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La actitud de hospitalidad

Carmen Espaillat: La autora Danna Gresh nos describe una importante lección que aprendió.

Dannah Gresh: Mi corazón cambió ese día porque ella dijo: «No es lo que brindes, si no cómo lo brindes».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos con nuestro estudio del tema de la hospitalidad, en esta serie titulada, «El corazón de la hospitalidad». Si te has perdido cualquiera de los programas anteriores, puedes escucharlo o leer la transcripción a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Ayer escuchamos de una amiga del ministerio, Kim Wagner. Ella compartió con nosotras una lección que aprendió sobre el tema que hemos estado estudiando. Hoy Dannah Gresh, otra amiga del ministerio, compartirá una lección más con nosotras.

Dannah: Cuando pienso en la hospitalidad, me acuerdo de cuando era una mujer joven y estaba en una universidad cristiana. Allí estábamos, unas jóvenes de veintitantos años, emocionadas de la vida y de encontrar esposos y de nuestras clases y estudios. La encargada de mi residencia, una anciana muy dulce, decidió que nosotras debíamos tener una lección bíblica cada semana con respecto a la hospitalidad. Todas pensábamos que había perdido la cabeza, «¿En serio? Somos jóvenes universitarias, no necesitamos la hospitalidad».

Pero mientras ella profundizaba en las Escrituras con nosotras… Bueno, antes que nada, me enamoré de su obediencia a la Palabra. Era una mujer soltera, pero madre para cientos de nosotras. Ella deseaba que nos convirtiéramos en mujeres que abrazáramos la feminidad bíblica y de espíritu afable y apacible.

Así que ella abrió la Escritura con nosotras y estudiamos el tema de la hospitalidad. Lo que más recuerdo de esto es que en una de las semanas del estudio ella trajo palomitas de maíz. Ella dijo, «esta palomitas de maíz pueden ser una gran oportunidad para demostrar hospitalidad, si el corazón está en el lugar correcto». Para mí, que soy de personalidad tipo A (competitiva, ambiciosa), quitó toda pretensión, pues yo tenía que tener todo en orden y hacer las cosas siempre correctamente. Si vamos a tener la cena acción de gracias en mi casa, por ejemplo, vamos a tener el pavo más hermoso que jamás se haya visto, y una mesa de lujo. Tiene que ser lo mejor.

Mi corazón cambió ese día porque ella dijo, «no es lo que brindes, si no cómo lo brindes».

A través de los años me he acordado de esa lección. De esto hace ya más de veinte años. Ha habido momentos en los que he tenido una mesa de lujo, pero la hospitalidad no está en mi corazón. No he reflejado el evangelio, ni el servicio, ni la feminidad bíblica; ni he sido dulce o tierna de corazón.

Pero he tenido momentos en que he ordenado pizza y mi corazón ha estado en el lugar correcto, y he servido y amado a mis invitados. Todo porque una mujer en mis veinte me dijo, «oye, estas palomitas de maíz pueden ser la mejor forma de demostrar hospitalidad».

Carmen: En el día de hoy, Nancy DeMoss de Wolgemuth abrirá la Escritura con nosotras,  y nos enseñará cómo podemos ofrecer este tipo de hospitalidad.

Quizás esto ha ocurrido en tu hogar: tienes apuntado en tu agenda que tendrás invitados para cenar. Quieres que se sientan cómodos y quieres mostrarles el amor de Cristo, pero en el proceso estás discutiendo con los niños, quejándote, y en general haciendo de la vida algo miserable. Esto no tiene que ser la norma cuando muestras hospitalidad. Aquí está Nancy para explicarnos mejor,

Nancy: En esta semana queremos tomar un tiempo para ver algunos principios prácticos de la hospitalidad y cómo cultivar una actitud y una atmósfera de hospitalidad. Hoy vamos a hablar acerca de la actitud de la hospitalidad.

Primero, y creo que esto es muy importante, necesitamos enfocarnos en las personas más que en la preparación. Ahora, los preparativos son necesarios. Es difícil ser hospitalaria de una manera consistente si no haces los preparativos. Uno de estos preparativos es mantener tu casa recogida para que puedas tener invitados. Preparar una comida, toma tiempo. Así que no es que los preparativos no son importantes, pero fijate que dije que te enfoques en las personas más que en los preparativos.

