Mujer Verdadera 365 Podcast

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Día 290 | Marcos 14

Temporada:  Mateo a Juan | 0

Día 290 – octubre 17

Marcos 14

Capítulo 14

El olor fragante de la adoración que agrada a Dios, es el que proviene de un corazón profundamente agradecido, de un corazón que aprecia y atesora Su gracia, Su salvación y Su perdón. Por lo tanto, no escatima tiempo, recursos, ni aun su propia vida; pues reconoce que todo lo que tiene y todo lo que es, es por obra y gracia de Dios mismo.

  • ¿Qué es lo que realmente motiva tu corazón a buscar y servir a Dios?

Para Judas lo más preciado era el dinero, ese era su dios, por lo que a pesar de caminar con Jesús, escuchar sus enseñanzas, presenciar sus milagros, nunca verdaderamente le entregó su corazón y esta devoción le llevó a traicionarlo. El ir a la iglesia o participar en estudios bíblicos no necesariamente implica que somos verdaderos discípulos de Jesús, por esto debemos orar constantemente estas palabras del salmo 139:23-24 «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos, y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno».

No temamos a las acciones maliciosas de los hombres pues aun estas obran para nuestro bien conforme a los propósitos de nuestro Dios.

Nosotros como criaturas limitadas nos preocupamos tanto por nuestras vidas, y en la última cena aprecio cómo Dios prepara todo de antemano, guardando y proveyendo para cada detalle, y de la misma manera lo ha hecho con nuestra redención y lo hace con nuestras vidas, solo tenemos que escucharle, creerle a Él y seguir sus pasos con corazones mansos y humildes. 

No es coincidencia que la última cena fuera el primer día de la fiesta de los panes sin levaduras cuando se sacrifica el cordero de la pascua, pues Jesús es el cordero de Dios que estaba pronto a darse en sacrificio por todos nosotros. Y creo que, en cada etapa o tiempo, Dios habla a nuestros corazones con enseñanzas o mensajes específicos, para revelarse a sí mismo, para darnos a conocer Su voluntad. Estemos siempre atentas a Su voz, a Su Palabra, a Sus detalles.

A pesar de su aflicción, la sumisión de Jesús a su Padre prevalece porque verdaderamente confía en Él, en Su voluntad, en Su bondad, en Su poder, y ciertamente se nos invita a venir confiadamente ante el trono de la gracia para que seamos fortalecidas porque «No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado». Jesús fue fortalecido en su oración de rendición al Padre. 

  • ¿En tus fuertes pruebas te alejas de Dios o vienes a Él en oración?

Así como Jesús no se resistió al arresto, pues en su oración en Getsemaní, la voluntad del Padre le fue confirmada, así nosotras no debemos resistirnos a estas pruebas que han sido divinamente orquestadas para cumplir sus propósitos. Recordemos lo que dice 1ª Pedro 4:12; «Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo; antes bien, en la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría».

Es sorprendente ver cómo el conocer la voluntad de Dios, cómo saber quiénes somos en Dios determina nuestros pensamientos, actitudes y acciones.

«Pero Él se quedó callado y nada respondía. Le volvió a preguntar el sumo sacerdote: “¿Eres Tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”. Jesús le contestó: “Yo soy; y verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo”». – Marcos 14:61–62

  • ¿Está tu identidad en Cristo determinando la forma en que hablas y actúas?

El amor de Dios es incondicional, Dios nos ama por lo que Él es, no por lo que somos o hacemos, Él es Emanuel, Dios con nosotros, en nuestras debilidades, en nuestras luchas, justamente al lado de nosotros tomando nuestra mano, levantándonos y fortaleciéndonos en su poder. No nos desecha, pues su amor es verdadero, fuerte, persistente, fiel hasta el final, hasta completar su obra en nosotras. ¡¡Aleluya!! ¡Pedro no quedó derribado!

Hermana, recuerda: 

«Cuando caiga, no quedará derribado, porque el Señor sostiene su mano». –Salmos 37:24.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Ana Nin de Olivo

Ana Nin de Olivo

Ana, rescatada del hoyo de la destrucción y asentada sobre la Roca Eterna, su gracia y el poder de su palabra la sostienen cada día. Reside en Santo Domingo junto a su esposo José Olivo y su hijo José Alejandro. Son miembros de la Iglesia Bautista Internacional donde ambos sirven como parte del liderazgo de grupos pequeños. Ama ayudar a las mujeres a sumergirse en la palabra para que puedan experimentar la verdadera libertad. Actualmente sirve como Office Manager en Aviva Nuestros Corazones.

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