Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Una doble bendición

Annamarie Sauter: La Palabra de Dios es mucho más que tinta en un papel.

Nancy DeMoss Wolgemuth: La Palabra de Dios está viva. Es poderosa. Y mientras la internalizamos, nos volvemos ágiles, recobramos la vida, somos avivadas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es Juan capítulos 8 y 9.

Hoy continuamos en la serie titulada, «Vivifícame conforme a tu Palabra».

Nancy: Estaba visitando a una amiga en su apartamento no hace mucho tiempo, y vi un libro que me pareció algo intrigante. El título del libro era, «1001 Libros que debes de leer antes de morir».

Ahora, mi primer pensamiento acerca de este título fue que probablemente uno tenía que vivir mucho tiempo para poder leer 1001 libros—especialmente los clásicos a que hacía referencia este autor. Fue editado por un profesor de literatura inglesa e incluía libros como: «Noches de Arabia», «Cumbres Borrascosas», «El Señor de las moscas…» Asombrosamente para mí, en este popular libro llamado 1001 Libros que debes de leer antes de morir, no se incluía la Biblia. Y este es el libro que está por sobre todo otro libro de la historia de la humanidad.

Si fuéramos a tomar la población cristiana en general, no creo que el 64% haya leído la Biblia completa.

Hay muchas razones para esto. Hemos estado encuestando a nuestras oyentes sobre diferentes razones de por qué no habían leído la Biblia completa. De manera interesante, la razón número uno que dieron de las opciones que les ofrecimos, fue la pereza. Y tengo que decirles que en mi propia vida, esa es probablemente la razón más frecuente, por la que yo no leo la Biblia con más frecuencia.

Muchas personas piensan —muchos creyentes— que leer y estudiar la Palabra de Dios, escuchar sermones basados en la Palabra de Dios, y cosas así, es como una obligación. Pero en el Salmo 119, vemos a un hombre, a un salmista, para quien su relación con la Palabra de Dios no es fría ni seca. Este salmo emana vida, pasión, gozo, llenura y calidez.

Al leer el Salmo 119, mientras lo vamos estudiando en esta serie, quiero alentarte a leer este texto todos los días. Te tomará unos quince minutos aproximadamente.  Tómate el tiempo cada día, especialmente al principio de cada año, para leer el Salmo 119. Y mientras lo lees, no podrás escapar del hecho de que la persona que escribe esta oración ama la Palabra de Dios. Para él no es un deber; no es un trabajo penoso. Da la sensación de que este es «el libro» que debes de leer antes de morir, y ¡no solo una vez, sino una y otra, y otra vez!

Y es que estudiar y obedecer la Palabra de Dios, no es solo algo correcto que debemos hacer, aunque sí lo es. Sino que quiero que mientras continuamos en estos temas del Salmo 119, veas que estar en la Palabra de Dioses un medio de obtener gran gozo. No es solo un trabajo o una tarea que marcas en tu lista de deberes –leer– «leí mi Biblia hoy», sino que es una fuente, el origen de grandes e inmensurables bendiciones y beneficios.

Y en esto es que quiero enfocarme hoy, en las bendiciones y los beneficios que llegan a nosotras por estar en la Palabra de Dios.

Ahora vamos a regresar al versículo 1 del Salmo 119. Verás en los primeros dos versículos de este largo salmo, que hay una doble bendición, una bendición doble.

«¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del Señor!  ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan! ¡No cometen iniquidad, sino que andan en sus caminos!» (vv.1-3).

Esto no suena como una persona que se esté sintiendo miserable, ¿verdad? Ahora, aquí vemos un gran remedio para la tristeza. Vas al doctor, tienes una enfermedad y él te da una receta y te dice, «toma esto». Pues bien, esto es una prescripción, un remedio para la tristeza. De hecho, esa palabra, bendecido, bienaventurado, realmente se traduce como «feliz». Comencé a leer este salmo en la versión Dios Habla Hoy, hace unas semanas, y actualmente lo traducía de esta manera. Decía así:

«Felices los que se conducen sin tacha y siguen la enseñanza del Señor.Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan de todo corazón».