Una vez que hayas hecho los preparativos, y de verdad, no tienen que ser tan complejos como muchas veces pensamos y hacemos, pero una vez que termines con todo eso, pídele a Dios que te enseñe cómo enfocarte en las personas. Te voy a decir esto: a menos que tu casa sea un desastre, las personas no están fijándose que tan limpio está el piso o las mesetas de tu cocina, o si has pasado la aspiradora recientemente.

Lo que ellas notarán es el espíritu con que las recibes en la puerta y el espíritu con que las invitas a pasar a tu hogar. Si estás relajada y disfrutando de ellas, escuchándolas y enfocándote en ellas, entonces tendrán un buen tiempo, y serán bendecidas.

Todas conocemos la historia de hospitalidad en Lucas capítulo 10, donde la Escritura dice, «Mientras iban ellos de camino, una mujer llamada Marta lo recibió en su casa» (v.38). Hasta la semana pasada no había notado que el pasaje no dice, «María y Marta lo recibieron en su casa». Aparentemente era la casa de Marta. Esto nos hace suponer que ella era la mayor en su familia, la mayor de sus hermanos.

Pero Marta lo recibió en su casa, y tú dirás, «¡Sí, Marta! ¡Qué mujer tan hospitalaria!» esa palabra recibió significa recibir hospitalariamente y amablemente. Ella hizo lo correcto. Invitó a Jesús, y acuerdate que cuando Jesús venía a cenar, no solo era Jesús. Era Jesús y Sus discípulos. Ella tuvo este grupo de por lo menos trece hombres que vinieron a su casa, y ella los invitó.

Pero aquí es donde ella cometió un error. Ella rompió la regla esencial de la hospitalidad y es el prestar atención a los invitados. Marta perdió el enfoque con todo el trabajo y los preparativos, y se olvidó de sus invitados.

Así que Marta estaba agitada, frustrada y tensa con todas los preparativos, ¿y quién es la persona en esta historia que realmente muestra verdadera hospitalidad? María. ¿Qué estaba haciendo? Ella estaba prestando atención a los invitados, ella estaba enfocada en ellos.

Lo que Jesús le dijo a Marta fue, en efecto, «Mira, toda esta preparación, es opcional. Lo único que es necesario es enfocarte en tus invitados». Jesús está diciendo en efecto, «Marta, yo no quiero una presentación doméstica. Yo te quiero a ti. Yo quiero una relación contigo». De eso se trata la hospitalidad, de enfocarte en las personas.

Ahora permíteme decirte que la hospitalidad no es solo un evento. Tiene que ver con nuestra forma de pensar, con nuestra actitud hacia la hospitalidad. No es solo, «invitaré a veinte personas a cenar el jueves, y todo mi mundo girará alrededor de realizar este evento».

Existen eventos en los que se necesita la hospitalidad. Pero la hospitalidad, más que eso, es un estilo de vida. Es un corazón abierto. Así que en vez de solo llevar a cabo el evento, necesitamos aprender a disfrutar un estilo de vida de hospitalidad. Cuando se trata de tu casa, recuerda, y una vez más esto tiene que ver con nuestra actitud, no todo tiene que estar perfecto.

Nunca voy a olvidar una de las primeras veces que recibí invitados cuando mi casa era bastante nueva. Fue una mujer con la que estábamos conversando acerca de la posibilidad de unirse a nuestro personal y a nuestro ministerio.  Nuestro director estaba ahí con su esposa y esta mujer que queríamos de contratar.

Sé que muchas de ustedes son grandes cocineras, y les voy a decir esto a pesar de que me da un poco de vergüenza. Compré una lasaña congelada en una tienda. Lo que no sabía, porque no tenía mucha experiencia en esto todavía, era que cuando la lasaña está congelada, el envase se pone rígido, duro, y puedes agarrarlo por las esquinas. Pero cuando se cuece y se calienta, ya no está así.

Así que la tomé. Y mientras caminaba para colocarla sobre la mesa, y estando parada donde comienza la alfombra, el envase con la lasagna se zafó de mis manos. El recipiente de aluminio junto con la lasaña fueron a parar a mi nueva alfombra blanca.

