Aviva Nuestros Corazones Radio

Él está contigo en la batalla

Annamarie Sauter: Cuando Dios llama, debes decir: «Sí, Señor».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Mi vida no es mía. Yo he sido comprada por precio. Mi vida está atada a Cristo, el autor y consumador de mi fe. Me he dado cuenta de que no hay lugar más seguro donde estar que cuando estoy en medio de la batalla con Él.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En las últimas semanas, Nancy nos ha guiado a lo largo de la serie, «Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora». Hemos visto cómo Débora respondió con valentía cuando Dios la llamó a involucrarse en una batalla importante. Y no es fácil decir: «Sí Señor», y marchar a la batalla. En una de nuestras conferencias pasadas Nancy habló acerca de esto.

Si no has participado de una de nuestras conferencias True Woman, quiero aprovechar para decirte que ¡ahora tienes la oportunidad de asistir! Este año celebraremos con gratitud, una década desde la primera conferencia True Woman en el 2008. Los días 27, 28 y 29 de septiembre, llevaremos a cabo la conferencia True Woman ‘18. Esta se titula: «La Verdad que te hace libre». Infórmate de los detalles y comparte la información con otras mujeres para que planifiquen ir en grupo. El cupo se llenará pronto, así que visitanos hoy en AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno, ahora aquí está Nancy con nosotras para dar inicio a la enseñanza de hoy. 

Nancy: En Jueces capítulo 4, empezando en el versículo 12, venimos a la descripción de la batalla.

«Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor. Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro, (para que no olvidemos lo poderoso que era el enemigo) y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset-goim hasta el torrente Cisón. Entonces Débora dijo a Barac: ¡Levántate!, porque este es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el Señor ha salido delante de ti, bajó pues Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres» (vv. 12-14).

Ahora bien, la situación en la que Barac se encuentra es peligrosa y amenazante para su vida. ¿Y qué hace Débora? Ella, a petición de él, se acerca y lo anima con las promesas de Dios. Nosotras conocemos el final de la historia, pero todo lo que Barac sabe hasta aquí, es que esos novecientos carros de hierro van a aplastar sus diez mil soldados de a pie. Pero él está ya armado con las promesas de Dios.

¿Dónde escuchó él esas promesas? De los labios de una mujer de fe. Ella lo animó con las promesas de Dios, ella lo inspiró a seguir hacia adelante en fe. Amigas, las palabras de una mujer pueden inspirar valentía y fe en los hombres a su alrededor, en los esposos, los hijos, los pastores y otros. ¿Cuántas de nosotras, como mujeres, con nuestras palabras hemos aplastado el coraje y la fe de los hombres a nuestro alrededor? Terminemos con eso de una vez por todas y comencemos a hablar palabras de fe y de valentía.

Bueno, tú dices: «Mi esposo no es luchador». ¿Tú crees que Dios lo puede hacer un luchador? ¿Tú crees que Dios puede infundir fe en su corazón? Tú me contestas: «¡No te imaginas el desastre que es él!» ¿Tú piensas que Dios puede redimir los «desastres»? ¡Dios nos ha redimido a nosotras! ¡Él nos está redimiendo, y algunos de estos hombres son tan pacientes con sus mujeres siendo ellas unas controladoras, manipuladoras e intrigantes. Y como decía el fabricante automovilístico Ford, siempre tienen «una mejor idea». Que Dios tenga misericordia de esos hombres, que tienen que vivir con algunas de nosotras, quienes a veces somos arpías bien astutas. He aquí, una mujer que nos modela cómo dar ánimo y cómo sus palabras le inspiraron valentía y no destruyeron a ese hombre.

Veamos el versículo 15:

«Y el Señor derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie, mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset-goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno» (vv. 15-16).

¿Quién es aquí el héroe y el campeón de la historia? No es Débora, no es Barac. ¿Quién es? ¿Quién derrotó a Sísara con todos sus carros? ¡Dios lo hizo! El Señor derrotó a Sísara. ¿Quién sometió a Jabín, rey de Canaán ante el pueblo de Israel en el versículo 23? El Señor lo hizo.