Ahora bien, el mundo te hace creer que vivir este tipo de vida sin culpa, en santidad, centrada en Dios, guiada por la Palabra, es una receta para una vida de miseria. Una de las cosas que necesitamos reconocer aquí, es que el Salmo 119 refleja el corazón de un hijo de Dios hacia la Palabra de Dios. Una persona que no tiene una relación con Dios no disfrutará realmente leer la Palabra de Dios, a menos que Dios esté atrayendo su corazón hacia la fe.

Pero si conoces a Dios, si tienes una relación personal con Él, vas a experimentar bendiciones y beneficios por estar en la Palabra de Dios. Y puedes ver al salmista diciendo que este es el camino a la felicidad. Como dice Charles Spurgeon en su comentario sobre el Salmo 119: «Afirmen esto en sus corazones … ¡La santidad es felicidad!»

Y a propósito, cuando te veas tentada a pecar, recuérdate a ti misma que el pecado no trae felicidad. En última instancia, te puede dar solo un placer temporal, pero a largo plazo, la santidad es la felicidad.

El Salmo 119 que estaremos viendo esta semana y la próxima, tiene un gran parecido a otros dos salmos de la Biblia. ¿Sabes cuáles son? Son salmos mucho más cortos. El Salmo 1 y el Salmo 19. Estos tres salmos, el Salmo 1, el Salmo 19 y el Salmo 119 —muy fácil de recordar de hecho— son acerca de la Palabra de Dios. El Salmo 119, en un sentido, es una exposición más completa, del corto y pequeño Salmo 1.

Escuchen el Salmo 1:1:

«¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, en su ley medita de día y de noche!» (vv. 1-2).

La bendición es prometida a aquel que centra su vida en la Palabra de Dios. Y esta misma promesa la vemos en Apocalipsis capítulo 1 versículo 3:

«Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella».

Vemos en el Salmo 119 que la Palabra de Dios es de mayor valor que cualquier ganancia material —más valiosa que cualquier cantidad de dinero. El versículo 14 dice:

«Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas».

Versículo 72:

«Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata...»

No sé cuánto cuesta el oro o la plata en estos momentos, pero creo que cualquiera de nosotras estaría feliz de tener miles de piezas de oro y plata. Sin embargo, el salmista dice: «Mejor es para mí la ley de tu boca (Tu palabra), que millares de piezas de oro y de plata». Ahora, no leas un versículo como este por encima y simplemente sigas con el próximo. Detente y piensa acerca del mismo. Y eso es, por cierto, lo que se llama meditar. «Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata».

¿Realmente creo yo esto? Imagínate que tú o tu esposo van al trabajo mañana y se enteran que van a recibir un aumento de un 100% en su salario. El jefe está de buen humor después de las vacaciones y ha decidido duplicarte el salario. ¿Te sentirías bendecida? ¿Estarías contenta? ¿Estarías animada? ¿Pensarías que eso es realmente increíble? ¿Podrías pensar en algunas cosas que pudieras hacer con ese dinero? ¡Claro que sí!

¿Te entusiasmas así cuando se trata de adentrarte en la Palabra de Dios? ¿Te causa entusiasmo que las riquezas de Su Palabra se hagan tuyas? «Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata».

Versículo 127:

«Amo tus mandamientos más que el oro, sí, más que el oro fino».

El hecho es que la mayoría de nosotras amamos el dinero y las cosas más de lo que amamos los mandamientos de Dios, más de lo que amamos la Palabra de Dios.  Seamos honestas. Así que al leer un salmo como este, quizás quieras confesar, «Señor, quisiera que esto fuera una realidad para mí, pero tengo que admitir, que amo más mis cosas que lo que amo Tu Palabra». Te puedes dar cuenta de esto al notar en qué inviertes tu tiempo, al ver hacia dónde van dirigidos tus afectos, cuáles son tus prioridades. El salmista dice: «Yo amo tus mandamientos más que el oro».

Versículo 162:

«Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín».

