Aconsejando a la mujer creyente que tiene un esposo no creyente (Segunda parte: Un pacto eterno)

El matrimonio fue diseñado y creado por Dios y es un pacto eterno ante un Dios eterno. Dios formó a Eva, la trajo a Adán y al entregarla como esposa les dijo que juntos serían una sola carne (Gen. 2:22-24). Nuestra cultura busca redefinir el matrimonio y nos invita a desecharlo cuando surgen los problemas. Por eso es importante ayudar a una hija de Dios a pensar como Cristo, ya que su Palabra nos enseña que tenemos Su mente.

Así que, por encima de las circunstancias, de las humillaciones o decepciones, una esposa debe buscar honrar y obedecer al Dios que ama y que la unió a su marido en ese pacto eterno. Las emociones pueden hablar muy fuerte en momentos de dolor o cuando una mujer se ve unida en matrimonio, pero espiritualmente muy sola. Por eso es necesario animarla a traer todo pensamiento cautivo a la

obediencia de Cristo y con ellos las emociones que éstos generan.

La vida del creyente es una vida de fe, una vida sobrenatural, porque vivimos aferrados a la certeza de lo que esperamos y la convicción de lo que aún no vemos, pero creemos (Heb. 11:1); y por eso sabemos que Dios es poderoso para hacer más allá de lo que nosotros podemos pedir o entender en cada circunstancia y de acuerdo a Sus propósitos (Ef. 3:20).

Por eso esta esposa debe aprender a esperar en Dios como Sara y como las santas mujeres que esperaban en Él (1ª P. 3:5). Ella debe enfocarse en que Dios busca que en el matrimonio la pareja levante una descendencia piadosa para Él (Mal. 2:15), por lo tanto, debemos animarla a modelar a Cristo ante sus hijos y el mundo que la rodea mostrando respeto, perdón, servicio y compasión hacia su esposo que no cree. De esta forma, viviendo el evangelio cada día, por difícil que pueda ser su relación, Dios dice que Su luz alumbra ante los hombres para que Él pueda ser visto (Mt. 5:16).

Si una esposa conoce al Señor luego de estar casada, la Palabra misma le instruye a permanecer como Dios le llamó, unida a su esposo (1 Co. 7:13), sin buscar ocasión o pretexto para salir de ese matrimonio, pues Dios la llamó a salvación estando unida a su esposo. Tanto Cristo como Pablo hablan de que no se separe ni se divorcie de su esposo como instrucción general.

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Sobre el autor

Elba Ordeix de Reyes

Elba Ordeix de Reyes

Esposa de Roby y madre de tres hijos adultos: Gabriel, Anna Gabriela y Andrés, dos de ellos ya casados.

Hija de Dios que anhela vivir Coram Deo, en su Presencia cada día. Tiene pasión porque las mujeres conozcan a Dios y vivan vidas centradas en el Evangelio y abrazando Su diseño.

Es consejera bíblica para Aviva Nuestros Corazones donde trabaja como Corresponsal Bíblica y también en su iglesia local.
Elba sirve también en el ministerio de Hospitalidad en su iglesia junto a su esposo Roby Reyes, quien labora para el ministerio Integridad y Sabiduría. Roby y Elba han estado casados por 30 años y juntos trabajan aconsejando parejas para el matrimonio. 

 

 

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