Avivada, reconciliada, restaurada: Una radiante transformación

La vida de una mariposa es fascinante. Por supuesto, no comienza como una criatura hermosa. Debe llevarse a cabo una transformación asombrosa dentro de la crisálida, donde cada tejido, miembro y órgano es cambiado maravillosamente en una nueva creación colorida e impresionante.

El poder transformador de Dios es bueno no solo para las orugas. Su propósito al enviar a Su Hijo a la cruz fue transformar cada partícula de nuestro ser a Su imagen. Él nos libera del pecado para que podamos ser santas como Él diseñó que fuésemos desde el principio.

Cristo Jesús, quien se dio a Sí mismo por nosotras, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD Y PURIFICAR PARA SÍ UN PUEBLO PARA POSESIÓN SUYA, celoso de buenas obras (Ti. 2:13-14)

El mismo tipo de transformación del corazón que el Evangelio trajo a tu vida –primero por la salvación y ahora a diario para una vida de poder- es lo que se necesita para ver comunidades avivadas, reconciliadas, y restauradas. Jesús murió no solo para que nosotras obtengamos perdón de los pecados ¡sino para libertarnos de ellos! Nuestra vida puede ser redefinida por la cruz a tal punto que, en lugar de anhelar el pecado, podamos ser celosas de buenas obras.

Imagina si hoy esa transformación tocara el corazón de millones en nuestra cultura. ¿Qué cambiaría? ¿Qué cambiaría en tu vida? ¿A cuál buena obra te está llamando Dios?

Inicio de oración personal: “Señor Tú has prometido que Tu gracia proveerá el poder para perseguir la santidad en cada área de mi vida (Flp. 2:13) Ayúdame a vivir la vida por la que Tú moriste para proveerme, particularmente en lo que se refiere a…”

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