¡Me gané la lotería! Así de tanto me regocijo en Tu Palabra.

Hoy y en la próxima sesión, quiero que veamos diez bendiciones que la Palabra de Dios trae a nuestras vidas. Veremos cinco hoy y cinco en los próximos programas.  Algunas de estas solo las mencionaremos rápidamente y a otras les dedicaremos más tiempo. Vamos a ver algunas de estas riquezas específicas, esas bendiciones que vienen a nosotras a través de la Palabra de Dios mientras las vamos encontrando a través del Salmo 119.

La primera es libertad. Y estoy pensando aquí en el versículo 45 del Salmo 119: «Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos». Otra traducción dice: «Solo así seré completamente libre, pues he buscado seguir tus mandamientos». (Reina Valera Contemporánea).

Ahora, de nuevo te repito, el mundo nos quiere hacer creer que si uno vive la vida de acuerdo a la Palabra de Dios, será una vida encadenada. Vas a vivir una vida encadenada a los principios de la Palabra de Dios. Pero el salmista dice, «no, yo caminaré en libertad».

Recuerda, cuando Dios puso a Adán y Eva en el jardín, dijo: «Tú eres libre de comer de todos los árboles de este jardín, excepto de uno en específico. Y esta restricción es para bendición tuya. Tú caminarás en libertad si escuchas mis preceptos —si sigues mi Palabra». Entonces Satanás vino y dijo, «Dios te ha esclavizado. Dios dice que no puedes comer del fruto de ese árbol». Y ellos perdieron de vista la libertad que podían tener al buscar y obedecer los preceptos de Dios. Así que el primero de ellos es libertad.

Número dos: La Palabra de Dios nos da esperanza. Versículo 49:

«Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar».

Versículo 81:

«Mi alma desfallece por tu salvación; en tu palabra espero».

Tal vez te sientes sola o aislada o estresada debido a situaciones familiares.  ¿Necesitas esperanza? La Palabra de Dios trae esperanza a tu corazón desesperanzado.

Hay un tercer beneficio y es consuelo.

«Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado» (v. 50).

Versículo 52:

«Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh Señor, y me consuelo».

Versículo 76:

«Sea ahora tu misericordia para consuelo mío, conforme a tu promesa dada a tu siervo».

La Palabra de Dios es como un bálsamo para un corazón herido, para una vida herida.  Y algunas de ustedes están ahora mismo con una herida. El salmista habla sobre cómo la aflicción puede suavizar el corazón; hacerlo más flexible, tierno y listo para responderle a Dios. Contrario al malvado que tiene un corazón duro e insensible.  Puedes leer esto en los versículos 69 y 70. Las pruebas están hechas para sensibilizarnos hacia Dios. Cuando nos volvemos hacia Su Palabra en medio de la aflicción, Él trae consuelo a nuestros corazones heridos.

Nadie va y se inscribe para recibir pruebas; nadie dice por favor dame más pruebas.  Pero el hecho es que estas llegarán. Martín Lutero dijo:

Las pruebas nos enseñan no solo a conocer y a entender, sino también a experimentar cuán justa, cuán verdadera, cuán dulce, cuán amorosa, cuán poderosa, cuán consoladora es la Palabra de Dios.

Y en este salmo podemos ver cómo el salmista entiende que el sufrimiento es inevitable. Y de manera interesante, él no le pide a Dios que lo libre del sufrimiento, sino que le ministre gracia en medio del sufrimiento. Él ve las promesas de Dios y la Palabra de Dios como un medio de consuelo y de gracia cuando está herido.

Y un cuarto beneficio es fortaleza o estabilidad. He estado meditando en el versículo 28 por algún tiempo recientemente. Dice:

«De tristeza llora mi alma».

Otra traducción dice: «La ansiedad me corroe el alma» (Reina Valera Contemporánea), o «de angustia se me derrite el alma» (Nueva Versión Internacional). Depende qué traducción estés utilizando.

