Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cómo cantar en tierra extranjera, día 1

Carmen Espaillat: En medio de tu circunstancia dolorosa, hay esperanza.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Tu dolor, sea un dolor del pasado distante, o un dolor en el presente—hoy, tu dolor, mi dolor, nuestro dolor nos lleva, nos conduce, si somos hijas de Dios, a un futuro grande y glorioso.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Se me acercó, no hace muchas semanas una señora en la iglesia después del servicio. Le pregunté cómo estaba su familia, y ella me compartió algo que sus hijos e hijas, jóvenes adultos, están enfrentando en el mundo.

Uno de ellos trabaja para una compañía multinacional –si dijera su nombre, sabrías cuál es– y él está enfrentando algunas situaciones en las que es difícil poner en práctica su fe en ese contexto. Y ella me dijo, «creo que nunca me había sentido tan extranjera en esta tierra como me siento hoy».

¿Alguna vez te has sentido de esa forma? Si eres una hija de Dios, tienes un sentido de que no perteneces a este mundo. ¿No es cierto? Un sentido de que este mundo no es tu hogar. Y este es un sentimiento expresado por el pueblo de Dios en el salmo que vamos a estudiar durante los próximos días, el Salmo 137.

Así que si tienes tu Biblia –si estás en tu carro manejando, escuchándonos, quizás no vas a detenerte para ver tu Biblia– pero si estás donde puedes buscarla, déjame animarte abrir tu Biblia en un salmo del que probablemente no hayas escuchado un mensaje antes, el Salmo 137.

Este es un salmo corto, solo nueve versículos. Es uno de los salmos en la categoría de salmos de lamento como nosotras decimos. Tenemos salmos de acción de gracias, salmos de contrición. Tenemos diferentes tipos de salmos, pero existen salmos en la Escritura llamados salmos de lamento, lamentación, llanto y duelo. Y este salmo es un salmo de lamento. Está lleno de dolor, lleno del sufrimiento humano.

Ahora, permíteme darte un poco de historia y contexto que nos ayudará a darle más sentido al salmo antes de leerlo.

En el 587 A.C., Jerusalén, que era la capital del reino del sur, de Judá, fue derrocada por los babilonios. Los babilonios eran personas feroces. Ellos tomaron el mundo, y los judíos de Jerusalén fueron deportados de Jerusalén a Babilonia. Ellos fueron enviados al exilio.

Ahora, sabemos por las Escrituras que esto sucedió porque ellos se rebelaron en contra de Dios. Ellos habían rechazado a Dios, y por lo tanto Dios los estaba disciplinando, estaban recibiendo el juicio de Dios. Él los envió a la cautividad babilónica, pero Él también les había dicho que tendría misericordia de ellos y que luego de setenta años serían liberados de la cautividad. Y precisamente, setenta años más tarde volvieron a su tierra natal, pero no antes de pasar por mucho dolor y dificultades.

Ahora, el Salmo 137 fue escrito poco tiempo después de que ellos regresaran del exilio en Babilonia. Retornaron a su hogar en Jerusalén, pero no podían olvidar lo que habían pasado todos esos años. Así que, en este salmo de lamento, ellos están recordando. Esta es la palabra clave en este salmo, recordar. Ellos están recordando la tribulación que habían pasado.

Ahora este salmo se divide naturalmente en tres secciones. Permíteme darte un vistazo general, y luego lo leeremos, y así verás cómo encaja cada sección.

En los primeros cuatro versículos, el pueblo de Dios desde Babilonia añora su tierra natal. Están deseando a Sión, su hogar. Luego en los versículos 5 y 6, el pueblo de Dios se está comprometiendo, están prometiendo que no olvidarán a Jerusalén. Y luego en los versículos 7 a 9, la tercera sección, el pueblo de Dios está implorando. Están orando por venganza de sus enemigos.

Primero ellos anhelan en Babilonia, estar en Jerusalén. Luego prometen no olvidarse de Jerusalén y finalmente están implorando, orando por venganza de sus enemigos.

Así que vamos a leer el salmo. El pueblo de Dios añora a Sión desde Babilonia, versículos del 1 al 4:

«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión.

Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sión».

Y luego el versículo 4, el versículo central de este salmo, el corazón de este salmo:

«¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña?»

Y en los siguientes dos versículos tenemos al pueblo de Dios que se está comprometiendo recordar Jerusalén, a no olvidarse. Versículo 5:

«Si me olvido de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Péguese mi lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no enaltezco a Jerusalén sobre mi supremo gozo».

