Llena tu verano de la Palabra: enamórate de Dios

“Lee tu biblia para que te vaya bien en el día”.

“A mí me aparece un versículo del día en la aplicación de mi celular, y con eso tengo para sentirme bien durante el día”.

“Dios no te va a bendecir si no lees tu biblia”.

“La Biblia es el reglamento que Dios nos ha dado, así que hay que leerla para saber cómo comportarte”.

“Yo leo mi Biblia para que Dios vea que estoy en serio con Él, y así me bendice”.

“Lee tu Biblia para que aprendas a ser como Abraham, Moisés, David, María, el Apóstol Pablo, etc.”.

¿Has pensado o escuchado estas ideas u otras parecidas? ¿Qué tienen en común? Todas reflejan posibles motivaciones o razones para leer la Biblia. Seguramente tú y yo hemos intentado ser motivadas por algunas de estas cosas. ¿Te funcionan a ti? A mí no. No todas son malas o totalmente incorrectas, pero todas sí son deficientes.

Hay una sola motivación para la lectura bíblica que siempre será satisfecha. Dios nos dio Su Palabra principalmente para revelarse a Sí mismo. Por esto, el mayor don que recibimos al leer la biblia es el conocimiento de Dios mismo.

Mi búsqueda natural

Mi corazón busca tantas cosas en el transcurso de un día. Amor, aceptación, comida, comodidad, placer, sueño, ser escuchada, fama, dinero, inteligencia, deshacerme de complicaciones… Lo que me cuesta entender es que, aunque lograra conseguir cada una de esas cosas, ninguna me satisface.

Este deseo constante que tengo de ser el centro afecta mi lectura bíblica. Si estoy pensando en mí misma todo el día, entonces cuando me acerco a la Palabra, voy a seguir igual. En este caso, mi lectura bíblica se torna en una búsqueda de reglas que puedo cumplir para sentirme bien, o consuelo personal solamente, o un héroe humano en quien puedo fijar los ojos, o alguna bendición de Dios que pienso merezco.

Me recuerda al deseo que muchas jóvenes tienen de un novio. Buscar a alguien que te haga sentir bien acerca de ti misma, que te consuele cuando lo necesites, que te dé identidad especial, que sea tu héroe y tu príncipe azul, que tome el lugar del padre que no tuviste (o el padre que te falló). ¡Literalmente podemos leer la Biblia así!

Pero, si leemos la biblia con los lentes del “YO”, nos perderemos la mayor bendición de la palabra de Dios.

Una búsqueda deficiente

Necesito un cambio de perspectiva al acercarme a la Biblia. Si busco solamente a héroes para imitar, voy a estar confundida. Considera estos ejemplos:

  • Abraham tuvo fe para dejar su hogar y creer que, como pareja estéril, él y Sarah podrían tener un hijo; pero, no tuvo fe para creer que Dios les podía proteger en Egipto. Mintió acerca de su esposa y la puso en peligro.
  • David fue un “hombre conforme al corazón de Dios”, pero cometió adulterio y homicidio.

Podríamos seguir con héroe tras héroe de la fe. Todos fracasaron en algún momento de su vida. Así somos todos los seres humanos, aun los que hemos puesto nuestra fe exclusivamente en Cristo y recibido el don del Espíritu Santo. Cualquier héroe humano en algún momento me va a fallar. Si sólo leo mi biblia buscando a quién imitar, mi entendimiento resultará deficiente.

Si busco sólo reglas para cumplir, y así sentirme bien acerca de mí misma, jamás lo lograré. El pueblo de Israel es prueba de que las reglas no transforman el corazón y no motivan el crecimiento. La ley me muestra mi pecado, pero no me provee una solución.

La búsqueda mayor

La Biblia tiene un personaje central a quién debo buscar cada vez que me acerco a ella. Dios mismo se dignó a revelarse a sus seres creados, sabiendo que lo que más necesitamos es a Él mismo. Me ha dado todo lo que necesito para la vida y la piedad en Su persona revelada en Su palabra. Mi superhéroe, príncipe azul, mejor amigo, y padre amoroso, lo encuentro en las páginas de la Biblia.

Sí, podemos aprender de creyentes fieles y sus ejemplos, pero más podemos conocer a Dios cuando vemos cómo Él trabaja en las vidas de esos creyentes fieles. Podemos aprender de los errores que los humanos cometieron en la Biblia, sí. Ver sus errores nos debe hacer entender nuestra propia naturaleza y pecaminosidad y así llevarnos a entender más la gracia y misericordia de Dios hacia nosotros.

Pero, sobre todo, en cada página de la Biblia, podemos aprender del carácter, naturaleza, y obra de nuestro gran Dios. Es insondable. Eso significa que jamás llegaremos a entenderlo y conocerlo completamente.

Al utilizar la hoja de estudio que te compartí esta semana, pon especial atención a las preguntas que tengan que ver con Dios—su carácter, cómo Él obra, la persona de Jesucristo, y cómo puedo conocerlo mejor. Este hábito llevará fruto que perdura en tu corazón. Te transformará poco a poco, día tras día, en una persona conforme al corazón de Dios, porque conocerás mejor el corazón de Dios.

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Susi tiene 20 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David. Deseando vivir el diseño de Dios para su vida, se esfuerza por dedicar la mejor parte de su energía a su hogar y su familia. Tiene el privilegio de ser esposa de pastor en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo León, México. También disfruta dar clases y consejería a las alumnas de la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, México. Le encanta estudiar y compartir la Palabra de Dios porque es “viva y eficaz” para perfeccionar a cada creyente. Publica artículos en www.palabraygracia.com.

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