Dios será victorioso y sus enemigos serán derrotados. Cuando el enemigo y la marea de maldad entra e inunda, Dios levanta un estandarte en su contra: el Nombre, la cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la verdad de Cristo. Estos son mucho más poderosos que todas las palabras, los carros de batalla, las ideologías, las filosofías y los poderes y los ejércitos y las falsas religiones. Dios es victorioso; Dios es el campeón. La batalla es de nuestro Señor.

Ves algo precioso en este pasaje, y lo ves igualmente en la vida. Dios usa medios humanos en la batalla. Él usó a Barac; esos soldados israelíes lucharon vigorosamente. Pero Dios también envió una intervención divina y sobrenatural que hizo que ganaran la batalla. Mira el capítulo 5 versículo 20. Me encantan estos dos versículos, quizás tú probablemente nunca te habías detenido a meditar sobre ellos. 

Dice el versículo 20: «Desde los cielos las estrellas pelearon, desde sus órbitas pelearon contra Sísara. El torrente Cisón los barrió, el antiguo torrente, el torrente Cisón».

Y tú dirás: «¿y qué querrá decir todo eso?» A medida que estudias este pasaje, parece ser que Dios envió en el medio de esta batalla una violenta tormenta de truenos y relámpagos, y una lluvia torrencial de granizo y hielo resbaladizo. Y el río Cisón que normalmente es un pequeño arroyuelo, se desbordó. 

¿Qué sucedió con las ruedas de los carros de batalla que los cananeos pensaban eran su fortaleza? Esos carros se atascaron en todo aquel lodo que formó el río desbordado, y al enemigo le sobrecogió pánico y confusión. Los hombres que guiaban esos carruajes trataron de huir a pie y de escapar de la ira de Jehová Dios y Su ejército.

Lo mejor de esta historia es que Baal era el dios de los cananeos y era el dios de las tormentas, por lo menos así pensaban ellos. Y en este momento Jehová Dios demostró Su poder supremo sobre las tormentas y sobre Baal y sobre todos los demás dioses falsos.

Amigas, no hay límites para los recursos de Dios y Su poder. Si tú te colocas, tan frágil como eres, a Su disposición, Él moverá cielo y tierra, si es necesario, para defenderte y para Su propia gloria. No subestimes el poder y la grandeza y la gracia de Dios.

A medida que se desarrolla la historia, vemos que hay algunos israelitas quienes voluntariamente se unieron a la batalla. Pero hubo otros que se quedaron en casa y rehusaron involucrarse. Los participantes, los voluntarios dispuestos, fueron elogiados y bendecidos por su disposición e involucración.

Mira nuevamente el capítulo 5, versículo 11: «Entonces el pueblo del SEÑOR descendió a las puertas».

«De Efraín descendieron los radicados en Amalec, en pos de ti Benjamín, con tus pueblos; de Maquir descendieron jefes, y de Zabulón los que manejan vara de mando» (vv.14).

«Los príncipes de Isacar estaban con Débora; como Isacar, así también Barac; al valle se apresuraron pisándole los talones» (vv. 15).

«Zabulón era pueblo que despreció su vida hasta la muerte. Y también Neftalí, en las alturas del campo» (vv. 18).

Estos fueron los que de estas tribus estuvieron dispuestos a involucrarse en la batalla. Hubo otros que rehusaron involucrarse, aún viviendo en las cercanías. Estos fueron amonestados. Continuando en el capítulo 5 mira el versículo 15:

«...Entre las divisiones de Rubén había grandes resoluciones de corazón». (Ellos se sentaron a pensar sobre el asunto). «¿Por qué te sentaste entre los rediles, escuchando los toques de flauta para los rebaños? Entre las divisiones de Rubén había gran escudriñamiento de corazón» (v. 16).

Lo pensaron pero no hicieron nada. Optaron por obviar sus pensamientos al respecto y dejaron que sus hermanos fueran al peligro de la batalla y la libraran.

Versículo 17: «Galaad se quedó al otro lado del Jordán. ¿Y por qué se quedó Dan en las naves? Aser se sentó a la orilla del mar y se quedó junto a sus puertos».

