Aviva Nuestros Corazones Radio

Un legado de dedicación

Annamarie Sauter: En algún punto, cada padre necesita entregar el control de la vida de sus hijos. Con nosotras Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «Señor, te entrego este hijo a Ti».  Y no es que ya no lo ames. No es que ya no lo cuides. Ciertamente sigues orando y amándolo, y en la medida en que Dios te va abriendo puertas, continúas hablando verdad a su corazón.  Pero no lo haces como si fueras la dueña o como una controladora o como una que puede arreglarlo.  Estás diciendo, «Señor, este hijo es Tuyo, Tú trata con él o ella».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

María y José dedicaron a Jesús en el templo cuando estaba recién nacido. Esta es una escena increíble, como nos ha venido enseñando Nancy en esta serie titulada, «La dedicación del Rey». Algunas mujeres que han escuchado la serie, compartirán con nosotras acerca de lo que aprendieron con relación a dedicar a los niños al Señor.

Mujer 1: No sé si alguna de ustedes ha tenido un hijo que ha luchado toda su vida. De mis cuatro hijos, tengo uno que desde el primer momento de su vida ha luchado con la depresión, hasta el punto de querer hacerse daño.

Con hijos como este, creo que es más difícil, en un sentido, soltarlos, porque algo dentro de la madre siente como, «yo puedo hacerlo. Un libro más. Un mensaje más. Una oración más. Una conversación más». Pero esa no es la solución.

Tuve que llegar al punto, hace ocho años, de decir: no estoy abandonando a mi hijo, lo estoy depositando en las manos del Señor. ¿Creo que Dios es tan perfecto y tan amoroso que hará lo mejor para mí y para mi hijo? Tuve que llegar al punto de decir, «sí, lo creo».

Un día de aquel verano estuve acostada en mi hamaca todo el día; era sábado.  Mi hija había luchado realmente, en secundaria y en la universidad. Ella se había metido en drogas, y tuvimos que sacarla de la universidad por un año y llevarla a rehabilitación.  Después de esto mantuvo una lucha con ella misma y con Dios y tenía mucha rabia. Estaba enojada con nosotros y enojada con Dios.

Un día simplemente me quedé recostada leyendo la Palabra. Oré todo el día.  Finalmente, al final de la tarde, llegué al punto de decir, «Señor, yo realmente te la entrego a Ti, aun si pasara lo peor, aun si ella se quitara la vida. Creo que Tú eres perfecto, Tú eres soberano, y Tú traerás bien de todo esto. Más que todo, sé que te amaré a Ti aun si eso pasara, porque sé que Tú me amas a mi y que la amas a ella».

Este fue un punto decisivo para mí, aunque las cosas no están perfectas aun. Es decir, ella realmente ha dado un giro a su vida, y le está yendo bien ahora mismo. Pero para mí lo importante fue poder preguntarme «¿quién creo yo que Dios es? ¿Es Él digno de confianza?»  En ese punto sentí una liberación y alivio; ya no sentía que yo era la responsable de resolver esto o que yo era la responsable de la vida de ella. Este paso fue lo que realmente me transformó.

Mujer 2:  Yo era la hija por la que «estaban orando».  Cuando mi esposo y yo nos casamos hace 18 años y medio, no éramos creyentes. Estábamos viviendo juntos. Mis padres no estaban de acuerdo con esta decisión. Mi mamá había orado toda mi vida para que yo me casara con un hombre de Dios, pero yo vivía una vida de pecado, a la que ella se oponía totalmente. Ellos me llamaban y decían que estaba de camino al infierno, lo cual era cierto; aunque yo no lo creía en el momento.

Nos casamos, entonces, sin que mis padres supieran, lo cual realmente los hirió; pero a través de todo esto, mi mamá nunca dejó de orar.  Ella nunca me dejó.  Ella nunca dejó de mostrarme amor y nunca trató de controlarme en la forma en que me lo demostraba.

Como resultado, mi esposo y yo nos convertimos dos años después ¡al mismo tiempo! Nuestras vidas han cambiado drásticamente. Mis padres y yo somos mejores amigos. Mi esposo es el mejor amigo de su suegra. Renovamos nuestros votos matrimoniales con mis padres presentes, y escribimos una carta de gratitud a ellos, dándoles las gracias por su amor, sus oraciones, cómo realmente ejemplificaron a Cristo en sus vidas, y pudimos ver claramente cómo Dios cambió nuestras vidas.

Yo solo quiero contarles esto para animarles, todo lo que tomó fue oración, y nada más. Yo también fui la hija deprimida. Yo me lastimé a mi misma e hice cosas horribles. Dios realmente ha transformado esto. Yo tuve padres que nunca dejaron de estar a mi lado.