Y luego la última sección, versículos del 7 al 9, el pueblo de Dios está implorando, orando por justicia, por venganza en contra de los enemigos de Dios, por vindicación. Y esta sección hace que este salmo sea como uno de los comentaristas llama, «quizás el salmo más problemático en el salterio». Versículos del 7 al 9:

«Recuerda, oh Señor, contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, quienes dijeron: Arrasadla, arrasadla hasta sus cimientos.

Oh hija de Babilonia, la devastada, bienaventurado el que te devuelva el pago con que nos pagaste.

Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños contra la peña».

Este es el final del salmo.

Ahora, este es uno de los muchos salmos en el libro de los salmos de la Escritura, que es llamado salmo imprecatorio –salmos imprecatorios. Estos no tienden ser nuestros favoritos. No es común escuchar muchos mensajes de ellos. En las últimas semanas me he estado preguntando por qué razón escogí este salmo para meditar durante semanas y enseñar durante cinco días. Pero pienso que te darás cuenta que como toda la Palabra de Dios, es muy poderosa. Es la palabra soplada por Dios, es inspirada. Y es muy rica, prolífera en doctrina, y sirve para corregir, para instruir en justicia.

Un salmo imprecatorio, este es un salmo en el que el escritor invoca la ira de Dios en contra de un enemigo. En este caso, el enemigo es Babilonia. Ahora, estos son pasajes difíciles. Tienes que luchar con ellos. No son fáciles. Y tienes que preguntarte: «¿Cómo reconciliamos un pasaje como este con la enseñanza en el Nuevo Testamento de amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen?» Bueno, estaremos tratando con este tipo de preguntas cuando estemos en esta sección más adelante en la serie.

Hemos titulado esta serie: «Cómo cantar en tierra extraña». Pero en realidad es: «Cómo cantar las canciones de Sión, cuando estás viviendo en Babilonia». Esto es lo que esta madre (de la anécdota que relaté al principio del programa) quería saber cuándo conversamos en la iglesia hace semanas. Cómo cantar las canciones de Sión, cuando estás viviendo en Babilonia.

Este salmo, este salmo de lamento, presenta un contraste marcado con los dos salmos que le preceden, y con la mayoría de los salmos en esta sección de las Escrituras. Si piensas en los últimos salmos del Libro de los Salmos, ¿qué piensas cuando piensas en esos salmos? Son alegres. Algunos de ellos dicen, «¡aleluya! ¡Alabado sea el Señor!», son salmos de alabanza.

Y los salmos que lo preceden, el Salmo 135 y el 136, están llenos de alabanza por la fidelidad de Dios, el amor inalterable de Dios. Si lees estos salmos antes de este, piensas, «¿realmente están en el mismo libro estos salmos?» Son tan diferentes. Los dos salmos anteriores celebran la obra de Dios en liderar Su pueblo, en redimirlo y rescatarlo de sus enemigos, otorgándole la tierra de Canaán.

Mira el por ejemplo el Salmo 136. El primero y el último versículo son idénticos: «Dad gracias al Señor, porque Él es bueno, porque para siempre es su misericordia». ¿Se escucha parecido al siguiente salmo, el Salmo 137? El Salmo 136 es el tipo de salmo que nos encanta cantar. Esos son los días que amamos y deseamos tener. ¿No es cierto?

No es tan así con el Salmo 137. Pero aquí está el punto: A pesar de que los israelitas se regocijan en las bondades de Dios, celebradas en muchos otros salmos, como el 136, ellos no habían olvidado el pasado doloroso. Cómo habían perdido su tierra, cómo habían sufrido atrocidades inimaginables en manos de los babilonios. Y ellos describen su experiencia en el Salmo 137, de forma cruda y honesta, y la memoria está fresca como si fuera ayer.

Como ves, Dios no esperaba que Su pueblo olvidara su dolor. De hecho, Él no quería que ellos olvidaran su dolor porque, ¿cuál era el propósito de ese dolor? Traerlos de vuelta a Él. Esto es lo que quieres que tus hijos e hijas recuerden, las consecuencias dolorosas cuando son desobedientes porque deseas que sean obedientes. No quieres que olviden que el pecado trae consecuencias.

Así que Dios no esperaba que ellos olvidaran su dolor, los años en el exilio, la devastación que los enemigos de Dios habían causado a su amada Jerusalén, la desobediencia que los había llevado al exilio. Todo eso había sido parte de su historia. Y era parte de la historia de Dios, la historia redentora que Dios escribió en sus vidas y a través de sus vidas para nosotras hoy en día.

