Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo cantar en tierra extranjera, día 2

Carmen Espaillat: ¿Has sentido que la vida es tan oscura que no hay manera en que puedas cantar o estar gozosa? Un nuevo día está por llegar.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Vamos camino a casa. ¡Vamos camino a Sión, donde nos uniremos a todos los coros angelicales y a todos esos ciudadanos del cielo de todas las épocas de la historia quienes ya han partido antes que nosotros, los redimidos! Nos uniremos a ellos a cantar el Cántico de Moisés y el Cántico del Cordero.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Recientemente he estado leyendo un libro fascinante escrito por mi querido amigo Dave Butts, quien está a cargo de un ministerio de oración, «Harvest Prayer Ministries». El libro se titula, Con un clamor. El subtítulo es, un reto renovado a orar por Estados Unidos (With One Cry: a renewed challenge to pray for America, disponible solo en inglés). 

En ese libro, Dave cuenta sobre su vida donde creció, en Indiana, y nos relata de cuando asistía a los juegos de basquetbol del colegio. No sé si esto es así donde tu vives, pero nosotros vivimos en Michigan, muy cerca de la frontera con Indiana, y son fanáticos del basquetbol colegial.

Él habla de las ventajas de cuando eres del equipo local, el equipo anfitrión. Permítanme leerles una porción del libro: 

«Los del equipo local tienen los aficionados y su bulla. Casi todos en las gradas están aplaudiendo, porque están animando a su equipo. En muchas ocasiones una pequeña banda toca animando al equipo. A todo lo que los árbitros cantan, les siguen o voces de ánimo y aplausos o unos ¡¡¡buu!!! de parte de la fanaticada. Es bastante intimidante entrar a la cancha del equipo opositor como equipo visitante.

Por muchos años, la iglesia ha sido el equipo local en Estados Unidos. Hemos disfrutado grandes ventajas como tal. Éramos la fuerza cultural predominante con que todos los demás tenían que ponerse de acuerdo. Cuando los líderes nacionales hablaban de nuestra fe, todos sabían que estaban refiriéndose a la fe cristiana. Disfrutábamos de las ventajas del equipo local, y simplemente se daba por sentado, por la iglesia. (Sigue diciendo). En Estados Unidos la iglesia actualmente ya no es el equipo local. Si nosotros entendiéramos esto, oraríamos diferente y más efectivamente por nuestra nación. Una gran parte de la problemática viene cuando actuamos como si fuéramos el equipo local.

Sería muy desalentador para un equipo de basquetbol entrar al juego creyendo ser el equipo local, y que lo reciban con !!!buu!!! en lugar de aclamaciones de victoria. Pero cuando sabes que estás entrando a la cancha del equipo contrario, estás esperando una reacción negativa. Debemos abrazar nuestro rol como el equipo visitante, que está más acorde con lo que Jesús dijo que somos. Lucas 6:22 dice: «Dichosos vosotros cuando os odien, cuando os discriminen, os insulten y os desprestigien por causa del Hijo del hombre» (NVI).

El autor sigue diciendo: ¡El equipo visitante no está tratando de que lo amen o lo honren! ¡Solo quiere jugar lo mejor posible para obtener la victoria para su equipo! En muchas ocasiones, nos olvidamos de esto cuando oramos por Estados Unidos. (Y yo añadiría por nuestros países). Nuestras oraciones muchas veces buscan más devolver a la iglesia a un lugar privilegiado, en lugar de orar para que el evangelio sea predicado con poder transformador».

¿No crees que estas palabras nos ayudan a tener la imagen correcta de la realidad?

En 1 de Pedro 2:11, la Escritura lo pone de esta manera. (Tú eres) «extranjero y peregrino…» que en el lenguaje contemporáneo sería, «tú eres parte del equipo visitante. Tú no eres del equipo local. El punto es que, ¡nosotros estamos en tierra extraña, extranjera!

Esta semana estamos viendo el Salmo 137, yo lo he llamado, «¿cómo cantar el cántico de Sión cuando estás viviendo en Babilonia?», «¿Cómo cantar en tierra extranjera?»

Hemos hablado acerca de dos ciudades: La ciudad del hombre y la Ciudad de Dios…la ciudad terrenal y la ciudad celestial…Babilonia y Jerusalén (o Sión). ¿Cómo puedes tú cantar las canciones de Sión, cómo puedes actuar como un ciudadano de Sión, cuando estás viviendo en tierra extranjera (representada por Babilonia)? 

