Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo cantar en tierra extranjera, día 4

Carmen Espaillat: Cuando una persona peca contra ti, el dolor es real y puedes ser honesta con Dios sobre ese dolor.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios no te pide que entierres ese dolor ni que pretendas que la ofensa nunca ocurrió. De hecho, Él quiere que enfrentemos ese dolor con honestidad, que le digamos sobre ese dolor y la ira que sentimos. Puedes decirle a Él, pero Él también quiere que hagamos lo que el salmista está haciendo, y eso es dejarlo todo en Sus manos.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «Cómo cantar en tierra extranjera». Nancy nos ha guiado a lo largo del Salmo 137, que fue escrito desde la perspectiva de los judíos que habían sido exiliados de sus hogares y se encontraban cautivos en Babilonia. Nancy continúa con este estudio.

Nancy: «El salmo 137», dijo un comentarista, «tiene la característica de tener uno de los versículos introductorios más hermosos y uno en la conclusión más horrorosos que cualquier otro salmo». Ahora, estamos a punto de ver que eso es cierto.

En los primeros cuatro versículos, el pueblo de Dios está añorando Sión, anhelando su patria.

«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas (Sin uso para ellos. Sin ganas de cantar). Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sion.¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña?» (vv. 1-4).

Es un lamento. ¿Cómo podemos hacerlo?

Bueno, en los versículos 5 y 6, el pueblo de Dios se compromete, promete nunca olvidar, recordar Jerusalén.

Versículo 5:

«¡Si me olvido de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Péguese mi lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no enaltezco a Jerusalén (mi patria, el lugar donde mora la gloria de Dios, si no pongo a Jerusalén) sobre mi supremo gozo!» (vv 5-6).

Ahora, lo que el salmista realmente está diciendo es: «Invoco un juicio sobre mí, si alguna vez pierdo mi corazón y pierdo mi amor por Dios y por mi verdadero hogar».

Luego, en los versículos del 7 al 9, comenzamos a ver este párrafo, esta estrofa en la última sesión, donde el pueblo de Dios ruega. Ellos oran por ser vengados de sus enemigos. Apelan a Dios para que haga juicio a sus opresores. Y aquí es donde entramos, en esta estrofa, con uno de los lenguajes más severos que se leen en cualquier parte de las Escrituras, un lenguaje imprecatorio. Esa es una palabra que significa invocar, llamar el mal o maldiciones sobre alguien.

Déjame leer el pasaje, y luego hablaremos de eso hoy y mañana.

Versículo 7:

«Recuerda, oh Señor, contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, quienes dijeron: ¡Arrasadla, arrasadla hasta sus cimientos!»

Hablamos acerca de cómo Dios había pronunciado juicio contra los edomitas porque se mantuvieron distantes y no ayudaron al pueblo de Dios cuando los babilonios saquearon la ciudad. Y Dios dijo: «Como tú les has hecho, se te hará a ti. Me mantendré alejado cuando mi juicio venga sobre ti». Eso es a los edomitas.

Ahora llegamos a los babilonios. ¿Qué les va a pasar a ellos, los que han sido el instrumento en las manos de Dios para traer juicio y castigo a Su pueblo? ¿Qué va a pasar con los babilonios?

Versículo 8:

«¡Oh hija de Babilonia, la devastada, bienaventurado el que te devuelva el pago con que nos pagaste! Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños contra la peña!» (vv. 8-9).

Fin del salmo.

Ahora, hay otros salmos en los que ves que se dicen algunas cosas difíciles, algunas cosas deprimentes, desesperadas, pero generalmente esos salmos terminan con: «Pero alabaré al Señor a pesar de lo que sea que esté pasando». Nos gustan esos salmos.

Pero, ¿y este? ¡Este es horrible! ¿Cuándo fue la última vez que recuerdas haber escuchado leer estos versículos en voz alta en la iglesia? ¿O un sermón predicado sobre ellos? ¡Probablemente nunca!

Algunos comentaristas consideran que estos dos versículos, los versículos 8 y 9, son los más difíciles en todo el libro de los salmos. De hecho, en 1980, la Iglesia Anglicana declaró que este pasaje podría omitirse de su liturgia mientras leían las Escrituras. Y de alguna manera, puedes entenderlo, humanamente hablando. El lenguaje es inquietante, es impactante, es espantoso; esto de golpear cabezas de bebés en las rocas, ni siquiera quieres comenzar a imaginarlo.

Y de hecho, este pasaje, tal vez más que cualquier otro pasaje de las Escrituras, ha hecho que algunos rechacen la inspiración de las mismas, y otros rechacen por completo el cristianismo. Y como pueblo de Dios que ama la Palabra de Dios, creemos que es Palabra de Dios, creemos que es Palabra inspirada; pero estamos tentadas a querer suavizar estas palabras, a fingir que no están ahí. Tal vez es un error. Tal vez a Dios se le pasó; Él simplemente no tenía realmente esa intención.

