Aviva Nuestros Corazones Radio

Un encuentro con la humildad

Annamarie Sauter: Erin Davis nos recuerda que la enseñanza de Jesús sobre lo que es la grandeza, es radical.

Erin Davis: Jesús establece algunas definiciones extrañas aquí: La definición de grandeza es servicio. Para ganar el primer lugar, tienes que ser un esclavo. Serás el primero siendo el último. La grandeza no se alcanza a través del poder, de la riqueza o de los logros. Viene a través del servicio.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Bueno, he disfrutado mucho de tener a Erin Davis como maestra invitada con nosotras estos últimos días, y sé que ustedes han sido bendecidas al escuchar sus meditaciones y estudiar con ella mientras hemos visto varios de los encuentros de Jesús con mujeres.

Es realmente una bendición contar con una mujer como Erin como parte del equipo y del ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Hemos compartido con ustedes que ella es nuestra bloguera principal en el blog Lies Young Women Believe, el blog para jovencitas en inglés, y Erin, estoy tan agradecida por el corazón que Dios te ha dado por las jóvenes. Tú entras en una habitación donde hay jóvenes y ellas son atraídas hacia ti y tú hacia ellas. ¿Cómo llegó eso a tu corazón? ¿Siempre has tenido eso?

Erin: De hecho, te dije cuando estábamos planeando esto: «¿Podemos invitar adolescentes?» Porque las prefiero a ellas en lugar de los adultos, sin ofender. Pero sí, mi corazón palpita por las mujeres jóvenes.

Mi esposo y yo pasamos doce años ministrando a estudiantes, y pienso que es porque estuvimos en esas trincheras y vimos las necesidades y cuán significativas son. Todo el mundo se enfoca siempre en los desafíos que los jóvenes enfrentan. Esa no es toda la historia.

Encuentro a las mujeres jóvenes extremadamente receptivas a la Palabra de Dios, extremadamente abiertas a Su verdad, extremadamente dispuestas a obedecerle cuando entienden lo que Él les pide que hagan. No sé si nosotras, mujeres adultas, estamos igualmente dispuestas en esas áreas.

Amo sus corazones. Amo su apertura. Y sí tengo un sentido de urgencia.

Nancy: ¿Por qué?

Erin: Porque la cultura clama por ellas más fuerte de lo que yo puedo, desafortunadamente. Pero somos muchas las que amamos a las jóvenes y estoy determinada a quedarme en estas trincheras y a luchar por sus corazones, tanto como el Señor me lo permita.

Nancy: Una de las cosas que hacen las personas cuando apoyan este ministerio, es ayudarnos a llamar a las mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Así que tenemos este programa para mujeres. Yo escribo libros para mujeres. Tenemos el blog Mujer Verdadera, y también tenemos el blog Joven Verdadera que está alcanzando la próxima generación de mujeres.

Háblanos un poco sobre por qué es tan importante que hagamos esto.

Erin: Bueno, recuerdo cuando empezó Mujer Verdadera. No recuerdo bien las circunstancias, pero creo que fue el primer evento de Mujer Verdadera. Algunas de nosotras nos reunimos para pensar en todo eso y recuerdo decirles a aquellas mujeres en aquel lugar: «Pueden invertir en esto todo lo que quieran. Pero si el movimiento de Mujer Verdadera no impacta a la próxima generación, en una década estará muerto».

Y realmente creo que eso es verdad. Es muy bueno para las madres y las abuelas creer en la Palabra de Dios y vivirla, pero si esta no está impactando a sus hijas y a sus nietas y a la generación que le sigue y a la que le sigue, es trágico. Así que tenemos que encontrar una manera.

Yo sé que ustedes aprecian Tito 2 tanto como yo. Lo considero como la encomienda de mi vida, mujeres enseñando mujeres, lo cual es la idea de Dios. Algunas veces en la iglesia nos agrupamos por edades y eso también está bien, pero realmente el plan de Dios es que las mujeres mayores enseñen a las más jóvenes, y todas nosotras somos mayores que alguien más y todas somos menores que alguien más.

Así que realmente pienso que no tienes que tener un corazón específicamente para las jóvenes, o ser madre de una adolescente, para sentirte responsable de enseñar a la próxima generación de mujeres lo que dice la verdad de Dios y por qué importa.