Vimos en los cuatro primeros versículos del Salmo 137, que el pueblo de Dios estaba añorando a Sión en Babilonia. Ahora recuerden, este pasaje fue escrito probablemente luego de que ellos regresaran del exilio a Jerusalén, y estaban haciendo memoria, recordando esos tiempos llenos de angustia y dolor, esos angustiosos años de cautividad.

Así que este es un salmo de lamento. Ellos estaban añorando, sufriendo en Babilonia. Estaban anhelando a Sion. «Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sión». Versículo 2: «Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas» o liras como dicen otras traducciones. Nosotros colgábamos nuestros instrumentos musicales en los sauces allí en Babilonia. 

El dolor del pueblo había silenciado su canto. Entre la memoria de Sión y lo que ellos habían perdido, su situación actual era como la del «equipo visitante» en Babilonia, y el recuerdo de saber que todo esto era un resultado de su pecado y de la mano de Dios disciplinándolos…en medio de todo, no sentían ningún deseo de cantar.

Ahora bien, el pueblo judío se caracterizaba por ser un pueblo que cantaba. Y el pueblo de Dios debe ser un pueblo que cante. Pero ellos decían: «Nosotros no necesitamos más estos instrumentos. No tenemos deseos de cantar. Cantar es difícil».

El versículo 3 dice: «Pues allí (¿dónde es eso? En Babilonia) los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sión». Esa palabra significa, regocijo, cantos de gozo. Nuestros captores, los que nos habían llevado cautivos, querían que cantáramos canciones de celebración… diciéndonos, «¡cántennos las canciones de Sión!» El pueblo de Dios era burlado, ridiculizado, atormentado, estaban siendo burlados por sus captores babilónicos, quienes querían que los exiliados estuvieran gozosos, para que les sirvieran de entretenimiento con canciones que les divirtieran.

Uno de los comentaristas dice acerca de este versículo: «El robar a un pueblo de sus tesoros, sacarlos de sus casas, quemar sus moradas y ciudades... devastar sus campos, profanar su templo, y luego pedirles que estén alegres, ¡es tan cruel como absurdo!» ¡No lo puedes hacer!

Ahora, estos (verdugos), los que los atormentaban, pueden serlo externamente, como en el caso de los enemigos de Babilonia. Estas son fuerzas que son hostiles a Dios, fuerzas que son opuestas al cristianismo y a Cristo. Y vemos cada vez más de esas fuerzas en nuestros días, ¿no es así? Aquellos que rechazan los caminos de Dios, que rechazan la verdad de Dios acerca de cualquier cosa, sobre los géneros, sobre la sexualidad, sobre los derechos, sobre lo incorrecto, sobre lo correcto, sobre la maldad. Son captores, personas externas que atormentan. Ellos son dueños de esto aquí abajo, o por lo menos creen que lo son. Y atormentan al pueblo de Dios. 

Pero también hay verdugos internos; como el desaliento, el temor, un pasado que te acecha y te acosa, pecados que te persiguen, o un sentimiento de insuficiencia. Estos son también opresores, captores. Cuando sientes dolor, cuando estas triste, cuando estás desanimada, no tienes deseos de cantar, ¿o me equivoco? Lo que deseas es «colgar tu arpa». Es difícil entonar una canción. ¡Te sientes tan mal que se te imposibilita cantar!

Esto es lo que el Salmo 137: 3-4 expresa: «nos pedían alegría, diciendo:
Cantadnos alguno de los cánticos de Sión». Versículo 4: «¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña?» No se olviden que el pueblo de Dios estaba en Babilonia por su pecado, por su propia rebelión en contra de Dios.

Como resultado, ellos perdieron su canción. Ellos decían, «¿cómo podemos cantar?» «¡No hay nada por lo que estemos alegres!» Y ellos no querían que los enemigos de Dios –sospecho yo– ridiculizaran los cantos de Sión. «No les vamos a cantar esas canciones. Son muy preciadas para nosotros. No queremos que ustedes se burlen. No podemos cantar. ¿Cómo vamos a cantar las canciones del Señor en tierra extranjera?» 

Ahora, aquí hay algunas observaciones. Es muy difícil cantar las canciones del Señor en tierra extranjera, pero no es imposible. Dios nos puede dar una canción para cantar un cántico de Sión. Cuando escogemos por fe cantar la canción del Señor en tierra extranjera, nuestra fe es fortalecida. Esto es lo que sucede cuando nos reunimos en un lugar para la adoración corporativa el Día del Señor.