Dios siempre está escribiendo una historia en tu vida. Y es para ti, y para la persona sentada a tu lado, y para tu familia, y para la próxima generación. Así que Dios no quiere que olvides tu dolor, aun mientras celebras sus bondades y misericordias. No está mal, ir atrás y recordar, recordar, recordar los tiempos difíciles.

Ahora, cuando tomas esto en el contexto de las Escrituras, generalmente no es ahí donde deseamos vivir. No quieres quedarte ahi. No quieres permanecer ahí para siempre. Pero quieres recordar porque es parte de tu historia, y Dios quiere usarlo. Dios quiere encontarte en las partes difíciles y dolorosas de tu historia.

Como puedes ver, tu dolor, ya sea un dolor del pasado distante, o un dolor del presente inmediato, tu dolor, mi dolor, nuestro dolor nos guía –si somos hijas de Dios– hacia un futuro grande y glorioso donde Dios será magnificado como el gran redentor, que hace todas las cosas nuevas y que aun lo malo lo torna para bien.

Así que observemos el primer versículo. Tomaremos este salmo versículo por versículo, palabra por palabra, frase por frase, durante los siguientes días.

Versículo 1: «Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión».

Las aguas de Babilonia. Nuevamente, muchas de sus versiones dicen, «los ríos (o las aguas) de Babilonia». Había en Babilonia un sistema complejo de canales que iban por toda la ciudad de Babilonia. Y puedes buscarlo en Google y encontrar representaciones artísticas y adaptaciones de cómo lucían estos canales. Ezequiel hablaba en el capítulo 1, de sentarse cerca del canal Cabar. Eso es aún en el exilio, en Babilonia. Ahí fue donde recibió visiones de Dios. Así que lo que dice es, «junto a las aguas de Babilonia», junto a los ríos de Babilonia, «nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión».

Ahora, a través de este corto salmo puedes ver un contraste entre Babilonia y Sión. Sión también es llamada Jerusalén. Esos dos términos son usados como sinónimos. Sión y Jerusalén. Puedes encontrarlos tres veces en este salmo. Y este es un tema a lo largo de las Escrituras, el contraste entre Babilonia, por así decirlo, y Sión o Jerusalén.

Literalmente, estas son dos ciudades, Babilonia y Jerusalén, pero también lo vemos como simbolismo de una realidad espiritual. Babilonia cuando lo lees, por ejemplo en Apocalipsis capítulos 17 y 18, y ahí está también la Jerusalén celestial, también conocida como la Ciudad Santa. Existe un sentido literal pero también un sentido figurado en el que las dos ciudades son usadas.

Una de las primeras personas que habló de estas diferencias fue Agustín, quien fue en el siglo tercero y cuarto un filósofo y teólogo. Una de sus obras más famosas se llamó, «La Ciudad de Dios». Ahora, el título original de este libro fue, «La Ciudad de Dios en contra de los paganos». Dos diferentes grupos de personas, la Ciudad de Dios y los Paganos. En esa obra, Agustín contrasta lo que él llamó «la ciudad terrenal» o «la ciudad del hombre», con «la Ciudad de Dios».

Desde Génesis hasta Apocalipsis, y a través de la historia, vemos este conflicto entre estas dos ciudades: Babilonia y Jerusalén; la ciudad terrenal, la ciudad celestial, la ciudad del hombre, la ciudad de Dios. Dos ciudades, dos sistemas, dos puntos de vista del mundo. Y no podrían ser más opuestas una de la otra.

Existe un contraste en el libro de Agustín. Él habla con respecto aquellos que rechazan a Dios, quienes pertenecen a la ciudad del hombre, o a la ciudad terrenal, y aquellos que aman a Dios, aquellos que pertenecen a la Ciudad de Dios. La diferencia entre el mundo y la iglesia.

Agustín habla de forma amplia y vasta entre los diferentes destinos. Aquellos que pertenecen a la ciudad terrenal, la ciudad del hombre, están destinados para el castigo eterno, condenados a ser destruidos, como veremos más adelante en este salmo. Pero los ciudadanos de la Ciudad de Dios, ¿cuál es su destino final? Es un gozo eterno, porque la Ciudad de Dios es donde Dios vive. Y donde Dios está, hay gozo, hay abundancia y hay vida eterna.

Ahora, mientras lees los versículos del 1 al 4, puedes ver muchas repeticiones del pronombre «nos», que se refieren a un grupo, no a una sola persona. Este es un salmo corporativo. Es un lamento corporativo. Existe una respuesta corporativa a lo que el pueblo de Dios ha estado pasando. Y puedo observar en el primer versículo una respuesta triple de lo que está ocurriendo en sus corazones.