Nancy: Me alegra que estés haciendo eso. Dios te ha dotado con un corazón que ama Su Palabra y estás comprometida a vivir esa verdad como esposa y como madre de tres niños. Escribes en el blog, escribes libros y esta serie que hemos estado escuchando en Aviva Nuestros Corazones, está basada en un estudio bíblico que has escrito, llamado, Hermosos Encuentros (Beautiful Encounters, (disponible solo en inglés). Ocho mujeres cuyo encuentro con Jesús transformó sus vidas.

Así que si nos estás escuchando hoy y te perdiste alguno de los programas anteriores, regresa a avivanuestroscorazones.com y asegúrate de ponerte al día.

Hoy estamos estudiando la vida de una mujer de la que quizás nunca te han enseñado antes. Pero si te han enseñado, también hoy podrás encontrar nuevas enseñanzas.

Así que Erin, llévanos a la Palabra; llévanos a Jesús.

Señor, oro que abras nuestros oídos y corazones para recibir lo que tienes para nosotras hoy. Que podamos encontrar a Cristo mientras vemos Su encuentro con esta mujer en Tu Palabra. En el nombre de Jesús oro, amén.

Erin: Amén. Hace varios años escribí un estudio bíblico sobre la humildad y déjenme decirles que no es un viaje en una montaña rusa para el que tú compras un boleto. Porque para poder escribir sobre la humildad, debes entender la humildad. Y una vez que entiendes la humildad, tienes que practicar la humildad. Todo esto fue muy, muy difícil para mí y todavía es muy, muy difícil para mí, espero no estar sola en esto.

Vivimos en una cultura que celebra la exaltación del yo. Las celebridades de nuestra cultura son personas que lograron el éxito por su propio esfuerzo, que lucharon por lo que merecían y llegaron a la cima. En una cultura que grita: «Todo se trata de ti!», la humildad es como un susurro que dice: «Considera a los otros primero». Es difícil, es extremadamente contracultural. Va contra la fibra de la forma en que queremos interactuar con otras personas.

Y lo que difícilmente me cabe en la cabeza, sobre Jesús, es que Él es la única persona en todo el mundo que es digna de adoración. Si hubiera una persona que pudiera decir: «Yo merezco», sería Él.

Apocalipsis 19:16 nos dice que Él es el «Rey de reyes». Él es el «Señor de señores». Debemos demostrar humildad porque somos diminutos. Somos solo puntitos en la gran extensión de la existencia humana. Pero Jesús lo hizo todo. Él lo gobierna todo y aun así, lo vemos demostrar humildad una y otra vez.

No tengo duda de que esto es parte de lo que alborotó tanto a los líderes religiosos de sus días, porque les gustaba el poder, les gustaba la autoridad, la adoración. Y aquí entra Él en escena y dice: «Yo soy el Hijo de Dios», pero lo hizo con humildad, y esto frecuentemente agita nuestros espíritus.

Hemos visto Su humildad en cada uno de los encuentros en esta serie. Fue muy humilde cuando sanó al hijo de la viuda. Fue muy humilde mientras interactuaba con María y Marta, cuando murió Lázaro. Fue muy humilde en cada historia que hemos contado en esta serie.

Pero tal vez no tanto como en el encuentro que vamos a ver hoy, que es con Salomé. Ella es una de mis mujeres favoritas en toda la Biblia, y les voy a decir por qué en un momento. Miremos en Mateo 20:20-23.

«Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo. Y Él le dijo: ¿Qué deseas? Ella le dijo: Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero respondiendo Jesús, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber? Ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: Mi copa ciertamente beberéis, pero sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi Padre».

Déjenme explicar un poco aquí. Jacobo y Juan eran los hijos de Zebedeo y Salomé. ¿Qué tal ese par de nombres? Si regresamos a Mateo 4:20-21 vemos que son llamados a ser discípulos de Jesús.

Mateo 4:20:

«Y pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, remendando sus redes, y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron».

Así que seguir a Cristo le ha costado mucho a esta familia. Jacobo y Juan dejaron a su padre manejando el negocio de pesca de la familia, sin aviso ni explicación.

En un momento Jacobo y Juan están con su padre en el bote.

