Hace apenas una generación, la idea de crecer, de formar un hogar, de casarse y tener hijos era vista como parte natural de la vida adulta, no porque todos tuvieran una vida perfecta ni porque fuera fácil criar, sino porque existía una comprensión natural de que la vida continuaba a través de generaciones, que uno crecía, se casaba, se multiplicaba. Pero hoy la visión es totalmente diferente. La adultez moderna se imagina muchas veces alrededor de la movilidad, de la independencia, de mudarse de un lugar a otro fácilmente, la comodidad, el control, la realización personal y la libertad absoluta. Pero como creyentes, como hijas de Dios, esa no puede ser nuestra perspectiva.
Frases destacadas del episodio de hoy
¿Qué dice Dios acerca de los hijos?
- La cultura siempre está «discipulando» y «evangelizando»; siempre está formando nuestra manera de pensar y, si no tenemos cuidado, …
Hace apenas una generación, la idea de crecer, de formar un hogar, de casarse y tener hijos era vista como parte natural de la vida adulta, no porque todos tuvieran una vida perfecta ni porque fuera fácil criar, sino porque existía una comprensión natural de que la vida continuaba a través de generaciones, que uno crecía, se casaba, se multiplicaba. Pero hoy la visión es totalmente diferente. La adultez moderna se imagina muchas veces alrededor de la movilidad, de la independencia, de mudarse de un lugar a otro fácilmente, la comodidad, el control, la realización personal y la libertad absoluta. Pero como creyentes, como hijas de Dios, esa no puede ser nuestra perspectiva.
Frases destacadas del episodio de hoy
¿Qué dice Dios acerca de los hijos?
- La cultura siempre está «discipulando» y «evangelizando»; siempre está formando nuestra manera de pensar y, si no tenemos cuidado, terminamos abrazando y absorbiendo todas estas ideas sin examinarlas a la luz de la Palabra.
- Dios no llama a los hijos una maldición, no los llama interrupciones, no los llama obstáculos para la felicidad. Él los llama herencia, don, recompensa. Eso no significa que criar sea fácil. La Biblia no romantiza el sacrificio que es la maternidad.
- El evangelio nos enseña algo profundamente contracultural, y es que las cosas más valiosas de la vida usualmente vienen y se logran a través del sacrificio. Vivimos en una cultura que está obsesionada con preservar la libertad personal, pero muchas de las experiencias más enriquecedoras y transformadoras llegan precisamente a través de compromisos que limitan nuestra libertad.
- Tus hijos exponen cada rincón de tu corazón, sacan todos los pecados, te muestran tu impaciencia, tu irritabilidad, tu orgullo, tu control, tu egoísmo, tu dependencia de la comodidad. Pero también te enseñan a amar como tú nunca lo imaginaste, porque hay algo profundamente santificador en criar hijos.
Discipulando en lo cotidiano
- Muchas veces pensamos que discipular es sentarnos a dar unas grandes enseñanzas, a exponer grandes argumentos espirituales, pero la mayor parte del discipulado ocurre en el día a día, en lo cotidiano.
- La cultura moderna ha confundido esto de la paz con el control. Se quiere una vida organizada, estética, cómoda, egoísta, donde no hay espacio para personas reales, ¡pero los hijos son personas reales! No son accesorios para fotografías, no son proyectos, son almas eternas creadas a la imagen de Dios.
- La solución bíblica no es rechazar lo difícil, no es rechazar a los hijos, ni pensar que la meta del hogar es eliminar toda dificultad. La realidad es que el matrimonio, la maternidad y la vida familiar siempre van a implicar una entrega, un servicio y una muerte al «yo», que es el llamado del cristiano.
- Dios usa precisamente esa dificultad para santificarnos. Él usa el cansancio, las interrupciones, las demandas constantes y hasta las frustraciones diarias para mostrarte tu corazón y conformarte más a Cristo.
- El problema no es que la maternidad sea difícil o que el discipulado sea difícil. El problema es que vivimos en una cultura que piensa que toda dificultad debe ser evitada.
El legado de fe y los hijos
- Cuando toda una cultura empieza a ver a los niños principalmente como un problema, como una inconveniencia, algo se pierde. Hay un problema porque los hijos son los que conectan a una sociedad con el futuro. Ellos son el futuro de una sociedad.
- Cuando una mamá tiene hijos, comienza a pensar de manera diferente acerca del futuro. Este deja de ser algo abstracto y ahora tiene rostro, tiene nombre, vive dentro de su casa y tus decisiones van a afectar generaciones. Por eso es que el enemigo odia tanto el diseño de Dios para la familia.
- Dentro de la familia es donde se transmite la fe, el legado de la verdad. Mientras la cultura te dice: «Vive para ti», Cristo te dice: «Niégate a ti misma». Mientras la cultura protege tu comodidad, Dios derrama tu vida para otros. Y esa es la paradoja del evangelio.
- Muchas veces las personas que viven obsesionadas con preservar su comodidad, su libertad, tienen vidas pequeñas, vidas sin propósito, vidas vividas para ellas mismas. Pero las personas que entregan su vida por otros descubren un gozo profundo, una madurez que no puede compararse con nada.
Mamá, un recordatorio para ti…
- Recuerda que tu labor no es pequeña. Aunque el mundo la minimice, aunque otros digan que se sienten libres sin abrazarla, no pienses tú así. Aunque nadie te aplauda y tu vida parezca repetitiva y ordinaria, tú estás haciendo una obra extraordinaria: estás formando seres humanos, preparando flechas para una generación futura y sembrando en almas eternas.
- Habrá días difíciles donde sentirás que no puedes más y el sacrificio parezca muy grande para tus fuerzas. Pero recuerda que Dios nunca diseña llamados, ni da llamados, ni da encomiendas sin dar gracia suficiente para sostenerlos. La maternidad no se sostiene con tu energía y tus esfuerzos, se sostiene por gracia.
- Quizás una de las cosas más contraculturales que tú estás haciendo hoy es abrazar con gozo este llamado de formar un hogar piadoso en una cultura que idolatra la independencia y la autonomía.
- Tus hijos van a crecer y el mundo que van a heredar va a estar moldeado en parte por lo que aprendieron dentro de tu hogar. Así que no menosprecies lo ordinario, el ministerio de cocinar, de corregir, de limpiar, de abrazar, de discipular las lágrimas, las repeticiones una y otra vez, porque Dios obra poderosamente en las cosas pequeñas.
- La influencia de una madre en el hogar y en la formación de los hijos termina moldeando generaciones enteras y, por consecuencia, la sociedad misma. ¡No hay llamado más grande!
- Mamá, no te dejes engañar por las ideologías que corren por ahí. Sigue enfocada en tu llamado, sigue corriendo con gozo, con la mirada puesta en el invisible, sigue abrazando este llamado sacrificial, pero que está tan lleno de propósito y de bendiciones.
Pasajes bíblicos para profundizar:
«He aquí, don del Señor son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre». —Salmo 127:3 (LBLA)
«Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes». —Deuteronomio 6:6 (LBLA)
«El que pierda su vida por causa de Mí, la hallará…». —Mateo 16:25
«Él da fuerzas al fatigado y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor». —Isaías 40:29
Recursos recomendados:
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Episodio, Una visión de la maternidad
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