Hubo momentos en los que mi esposo no me dejaba sola en casa ni siquiera una hora. Mis padres estaban en la puerta antes de que se lo pidiéramos. Estoy realmente agradecida, y Dios ha cambiado todo esto de manera drástica en mi vida, por lo cual estoy realmente agradecida. De manera que estando del lado de los hijos, quiero alentar a las madres a seguir orando por sus hijos.

Yo sé que Dios es bueno y también que pasó un buen tiempo antes de que mis padres pudieran ver los frutos de sus oraciones.

Nancy: Qué alentador y qué buen recordatorio es esto para los padres, no desfallecer en hacer lo bueno sino continuar presentando sus hijos al Señor y confiar en que Dios está trabajando aun cuando no lo puedan ver, cuando no sepan lo que Él está haciendo. Dios puede, aun cuando ustedes no estén físicamente ahí, trabajar en la vida de sus hijos de acuerdo a lo que le hemos presentado en oración.

Ustedes están orando. Ustedes lo han dedicado a Él, y están diciendo, «Señor, Tú tienes que hacer esto». Entonces tienen que confiar en que Dios está trabajando y se está moviendo a través de Su Espíritu para cumplir Sus propósitos en la vida de Sus hijos.

Dorothy: Yo entregué mis hijos al Señor, cuando era joven. Tengo uno, sin embargo, que ahora está en sus 50, y tengo que recordarme (el vive con nosotros) que no debo hablar, debo dejar a Dios obrar al entregárselo a Él.  Yo sé que Dios puede, pero esto requiere de fe. La fe es realmente necesaria cuando ves que ellos hacen cosas que te hacen sentir mal o te hieren, y esta fe se te olvida; pero aun si pasa después de que yo muera, Dios puede hacer la obra.

Estaba pensando en María, cuando dio a Jesús en el templo y lo dedicó. A ella le fue dicho, «una espada traspasará tu espíritu». Y ella realmente no vio, hasta la resurrección, nada más que el mal en la vida de su Hijo; solo vio todas las cosas horribles que le estaban sucediendo a Él.

Entonces he aquí una lección, es decir, hay una espada en la maternidad.  Algunas veces olvidamos esto. A menos que Dios nos llame, ninguna de nosotras puede ser salva. Y Él puede hacer esto especialmente cuando oramos.

Nancy: Yo creo que este es un recordatorio importante el que acabas de dar.  Cuando dedicas tus hijos al Señor, tú estás renunciando al derecho de ser el Espíritu Santo en la vida de tus hijos.

Esto no significa que nunca más les vas a hablar o que no les vas a decir ciertas cosas a ellos, pero sí significa que no les vas a decir todo lo que piensas o quieras decirles.  Estás dispuesta a dar un paso atrás, a ponerte a un lado y dejar que Dios les diga a ellos cosas que escucharán mejor, si vienen de parte de Dios, tal vez, que si vinieran de parte de ti.

Entonces, parte de dedicarlos al Señor es quitar tus manos en algunos momentos.  Pero con esto no estoy sugiriendo una paternidad permisiva, «solo deja que Dios críe a tus hijos».  Tienes que tener una involucración activa, tienes que involucrarte.

Pero llega un punto en donde tienes … a un hijo de 50 años, por ejemplo… o mucho antes que eso..  un hijo al que no puedes estar continuamente hablándole como si aún tuviera 5 años. Y aun con el de 5 años, tiene que ser Dios quien encienda la luz, Dios quien le de sentido; la gracia de Dios que lo llame y atraiga, sea cual sea la sea la edad que tengan.

Se requiere fe para dedicar los hijos a Dios. Esto no se trata de una linda y cálida ceremonia. Esto es algo serio. Estás diciendo, «yo voy a permitir a Dios ser Dios en la vida de este hijo, y yo voy a confiar en Dios para que haga Su obra aun cuando yo no pueda ver y no haya nada que yo pueda decir para controlar la situación o cambiarla».

María: Yo sentí que necesitaba que nos fuéramos al salón de oración, como hacemos en las conferencias de Aviva Nuestros Corazones. Dios me mostró dos cosas. Una, cuando tuvimos a nuestros primeros dos hijos, no estábamos caminando con el Señor ni en la iglesia. El Señor me recordó que nunca los habíamos dedicado al Señor ni realmente entregado en Sus manos.  Ellos están en la década de los 30 ahora.