Están remendando las redes.

Jesús aparece en la orilla y dice: «Vengan».

Ellos dicen, «sí».

Y Zebedeo es dejado ahí en el bote.

No sé si sus padres estaban a bordo o no. No lo dice. Pero creo que muchas veces cuando Jesús llama a nuestros hijos para algo grande, nuestra primera reacción es de resistencia, porque el costo es realmente alto. Así que tenemos esta idea de cómo nuestros hijos deben servir al Señor y eso nos hace sentir seguras, y se ajusta a nuestra imagen, y la mayoría de las veces se trata de que ellos vivan en nuestra misma calle. Luego el Señor los llama a algo grande y costoso y decimos: «Oh, no estoy segura de que esa sea la voluntad de Dios».

Pero aquí Dios llama a Jacobo y a Juan a salir del bote en el que su padre está sentado, y eventualmente, al menos Salomé se hace a la idea, porque se hace seguidora de Jesús.

¿Qué sabemos de Jacobo y de Juan? Marcos 3:17 lo resume: «J acobo, hijo de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa, hijos del trueno)». Jesús los llama los «hijos del trueno». No creo que se hayan ganado este apodo por ser los miembros más dóciles y agradables del grupo.

Estos son muchachos con cierta ferocidad. ¿Cierto? Estos son tipos rudos. Son chicos con presencia. Y probablemente se peleaban como lo hacen los hermanos. Y tal vez la razón por la que me gusta tanto la historia de Salomé es porque yo también tengo mis propios «hijos del trueno».

Les he estado contando en esta serie lo dulces y adorables que son mis hijos, y eso es verdad cuando están en una fotografía. Y son lindos, pero caramba, son «hijos del trueno». Son hombrecitos hasta la médula. Son de carácter fuerte. Me digo muchas veces al día: «Los chicos débiles nunca cambian el mundo. Los chicos débiles nunca cambian el mundo. Los chicos débiles nunca cambian el mundo». Porque tengo «hijos del trueno».

El otro día limpié la casa, y encontré nueve palos de por lo menos tres pies de largo en mi casa. Y yo dije, «bueno chicos, los palos tienen que quedarse afuera». Pero estos son chicos a los que les gusta pelear y hacer valer su voluntad.

Y estoy segura que así eran Jacobo y Juan. Porque Jesús les pone ese apodo de «los hijos del trueno».

En mi casa, me temo que la manzana no cayó muy lejos del árbol. Yo podría ser llamada «la hija del trueno». Yo misma soy como un tornado, pero puedo verme a mí misma en los zapatos de Salomé.

Ella ha criado a estos muchachos. Ella solo quería sobrevivir. Solo quería que ellos sobrevivieran. Y sobrevivieron. Son hombres adultos. Están pescando con su papá y entonces reciben este llamado, este peligroso llamado a seguir a Jesús, y lo hacen.

Así que Salomé viene a Jesús y le hace esta petición: «¿Pueden mis hijos sentarse uno a tu izquierda y otro a tu derecha?». Ella obviamente no sabe lo que está pidiendo y Jesús le muestra compasión al interactuar con ella. Pero lo que ella realmente está pidiendo para sus hijos es que tengan prestigio, poder y autoridad, porque, estoy segura de que tú sabes, muchas personas esperaban que Jesús estableciera Su reino en la tierra.

Ellos asumieron que en cualquier momento Él iba a apoderarse del trono e iba a estar a cargo. Y ella está diciendo: «Quiero que mis hijos sean Tu mano derecha y Tu mano izquierda cuando hagas eso». Ella quería que sus hijos ocuparan posiciones de honor.

Ahora, voy a asumir que Jacobo y Juan le pidieron a su pobre mamá que lo hiciera, porque los discípulos habían tenido ya esta conversación antes.

Si miramos en Lucas 9:46-48, dice así:

«Y se suscitó una discusión entre ellos, sobre quién de ellos sería el mayor. Entonces Jesús, sabiendo lo que pensaban en sus corazones, tomó a un niño y lo puso a su lado, y les dijo: El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ese es grande».