Durante toda la semana, enfrentamos oposición—el bombardeo de la canción del mundo. Durante toda la semana la estamos escuchando, la estamos sintiendo y la estamos recibiendo. Sentimos que no encajamos, que no pertenecemos. Pero cuando nos reunimos, y le cantamos canciones al Señor, ¿qué sucede? Nuestra fe es fortalecida. Nos da valentía y tenemos valor para salir y enfrentar el próximo día.

Cuandocantamos las canciones al Señor en tierra extranjera, algo más sucede. No solamente nuestra fe es fortalecida, sino que hacemos que el evangelio sea creído por las personas que son ciudadanos de esa tierra extranjera. Les estamos enseñando las canciones del Señor a los ciudadanos de esa tierra extranjera. De manera que esto es parte de testificar del evangelio. Cantar las canciones del Señor en tierra extranjera, cantar canciones del Señor de Sión aun estando en Babilonia.

Quiero también señalar que solamente aquellos que son de Cristo verdaderamente pueden cantar las canciones del Señor, ¡especialmente cuando es difícil! Ahora, nosotras podemos con nuestros labios decir las palabras de los himnos, los coros y las alabanzas. Podemos abrir nuestras bocas, y podemos hacer que salga sonido. Pero tú no podrás cantarle al Señor una canción desde el corazón, si el Señor no está en tu corazón…si primero Él no está en tu corazón. Si tú no lo valoras, si tú no le perteneces a Él, entonces ¿cuál será la canción que querrás cantar? ¡La canción de Babilonia! Tú vas a querer cantar la canción del lugar donde tienes ciudadanía. 

Quiero tomar unos minutos solo para compartir con ustedes lo que ha sido para mí de mucho ánimo durante estas semanas, a medida en que pensaba sobre ocasiones a través de la historia de quienes han cantado canciones al Señor en tierra extranjera. Espero que esto también sea de mucho ánimo para ti, y que te haga recordar que se puede cantar el cántico del Señor, el cántico de Sión, aun mientras vives en Babilonia.

Mi mente fue primero al libro de los Hechos capítulo 16, cuando tenemos a Pablo y a Silas en ese calabozo en Filipo, en esa prisión. Fueron golpeados, heridos sin misericordia, injustamente; y ¿qué estaban ellos haciendo a medianoche? No deja de maravillarme cada vez que leo esto. ¡Estaban cantando himnos al Señor! ¿Qué hacían? Estaban cantando himnos de Sión mientras vivían en Babilonia.

Y entonces, pienso en otro ejemplo en el Antiguo Testamento: El rey David. Escondido en una cueva, huyendo del maniático rey Saúl. Estos eran tiempos difíciles; tiempos muy duros. David escribió algunos de sus Salmos de lamento mientras huía por su vida. Solamente piensen cuántos salmos preciosos no tendríamos hoy en la Biblia si David no se hubiese propuesto cantarle al Señor canciones en tierra extranjera.

Recientemente he estado leyendo lo que está sucediendo en la iglesia en China. El pueblo de Dios viviendo en Babilonia, tratando de cantar el cántico del Señor. He leído sobre estas minúsculas pequeñas iglesias en hogares, muchas veces cinco o seis personas, ¿y sabes lo que hacen? ¡Cantar! Ahora, en muchas ocasiones tienen que hacerlo muy muy bajito para no ser arrestados, porque si los encuentran los echan en prisión. Pero cuando están reunidos los pequeños grupos en los hogares, ellos cantan la canción del Señor, los cánticos de Sión los cantan en Babilonia.

Hace pocos días vi un video de un grupo de creyentes Chinos, ¡esto fue algo muy conmovedor! Estaban parados afuera del edificio de su iglesia mientras el gobierno hacía lo que que había hecho en miles de casos en los meses recientes. El gobierno va con una grúa y remueve la cruz del techo del edificio.

A medida que la cruz era quitada del techo de los edificios y lentamente bajada al piso, había una banda de creyentes parados al pie de la iglesia, cantando, «En la cruz» (en su idioma natal). Qué escena tan conmovedora. Ellos cantaban canciones de Sión mientras vivían en Babilonia. 

