El camino a la bendición en una sociedad centrada en el yo

¿Cuántas veces al día pensamos en nosotras mismas? Depende del día, ¿cierto? Si llenas tu día con redes sociales, noticias, televisión, amistades no piadosas y esas revistas tentadoras en la fila del supermercado, entonces tu respuesta será mucho mayor. Pero… Si llenas tu día con la Palabra de Dios, amistades piadosas, oración, gratitud e influencias semejantes a Cristo, entonces tu respuesta (espero), será mucho menor, pues estarás guardando tu corazón y tu mente en Cristo Jesús.

La Biblia nos anima a amar a Dios más que a nosotras mismas. Romanos 2:8 dice: «pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación». En esa misma dirección, 1 de Timoteo 5:6 tiene aún más que decir: «Mas la que se entrega a los placeres desenfrenados, aun viviendo, está muerta».

El pensamiento egocéntrico no nos guía a Dios; por lo tanto, dicho estilo de vida no nos dará la plenitud que estamos buscando. En cambio, aquellos que aman al Señor con todo su corazón, alma y fuerza son los que conocerán el gozo verdadero. Mateo 5:6 dice: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados».

No sé tú, pero esto es lo que quiero: plenitud, satisfacción, contentamiento y gozo. Lo cual desafortunadamente no se encuentran al seguir mis propios caminos de felicidad preconcebidos (como tener ayuda en casa, un cocinero, una niñera, masajes semanales y viajes a lugares con climas tropicales). La bendición, la plenitud y el gozo son encontrados al seguir los caminos de Dios, y alabamos al Señor por eso, pues por Su gracia los ha puesto delante de nosotros en las Escrituras.

El camino de Dios a la bendición, plenitud y gozo

  • Ama la Palabra de Dios

El camino a la bendición en esta vida comienza con la Palabra de Dios. Sin ella no conoceremos a Dios y al no conocer a Dios, no podremos experimentar la verdadera plenitud de nuestras almas. Tener nuestro deleite en la Palabra de Dios, permitiendo que cada versículo sea nuestro consejero (Salmo 119:24) es abrir la puerta de la bendición.

Sin embargo, existe un enemigo activo que está decidido a engañarnos. Él está listo para torcer la verdad con el fin de que vayamos en la dirección equivocada y nos salgamos del camino haciéndonos pensar más en nosotras mismas que en Dios, llevándonos a considerar más lo que nosotras queremos que aquello que Dios quiere, invitándonos a buscar más nuestra felicidad que nuestra santidad, y llevándonos a poner nuestra confianza en nosotras mismas y no en Dios.

Por eso, es de vital importancia que establezcamos una línea de defensa diaria contra los ataques del enemigo. Nuestras armas de guerra son espirituales, comenzando con la Palabra de Dios. Si no estamos cimentadas en la Verdad, nos rendiremos ante el engaño, incluso sin darnos cuenta.

Pero no es únicamente la lectura de la Palabra de Dios lo que nos dará el tipo de defensa que necesitamos, sino también ingerirla como un alimento para nuestra alma que provee resistencia, a fin de poder exhalarla en todo tiempo: en las victorias y en las travesías, en lo inesperado y lo esperado de la vida. Es empapar nuestras almas con el fiel testimonio de Dios, lo que nos ofrece la bendición de tener esperanza y paz en cada situación.

  • Sé agradecida en todo tiempo

Esta es la época de Acción de Gracias y sabemos que necesitamos ser agradecidas, pero ¿te has dado cuenta del impacto que una actitud de gratitud puede tener no solamente en nosotras sino también en los demás? 1 de Tesalonicenses 5:18 dice: «Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús».

Dios requiere que seamos agradecidas en todas las circunstancias porque es la gratitud la que nos guía hacia una perspectiva correcta. Y la perspectiva da lugar a la adoración, la adoración permite la humildad, la humildad se extiende en obediencia y la obediencia lleva a la bendición.

«Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en sus caminos».(Salmo 128:1).

Pero todo comienza con ser agradecido, con apreciar la vida que tenemos en Cristo, no por algo que hayamos hecho por nosotras mismas, sino por el propósito mismo de Dios y Su gracia (2 Timoteo 1:9).

