Lo que el socavón se tragó

En los últimos años, las noticias sobre la aparición de socavones han ido en aumento; éstos son hundimientos en el suelo debido a espacios vacíos subterráneos, provocados por la erosión de los suelos y, que al no soportar el peso encima, cede; estos agujeros se han tragado, carreteras, personas, carros, varias casas al mismo tiempo y ¡hasta un edificio entero de tres pisos!; a veces sin siquiera dejar señales en el terreno.

A veces, ha habido tiempo para huir; en otras, los esfuerzos fueron en vano. Han aparecido en lugares distantes y con terrenos diferentes, China, Guatemala, diversas ciudades en Estados Unidos, y recientemente en Japón, donde lo rellenaron en cuestión de horas para volver a presenciar cómo se hundía de nuevo.

En un caso que reportó un lugar de noticias en internet los testigos dijeron "Es como si esa cosa estuviera viva… Se revolvía, se movía… Hacía ruidos, como un gruñido". En otro, comentaron que los días previos a la aparición del agujero se escuchaban sonidos, luego temblores y de repente…¡zas! De acuerdo a los expertos, la erosión puede durar muchos años, pero el colapso es repentino.

Estos datos me hacen pensar en cómo podemos dar lugar a que surjan “socavones espirituales” que se tragan nuestros días, cuando a pesar de escuchar ciertos ruidos internos que nos alertan que el interior se está llenando de huecos no prestamos atención; y persistimos en descuidar nuestra relación con el Señor, desperdiciando el tiempo que Le pertenece a Él. y así, la erosión continúa…Hasta que somos sorprendidas cuando Dios permite que se remuevan nuestros cimientos.

Si queremos evitar esos socavones, veamos lo que tienen que decirnos diferentes personajes bíblicos sobre nuestros días en la tierra:

He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo. Salmo 39:5.

Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres. Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche…Los días de nuestra vida llegan a setenta años; y en caso de mayor vigor, a ochenta años…porque pronto pasa, y volamos…. Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.  Salmo 90:3-4, 10, 12.

Pues ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece, Santiago 4:14.

Según David, Moisés y Santiago, nuestros días son breves, efímeros, cortos, desaparecen, vuelan, se esfuman. Y, sin embargo, dejamos que se los traguen los socavones, llámense desde preocupaciones de este mundo hasta entretenimientos que nos distraen de lo realmente valioso para el Dueño del tiempo, a Quien ni siquiera preguntamos cómo invertir ese tesoro que ha puesto en nuestras manos.

Hagamos nuestra la oración del Salmo 90:12; sabemos que el Señor responderá y nos dará Su perspectiva para que digamos como el misionero C.T. Studd “Solo una vida pronto pasará, solo lo que es hecho para Cristo, permanecerá” el Único terreno firme, la Roca de los siglos que jamás será succionada por ningún socavón.

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.