Pienso en mi amiga, Joni Tada. Si conoces algo de Joni, ella siempre está cantando. Ella siempre está cantándole himnos al Señor, y ella siempre tiene dolor. Es una mujer que perpetuamente canta en medio de su dolor. Para ella, ese cuerpo abatido por el dolor es un tipo de Babilonia. Es un enemigo. Es mantenerla cautiva, la acosa, la atormenta. Su cuerpo no funciona como está diseñado para funcionar. Ninguno de nuestros cuerpos funciona como fueron diseñados para funcionar, pero Joni siempre está cantando en medio de su dolor.

No hace mucho tiempo, mi esposo y yo fuimos juntos a una convención y allí estaba Joni, y ella invitó a todo el grupo a cantar un himno. Éramos muchos reunidos en un salón que estaba repleto, y todos cantamos las canciones de Sión, elevamos nuestras voces al Señor.

Luego le envié a Joni un texto. Y les voy a leer lo que decía, estaba meditando en este pasaje del Salmo 137 del que hemos estado hablando, y le escribí estas palabras,

«Gracias querida Joni por guiarnos a cantarle al Señor una canción en tierra extranjera!» Hay muchas razones en estos días para derramar lágrimas en Babilonia, pero para aquellos que son ciudadanos de Sión, cuántas más razones para regocijarnos. ¡El cielo reina! Continuemos cantando.

¿Sabes quién me ha animado a pensar de esta manera? Joni Tada, porque ella siempre está cantando en medio de su dolor, en la oposición. A ella no le importa si está en un avión, o en un aeropuerto, en un salón lleno de inconversos, eso no es un problema para ella. Ella canta la canción del Señor, los cánticos de Sión, mientras vive en Babilonia.

El misionero y autor, Nik Ripken, nos cuenta la historia de Aisha, una madre de veinticuatro años convertida del Islam al cristianismo poco tiempo después de que muriera su esposo, dejándola a ella viuda con cuatro niños. 

Aisha se convirtió en una honesta y efectiva testigo de su nueva fe y las autoridades de su comunidad islámica finalmente no pudieron soportarla más. Así que la arrestaron, la amenazaron y la tiraron en una celda oscura, como un sótano de la estación de policía. 

Permítanme leerles la historia de lo sucedido desde ese punto en adelante. (Estas son palabras de Nik Ripken):

En aquel lugar no había absolutamente ninguna luz. El sótano medio construido tenía piso de tierra. Arañas, insectos y ratas se movían en medio de la oscuridad. Aterrorizada y a punto de darse por vencida, ella nos contó que tuvo la intención de gritarle a Dios que ella no podía aguantar más. Pero cuando iba a abrir su boca en protesta y en desaliento, en lugar de eso ¡una melodía de alabanza se elevó desde su alma! (¡ella cantó!) Sorprendida y fortalecida por el sonido de su propia voz, y sobrecogida por el sentido renovado de la presencia de Dios con y dentro de ella, empezó a entonar alabanzas de adoración a Jesús aun más fuerte.

A medida que ella cantaba, notó que desde todas las oficinas, de la estación de policía en el piso de arriba se sintió un extraño silencio. Esa noche la puerta de la celda se abrió, la luz irrumpió en la oscuridad. El mismo jefe de la policía alcanzó a Aisha y la sacó de la celda. Él miró a esta mujer de veinticuatro años y movió su cabeza con desconcierto.

«¡No comprendo!», admitió. Tú no tienes temor de nada, y suspirando movió la cabeza nuevamente: «¡Mi esposa, mis hijas y todas las mujeres de mi familia le temen a todo! ¡Pero tú no le temes a nada! Así es que, te voy a llevar a salvo a tu casa esta noche, pero en tres días te voy a recoger y te voy a llevar a mi casa para que tú les digas a todos en mi familia el porqué tú no tienes temor de nada. Y yo quiero que tú les cantes esa canción».

Cantar la canción de Sión cuando vives en Babilonia... Bueno, creo que probablemente no haya un mayor ejemplo de esto que el del mismo Señor Jesús, quien cantó la canción del Señor en tierra extranjera. Leemos en Mateo 26, cómo antes de salir del aposento alto donde Él tuvo la última cena con Sus discípulos, antes de salir con ellos hacia el huerto de Getsemaní (y luego seguir desde allí hacia la cruz, Jesús y sus discípulos cantaron un himno).

Ahora bien, las Escrituras no nos dicen cuál fue el himno que ellos cantaron pero creemos que fue el Hallel judío que va desde el Salmo 115 hasta el Salmo 118 en el himnario judío. Lo más probable es que estos salmos fueron cantados luego de haber tomado la última copa de la Cena Pascual.