  • Ora en todo tiempo

Así como el agradecimiento, la oración debe de ser una continua y constante manera de vivir en el creyente. La primera carta de Tesalonicenses 5:17 nos insta a «orar sin cesar», no para mantenernos ocupados sino porque allí hay un manantial de bendición que puede ser obtenido mientras buscamos al Padre a través de Cristo Jesús, no por lo que queremos, sino por las cosas de Dios: el fruto del Espíritu y la voluntad de Dios en nuestras vidas.

La oración no tiene como propósito darnos todo lo que queremos, sino más bien alinear nuestros corazones con lo que Dios quiere. No es un método para buscarnos a nosotros mismos, sino para buscar a Dios. Sin embargo, ¿cuántas de nosotras oramos para buscar lo nuestro? (Acabo de levantar mi mano). Amiga, para experimentar la bendición de Dios en esta vida a través de la oración debemos orar para que la voluntad de Dios sea hecha, así como dice Jesús en la Oración del Padre Nuestro (Mateo 6:10-15).

Rogar a Dios por mi propia voluntad no solamente es peligroso sino frustrante, especialmente cuando Dios en Su bondad dice «no». Orar a Dios para que Su perfecta voluntad sea hecha no solamente es seguro para nuestras almas sino reconfortante, ya que nos permite experimentar el fiel «sí» de Dios.

  • Recuerda tu propósito

Seamos honestas, hay etapas en la vida cuando no nos sentimos útiles y nuestros esfuerzos por el Reino de Dios parecen no ser utilizados ni vistos, y el deseo de abandonar y enfocarnos en nuestros propios asuntos incrementa. No obstante, el camino hacia la bendición en esta vida incluye una firme obediencia a Dios, sin importar nuestra limitada perspectiva. Y lo que es útil en esa obediencia es recordar nuestro propósito.

Tito 2:14 dice que Cristo «quien se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras». Dios no nos ha salvado para vivir como nosotros queremos y aún así ir al cielo. Dios nos ha salvado para que podamos darle gloria al llevar fruto (Romanos 7:4).

El propósito del creyente es dar gloria a Dios a través de nuestras palabras y obras, para que otros puedan ver a Dios en nosotros y vengan a la fe salvadora en Cristo. Cuando buscamos vivir ese propósito, sin importar cuán difícil sea el camino, podremos experimentar bendición en esta vida y en la venidera. 

  • Adora al Señor tu Dios

No puedo enfatizar esto lo suficiente. La adoración no es solo un mandato, es un plan de rescate puesto en marcha por Dios para nuestro beneficio. Si me siento insegura, estancada o triste, es la adoración la que corrige mi perspectiva, devolviéndome al camino de la confianza y dependencia de Dios.

Dios merece nuestra adoración. De esto no hay duda. El Salmo 117 tiene solamente dos versículos y declaran:

«Alabad al Señor, naciones todas; alabadle, pueblos todos. Porque grande es su misericordia para con nosotros y la fidelidad del Señor es eterna. ¡Aleluya!».

Fuimos creados a la imagen de Dios con un alma diseñada para adorarle, así que hay gozo y satisfacción en la verdadera adoración. Esto no solo guarda a un corazón lleno de fe, sino que también es una avenida de gran bendición.

Hay un camino a la bendición garantizada en esta vida, pero puede que no luzca como pensamos, y ciertamente no llegaremos allí buscando nuestro propio diseño. En lugar de eso, está disponible para nosotros a través de Dios, «que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3).

Busca al Señor, mi amiga, a través de Su Palabra, en acción de gracias, oración, propósito y con un corazón fundamentado en la alabanza, para que puedas conocer y experimentar la gran bendición de vivir esta vida para Dios. 

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Sobre el autor

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery es esposa de granjero y madre de cuatro hijos. Cuando no está sirviendo una comida, viajando en un tractor con su esposo o llevando a los niños a practicar, la encontrará escapando de la locura escribiendo devocionales en Deeper Devos, donde les da a los lectores una una mirada práctica y más profunda a la Palabra de Dios. Sus cosas favoritas en el mundo (sin contar a su Salvador, esposo e hijos) incluyen decorar de casa, comprar libros nuevos y salir a correr. Stacey y su familia residen en los campos de maíz de Indiana.

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