Mira el versículo 23, todavía en el capítulo 5: «Maldecid a Meroz» lo cual es, según opinan muchos comentaristas, una ciudad. Quizás una ciudad en Neftalí cercana a la batalla.

«Maldecid a Meroz», dijo el ángel del Señor «maldecid, maldecid a sus moradores; porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor contra los guerreros».

En su comentario Phillips Brooks dice: «Meroz representa a los evaden sus deberes, aquél que está dispuesto, a ver otras personas pelear las batallas de la vida mientras ellos simplemente entran y toman el botín».

El comentarista Matthew Henry de la época puritana dice: «Muchos evitan cumplir con sus deberes por temor a los problemas que esto conlleva; el amor a lo fácil, y un afecto desmedido a sus obligaciones terrenales».

Esto ha sido un reto para mí, ya que durante todos estos años, Dios me ha llamado a una batalla. A veces he sentido temor, con muchos deseos de quedarme rezagada y encontrar una salida para no desgastarme. Esto me ha recordado que es el temor a los problemas, el amor a lo fácil y el afecto desmedido a mis obligaciones terrenales lo que me mantiene fuera de la batalla.

Dios no necesitaba estas tribus para lograr la victoria. Él lo hizo sin la ayuda de ellas. Él tenía los relámpagos, las estrellas, la tormenta y todo ello a su disposición, pero aquellas personas perdieron su oportunidad en alinearse con los propósitos mismos de Dios. Ellos hicieron excusas para no involucrarse, y fueron maldecidos porque escogieron sentarse fuera de la batalla.

Dios no nos necesita. Él no te necesita a ti; Él no me necesita a mí. Los propósitos de Su reino serán llevados a cabo en este mundo, contigo o sin ti o sin mí. Pero Él sí nos está dando a cada una de nosotras una increíble oportunidad de unirnos a Él en lo que Él está haciendo en este mundo en nuestra generación en la batalla del bien contra el mal. Es una oportunidad de apoyar Su causa y Su pueblo; involucrándonos y arriesgando nuestra seguridad, y si fuera necesario, nuestras vidas.

¿Vas a ser tú una que se una a la batalla? o ¿Vas a optar por la posición cómoda? Atrás, en el capítulo 4, ya al final de la narración, vemos otra mujer que se involucra, a pesar de que debo admitir que de una manera poco común. No voy a leer el texto, pero empezando por el versículo 17, hay un recuento dramático de la destrucción de Sísara, el general cananeo en manos de una mujer llamada Jael.

Jael no era israelita, pero sí estaba con el Dios de Israel en contra de Sus enemigos. Ahora, leemos como Sísara se escapa del gran torrencial entrando a la tienda de Jael, asumiendo que allí estaría a salvo ya que su familia tenía un acuerdo con los cananeos. Sísara está mojado, con frío y exhausto. Tú te lo puedes imaginar. Empapado; ha estado corriendo durante todo este torrencial de agua. Jael le da la bienvenida, lo invita a entrar y le da a beber leche.

Exhausto de la batalla entra en un profundo sueño. Jael entonces toma en su mano un martillo y atraviesa una estaca por su cien y lo mata. Matthew Henry, uno de mis comentaristas favoritos, sugiere que posiblemente la intención de Jael no era más que tener un gesto de bondad genuina y hospitalidad, hasta que Dios por un «repentino impulso en su mente la dirigió a hacer otra cosa». Y él continúa diciendo: «Hoy en día no debemos de tomar en cuenta estos impulsos».

Esto es más bien repugnante, y si nunca habías oído esta historia, pensarás: «Wao, ¿qué tipo de modelo femenino es este?» Ten en mente que Sísara era un hombre violento y rudo que estaba atentando en contra del pueblo escogido de Dios para destruirlo.

De hecho, en el capítulo 5, lees que su propia madre habla sobre como él y sus hombres no tenían ningún reparo en abusar y matar a cualquier mujer que consideraran el enemigo. En el capítulo 5 Débora en su himno de victoria celebra el gesto heroico de Jael, quien es a su vez bendecida por Dios.

