El Skype de Dios

Les conté acerca de mi amigo el novelista, y que nos reencontramos después de 30 años, pero a larga distancia. Pasaron así varios años, hasta que llegó el momento de volvernos a ver y para quienes les gusta saber los detalles, aquí va la historia.  

Cuando hicimos contacto, yo me encontraba en el sur del continente y él, en el norte, de manera que, mientras yo disfrutaba el verano, él padecía algunos inviernos muy fríos y luego nos turnábamos. Nuestro reencuentro se dio en “la ciudad de la eterna primavera” que es nuestra tierra natal.  Aclaro, para evitar suspicacias, que tanto él como yo somos libres, por lo menos, hasta el día de hoy.

Cuando él llegó, me llamó dos horas antes, para anunciarme que nos veríamos, así que lo invité a almorzar y me sugirió que cocinara mi plato favorito y que fuera fácil de preparar.

No obstante, “como yo quería impresionarlo”, en lugar de hacerle caso, opté por algo más complicado, entonces me fui para el supermercado a comprar lo que hacía falta, sin tener en cuenta que tenía poco tiempo y me pasó lo que era de esperar, cuando regresé, él ya había llegado y me estaba esperando con un libro suyo de regalo, pero, como yo tenía mis manos ocupadas, no se lo podía recibir,  tampoco podía saludarlo como debe ser, después de tantos años, porque estaba encartada con los paquetes.

Cuando entramos a la casa, se dio cuenta que no tenía nada preparado; sin embargo, no se mostró disgustado y me ayudó a salir del apuro invitándome a un restaurante, así que, ¡problema resuelto!

Pudimos conversar un buen rato, bueno, él decía poco y yo hablaba mucho acerca de mí.

Cuando nos despedimos tomé su libro y lo leí con avidez, con deseos de encontrar mucho más de él en cada línea.

A la siguiente oportunidad que nos vimos, ocurrió algo clave entre nosotros, ya dejé de parlotear tanto acerca de mí, y empecé a hablarle acerca de sus escritos, le decía apartes que tienen que ver con nuestra amistad, y pude expresarle, mirándolo a los ojos, cuanto me gusta lo que él escribió.  

Como también le mencioné, sin temor alguno, de algunos apartes que no entendí; y él, con una sonrisa me respondía, ‘vuelve a leerlo’.

Nuestra amistad me lleva a pensar mucho, acerca de mi relación con Dios, pues, de igual manera, si yo tomo la determinación de leer la Biblia con vehemencia, me ayudará a conocerlo mucho más.  

Por ejemplo, en el caso de mi amigo, primero, fuimos eso, amigos y hemos fortalecido nuestra amistad, comunicándonos por Skype, así sabía que lo tenía al alcance de una llamada. Hablamos muchas veces y de esa manera, nuestra amistad creció.

Cada semana he venido recibiendo un periódico donde él escribe, y apenas llega yo lo leo de inmediato, pero todavía no me había acercado a sus libros; sin embargo, en la medida que más crecía nuestra amistad más deseaba encontrarlos, ya no me bastaba un artículo semanal, ahora anhelaba tener todos sus libros, de manera natural, por eso cuando recibí la primera novela en mis manos, me la devoré.

Igual sucede con Dios, el tiempo apremia porque Él regresa pronto y no Lo vamos a impresionar haciendo cosas complicadas, porque a Él le gusta que seamos auténticas, que hagamos lo que mejor sabemos hacer para Él, y de esa manera, tengamos las manos libres, para recibir lo que Él nos quiere regalar.  Además, porque es Él quien está preparando un banquete para nosotras.

Si estamos recibiendo un mensaje Suyo cada semana, así está bien para empezar, ahora es el momento de conectarnos con Él pues lo tenemos al alcance de una oración, ese es el Skype de Dios y podemos contarle todo: Dios, además de ser Santo, Santo, Santo, es una persona a Quien Le podemos expresar lo que sentimos, lo que anhelamos, lo que soñamos, lo que nos lastima, incluso de lo que nos da miedo.

Como resultado, de tanto buscarlo y conversar con Él, irá creciendo nuestra amistad a tal punto, que vamos a desear, de manera natural, leer Su Palabra para conocerlo mucho más, y encontrar Su esencia plasmada en cada línea.  

Dios ya nos dejó el regalo maravilloso de la Biblia y al escudriñarla, nuestra oración, va a empezar a dar un giro, puesto que, ya no nos vamos a enfocar tanto en nosotras, sino en Él, y Le podremos pronunciar las frases que tienen que ver entre los dos, Le podremos decir, por ejemplo,

“Como un ciervo busca agua fresca cuando tiene sed, así me desespero yo buscándote”, Salmo 42:1,

“Eres mi pastor y nada me faltará”, Salmo 23.

“Mi Amado, eres mío y yo soy Tuya”, Cantares 2:16,

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca!”, Salmo 119:103

Y tantos salmos y promesas.

Así nuestra relación subirá a un nivel más alto, ahora seremos más que Sus amigas, Él será nuestro Amado y si hay algo que no entendemos, también se Lo podemos contar, con la seguridad de que no recibiremos ningún reproche y tal vez nos responda, con una sonrisa “vuelve a leer”.

Bendiciones,

Marcela Sosa

 

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Sobre el autor

Marcela Sosa

Marcela Sosa

Marcela Sosa, es una mujer apasionada por Cristo.  Al beber “agua viva”, quiere contar a las personas, que encuentra en su camino, las maravillas de Dios. Tiene tres hijos y cuatro nietos. Graduada en Comunicación Social-Periodismo de la “Universidad de Antioquia” en Colombia su país natal. Es Bloguera, contadora de cuentos y tomadora de café.  elblogdemarcelasosa.blogspot.com

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