicia y la santidad van delante de Él. Preparan el camino para Su venida. Si deseamos ver al Señor venir con un avivamiento en nuestros días, necesitamos construir un camino de santidad. Necesitamos ver que la iglesia y el mundo se divorcien.

No es que ya no nos importe el mundo, pero no estamos en posición de ministrar el evangelio de la gracia de Dios al mundo, si nosotros mismos no somos santos. Así que la iglesia necesita nuevamente ser una novia pura para que pueda tener el impacto que Dios desea que ella tenga ante el mundo. 

Hace algunos años cuando empecé a estudiar seriamente el tema de la santidad, me tomé el tiempo de leer los primeros cinco libros del Antiguo Testamento (El Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). También leí las Epístolas del Nuevo Testamento (escritas a las iglesias) y escribí con mi puño y letra cada versículo que pude encontrar relacionado a la santidad.

Realmente creo que empecé en el libro de Éxodo ya que enfatiza mucho la santidad. Llené página tras página de una libreta con todos los versículos de la santidad que encontré tan solo en esos libros de la Biblia.

Por ejemplo, tan solo en el libro de Levítico, hay 386 palabras relacionadas a la santidad: limpio, santo, santificado, pureza, lavar, corromper, deshonrar. Podríamos decir que este grupo de palabras pertenece a la familia de la santidad.

Si has hojeado el libro de Levítico recordarás que en él Dios le da a su pueblo instrucciones detalladas acerca de la limpieza y la pureza ceremonial. A medida que estudias el libro debes preguntarte, ¿por qué? ¿Por qué Dios se tomó tiempo y esfuerzo para deletrear esas instrucciones tan detalladas sobre cada aspecto de la vida diaria, la adoración y la limpieza ceremonial?

Esas regulaciones tenían la intención de ser una lección para el pueblo de Israel. ¿Qué deseaba Dios que ellos vieran en estas lecciones? Primero quería que ellos se dieran cuenta de que Él es santo, que Dios es santo. Las normas conformaban la imagen de la santidad de Dios. Luego Dios quería que su pueblo se diera cuenta que Dios se preocupa por la santidad en cada aspecto y detalle de nuestras vidas. A Dios le importa que estemos limpios, que seamos puros, que seamos santos y que la santidad afecte cada área de nuestras vidas.

Les diré algo más que Dios desea que su pueblo entienda, algo que hemos perdido de vista hoy en día, y es las bendiciones que vienen con la santidad; la vida santa es una manera bendita de vivir. Dios también quería que su pueblo se diera cuenta que el pecado tiene consecuencias, que cuando no vivimos vidas santas, hay consecuencias. Hay resultados que no son agradables. De hecho pueden ser mortales.

Con frecuencia pensamos que Dios tenía estándares más altos para su pueblo en el Antiguo Testamento que los que tiene en el Nuevo. En el Antiguo Testamento tenemos a este Dios santo que juzga el pecado. Aquellos que violaban los mandamientos de Dios o Sus leyes en el Antiguo Testamento a veces caían muertos.

Pensamos entonces que cuando llegamos al Nuevo Testamento podemos respirar con tranquilidad. Dios es un Dios de misericordia, amor y bondad, de esto se trata el evangelio, las buenas nuevas. Pero al leer a través de toda la Escritura, te darás cuenta de que Dios nunca cambia. El Dios del Antiguo Testamento es el mismo que el del Nuevo y viceversa.

A través del Antiguo Testamento puedes ver la gracia y la misericordia de Dios. En el Nuevo Testamento también puedes ver la justicia y la rectitud de Dios. Es en la cruz de Cristo que estas se encuentran. Como dice el Salmo 85:10: «La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado». Es allí donde se encuentran; es allí donde se reconcilian.

Pero el Nuevo Testamento no le da menos énfasis a la santidad que el Antiguo. Una y otra vez, Jesús y los autores del Nuevo Testamento hacen un llamado a la vida de pureza. Permítanme leerles algunos de esos versículos. Ustedes están familiarizados con la mayoría de ellos. En Mateo 5:48, Jesús dijo: «Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto». Ahora bien, no sé qué pudiera ser más alto que este estándar. Este versículo se encuentra en el Nuevo Testamento.