Esa palabra, llorar o corroer —es una palabra que literalmente significa gotear. Puedes ver las lágrimas correr por las mejillas de una persona. Mi alma llora, mi alma gotea, mi alma se corroe por la tristeza o por la pesadez. Esta palabra tristeza significa literalmente depresión de espíritu.

No sé cuántas personas he escuchado recientemente hablándome acerca de un espíritu deprimido. Tal vez estés experimentando algo de esto ahora mismo porque gastaste más dinero del que tenías o comiste más comida de la que necesitabas. Ahora estás con espíritu deprimido, decaído. De tristeza llora mi alma.

Tal vez sea una gran carga la que estás llevando. Tal vez acabas de celebrar alguna festividad sin el esposo con que estuviste casada por décadas y ahora se ha ido.

Entonces ¿qué es lo que dice el salmista? «Fortaléceme conforme a tu palabra». Es la Palabra de Dios la que hace esto.

Entonces vemos al salmista que está afrontando grandes problemas.Ves esto a través de todo el salmo. Y él tiene un corazón apesadumbrado, débil y deprimido por todo eso. Él busca la Palabra de Dios para que le provea la fortaleza y la estabilidad que lo vuelvan a poner sobre sus pies.

Y he aquí un quinto beneficio o bendición que tenemos de la Palabra de Dios. Y es que esta Palabra nos da vida. Y ves esto a través de todo este pasaje. Versículo 25:

«Postrada está mi alma en el polvo», ¿puedes imaginarte esto? No puedes caer más bajo que esto. El salmista dice, «¡vivifícame conforme a tu palabra!»

Versículo 93:

«Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado».

Esta frase, me has vivificado, en la traducción que estoy utilizando aparece varias veces en este salmo. A veces es traducida como «resucitado». Otras veces es traducida como «me has avivado» y me encanta esta traducción, devuélveme a la vida. Es una palabra que significa «disfrutar la vida; vivir de nuevo; animar; refrescar; recuperar; avivar; mantener con vida; salvar una vida». Es volver a la vida.

Sabemos cómo en el libro de Génesis Dios creó la vida por el poder de Su Palabra hablada. Y somos recordadas a través de toda la Escritura que hemos ganado nuestra propia vida por Su Palabra. No podemos vivir sin ella.

Y Moisés les dice a los israelitas en Deuteronomio capítulo 8:

«(Dios) te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná…para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor» (Deut. 8:3).

Esa es nuestra vida; así es como vivimos. 1 Pedro 1, lo dice de esta manera:

«Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece» (1 Pedro 1:23).

La Palabra de Dios está viva. Es poderosa. Y mientras la internalizamos, nos volvemos ágiles, recobramos la vida, somos avivadas.

Conozco de muchos cristianos que dirían –y muy frecuentemente esta es una verdad para mí también– que no están pasando por la mejor etapa en su vida espiritual, en su vida cristiana. Pero internamente saben que si fueran sinceros, la realidad es que están duros, fríos, estériles, vacíos, secos, huecos.

El salmista que escribió el Salmo 119, que probablemente fue David (no lo sabemos con seguridad), pero él no estaba satisfecho con simplemente existir, satisfecho de ir de una etapa a otra. Él no estaba satisfecho con solo tener el traje de cristiano. Él anhelaba tener una auténtica vitalidad espiritual, la vida abundante de la que habló Jesús.

Él reconoce que depende totalmente de Dios para que le dé vida a su alma. Por lo que demanda de Dios lo que solo Dios le puede dar. Dame vida. Vivifícame, vivifícame de acuerdo a Tu Palabra. Y por fe él cree que Dios le puede infundir esa vida abundante a través de Su Palabra y Su Espíritu. Jesús lo dijo de esta manera en Juan capítulo 6:

«El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).

Dame vida, vivifícame según Tu Palabra. Al llegar al final de esta sesión, quiero invitarlas a que se unan a mí en una oración por avivamiento, la hago uniendo varios versículos del Salmo 119, que en la versión de la Biblia de las Américas dice: «Vivifícame, vivifícame, conforme a Tu Palabra».