Con los hijos más pequeños, estábamos caminando con el Señor; y recordé claramente, cuando vinieron a casa con nosotros a la edad de cinco y siete años, el pastor y mi esposo levantaron a estos niños en sus brazos al Señor y los dedicaron a Él.

Todo esto me sirvió para abrir los ojos hoy. Uno de nuestros hijos mayores, recientemente nos dijo que sentía que el Señor lo estaba dirigiendo hacia el campo de las misiones, probablemente fuera del país, con parte de mis nietos.  ¡Esto fue tan difícil para mí! No dije todo lo que pensaba, pero dentro de mí me sentía horrible de que se llevaran a mis nietos.

Estás hablando hoy de entregar los hijos a Dios para Sus propósitos, y entregarlos a ellos me libera del temor de lo que pueda ocurrir. Honestamente sentía que Dios estaba haciendo esto en mi corazón hoy.

Esta fue una gran revelación para mi. Es por esto que tuve tantos problemas con esa noticia cuando mi hijo me la dio. Nos están pidiendo que oremos para que la voluntad de Dios se haga en sus vidas, pero no he podido orar porque no quiero que se vayan.  No quiero que estos nietos se vayan. Estoy siendo honesta.

La segunda cosa que Dios me mostró, termina en Lucas 2:29. Dice, «Ahora Señor, permite que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra.» En mi caso no se trata de la partida por muerte.  Para mí, pienso que se trata de una partida para vivir; para partir en paz sabiendo que en este punto, yo no soy responsable por ninguno de estos niños, sino más bien que mi deber es orar por ellos y confiárselos a Dios, como dijo Kim. Así que gracias a ti. Gracias.

Nancy: Me alegro de que dijeras esto, porque tuve la intención de decirlo en esta sesión y se me olvidó  Estoy segura de que hay muchos oyentes que ni si quiera estaban pensando en dedicar sus hijos al Señor, tal vez ni tenían idea de lo que esto significa o tal vez no están en una iglesia donde esto se practique.

Nunca es demasiado tarde para dedicar tus hijos al Señor. Puede que ellos estén tomando decisiones que no puedas cambiar, controlar o arreglar en este punto. Pero tú, en tu corazón, aún puedes, no importa si tienen cinco, quince, veinticinco o cincuenta y cinco años, puedes llegar al punto de decir, «Señor, presento a este niño ante Ti. Dedico este niño a Ti. Yo libero este niño en Tus manos, reconociendo que este niño no es mío. Él/ella es Tuyo. Son un préstamo que Te pertenece a Ti. No puedo aferrarme a ellos, ya sea que ellos se vayan al campo de las misiones o que estén usando drogas».

En ambos casos hay que liberarlos. Ves a uno de tus hijos adultos involucrarse en una relación sexual ilícita, y esto te rompe el corazón. Cualquiera de estas, algunas buenas y algunas malas, pero pueden romper el corazón de una madre.  Tienes que llegar al punto en que abras tus manos, y digas, «Señor, yo entrego este niño a Ti».

No es que ya no lo ames. No es que ya no lo cuides. Ciertamente sigues orando y amándolos y, mientras Dios te abra puertas, continúas hablándoles verdad a su corazón. Pero no lo haces como si fueras la dueña o como una controladora o como una que puede arreglarlo.  Estás diciendo, «Señor, este hijo es Tuyo. Tú trata con él o con ella».

Quiero sugerirte que hagas esto antes de que tengas problemas con tus hijos, o antes de que tus hijos se metan en problemas. Y luego tienes que seguir haciendo esto y continuar reconociendo que este hijo es entregado al Señor.  Porque ¿acaso no es fácil, como madre, tomar al hijo y decir, «dedico este hijo al Señor»,  pero ahora cuando este hijo quiere irse al otro lado del mundo como misionero o a cualquier otra cosa, quieres tomar este hijo de vuelta?

Es un instinto de madre el tener a tus hijos alrededor y tratar de protegerlos de la vida. Esto es parte del corazón de una madre. Es en parte por esto que el corazón de María, como madre, es el tipo de maternidad de la que habló Dorothy, y hablaremos de esto más adelante en esta serie, acerca de la espada que atraviesa el alma de una madre, y cómo tienes que mantenerte presentando estos hijos al Señor cuando tus instintos son de retenerlos, de retomar el control.

«Señor, ya te entregué este hijo a Ti cuando tenía seis semanas de nacido, pero ahora tiene dieciséis años y esto se ve totalmente diferente». No, esta dedicación a las seis semanas sigue teniendo efecto hoy. Lo que significa es que debes de mantenerte presentándole este hijo al Señor, permitiendo que el Señor sea Dios sobre este hijo.