Así es que permítanme leerles una porción de ese himno; este pudo haber sido el himno que Jesús cantó camino a Getsemaní y a la cruz:

«Dad gracias al Señor porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia... El Señor está a mi favor; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?» (Sal. 118: 1,6).

«El Señor está por mí entre los que me ayudan; por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecen... El Señor es mi fortaleza y mi canción, y ha sido salvación para mí... La Piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del ángulo. Obra del Señor es esto; admirable a nuestros ojos» (Sal 118-7, 14, 22-23).

«Este es el día (el día de la crucifixión) que El Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él» (Sal. 118:24).

Y así continuó Él cantando las canciones de Sión, mientras vivía en Babilonia. Y entonces horas más tarde mientras colgaba en una cruz, ¿qué estaba haciendo Jesús? Él estaba citando el Salmo 22, citando el himnario judío: «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?» (Sal 22:1). Él está cantando el cántico del Señor estando en Babilonia.

Cuando sus torturadores, sus captores se burlaban de Él diciéndole, «cántanos alguno de los cánticos de Sión», ¿qué hizo Él? Él abrió Su boca y oró, Él habló las palabras del himnario judío. Y cuando tú oras y alabas y cantas en medio de tu dolor, en medio de tu cautividad, a través de tu tormento, ese dolor por un hijo o hija pródiga o por un nieto, o a través del dolor físico, cuando el diagnóstico que te acaban de dar, no era lo que estabas esperando; o la presión financiera, o el trabajo que acabas de perder, el esposo que no te ama como Cristo ama a la iglesia; la angustia y el tormento de tu propio pecado, ese pecado remanente, y tú quieres amar a Dios y quieres agradarlo, pero aún te encuentras regresando a esos mismos pecados. Cuando elevas tu voz, cuando cantas las canciones de Sión, aun viviendo en Babilonia, tu fe será fortalecida y el testimonio del evangelio será evidente. Otros querrán oír y cantar las canciones de Sión a medida en que tú elevas tu corazón y adoras a Jehová a través de las lágrimas, a través de tu dolor.

Un día, no muy lejano, nosotras estaremos en casa, en Sión; ya no estaremos en tierra extranjera. Esa es una de las cosas que hemos de hacer si queremos cantar las canciones del Señor viviendo en Babilonia. Debemos recordar que esto aquí no es nuestro hogar, esto no es el final. Esto aquí no durará para siempre.¡Estamos de camino a casa! Vamos camino a Sión, donde nos uniremos a esos coros angelicales, y a todos los ciudadanos del cielo de todas las edades de la tierra, quienes partieron antes que nosotros. ¡Nos uniremos a ellos cantando la canción de los redimidos, la canción de Moisés y del Cordero! 

Apocalipsis 15:2 dice: «Yo vi…a los que habían salido victoriosos sobre la bestia, (aquellos que han salido de Babilonia), en pie sobre el mar de cristal con arpas de Dios». Sí, nosotros colgamos nuestras arpas temporalmente en los sauces de Babilonia, pero un día las volveremos a coger y nos pararemos frente a ese mar de cristal con las arpas de Dios en nuestras manos, y cantaremos la «canción de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: ¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios, Todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de las naciones!» ( Apoc. 15:3).

Así es que, ¿qué debemos hacer entre ahora y ese día, entre aquí y allá? Recuerda la canción de los redimidos.

Podrá parecer difícil y aun imposible en algunos momentos cantar en tierra extranjera, pero proponte hacerlo, ¡aun en medio de tus lágrimas! Canta por fe, y canta en anticipación gozosa de aquel día cuando nosotros cantaremos para siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, recordándote que si has conocido a Jesús como tu Salvador, tienes por delante una eternidad de gozo.

¡Este es un recordatorio muy necesario en medio de nuestras luchas diarias! Si no has estado cantando al Señor en estos días, te animamos a hacerlo.

Este programa es parte de la serie titulada, «Cómo cantar en tierra extranjera», basada en el Salmo 137. Puedes leer o descargar este programa a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes compartirlo fácilmente, o dejar tu comentario en nuestra página web, al final de la transcripción.

La dueña de un negocio de regalos recibió una orden bastante grande. Ella se dio cuenta de que la orden provenía de una organización que facilita abortos. ¿Qué harías en su lugar?

Nancy te dirá lo que hizo esta mujer, el lunes, en nuestro próximo programa.

Cantando en tierra extranjera juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Yo cantaré, Damaris Carbaugh, Yo cantaré ℗ 1994 Damaris Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.