Así que Jesús ya había tratado de enseñarles qué es la humildad. Él dice: « porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es grande». Jesús tiene esta costumbre de voltear las cosas. Él está diciendo: si quieres ser grande tienes que ser el más pequeño. Creo que los discípulos dijeron a una, «¿qué?» Porque no habían entendido.

Eso es lo que yo pensaría. No entiendo. ¿Cómo puedes ser grande siendo el más pequeño?¿Cómo puedo estar arriba si tengo que quedarme abajo? Jesús realmente no contesta esas preguntas. Él sienta un niño en Su regazo y dice: Si quieres ser grande tienes que ser pequeño. Y ellos dicen, oh está bien, todavía quiero ser grande. No lo entiendo.

Entonces más tarde llega una oportunidad y Salomé hace la pregunta de nuevo. Jacobo y Juan probablemente no lo entendieron tampoco y todavía quieren realmente esa posición en el reino de los cielos. Así que Salomé hace lo que haría cualquier buena mamá, valientemente pide para sus hijos, lo que ella piensa que necesitan .

Ustedes saben sobre las mamás oso, ¿verdad? Hay algo que pasa en las mamás cuando sentimos que hay algo que nuestros hijos necesitan. Eso no siempre es lindo.

Llevé a mi hijo Elí a un paseo a la cosecha de calabazas con la escuela. Otro niño de cinco años estaba siendo malo con él y no lo dejaba subirse al tobogán. Me sentí avergonzada por la mamá oso que se acercó a él. Le dije: «no estás siendo malo con mi hijo, ¿verdad?» ¡él solo tiene cinco años!

Pero eso era lo que Salomé estaba haciendo. Ella estaba siendo mamá oso y dijo, «voy a pedir lo que mis hijos necesitan». Sus hijos eran hombres adultos y probablemente no estaban tan avergonzados, pero de todas maneras, Jesús responde con tanta humildad al enfrentar eso.

Ella estaba fuera de lugar. No sabía lo que estaba pidiendo, pero Él fue tan humilde con ella. Él no la avergonzó. Él restringe su poder, pero aprovecha la oportunidad para enseñarle a ella y a todos los discípulos sobre la humildad.

Regresemos a Mateo 20 y veamos cómo le responde Jesús a ella en los versículos 24-28.

« Al oír esto, los diez (los otros discípulos más Jacobo y Juan) se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos».

Jesús establece aquí, algunas definiciones extrañas. La definición de grandeza es servicio. Para ganar el primer lugar, tienes que ser un esclavo. Y Él no está hablando de convertirse en un esclavo literalmente. Lo que Él nos pide es que pensemos como esclavos al poner a los otros primero. La grandeza no viene a través del poder, la riqueza o los logros. Viene a través del servicio. Eso es lo que Él está enseñando. Él usa el atrevimiento de Salomé para enseñarles, a ella y a los discípulos sobre la humildad. Por supuesto, ellos no sabían lo que venía.

Él les dice, a Jacobo y a Juan: «¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber?» Y ellos dicen: «Seguro, ¿dónde está?» Por supuesto que la copa de la que Él está hablando es la copa de la que solo unos pasajes más tarde en el Jardín de Getsemaní, Él le dice a Dios: «Si es tu voluntad, aparta esta copa de mí».

Ellos no podían beber la copa que Él estaba a punto de beber, pero ellos no lo sabían. Ellos pensaban que Él estaba alistándose para establecer un reino en la tierra. Pero Jesús les enseñó sobre lo que ellos todavía no sabían.

El versículo 28 es extremadamente poderoso y cambia la vida. Te animo a que después de escuchar esto, leas el pasaje una y otra vez, hasta que sientas que lo comprendes. Dice: « el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos».

Jesús, de quien hemos estado hablando en esta serie.

Jesús, cuya divinidad vimos en su encuentro con Ana.

Jesús, cuya compasión vimos con la viuda de Naín.

Jesús, quien modeló la verdadera amistad.

Jesús, que es el Rey de reyes y el Señor de señores, a través de quien fueron hechas todas las cosas, el que es Emanuel, el Hijo de Dios, el Príncipe de paz.

Él dice: «No vine para que me sirvieras, vine para servirte».

Así que Salomé aparece en escena, y dice: «¿Pueden mis hijos tener poder en tu reino?» Y Él dice: «El poder viene a través del servicio. La grandeza viene por ser el más pequeño. No he venido para que me sirvas, he venido para servirte».