Si así lo desean, vamos a hacer esta oración juntas al repetirla después de mí. Vamos a orar a Dios para que Él use Su Palabra para avivar nuestros corazones.

Mi alma se hace polvo; vivifícame conforme a Tu palabra.  

Aparta mis ojos de mirar la vanidad, vivifícame en Tus caminos.

Heme aquí, anhelo tener Tus preceptos; vivifícame según Tu justicia.

Estoy profundamente afligido; vivifícame, oh Señor, conforme a Tu palabra.  

Oye mi voz de acuerdo a Tu misericordia; vivifícame, oh Señor, conforme a Tus ordenanzas.  

Defiende mi causa y redímeme Señor; vivifícame conforme a Tu palabra.  

Muchas son, oh Señor; tus misericordias, vivifícame de acuerdo a Tus ordenanzas.  

Mira cuánto amo tus preceptos, vivifícame, oh Señor, conforme a Tu misericordia(vv. 25, 37,40, 107,149,154,156,159).

¿Será que tú que nos estás escuchando necesitas que tu corazón sea avivado? Este pudiera ser para ti un tiempo de dolor o de tristeza... Puede que estés afrontando una aflicción, una adversidad, una oposición. Tu corazón puede que esté cargado, decaído, lacerado por una relación familiar tensa que has tenido que sobrellevar durante este tiempo.

Yo misma me he encontrado este año con algunas de estas cosas que menciona el salmista en el Salmo 119. Y si hay algo que he aprendido, es la futilidad de buscar que las personas o que las cosas me sostengan, que me fortalezcan o que me den vida. También he aprendido, que la Palabra de Dios infunde vida a mi débil, cansado y lacerado corazón. ¡Es la vida de Cristo!

Ahora bien, puede que algunas de ustedes estén viviendo un excelente momento de sus vidas. Me gozo con ustedes. Pero quiero decirles esto. Aun si todo anda bien ahora mismo, es muy probable que más adelante enfrenten problemas y retos —grandes, pequeños, medianos. La pregunta es, cuando tengas problemas, ¿adónde acudirás?  ¿Estarás preparada para enfrentar estos problemas? Y cuando venga la tormenta, ¿estará tu corazón firmemente anclado en la roca sólida de la Palabra de Dios?

Escucha, este programa de radio no puede avivar tu corazón. Solo la Palabra de Dios puede avivar tu corazón, y Él lo hará, pero tienes que adentrarte en Su Palabra. Es Su Palabra la que te da vida. «Mediante tu palabra me has dado vida. Vivifícame oh Dios, conforme a tu palabra».

Puede que al decidir leer la Palabra faltes uno que otro día, pero no te des por vencida, que la intención del corazón sea esta, «quiero leer la Biblia entera en un año».

Y déjenme animarlas a tomar este reto de leer sus Biblias cada día del año, para que no se queden solo escuchándome a mí hablar sobre el reto o pensar que esto solo se aplica para otros. Asuman el reto cada una de manera particular. Por la gracia de Dios, quiero leer la Biblia cada día durante un año. Y si el Señor lo permite, por el resto de sus vidas. Mientras así lo hagan, creo que Dios avivará sus corazones y les dará vida y vida abundante.

Annamarie: Has escuchado a Nancy DeMoss Wolgemuth animarte a leer la Biblia completa. Esto es precisamente lo que miles de mujeres hemos estado haciendo juntas a lo largo de este año 2020 a través del Reto Mujer Verdadera 365. Si no lo has hecho, aún puedes unirte. Descarga el plan de lectura y suscríbete para recibir los devocionales diarios en AvivaNuestrosCorazones.com.

Leamos la Escritura y oremos que Dios vivifique nuestros corazones conforme a Su Palabra. El Salmo 1 nos recuerda la bienaventuranza de hacer esto. Escuchemos.

Nancy: ¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en su ley medita de día y de noche! Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera. No así los impíos, que son como paja que se lleva el viento. Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque el SEÑOR conoce el camino de los justos, mas el camino de los impíos perecerá.

Annamarie: Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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