En 1 Timoteo 5:22 Pablo dice: «Guárdate libre de pecado». 1 Tesalonicenses 4:4: «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación». 1 de Corintios 15:34: «Sed sobrios, como conviene, y dejad de pecar». 2 Timoteo 2:19: «Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor. Romanos 12, versículo 9: «aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno».

Es imposible leer estos versículos y otras Escrituras cuidadosamente, sin ser sobrecogidos por un sentido de que la santidad le importa al Señor, que Dios toma la santidad, tanto la suya como la nuestra, muy en serio.

A medida que escribía estos versículos del Antiguo y del Nuevo Testamento, me vi forzada a preguntarme, por qué es que algo que es de vital importancia para Dios nos preocupa tan poco y no es de prioridad para tantos que profesan ser creyentes. Si le importa tanto a Él, ¿cómo puede ser que nos importe tan poco a muchos de nosotros?

Mientras pienso acerca de esos versículos del Nuevo Testamento, se me aclaran algunas cosas. Número uno, la santidad no es opcional. No lo es: conviértete en cristiano y luego si lo deseas como segunda opción puedes ser santo. Puedes elegir esta opción o no, solo si lo deseas. No es una electiva. Esta es la voluntad de Dios, que seas puro, que seas santo. Tu santificación.

Por lo tanto, al leer esos versículos es evidente que el estándar de Dios de santidad es absoluto, que no debe haber ni una pizca o rastro de pecado en nuestras vidas. La pregunta no es cómo nos comparamos con otro miembro de la familia o un compañero de trabajo o un hermano de la iglesia. Podemos señalarlos y decir: «Okay, comparados a ellos estamos bastante bien».

La pregunta es: ¿cómo doy la talla ante la santidad de Dios? Esto es un absoluto, y si pudiera agregar, un estándar imposible para los seres humanos caídos. Es por esta razón que necesitamos de la gracia de Dios. Por eso necesitamos de Jesús. Necesitamos la cruz de Cristo.

Mientras leo estos versículos también me doy cuenta de que tenemos una responsabilidad de ser proactivos e intencionales en nuestra búsqueda de la santidad. No es algo que ocurrirá por ósmosis. No sucederá si al acostarnos por la noche estamos rodeadas de nuestras biblias, comentarios y programas digitales bíblicos. Tener todo esto no te hace santo. Esto es algo que debemos buscar, que debemos perseguir, algo con lo cual debemos ser intencionales. Es necesario ir tras la santidad, perseguirla y ser intencionales.

También me doy cuenta de que la santidad no es tan solo para algunas pocas personas piadosas: pastores, misioneros o evangelistas. Claro que ellos están supuestos a ser santos. Para esto es que se les paga, ¿no es cierto?

Según estos versículos, la santidad es una obligación y un privilegio para cada hijo de Dios. Como dice la Escritura: «Que cada quien que invoque el nombre del Señor se aparte de la iniquidad».

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado ayudando a reflexionar acerca de la santidad. Ella regresará para orar con nosotras.

Todas necesitamos crecer en santidad, no como algo que nos aísle de todas las personas, ni para creernos más justas ni para hacer de nuestra vida algo aburrido, sino para disfrutar del verdadero gozo y la libertad que hay en vivir para Jesús. 

Te animo a profundizar en lo que has estado escuchando hoy, haciendo uso del libro titulado, «Santidad: El corazón purificado por Dios», escrito por Nancy. En este ella comparte contigo algunos principios prácticos para vivir en santidad, de modo que puedas crecer en tu relación con Dios.

¿Qué significa ser diferente al mundo? Nancy retomará el tema de hoy respondiendo esta pregunta mañana. Ahora, ella regresa para orar con nosotras.

Nancy: Oh Padre, confesamos que la iglesia de hoy es una novia con mancha y esto entristece nuestros corazones. Señor confesamos que hemos amado al mundo más de lo que te hemos amado a ti; nos hemos entregado a los placeres de este mundo.

Así que Dios, te oramos por un avivamiento de santidad en medio de tu pueblo, comenzando Señor, por mi propio corazón. Comenzando por nuestros corazones, danos amor por la santidad y odio por el pecado, de manera que podamos amar a los pecadores y señalarlos hacia un camino de santidad. Oro en el nombre de Jesús. Amén.

Annamarie: Llamándote a reflejar la belleza del evangelio al mundo que te rodea, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Santo, Santo, Santo, Dámaris Carbaugh, Alabanzas: tus himnos favoritos ℗ 2002 Damaris Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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