Jacobo, Juan y Salomé no entendieron lo que Él les estaba tratando de decir porque sus corazones malvados difícilmente procesaban la humildad. Ciertamente en este punto, yo difícilmente puedo procesar lo que Jesús estaba diciendo aquí, pero Él lo modeló y nos llamó a ello.

Entonces, ¿Salomé lo entendió? ¿Aprendió la lección que Jesús quería que aprendiera? ¿Aprendió humildad estando cerca de Jesús? ¿Tuvo importancia el momento de enseñanza que Él usó ese día?

Vamos a adelantarnos a Marcos 15:40-41

«Había también unas mujeres mirando de lejos, entre las que estaban María Magdalena, María, la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, las cuales cuando Jesús estaba en Galilea, le seguían y le servían; y había muchas otras que habían subido con Él a Jerusalén».

Durante el proceso de la crucificción, Salomé le ministró a Jesús. No sé en dónde estaban sus pensamientos o si la esperanza de que sus hijos se sentaran a Su derecha y a Su izquierda se había desvanecido en ese momento. De hecho, dudo mucho de que ella estuviera pensando sobre eso, ese día. Pero ella se apegó a Él, se quedó con Él. La Biblia dice que ella le ministró durante la crucificción. Eso es humildad.

Veamos Marcos 16:1

«Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle».

Jesús soportó una muerte extremadamente gráfica y dolorosa y Salomé se quedó a Su lado, sirviéndole de cualquier manera que le fuera posible en este proceso, y luego trae especias para ungir Su cuerpo. Comprar especias debió haber sido costoso y ungir su cuerpo, ciertamente, debió haber sido tedioso y horrible. No hubo nada glamoroso en ese trabajo. No había nada poderoso en ese trabajo. Pero ciertamente era un trabajo humilde y ella estaba dispuesta a hacerlo.

Al escuchar la historia de Salomé, vemos este patrón claro de crecimiento, y eso me consuela mucho. Creo que tenemos esta idea de que cuando venimos al Señor, se supone que lo entendamos todo. Se supone que seamos quienes Él quiere que seamos y que entendamos todo lo que Él quiere que entendamos. Pero eso no es lo que pasa con Salomé.

Ella ya es una seguidora de Cristo y Él le está enseñando sobre la humildad. Y cuando la vemos un poco más tarde en su historia, ella lo ha entendido. Está viviendo en humildad, está ministrándole a Jesús mientras muere. Ella está dispuesta y es capaz de ungir el cuerpo de Jesús después de Su muerte. Y la última vez que leemos de ella en las Escrituras, ella está totalmente dedicada a Él, sirviéndole humildemente y sin pretensiones.

Jesús modeló humildad en cada ocasión, culminando con Su muerte en la cruz. Su encuentro con Salomé nos obliga a preguntarnos sobre nuestros propios corazones.

• ¿Buscamos ser grandes a través del servicio a otros? ¿O buscamos ser grandes al ser grandes? Lo que no funciona, esto es lo que Jesús nos está diciendo.

• ¿Queremos ser las primeras? ¿O vemos el valor en ser las últimas?

• ¿Llegamos a nuestras familias, nuestros lugares de trabajo, nuestras relaciones, esperando ser servidas o a servir?

Ahora ustedes saben cuáles son las respuestas que deben dar. Saben que deben decir: «Yo espero servir», y tal vez lo hagan.

• Pero, ¿está tu corazón llevando la cuenta de todo lo que haces por otros? Porque eso no es humildad, es cambio de comportamiento.

• ¿Sientes resentimiento cuando la gente no te da como tú le das? Porque eso tampoco es humildad.

Supongo que es posible para nosotras hacer cosas humildes sin ser humildes.

Yo escribí, literalmente, el libro sobre la humildad, y todavía lucho con eso, especialmente en casa. Dije que soy la única mujer en una casa llena de hombres y no se preocupan por las casas sucias para nada, ni siquiera ven lo sucio. No les importa si comemos pasta de macarrones todos los días. Así que puedo entrar en ese modo en el que siento que tengo el derecho de que mis hijos y mi esposo me sirvan porque, ¿no ven todo lo que hago por ellos?