Y esto te libera del temor.  Pone una responsabilidad sobre ti, pero también te libera de tomar una responsabilidad que es de Dios.  Tú no eres responsable de aquello que solo Dios puede hacer en la vida de un hijo. Esto significa que no tienes que culparte cuando tu hijo toma malas decisiones.

Ahora bien, si tu hijo está tomando malas decisiones porque te vio a ti tomar estas decisiones sin Dios, y tú pusiste estas semillas en su vida, entonces debes arrepentirte. Debes buscar el perdón del Señor, buscar el perdón de tus hijos.

Pero una vez hagas esto, si has obedecido al Señor hasta donde has entendido y te has arrepentido, entonces debes dejar a Dios las consecuencias y los resultados, y confiar en Dios para que se mueva en el corazón de tus hijos.

Escuchen, quiero decirles: Tú puedes ser (relativamente hablando), una madre asombrosa que ama a Dios, ama a sus hijos; pueden ser padres por «el librito», siendo el libro la Palabra de Dios, y todavía tener hijos que rechacen o se resistan a los caminos de Dios por un periodo de tiempo, y tal vez por un largo periodo de tiempo.

Tú no puedes tomar responsabilidad sobre ti que le pertenece al Espíritu Santo.  Esto es parte de dedicar y entregar a tus hijos a Dios. En algún punto esto puede significar que veas a tus hijos, a cierta edad o en ciertas áreas, tomando decisiones que saben que no son sabias; y en ocasiones puede que no les continúes buscando o que no les hables.

Quiero tener cuidado con esto, porque pienso que hay ocasiones cuando los padres deberían hablar y no lo hacen. Le dije a un amigo esta semana, «estoy sorprendida de cuán frecuentemente los hijos se casan fuera de la voluntad de Dios, y termina en un desastre, y cuando les preguntas después, ¿tus padres alguna vez te dijeron que ellos tenían sus reservas acerca de este matrimonio?»

«Bueno, no».

Les preguntas a los padres, «alguna vez dijiste…»

«No, no quería desilusionarla.  No quería…»

Existen algunos temas en la vida que, si ves que tu hijo se está preparando para hacer algo que sabes que tendrá serias o peligrosas consecuencias, pídele a Dios por una oportunidad para hablarle la verdad a tu hijo. Y tal vez tengas que hablar y entonces retirarte y saber que no podrás impedir que tu hijo se case con esa persona o que tome esa decisión.

Ahí es cuando te pones de rodillas a orar. Le dices al Señor, le clamas al Señor, , «Señor, te he entregado este hijo a Ti». Oras con tu esposo, juntos.  Pienso que hay poder en la unidad, oraciones de parejas unidas por sus hijos. No permitas que seas solo tú. Pídele a tu esposo, «¿podemos orar juntos?»

Sé de algunos padres que oran y ayunan regularmente por sus hijos, no porque estén tratando de controlar la vida de sus hijos sino porque es una expresión que dice, «Señor, estos hijos te pertenecen a Ti, estamos apelando a Ti para hacer lo que solo Tú puedes hacer en la vida de este hijo».

Mujer 2: Algo que ayuda a las mujeres a hacer esto… porque, como mencionaste, el corazón de la madre lo que le dice es, «quiero reunir a mis hijos debajo de mi ala. Quiero protegerles del dolor de este mundo y del sufrimiento y tristeza que ellos mismos puedan estar trayendo a sus vidas, quiero protegerlos».

Estoy aprendiendo que la forma de realmente liberarlos es por medio de un mejor conocimiento de Dios, de confiar más en Él, de saber quién es Él.  Es por esto que exhorto a la mujer que esté luchando con retener a su hijo y tratar de arreglarlo,a que realmente estudie quien es Dios.  Estudie cuán poderoso Él es, cuán fiel Él es, que Él es nuestro libertador, que Él es el Rey que está obrando por la salvación de la tierra, conociendo quién es Él y cambiando el foco de todo el dolor y la dificultad que esté atravesando su hijo.

No es que se haya endurecido ante todo esto. Ore por ellos fervientemente.  Pero que el foco esté en lo que Dios puede hacer por quien Dios es.

Y es difícil. Su corazón desea hacerlo, Él es quien libera a los cautivos. Este es Su deseo. Y sabiendo que Dios desea ver a tu hijo venir a la libertad de la esclavitud, de una forma incluso más profunda y mayor de lo que tú misma desearías. Este dolor y sufrimiento de Dios por ellos, verlos caminar a través de las consecuencias de sus malas decisiones, es incluso mayor que el dolor de la madre.