En primer lugar, ellos dicen, «nos sentábamos y llorábamos al acordarnos...». Nos sentamos, recordamos, lloramos. Hablemos acerca de esto por un momento, y luego con respecto a algunas enseñanzas para nuestras vidas, y nuestro tiempo.

  1. «Nos sentábamos». Amigas, hay un tiempo para estar activas. Hay un tiempo para levantarse. Hay un tiempo para estar de prisa y ajetreadas. (Aunque no creo que deba ser tan seguido como lo estamos experimentando hoy en día). Hay un tiempo para trabajar. Pero también hay un tiempo para detenerse. Un tiempo para estar tranquilas. Un tiempo para contemplar, reflexionar, sentarse. 

    Algunas de nosotras no podemos ver con claridad y no entendemos lo que Dios está haciendo en nuestros días y cómo cantar los cánticos de Sión cuando estamos viviendo en Babilonia, porque estamos bajo mucho afán y ajetreo. Somos sorprendidas viviendo al paso de Babilonia. ¿No es así? Algunas veces tenemos que sentarnos y estar tranquilas.

  2. Y luego, «al acordarnos». De nuevo, una palabra clave tres veces, versículos 1, 5 y 6. En el versículo 1 dice, «al acordamos de Sion».

    Ahora, la Babilonia antigua era una civilización avanzada. Tenía una increíble belleza, riqueza y prosperidad. Los jardines colgantes de Babilonia eran una de las siete maravillas del mundo antiguo. Babilonia era la envidia del mundo entero. Pero no era el hogar del pueblo de Dios. Ellos estaban exiliados en Babilonia. Ellos eran cautivos, como las Escrituras nos dicen. Ellos estaban atormentados por aquellos que odiaban la ciudad de Dios, por aquellos que odiaban Jerusalén. Babilonia, para los judíos, pudo ser bonita, pero era una ciudad extranjera. Esto es lo que dice en el versículo 4.

    En Babilonia hablaban un idioma diferente. Ellos cantaban una canción diferente. Babilonia podría haber sido un lugar sofisticado y avanzado, pero era corrupto. Eran paganos. Eran anti Dios. El pueblo de Dios no pertenecía allí. Ese no era su hogar.

    Así que el pueblo de Dios anhelaba su hogar, anhelaban la libertad. Anhelaban adorar a Jehová en Su templo. Ahora, ¿no es esto interesante? Por años ellos habían olvidado adorar a Dios. Pero cuando perdieron lo que tenían, entonces recordaron el valor de lo que habían perdido, lo que tenían. «Al acordamos de Sion».

    Amigas, este mundo en que vivimos es la ciudad del hombre. No es el hogar para aquellos que son hijos de Dios. No es a donde pertenecemos. Es una tierra extranjera. Pedro dice en 1 Pedro 2:11 que somos extranjeros; somos exiliados. No encajamos aquí. Esto era a lo que se estaba refiriendo esta mujer en la iglesia. Ella dijo, «nunca me había sentido tan extraña en esta tierra como me siento hoy».

    Este mundo no es donde escogeríamos estar. No es donde deseamos estar. Somos cautivos, en cierto sentido. Somos burladas. Somos rechazadas por aquellos que desprecian a la Jerusalén celestial, la ciudad de Dios. Este lugar es corrupto. Es idólatra. Si eres hija de Dios, no puedes sentirte como en casa en este mundo. Esto es porque nuestra ciudadanía no está aquí. Nuestra ciudadanía está en Sión. Es a donde pertenecemos. Es la ciudad que amamos. Es la ciudad que anhelamos.

    No puedes esperar que Babilonia sea tu hogar. Y por lo tanto no debemos estar sorprendidas cuando el pueblo y las costumbres y las leyes y la visión de Babilonia son muy diferentes de aquellas que son de Sión. No deberíamos sorprendernos cuando Babilonia nos rechaza y se opone a aquellos que reclaman otra ciudadanía. No puedes esperar que Babilonia sea tu hogar.

    Y en el proceso de vivir en Babilonia, es importante que no nos olvidemos de Sión, que nos acordemos de Sión, nuestro hogar verdadero, Jerusalén. Mientras vivimos en Babilonia, queremos seguir recordando a Sión. Ahí es donde está nuestra ciudadanía. Y eso quiere decir que no se supone que no nos amoldemos a esa cultura. No se supone que encajemos. No se supone que nos asemejemos a la cultura de Babilonia y a sus tradiciones. No se supone que nos acomodemos a este mundo.

