Lo que aprendí del matrimonio al perder a mi esposo

Amado,

Ayer alguien señaló hacia el cielo. “Es hermoso”, dijo ella. Me asomé por la ventana y pude ver una acuarela de colores grises y azules. Me encuentro mirando hacia el cielo más a menudo. “Ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Cor. 5:8). ¿Dónde es esto exactamente? Me he percatado que cuando aún vivías tomé muchas cosas por sentado.

  1. Amaba cuando me llamaban “Señora de James Clark”. Debí habértelo dicho todos los días. Ahora las personas no saben cómo llamarme, así que me dicen “Doña Clark”.  Aunque la muerte nos separó, sigo orgullosa de asociarme contigo.
  2. ¿Recuerdas las guerras sobre el termostato de la calefacción en la casa? Tú lo bajabas a 17* en las noches frías para ahorrar. Yo salía a hurtadillas de la cama para subirlo a 20* y resentir tu lado tacaño. Ahora siento el peso que cargabas cada día, el ser responsable por todo: los impuestos de la propiedad, la hipoteca, y los gastos de  la universidad que se avecinaban. Ojalá te hubiera dicho más seguido que eras un proveedor asombroso. Ojalá hubiera sido tu socia en ahorrar dinero, y no haberme convertido en tu adversaria.
  3. Recuerdo las incontables veces que me preguntaste, “¿Cuáles son tus planes para hoy?” Yo recitaba una lista de quehaceres larguísima, y tú decías calladamente, “Bien, pues, me quitaré de en medio, entonces”. Amor, no entendí. Me entristece entender hoy lo que intentabas decir entonces: “¿Tienes tiempo para mí?” No tenía ni idea que se nos acababa el tiempo.
  4. Ahora entiendo por qué detestabas ir a lugares sin mí—incluso a lugares comunes como el súper o la tintorería. Yo también lo detesto. Aunque estuviéramos enojados, decepcionados, o fríos el uno con el otro, por lo menos nos teníamos el uno al otro. Ojalá hubiera considerado hacer mandados como una excusa para estar contigo.
  5. Cuando Anna y Nathan se graduaron de la universidad, hubo allí un asiento vacío. Una persona menos sonriendo desde la audiencia. Tú planeaste todo para ese día desde antes que ellos nacieran. Estarías tan orgulloso de las personas en las que ellos se han convertido. Ellos te extrañaron tanto como yo ese día. ¿Recuerdas los grandes planes que teníamos de escaparnos un fin de semana tan pronto ellos se graduarán? Lo hubiéramos hecho antes.
  6. Te extrañamos aún más cuando Anna se casó. Claro que Nathan la entregó. Ellos dos siempre fueron tan cercanos; incluso en  sus riñas mostraban el lazo que tenían como amigos. “Imposible que yo tome su lugar”, le dijo a Anna. Él sintió ese peso que tú cargabas también. Y tal como tú, él tomó una carga mayor  que sí mismo porque amaba a su familia. Hay mil maneras en que un hombre ama a su familia. Muchas mujeres no lo ven. Pero tú nunca me exigiste gratitud.
  7. ¿Recuerdas los planes de jubilación? Cuando fuéramos viejos y nuestros hijos amenazaran con meternos a un asilo, nos íbamos a subir a tu carro deportivo y tirarnos por un precipicio. Estábamos bromeando, por supuesto, pero nos gustaba la idea de irnos juntos. Tú llegaste a tu funeral demasiado pronto. ¿Por qué siempre tenías que tener tanta prisa? 

    Yo me quejé cuando nos arrastrabas a la iglesia 30 minutos antes de iniciar el culto, pero ahora no puedo abandonar el hábito. También he mantenido tu práctica de orar antes de cada culto. ¿Por qué orabas, Amor? ¿Para que los perdidos vinieran a Cristo? ¿Para que tu esposa que entrara en razón? ¿Por tus hijos? Por todo esto, me imagino. Nunca presté atención a cuánto tiempo pasabas orando. Ahora reconozco que tenías una constante y continua conversación con Dios. Tengo mucho que aprender sobre la oración. 

    Que conste, yo peleé por ti, Amor. Le dije a Dios que no te llevará. Levanté mi puño y le dije, “No... Ahora no... Jim no.” Ahora recuerdo: tu siempre le perteneciste a Él primero, cómo quisiera haber recordado esa verdad cuando estaba enojada contigo.

  8. Hablando del carro deportivo…  estuve resentida cuando lo compraste. Pensé que debiste esperar a jubilarte. ¿Cómo podía saber que no tendrías tiempo para jubilarte? En mi mente, el dinero lo necesitábamos para otras cosas (como poder dejar el termostato en 20 grados, por ejemplo). Pero ahora no me viene a la mente ni una sola cosa que hayamos comprado para ti en 27 años de matrimonio. Ojalá hubiera notado eso también, antes de tu funeral. Siempre nos ponías a nosotros antes que a ti. Siento tu gozo en ese carro, y estoy agradecida que lo compraramos. Lo hubieras manejado todos los días.
  9. Gracias por construir relaciones con otros hombres piadosos. Su devoción a ti se refleja en el cuidado de ellos hacia  tu viuda. Bill y Cliff me han guiado por el proceso de impuestos y papelería. Jeff ha reparado el sistema de riego dos veces, así como la lavadora. Debí haberme asegurado de que pasarás más tiempo con ellos. Ellos te hicieron un mejor esposo, y estoy segura de que dirían lo mismo de ti.
  10. ¿Te acuerdas cuando hablábamos de nuestros funerales? “Oh, mi amor”,  me dijiste, “vendrán de kilómetros de distancia para velarte a ti cuando pases a la gloria”. El día de tu funeral, el santuario se llenó, también St. Andrews Hall, y el edificio de enfrente. Hubieras estado impactado al ver a todos los que vinieron. Nunca pensaste mucho sobre ti mismo. Estoy agradecida que muchos otros sí lo hicieron.

Supongo que todos lamentaríamos las cosas que dimos por sentado cuando un ser querido muere. Lástima que no las podemos ver antes del funeral. Al ver a ese gran cielo, agradezco que Dios me permita decir con fe,

“¿dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?” (1 Cor. 15:55).

Hasta que volvamos a encontrarnos,

Con amor, Sra. de James Clark

Aclaración: Oramos al Señor solamente. El tiempo para hablar con nuestros seres queridos es mientras ellos están en la carne. En parte por eso escribí este artículo: para recordarnos a todos a hacer esto. Le escribí una carta a mi esposo en sentido literario, no es una afirmación de que podemos hablar con nuestros seres queridos después de que hayan muerto. Espero que algo de esto resuene contigo y te anime en tu matrimonio.

https://www.reviveourhearts.com/true-woman/blog/what-i-learned-about-marriage-losing-my-husband/

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Sobre el autor

Gaye Clark

Gaye Clark

Gaye Clark trabaja como enfermera cardíaca en Augusta, Georgia, es corresponsal a tiempo parcial de la revista WORLD y directora de iniciativas femeninas de Servants of Grace. También es voluntaria en iCare, una organización cristiana que provee ayuda para víctimas de tráfico. En su tiempo libre escribe sobre tráfico sexual, la vida cristiana y ministerio laico. Ha escrito para Gospel Coalition, Servants of Grace, y otros ministerios de comunicación en línea. Tiene dos hijos adultos, Anna y Nathan.