Nancy: De esto es que realmente se trata el Calvario.  De esto es que se trata la cruz. Esto es Dios mismo tomando sobre sí el dolor que sientes como madre por las consecuencias del pecado en la vida de tus hijos, y Dios tomando tu dolor de madre y dándote gracia para lidiar con este dolor.

¿Alguien más?

Mujer 3: Quiero tomar un minuto para alabar a Dios por la larga historia de mi hijo, de tantos enredos. Hay muchas dificultades en la vida de mi hijo, pero estoy aquí para decir que hace solo un mes o dos, él se paró frente a su iglesia y dedicó a su bebé al Señor. Sentí que había llegado al fin; había venido de un estado de rebeldía hasta decir a Dios, «aquí está mi bebé.  Quiero criarla para Ti».

Eso fue glorioso para mi, incluso mayor de lo que fue para él, porque yo podía ver a Dios obrando detrás, la forma en que Él obró todo esto. Por lo que solo quiero testificar de la fidelidad de Dios al completar este círculo en la vida de mi hijo.

María: En mi caso, mientras caminábamos con el Señor, Dios puso en nuestros corazones el adoptar niños. Nuestros hijos biológicos tenían 12 y 14 años cuando empezamos el proceso. Lo único que sabíamos era que Dios nos enseñaría quienes eran. No sabíamos cuántos eran, de qué color, de qué condición física, nada.

Voy a una trabajadora social con esta lista, y es realmente sorprendente para mí que ellos me permitieran continuar el proceso, porque simplemente les dije: «Dios nos mostrará quienes son ellos». Tomó un año y medio.

Un día fui, y vi estas dos pequeñas fotos, tamaño de monedero, estaban pegadas a un folder con un clip. Instantáneamente brotaron lágrimas de mis ojos, y dije, «¡esos son mis hijos!» La trabajadora social me dijo, «no, no, María.  Esos no son tus hijos. Hay una familia que está adoptando a estos niños. Ellos ya han estado en este hogar adoptivo por dos años. Este folder es el reporte final que tengo que hacer».

Y yo dije, «no importa lo que tengas que decir.  Esos son mis hijos».  Esto fue en marzo.  Le pregunté, «¿tienes algunas fotos mas?» (Ellos siempre tienen).  Las llevé a casa y las puse sobre la meseta, como había hecho en tantas otras ocasiones durante ese periodo, para enseñárselas a mi esposo.

Él miró estas fotos y dijo, «¡esos son nuestros hijos!» Lo mismo que yo había dicho.

Dije, «bueno, la trabajadora social dijo que hay otra familia los va a adoptar, pero tenemos que orar, ¡ahora! Y nosotros y todos los que conocíamos comenzamos a orar por estos niños.

Al final de mayo, la trabajadora social nos llamó y dijo, «quieren venir a conocer a sus hijos mañana?  Ella dijo que un pariente de este hogar adoptivo se había acercado para advertirle de algunas cosas que estaban sucediendo en aquella familia que no debían suceder».  Y en un par de semanas, mis hijos estaban en casa. Ya han pasado 20 años de esto.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablando con algunas madres sobre el proceso emocional de criar hijos y de entregarlos en las manos de Dios.  Espero que lo que estas mujeres compartieron con nosotras sea de edificación para ti.

Estamos muy agradecidas al ver el obrar de Dios en este tiempo y cómo Aviva Nuestros Corazones está impactando a mujeres como estas. Pensar en la próxima generación que está siendo influenciada por estas madres es emocionante.

Nancy: Realmente mi corazón se emociona al pensar en el potencial del legado de fe que está siendo pasado a la próxima generación. Pero sabes, es tan importante para nosotras el modelar la feminidad bíblica.

Como sabrán, existe tanta confusión en nuestra cultura sobre lo que significa ser una mujer. Pienso que este es un tiempo en el que todos nosotros, jóvenes y viejos, necesitamos ver las páginas de la Escritura para encontrar la definición de feminidad.

Annamarie: Te animo a leer la Biblia por ti misma y a orar a Dios que te dé  entendimiento para caminar conforme a Su buena Palabra. Si quieres buscar más recursos con respecto a un tema específico, te invito a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás buscar recursos por tema, escritura o autor.

¿Conoces a alguien que sabe exactamente qué decir para hacerte sentir mejor en un momento en el que te sientes mal emocionalmente? El don de la consolación es poco común. En el próximo programa hablaremos sobre el mayor acto de consolación de toda la historia. ¡Te esperamos!

Fijando nuestros ojos en Jesucristo, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Corro a la Cruz, Coalo Zamorano, Confesiones de un Corazón Agradecido, ℗ 2014 Canzion Group LP

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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