Lo siguiente que recuerdo, fue que todos estábamos de rodillas, recogiendo la lasaña derramada en la alfombra, pero tuve una idea brillante. Pensé, «tengo hamburguesas en el congelador. Voy a sacar algunas y asarlas en la parrilla». Mi parrilla estalló en llamas de bajo estas hamburguesas congeladas. Los llamé para que me ayudaran a apagar el fuego de la parrilla.

Fue un desastre. No fue perfecto, pero sabes, todavía hablamos de ese día. Hicimos historia para recordar. Les digo a las personas, «cuando se trata de hospitalidad si te juntas conmigo, tendrás recuerdos». Esta mujer se convirtió en una amiga muy querida, y sabes que, tuvimos una gran noche. Amigas, las cosas no tienen que quedar perfectas.

La actitud de hospitalidad, empieza en el hogar. No esperes que tu familia ame la hospitalidad si solo tratas a los invitados bien. Asegúrate de que estas tratando a tu propia familia con gracia y misericordia.

Quizás no prepares las mismas comidas todos los días para tu familia como cuando tienes invitados. Pero es importante para tu esposo e hijos saber que son bienvenidos en tu hogar y que amas que ellos estén ahí, y así ellos gozaran de ser parte contigo en el espíritu de la hospitalidad.

La semana pasada recibí una pareja que son amigos muy queridos, y que han sido huéspedes muchas veces en mi casa. Ellos viven un poco lejos de mí, pero sé que ellos tienen un gran corazón por la hospitalidad. Les acababa de preguntar por correo, «¿Qué significa la hospitalidad para ustedes?»

Ambos el esposo y la esposa escribieron una respuesta, y déjame leerte un poco de lo que ellos escribieron. Dana dijo:

«Para mí la hospitalidad significa hacer que las personas se sientan amadas y que están en su casa. Existen dos tipos de huéspedes, los que esperamos y los que no. Tratamos de estar preparados para ambos tipos. De hecho, Tom yo vivimos esperando huéspedes y esperando en el Señor que los traiga.

Los hacemos sentir como en su casa, estando súper contentos de verlos, teniendo conversaciones inquisitivas, sirviendoles postres especiales, y proveyéndoles un lugar cómodo y cálido para descansar y relajarse. Ella dijo: Nos ha bendecido sin medida el dedicar tiempo a nuestros invitados, entrar en sus corazones, reirnos y llorar con ellos, y más importante, orar por y con ellos».

Luego Tom añadió a este pensamiento. Él dijo:

«Cuando pienso en la hospitalidad, pienso en sentirse a gusto, lo cual tiene que ver con ambos el ambiente y la sensación de que eres bienvenido y que se preocupan por ti. El espíritu del hogar y de quienes viven allí es igualmente importante. Una casa puede estar limpia y ordenada sin sentirse estéril o muy formal.

Uno debe tener la libertad de relajarse y no tener que sentarse derecho todo el tiempo. Es importante ser nutrido físicamente al igual que espiritualmente. Una comida simple y saludable, tranquilidad, la Escritura, música tranquila, alguien que escucha, y palabras de aliento pueden ministrar un alma cargada. Para poder hacer eso, se comienza con una actitud de hospitalidad. «Estoy feliz de verte. Me da gusto que hayas venido a visitarme, y estoy aquí para amarte y servirte y animarte como pueda».

Padre, oramos para que cultives en nosotras una actitud de amor y unos corazones de siervas que nos den la oportunidad de extender hospitalidad a los demás. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado enseñando lo que es tener una verdadera actitud de hospitalidad. Esta enseñanza es parte de la serie «El corazón de la hospitalidad».

Cuando escuchamos la historia de Marta y María creo que la mayoría de nosotras se identifica con Martha. Y esto puede ser porque nos esforzamos y trabajamos para atender invitados especiales, o a lo mejor porque nos enfocamos más en las tareas que en las personas.

A lo largo de esta serie, Nancy nos ha demostrado cómo la hospitalidad pone en evidencia el evangelio. Ella contactó a una mujer que ha vivido el poder de la hospitalidad de forma tangible. Esta mujer nos ha pedido que no usemos su nombre, pero tuvo la amabilidad de compartir su experiencia con nosotras. Ella pudo ver el evangelio por medio de las acciones de una familia que estuvo dispuesta a abrir las puertas de su hogar. Escuchemos su historia.