Me temo que Jesús me hubiese sentado, o le gustaría sentarme y tener una conversación conmigo como la que tuvo aquí con Salomé: «Serás la primera al ser la última. Mira Mi vida, no vine para ser servido sino para servir».

Es esencialmente el mismo intento de Salomé por el poder cuando yo hago eso. Quiero ser vista, quiero estar a cargo, quiero tener autoridad. Quiero que la gente preste atención a lo que hago. Y Jesús nos anima a modelar la humildad.

Déjenme ser muy clara al decir que la humildad no es el resultado de pensar menos de ti. La humildad no es lo mismo que una baja autoestima u odiarse a sí misma. En cambio, es entender nuestra verdadera posición delante de un Dios santo. Salomé aprendió esa lección a través de sus hijos, «los hijos del trueno».

Y mis «hijos del trueno» me están enseñando mucho también sobre la humildad. Y espero que cuando mi historia sea contada, ellos digan: «Erin luchó con la humildad y sus «hijos del trueno» la desafiaron, pero ella lo logró. Cuando vemos el final de su vida, ella sirvió a los demás, en vez de esperar que ellos le sirvieran».

Así que mi pregunta para ti es: ¿Qué está usando Dios para enseñarte la belleza y el poder de la humildad? No hay mejor lección que Su propia vida.

Nancy: Nunca te pareces tanto a Jesús, como cuando estás sirviendo y nunca estamos más lejos de parecernos a Jesús como cuando estamos buscando tomar el poder y tratar de tener el control, de ganar, de estar en la cima. Creo que este es el punto clave de nuestra lucha.

Este es un gran problema con Dios y un gran problema en nuestras vidas. Solo voy a preguntar: ¿Hay alguna área de tu vida, en la que te sientas tentada a ser servida en lugar de servir? Ahora, la respuesta de todas nosotras es «sí». Haciéndote la pregunta de una forma más directa: ¿Hay alguna área en la que quieras estar en la cima, estar a cargo, ser servida, y donde ese tipo de orgullo está asomando su cabeza en tu vida?

Vamos a resumir esta lección que hemos oído con otro pasaje del Nuevo Testamento. Es uno familiar, pero vino a mi mente, cuando enseñabas sobre Salomé y el ejemplo de Jesús. Está en Filipenses 2:3 « Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria».

¿Crees que había en Salomé algo de eso cuando fue por primera vez a Jesús y le dijo: «Dales a mis hijos el lugar de preeminencia»? Había aquí alguna ambición personal, ¿verdad? No solo para ella sino para sus hijos.

Aquí Pablo nos dice que no hagamos nada con ese corazón, sino que este es el corazón que Él quiere:

«Sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse (una traducción dice «no se aferró a su derecho como Dios»), sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». (vv. 3-8)

Conocemos a algunas personas que sirven y sirven y sirven, y algunas personas pueden escuchar eso y decir: «Estás loca, ¿quién querrá tener esa vida?» Bueno, mira como esto terminó para Jesús. Él se humilló a sí mismo, se hizo obediente y murió en una cruz.

«Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla» (vv. 9-10)

Es por eso que el Nuevo Testamento dice repetidamente: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo» (1 Ped. 5:6). El camino hacia arriba es hacia abajo y eso fue algo que Salomé aprendió. Me encanta ver esa progresión en su vida, desde que quería estar arriba. Luego ella se dio cuenta de que debes ir primero hacia abajo a servir y ese es el camino en el que experimentas verdadera exaltación.

Gracias Señor por tan dulce lección de tu Palabra y oro que tú nos des corazones humildes, serviciales y compasivos centrados en Cristo, centrados en los demás. Danos corazones de siervas; que sepamos que en la medida en que servimos a los demás estamos sirviendo al Señor Jesús a quien le debemos todo. Y te damos gracias; por Su precioso Nombre, amén.

Annamarie: Hemos escuchado de Nancy deMoss de Wolgemuth, y de Erin Davis, como parte de la serie, «Encuentros hermosos». Mañana Erin estará de nuevo con nosotras, para hablarnos de otra mujer que tuvo un encuentro con Jesús. Este lo cambió todo para ella. Vuelve a tu programa Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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