En el capítulo 4, versículo 23, se nos dice: «Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel». Capítulo 5, versículo 31, nos dice: «Y el país tuvo descanso por cuarenta años». ¿Me permiten aquí recordarles cuál es el orden? Primero, la batalla, y luego el descanso.

El impacto de la vida de Débora, su valentía, su fe y su influencia piadosa, fue sentida, no solo en su generación, sino en la siguiente generación también. Eso me hace preguntarte: «¿Qué efecto tendrá tu vida en la presente generación y en la que viene tras nosotras?»

La batalla espiritual en estos días no es menos intensa de lo que era en los días de Débora, y el enemigo no es menos poderoso. Dios está castigando a Su pueblo por nuestros pecados y nuestra idolatría. ¿Cuántos creyentes en nuestras iglesias no están conscientes de lo que está sucediendo? Hay otros, y muchas de ustedes, que reconocen lo que está pasando, pero nos sentimos tan indefensas e impotentes para hacer algo al respecto.

Yo recibí un correo de Chuck Colson, antes de que él partiera para estar con el Señor, que decía: 

«Yo creo que en este momento de la historia la gran esperanza es que el gigante que duerme en medio nuestro —los creyentes— sea despertado. Ha sucedido anteriormente, y puede volver a pasar si así Dios lo dispone. Es por lo primero que oro cada mañana».

Y leímos esta cita de John Angell James:

«Una comunidad no puede ser destruída si cuenta con que las mujeres cumplan su misión, porque por el poder de la nobleza del corazón de ella, sobre los corazones de los demás, ella podrá levantar esa comunidad de las ruinas y restaurar de nuevo su prosperidad y gozo».

Y yo estoy orando a Dios que levante en nuestros días no solo una, sino miles y miles de mujeres a través de este país y alrededor del mundo; mujeres que se levanten así como lo hizo Débora, mujeres de la palabra, mujeres de convicción bíblica, valentía y visión, mujeres de fe, mujeres de humildad, mujeres que estén en la disposición de decir: «Sí, Señor» mujeres cuyas vidas inspiren a los hombres a su alrededor a creer en Dios para lo que solo Dios puede hacer.

Y yo creo que la influencia de ese ejército de mujeres piadosas sería incalculable en nuestros hogares, nuestras iglesias, nuestras comunidades, nuestra cultura y alrededor del mundo. Yo quiero decirles que sé un poquito sobre esta batalla, y muchísimo más de lo que sabía cuando empezamos.

Desde el lanzamiento del movimiento True Woman (Mujer Verdadera), en el True Woman ’08 en Schaumburg, muchas de ustedes estuvieron allí con nosotras, en mi propia vida esa batalla se ha intensificado. Se ha vuelto mucho, mucho más intensa. Me he encontrado en ocasiones batallando con el temor, un cansancio extremo, dudas que plagan mi mente, el desaliento siguiéndome los pasos de día y de noche. He batallado contra mi carne. No les puedo decir cuántas veces yo he querido desaparecer sin dejar huellas de donde estoy.

En muchas ocasiones, y estoy siendo honesta con ustedes, me he sentido muy, muy cansada de nadar en contra de la corriente, de ser «atacada» y no solo por los del mundo. La mayor parte de los ataques no viene de ahí, sino de los de dentro, de dentro de la iglesia en algunos casos, y de personas con buenas intenciones. Una y otra vez he querido regresar a donde me siento más segura, donde me siento a salvo, donde puedo llevar una vida más normal. Pero por otra parte estoy consciente de que Dios tiene Su mano en mi vida.

Hay un llamado de Dios en mi vida, no porque yo sea algo especial o extraordinario, sino porque soy una persona redimida por Él. Mi vida no es mía. He sido comprada por precio y mi vida está atada a Cristo, el autor y consumador de mi fe. Me he dado cuenta de que no hay un lugar más seguro para mí que cuando estoy con Él en medio de la batalla.

Muchas de ustedes habrán leído u oído acerca de las Crónicas de Narnia: «La Travesía del Viajero del Alba», de C.S.Lewis. ¿Recuerdan ese momento cuando Edmundo, Lucy y Caspian viajan desde Narnia hacia el este camino al país de Aslan en el fin del mundo? En un punto el navío Viajero del Alba ancla cerca de tierra y todos salen a la costa.

