Azúcar, flores y muchos colores

Creo que todas de alguna manera u otra estuvimos expuestas a los dibujos animados durante nuestra infancia, y tal vez todavía disfrutemos este tipo de películas. Aunque no voy a hacer una exposición sobre si son buenos o malos, quiero contarles algo que me sucedió con unos dibujos animados en particular. Como muchas saben, en este momento estamos tratando el tema de la Feminidad Bíblica en nuestros blogs y programas semanales de Arraigadas. La semana pasada transmitimos un programa con Patricia de Saladín y una servidora, donde dimos un viaje al pasado para ver algunas de las formas en las que hemos escuchado la voz de la cultura, y sin darnos cuenta, hemos abrazado lo que esta nos dicta.

Y hablando de las caricaturas en particular, quiero contarles mi experiencia con las Chicas Superpoderosas, ¡cuánto me encantaba verlas! De hecho, me identificaba con una en particular --no les diré cuál--, lo que quiero puntualizar es lo sutil de estas influencias. A simple vista son unas superheroínas que luchan contra los malvados que quieren atacar la ciudad donde viven. ¿Hay algo de malo con eso? Por supuesto que no. Lo que debemos preguntarnos es: ¿quiénes son los enemigos?, ¿quiénes son estas heroínas? Te invito a que veamos cómo algo tan inofensivo como unos dibujos animados, impactan y forman la mente de cualquier persona. 

Acabemos con los estereotipos

Esto pareciera ser la consigna de las feministas: se han enfocado en que no debe haber diferencias entre el hombre y la mujer, y por lo tanto, los roles son intercambiables; y no solo los roles, sino también el sexo. Identificar a los niños con cosas rudas y peleas; y a las niñas con flores, dulzura y delicadeza, eran cosas que esperabas y aceptabas sin cuestionar, pero hoy ya no queremos que los niños y las niñas tengan nada que los pueda «encasillar». La recomendación es dejarlos libres, dejarlos que ellos decidan «lo que quieren ser». Durante la edad preescolar es donde más se notan estos estereotipos que tanto quieren borrar. El problema es que ya no solamente queremos borrar estereotipos, queremos borrar el diseño y el rol para el cual fuimos creados.

Alrededor del 1998 --tendría yo unos 20 años-- nunca me detuve a ver los detalles. Las chicas superpoderosas nacen como resultado de un científico que quería crear la «chica perfecta». Durante la década entre 1950 y 1960 se decía que las mujeres eran de «azúcar, flores y muchos colores». Estos fueron los ingredientes que utilizó este señor para crear, pero le agregó una sustancia X a la mezcla, y «¡puff!», ellas aparecen. En lugar de una, salen tres. Nunca supe cuál fue esa sustancia, pero hoy entiendo que lo que buscaba era socavar todo lo que significara «azúcar, flores y muchos colores».

La sustancia X 

Muchas niñas y no tan niñas, yo incluida, comenzamos a identificarnos con dichos personajes, llegando hasta llamarnos entre nosotras las chicas superpoderosas. Pero lejos de representar características femeninas, te quiero mencionar las características que ellas, las tres juntas, definen como la mujer perfecta. Veamos algunos rasgos: 

  • Humillar a los chicos
  • Burlarse de los chicos
  • Ser poderosas
  • Admirar los roles feministas en la sociedad
  • Carácter imperativo, autoritativo
  • Rudeza
  • Impulsividad
  • Actitud revoltosa

Ellas buscaban destruir a los niños a quienes identificaban siempre como «los chicos superapestosos». ¡¿Qué belleza no?¡

Si vemos esas características a la luz de la Palabra de Dios, no hay que ir muy profundo para darnos cuenta de que va en total contradicción a lo que se espera del carácter de una mujer en 1 de Pedro 3:3-4:

Que el adorno de ustedes no sea el externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

Estos dibujos animados son solamente un ejemplo de lo que hacen los medios (y solo hablo desde mi experiencia). Sé que si hablara de lo que vemos hoy en día, las cosas serían mucho peor. Pero esas características que ellas presentaban, me representaban en ese momento también, a pesar de ser creyente. Tenía muchas ideas feministas en mi cabeza, y las defendía a capa y espada cuál chica superpoderosa. Si bien entendía que Dios nos había hecho diferentes en cuanto a los roles, luchaba contra ello sin darme cuenta. Quería hacer las cosas a mi manera porque entendía que era la mejor manera, y es eso precisamente lo que promueve el feminismo: que soy dueña de mi propia verdad y que yo puedo hacer las cosas a mi manera. ¡Cuán equivocada estaba!

Azúcar, flores y muchos colores

Al mirar atrás y luego de 20 años, solo puedo reír; más bien me avergüenzo de la forma como pensaba, y me pregunto: «¿qué estabas pensando?»,«¡pero si era tan obvio!». Hoy puedo decir que el punto aquí no es si era obvio o no, el asunto es que mi corazón estaba endurecido. En mi soberbia no quería admitir que había en mí un vestigio del feminismo, que no estaba dispuesta a dar mi brazo a torcer y que me había creído todo lo que la cultura y el mundo me estaban vendiendo. 

¿Me libró de esta idea el dejar de ver televisión? Absolutamente no. Solo el profundizar en lo que Dios ha dicho en Su Palabra fue lo que trajo luz a mi vida, el tener mujeres piadosas alrededor que estuvieron dispuestas a caminar conmigo, confrontando en amor y señalando lo que estaba haciendo evidentemente mal. 

Solo al entender que no hay nada de malo en ser de azúcar, flores y muchos colores; que la feminidad bíblica no es ser rosada; que no es un molde de galletitas donde todas somos iguales; que al ser quien soy; y que al abrazar como Dios me creó, puedo manifestar las características distintivas de Dios y modelar lo que Él así dispuso en Su palabra… solamente entendiendo y abrazando estas verdades puedo encontrar abundancia, plenitud y gozo en este diseño. 

Te comparto algunas cosas prácticas que aprendí de esto:

  • Ni el mundo ni la cultura son referentes para mi vida.
  • Dios me hizo mujer y eso es bueno en gran manera.
  • El mundo no reafirma ni promueve el plan de Dios ni su diseño.
  • Lo que el mundo ofrece destruye el diseño divino.
  • Debo cuidar lo que veo y lo que leo.
  • Yo no soy ninguna heroína ni mucho menos superpoderosa.
  • Mi llamado es a reflejar la Gloria de Dios y no mi «poder» o «capacidad».
  • Debo vivir para la gloria de Dios.

Y tú, ¿has tenido alguna experiencia parecida? Me gustaría leerte. Entra al apartado de comentarios y comparte con nosotras.

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Sobre el autor

Yamell Jaramillo

Yamell Jaramillo

Yamell es originaria de la República Dominicana, actualmente vive en Colombia. Ama la palabra de Dios, es firme en sus convicciones y vive apasionadamente la vida cristiana. Procura la prudencia, la sobriedad y la modestia, anhelando ser como la mujer de Proverbios 31.

Tiene un especial cuidado por aquellos a su alrededor y, por la gracia de Dios, su corazón está siempre presto a discipular y aconsejar a las mujeres de su entorno. Junto a su esposo Omar, estudia la Palabra, vive el señorío de Cristo, enseña el sabio consejo de Dios a otros y disfruta las bondades de la vida.

Actualmente es la encargada de contenido y de proyectos especiales en Aviva Nuestros Corazones.

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