    Pienso que uno de los retos de este salmo de lamento es, no te acomodes mucho en Babilonia. No bajes la guardia, que tus raíces no se arraiguen muy profundamente. No te acomodes aquí. Tienes un pasaporte diferente. Tienes una identidad diferente.

    Ahora, déjame recordarte que los hijos de Israel estuvieron exiliados en Babilonia, ¿por cuántos años? Setenta años. Eso significa que hubo hijos e hijas que nacieron durante la cautividad en Babilonia. ¿Cómo ellos supuestamente debían recordar a Sión? ¿Cómo? Sus padres, sus abuelos debieron de contarles, «esto era así. Esto era lo que teníamos. Esto era lo que sucedía allí. Así fue como pecamos»

    Alguien debía de decirles a estos niños y niñas que nacieron en Babilonia cómo debían recordar a Sión. Las madres, las abuelas, las que trabajan con niños, aquellas que ministran a jóvenes creyentes, nunca se cansen de decirles a otros como es Sión para que ellos también pueden recordar.

    «Nos sentábamos; al acordarnos; y ….

  3. «Llorábamos». Esta palabra expresa un dolor profundo, un sollozo, una lamentación. Creo que no existe una palabra, no en el lenguaje hebreo que hable más claramente del tipo de sollozo, de lamento de esta lamentación. ¿Por qué ellos están sollozando? Bueno, ellos sollozan por su pecado que resultó en su exilio a Babilonia. Ellos estaban siendo disciplinados, castigados por un Dios que los amaba demasiado para dejarlos en sus pecados, y ellos sollozan por su pecado.

Ellos sollozaban por la memoria de su pérdida, lo que ellos habían perdido, lo que le había ocurrido a su hogar, lo que le había sucedido al templo de Dios que había sido saqueado.

Permíteme decirte, es correcto mientras vivas en Babilonia el sentirte triste, el llorar, porque este mundo no es lo que debería de ser. Nosotras no somos lo que deberíamos ser. No estamos donde deberíamos estar.

¿Qué te provoca tristeza? ¿Qué te hace llorar, sollozar, lamentarte? ¿Es tu pecado? ¿Te lamentas cuando ves que la iglesia de Jesucristo está siendo atacada en Babilonia? Bueno, mientras lloras, recuerda esto: No estamos en nuestro hogar, pero estamos siendo guiadas a nuestro hogar, a un lugar donde no habrá más dolor. El lamento puede durar toda la noche», nos dice el Salmo 30, pero, ¿qué es lo que viene en la mañana? La alegría, «la alegría viene en la mañana».

Ahora, cuando este salmo fue escrito, los exiliados finalmente regresaron a su hogar en Sión mirando atrás sus años en Babilonia. Al día de hoy, mientras estudiamos este salmo, estamos en Babilonia anhelando a Sión. Pero un día estaremos finalmente en nuestro hogar en Sión mirando atrás a Babilonia. Así que podemos anticipar con alegría lo que nos espera en nuestro hogar eternal, en la Ciudad de Dios.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella regresará para orar con nosotras.

El programa de hoy es el primero de la serie, «Cómo cantar en tierra extranjera». Nancy ha estado desglosando la primera parte del Salmo 137. Vimos tres secciones: El anhelo del pueblo en Babilonia, la promesa de no olvidarse de Jerusalén, y la oración por venganza de sus enemigos.

De varias maneras, tú y yo vivimos en tierra extranjera. A lo mejor ves evidencia creciente de esto, o quizás percibes la fuerte oposición al vivir tu fe en Jesucristo. El Salmo 137 arroja luz sobre estas situaciones, y Nancy estará hablándonos más acerca de esto a lo largo de los próximos programas. Mantente sintonizada a través de la estación de radio por la que nos escuchas, o de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también puedes escuchar, compartir o leer estos programas.

¿Cómo puedes cantar cánticos de júbilo cuando el mundo es tan oscuro? Mañana, Nancy te ayudará a responder esta pregunta, y te recordará el gozo que aún está por venir. Ahora ella regresa para cerrar en oración.

Nancy: Gracias Señor, por los pasajes de las Escrituras que nos hacen sentarnos y recordar y llorar. ¿Nos podrías enseñar estos días cómo cantar esas canciones para el Señor mientras estamos viviendo en Babilonia? Y por eso, te damos las gracias, en el nombre de Jesús amén y amén.

Carmen: Cantando en tierra extranjera juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Ciudad de Dios, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.  Canción usada con permiso.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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