Mujer: Yo no me crié en un hogar cristiano. Acepté a Cristo en mis primeros años de adultez y fui discipulada. En ese periodo, a pesar de que estaba creciendo en el Señor y en el conocimiento de Su Palabra y aprendiendo lo que significaba caminar con Él, había muchos aspectos prácticos con respecto al hogar, la familia, y lo que era ser una mujer, que la cultura en la que fuí criada no me enseñó.

Carmen: Esto empezó a cambiar cuando una familia de su iglesia local le abrió su hogar y sus vidas a esta joven mujer.

Mujer: Ellos no estaban buscando a alguien a quien invitar a su casa. Era una familia muy unida. Pero por alguna razón esta familia sintió la inquietud de que debían abrir un lugar en sus vidas para mí.

Carmen: Esta relación le ayudó a aclarar lo que es la hospitalidad bíblica.

Mujer: Pienso que muchas veces consideramos esto; en el sentido de que vamos permitir que alguien entre en nuestro espacio o en nuestro hogar temporalmente. Pero la manera en que lo hacemos es crucial. Para mí, cada vez que iba a cenar a la casa de ellos, se acordaban de las comidas que me gustaban y de las que no. Ellos no ponían cosas en mi sándwich que sabían que no me gustaban.

Esto fue importante para mí. Nunca había tenido a alguien en mi vida, que prestara atención a ese tipo de detalles, relacionados a quién yo era. Esto me mostró un mayor valor de quien Dios me creó para ser, en comparación con lo que había visto en el pasado.

Carmen: Al pasar tiempo con esta familia, esta mujer pudo observar ejemplos bíblicos y prácticos de cómo los miembros de una familia trabajan juntos.

Mujer: Pude observar cómo modelaban sus respectivos roles, bíblicamente, en su hogar. También aprendí de forma práctica cómo ellos hacían de su hogar un lugar encantador, algo que no había experimentado anteriormente.

Una de las cosas básicas era arreglar la mesa. Esta familia tenía una hija que era muchos años más joven que yo. Ella era una adolescente en ese entonces. Estuvimos juntas en un viaje misionero y nos sentábamos juntas para cenar, y todo era muy casual porque era un viaje misionero. Pero noté que ella había colocado su servilleta y sus cubiertos en un lugar particular.

Ella me vio que la estaba viendo e hizo un comentario con respecto a dónde deberían ir, y que yo no sabía donde colocar la servilleta, el tenedor, el cuchillo y la cuchara. Me di cuenta de eso y ambas nos reímos porque yo no sabía esto siendo una adulta.

Luego meses más tarde fui a su casa para cenar, y Mary me pidió que arreglara la mesa. Cuando me pidió eso, me di cuenta de que había una forma correcta para hacerlo, y que yo no estaba segura cuál era esa forma.

A pesar de que mi personalidad es de querer hacer las cosas por mi propia cuenta, lucho algunas veces con el orgullo y no quiero pedir ayuda, especialmente para arreglar la mesa cuando eres una adulta... Me di cuenta de que el pedir ayuda los iba a honrar, al igual que me daría las herramientas para hacer de mi hogar un mejor lugar.

Así que le pregunté a Mary cómo arreglar la mesa, y ella me enseñó y me mostró dónde iban los cuchillos, los tenedores, las servilletas y todo lo demás. Ciertamente no hay nada bíblico con respecto a cómo arreglar la mesa, y una mesa puede ser arreglada de diferentes maneras, y estoy segura de que muchas familias arreglan sus mesas de diferentes maneras; pero fue la atención a los detalles, el orden, el crear un espacio y un ambiente, que es propicio para una familia que comparte junta, come junta y honra al Señor junta.

Lo más importante para mí fue una mujer mayor que reconoció que yo era como un pez fuera del agua, y que iba a estar en muchas situaciones donde habrían expectativas sociales de mi parte en las que quizás no estaba preparada. Ella no estaba sentada haciendo un estudio bíblico conmigo, ella estaba caminando a mi lado y diciendo, «yo me preocupo por ti, y aquí hay algunas herramientas que te puedo dar para que te sientas más cómoda en estas cosas, para que Cristo brille más en otras cosas».

