Sin señalar a otros; solo doblemos nuestras rodillas

Es fácil echar la culpa a algún maestro cuando tu hijo se queda atrás en la escuela. Pero, ¿qué tal si la verdadera razón por la cual él o ella no le está yendo bien es porque está perdiendo el tiempo en la clase o se rehúsa hacer sus asignaciones?

En ocasiones somos tentadas a señalar (o avergonzar) a los que nos rodean, aún a los líderes que están por encima de nosotras. “Si tan solo fueran más piadosos, si oraran más, si tuvieran más visión, si fueran más humildes, más santos, etc., entonces nuestro mundo sería mejor!”

  • “Si tan solo los líderes políticos temieran al Señor.”
  •  “Si tan solo mi pastor pudiera liderar de manera más efectiva.”
  •  “Si tan solo mi esposo se comportara.”
  • “Si tan solo mis hijos fueran más fácil de manejar.

Todas estas personas probablemente necesiten que Dios obre en sus vidas. Pero tú también lo necesitas.

¡Clama! no se trata de cambiar a otros; se trata de pedirle a Dios que nos cambie a nosotras para que podamos experimentar mayor libertad, plenitud y abundancia. No se trata de señalar a otros; se trata más bien de doblar nuestras rodillas.

¿Qué tal si la obra de transformación por la que estamos orando comienza contigo y conmigo?

Oración: “Señor, estoy dispuesta a que obres profundamente en mi vida, aunque eso signifique…”

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