Algunos de los marineros están cansados del largo viaje y se quieren quedar allí para pasar el invierno y luego volverse atrás al oeste en la primavera a casa en Narnia. A ellos se les dijo que si se quedaban donde estaban, todas las noches iban a ser agasajados como reyes. Esto hizo que ellos estuvieran aún más renuentes a continuar el viaje para el este hacia Aslan.

Entonces Reepicheep, el valiente ratón parlante, habla osadamente, yo así me siento muchas veces, tan pequeña como el pequeño Reepicheep; y él expresa su determinación de seguir hacia adelante sin importar lo que ocurra. ¿Recuerdan ustedes lo que él dice?

«Mis planes ya están hechos. Mientras pueda, navegaré hacia el este en el Viajero del Alba. Cuando este me falle, remaré en mi pequeño bote. Y cuando este se hunda, nadaré hacia el este con mis cuatro patas, y cuando no pueda ya más nadar, si aun no he llegado al país de Aslan, me hundiré con mi nariz hacia el alba».

Amigas, Dios no nos ha prometido que esta travesía será fácil, pero sí ha prometido estar con nosotras. Él prometió que un día la oración será alabanza, la fe será vista, toda lágrima será enjugada y nuestra travesía, cada una de nuestras decisiones radicales, serán recompensadas y parecerán como si no fueran nada en comparación con el peso eterno de gloria que nos está esperando.

Hay algunas en esta batalla, y me incluyo yo en ocasiones, que estamos cansadas y queremos parar. Algunas quieren su recompensa aquí y ahora, la buena vida. Ellas quizás escojan volverse atrás, pero por la gracia de Dios y para Su gloria, mi curso ya está fijo. Mis planes ya están hechos, y es mi plan seguir hacia adelante hasta que llegue «al país de Aslan», la Nueva Jerusalén, la ciudad del Gran Rey. Lo que les quiero preguntar es, ¿se unen ustedes a mí? ¿Vendrán ustedes conmigo? Inclinemos nuestros corazones y oremos.

«Yo soy débil, Señor, pero Tú fuerte. Oh Señor, yo soy pequeña pero Tú grande, soy pecadora y Tú eres santo. Tengo miedo a veces, pero Tú eres el Dios que concede fe… no fe en mí misma, o a través de mis propias fuerzas o esfuerzos, sino fe en el brazo fuerte de Jehová Dios, el Dios de las tormentas, el Dios de los cielos y de la tierra.

Inclino mi corazón ante Ti y te pido, oh Señor que las cosas que acabo de decir no sean simples palabras. ¿Las harías Tú ser aún más verdaderas en mi propio corazón hoy más de lo que siempre han podido ser? Señor, yo me uno en oración clamando por estas mujeres y por mí misma que Tú nos concedas todo lo que sea necesario en esta ocasión, y decirte: «Si» a ti, y «No» a nuestra carne, y así poder continuar en la batalla. Ayúdanos, Señor, danos la valentía, danos la fe, de decir: «Si». Yo te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, con la conclusión de la serie, «Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora». El mensaje de hoy te da una pequeña muestra de lo que escuchas en una conferencia True Woman.

¿Te unirás a esta batalla? Equípate con la verdad de la Palabra de Dios de modo que tengas las herramientas correctas para luchar. Esto es precisamente lo que haremos en la conferencia True Woman ‘18, de la que te hablamos al inicio de este programa.

Haz planes para asistir. Ven y celebra una década del poder transformador de Dios. Una década de Su amor y misericordia derramada sobre nosotras. Infórmate de los detalles al visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Te has preguntado cómo puedes hacer lo que Dios te ha llamado a hacer de una manera eficaz? Mañana, Nancy te mostrará por qué tu ministerio carecerá de verdadera efectividad, a menos que estés delante del fuego de la presencia de Dios tú misma. Te esperamos.

Llamándote a un avivamiento genuino y a abrazar tu diseño como mujer, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Castillo Fuerte, Sovereign Grace Music, El Dios Que Adoramos, ℗ 2013 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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