Tuve una relación con esta familia piadosa por varios meses, pero en menos de un año, llegó la Navidad. Yo estaba en su hogar, y estábamos decorando para Navidad. Y llegó el momento de colocar las medias navideñas.

Me sentí un poco incómoda porque era la primera vez que estaba alrededor de ellos en medio de su tradición familiar. No quería asumir ni hacer nada inapropiado o rudo. Recuerdo que estuve medio retraída. Luego uno de ellos abrió una caja y me sorprendieron al sacar una media con mi nombre para colocar en la chimenea también.

Recuerdo tratar de no demostrar gran emoción, solo estar lo suficientemente emocionada y agradecida con ellos, y colocar la media en la chimenea. Después fui tan tocada por el Señor, estaba muy agradecida. Sabía que esto era un reflejo de la redención y restauración que tenemos en el evangelio, algo que no sabía que era posible de esta manera.

A la edad de veinticinco o veintiséis años, estaba en medio de esta familia que en todas las áreas posibles se identificaron conmigo, me aceptaron, y lo hicieron público. Fue un reflejo de la gracia de Dios, dándome un regalo que nunca habría pensado que era posible recibir.

He aprendido lo que es una familia piadosa, lo que es un matrimonio piadoso, y ha transformado por completo mi entendimiento de quién es Dios. Todo lo concerniente a mi caminar con el Señor fue verdaderamente moldeado y formado porque hubo una familia piadosa que abrió su corazón y su hogar, y estuvo dispuesta a hacer sacrificios para aceptar a otra persona en sus vidas.

Pienso que a veces todas nos sentimos cargadas por las responsabilidades y por las personas, y a veces puedes ver en tu iglesia o en tu comunidad, o quizás en las amistades de tus hijos, y ves a alguien, y tu espíritu se inquieta con que ahí hay una necesidad que puedes satisfacer.

Puede ser que esa necesidad sea física, pero quizás es emocional, quizás es espiritual. Quizás ellos necesiten a alguien que venga a su lado y les enseñe cómo comportarse, o quizás necesiten que alguien camine con ellos y los discipule más intencionalmente, o les enseñe cómo manejar su hogar y cómo proveer para sus hijos y cómo cuidarlos.

Cualquiera que sea la necesidad que estás viendo, te animo a que no te intimides. Más bien reconoce que en realidad no existe ninguna necesidad que nosotras podamos satisfacer por nosotras mismas. Toda necesidad que buscamos fielmente satisfacer, si es satisfecha, es a través del Espíritu Santo y dentro de la voluntad del Padre.

Nunca debemos tener miedo de tomar pasos de obediencia. Puede resultar caótico, puede que sea difícil, pero en mi experiencia, lo caótico y la dificultad es exactamente lo que Dios usa para santificarnos. Estoy convencida de que el mayor propósito de Dios no es tener familias o individuos excelentes en todas las tareas.

El propósito mayor de Dios es conformarnos a la imagen de Cristo, y Él usa personas y circunstancias para conformarnos a la imagen de Cristo. Si existe alguien en tu vida que crees que al caminar a su lado y ministrarla y animarla, haciéndole las preguntas difíciles, va a ser movida a acercarse y a ser transformada a la imagen de Cristo, sospecho que Dios también usará esto para conformarte a ti más a la imagen de Cristo.

Carmen: Esta historia nos reta a pensar en la hospitalidad de manera diferente. El abrir tu hogar a otras personas puede tener un gran efecto en sus vidas. Hemos estado escuchando de una amiga del ministerio que solicitó que no usáramos su nombre, pero estamos muy agradecidas de que compartiera su historia de hospitalidad con nosotras.

Y si tu tienes una historia y quisieras compartirla con otras oyentes, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com y déjanos tu comentario al final de la transcripción del programa de hoy. Compártenos tu historia, de modo que otras mujeres también puedan ser edificadas.

A lo largo de esta serie, Nancy nos ha mostrado la frecuencia con la que vemos el tema de la hospitalidad en la Biblia. Creo que las enseñanzas han sido profundas, instructivas y prácticas.

Y hablando del tema de la hospitalidad es hermoso ver cómo las mujeres abren sus hogares, y al tiempo que son hospitalarias, aprovechan recursos que tenemos a su disposición para compartir en grupos pequeños.

Nancy DeMoss de Wolgemuth trabajó junto a Mary Kassian para desarrollar estos recursos. Se trata de: «Mujer Verdadera 101: Diseño divino», y «Mujer Verdadera 201: Diseño interior». Ambos son estudios de ocho semanas, uno sobre la feminidad bíblica y el otro sobre Tito 2. Anímate a reunir un grupo de hermanas en tu hogar y al tiempo que eres hospitalaria, aprenden de la verdad de la Palabra de Dios juntas.

Una mujer a quien Dios le ha dado la oportunidad de aplicar la hospitalidad de esta y otras maneras, está aquí en el estudio con nosotras para compartirnos su experiencia.

Mildred de Jiménez: Cuando mis hijos empezaron a crecer, quise que mi hogar fuera un lugar cálido y acogedor, en especial para los miembros de mi familia. quería que se pareciera al que vi en la casa de mis abuelos. Ellos recibían muchas visitas, y aún en su vejez, nunca dejaron de ser atentos con todos sus huéspedes. Para mí, la hospitalidad fue un legado que recibí de mis abuelos y al estudiar la Palabra de Dios y libros como Mujer Verdadera 101, pude ver que la hospitalidad va más allá de cuidar a mis familiares. Aprendí que mostrar hospitalidad no es algo de preferencias personales, de que escoges o no hacerlo, no, no, no. Si Dios lo veía como algo importante y que tenía recompensas, desde ese momento cambió mi actitud. Hebreos capítulo 13 versículos 1 y 2 dice:

«Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.»

Cuando leí este texto pude ver que mi casa podría convertirse en un hotel con más de 5 estrellas, pues si un ángel pudiera hospedarse en ella, era porque estaba acostumbrado a vivir en el cielo, en mansiones que tienen comodidades que ningún hotel terrenal de 5 estrellas nunca le daría. Fue agradable saber que Dios le pone más estrellas a nuestras humildes moradas que a los grandes hoteles terrenales. Que ironía pensar que los ángeles viven entre millones de estrellas y que las comodidades terrenales se miden con estrellas, aunque tus 5 estrellas sean pan con chocolate o lo que tengas en casa para ofrecer. Hubo una semana que fue muy particular para mí. Como no tengo mis hijos todo el tiempo en casa, sino algunos meses porque están en la universidad estudiando, hemos abierto nuestra casa y la hemos puesto a disposición de la iglesia para lo que nos necesiten; ya sea hospedando personas por varios días o para las reuniones de nuestros grupos pequeños. Para darles un pequeño ejemplo de lo que pasó hace unas semanas, les comento que el lunes tuve mi grupo pequeño de damas donde hemos estudiado libros como Mujer Verdadera 101 que han sido de gran edificación para cada una de nosotras y proximamente vamos a estudiar Mujer Verdadera 201. Los miércoles nos reunimos también a estudiar la Palabra y una de las hermanas me pidió la casa prestada para hacer algo especial. El jueves invité a mis familiares a un almuerzo y el sábado mi esposo tuvo su grupo pequeño de jóvenes en casa. Pensé, ¡guau! qué semana tan intensa, ¡pero de tanto gozo! Pude experimentar lo que el Señor Jesús dice en Su Palabra en Hechos 20:35, «Más bienaventurado es dar que recibir». Me sentí muy pero muy privilegiada al poder abrir mi casa, no solamente de recibir personas, sino recibir personas en torno a la Palabra de Dios, y poder dar de mi tiempo y talentos para el Señor. De gracia recibí, de gracia estoy dando, a Dios sea la gloria.

Carmen: Espero que el programa de hoy haya sido de edificación para ti. Anímate y abre las puertas de tu hogar a otras mujeres. Sé bendecida por medio de recursos que te ayuden a profundizar en la Palabra de Dios, y por medio del ministerio de la hospitalidad. Que esta sea la expresión de tu corazón agradecido.

Mañana, recibiremos algunos consejos sobre cómo hacer nuestro hogar más atractivo a los cinco sentidos de nuestros invitados. ¡No te querrás perder ese programa! Regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de  Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

Más Que Palabras / Jesús, Eres Mi Buen Pastor (feat. Lorena Zamorano) [Medley], Coalo Zamorano, Sesiones Orgánicas, ℗ 2016 Canzion Group LP. Canción usada con permiso.

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