Bueno, James Boice ha escrito un maravilloso comentario sobre los salmos. Él ahora está con el Señor, y puede entender todo esto de una manera que nosotros nunca lo haremos de este lado del cielo. Pero en su comentario él escribió: «El salmista no está sugiriendo que está a punto de vengarse de sus enemigos o incluso que lo haría si pudiera. Por el contrario, él está apelando a Dios para que haga lo correcto y para que juzgue a aquellos que han sido excesivamente perversos y crueles en sus acciones». Creo que eso es útil.

El Salmo 137 es una respuesta a lo que Dios había expresado contra este imperio malvado, por la forma en que había tratado a Su pueblo.

Así que permítanme regresar al Salmo 137, y a la luz de estos dos últimos versículos, intentemos obtener una idea de lo que se dice aquí. Salmo 137, versículos 8 y 9:

«¡Oh hija de Babilonia, la devastada, bienaventurado el que te devuelva el pago con que nos pagaste!¡Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños contra la peña!»

Esta oración no es un deseo personal de venganza, sino el deseo de que se vea la justicia de Dios, y de que esta generación cruel y esta cultura de malhechores sea quitada de la tierra. La represalia por la que se ora es justa.

Ahora, Dios les había dado tiempo a los babilonios, incluso los babilonios podrían haberse arrepentido. Pero ellos se negaron a hacerlo. Y Dios dice: «¿Lo quieres a tu manera? Déjame mostrarte cómo será ese camino».

Enfrentados a su profunda desesperación, los exiliados, el pueblo de Dios, se vuelven hacia Dios en profundo lamento y le ruegan justicia, clamando en nombre de las víctimas de la crueldad de Babilonia.

«Sí, pero, ¿qué dices de ese, “bienaventurado será”?» Algunas traducciones dicen «feliz será él que te pague por lo que nos has hecho». «Bienaventurado, feliz será aquel que tome a tus pequeños y los lance contra la roca». ¿Qué significa eso?

Bueno, no puedo decir con exactitud, pero si voy a compartir algunos pensamientos que pueden ser útiles. He estado meditando mucho en esto. En esta época de mi vida tengo problemas para dormir por la noche, y lo que a menudo hago es meditar en las Escrituras que me estoy preparando para enseñar. Así que esta frase ha sido una gran parte de mi meditación nocturna en las últimas semanas. No es precisamente mi meditación favorita en medio de la noche, pero es realmente importante, creo. Nos da una idea general de quién es Dios y Sus caminos.

Bienaventurado. La destrucción de este malvado imperio es segura. Las Escrituras dicen que serán juzgados. Aquellos que se iban a involucrar en ejecutar la justicia de Dios y derrocar a Babilonia tendrían una sensación de satisfacción en este justo juicio que se estaría llevando a cabo.

Este pasaje, creo, anticipa el día profetizado en Apocalipsis 18, que veremos con más detalle en un momento y en la próxima sesión, cuando el sistema mundial anti Dios que está simbolizado por la antigua Babilonia, quede bajo el cataclísmico y aplastante juicio final de Dios. Y luego, el pueblo de Dios que ha estado bajo la opresión de este sistema anti Dios, se regocija en la vindicación del justo juicio y la justicia de Dios.

Así fue como Charles Spurgeon lo dijo en su comentario sobre este salmo. Él dijo:

«Horrible como fue toda la operación, es algo de lo que debemos alegrarnos si tenemos una visión más amplia del bienestar del mundo; porque Babilonia, ese ladrón gigantesco, durante muchos años masacró, dejando una estela de muerte en las naciones, sin piedad».

Y cuando leí eso, pensé en ISIS. Esa sería una Babilonia moderna al extremo.

Así que Spurgeon continúa diciendo:

«Su caída (la caída de Babilonia) fue el ascenso de muchas personas a un estado más libre y seguro. Las venganzas de la providencia pueden ser lentas, pero son siempre seguras; tampoco pueden ser recibidas con pesar por aquellos que ven la mano justa de Dios en ellas».

Ves, Dios ha triunfado. El cielo gobierna, y eso te da una sensación de alegría y bendición.

Ahora déjame darte algunos puntos que puedes recordar de un salmo imprecatorio como el Salmo 137, y mañana, en la última sesión, te daremos el final de la historia. Podríamos enumerar más, pero estos son los que han estado en mi corazón y en los que he estado meditando en horas de la noche.

Número 1: No hay respuestas sencillas y fáciles al problema del pecado, el dolor y la crueldad humana. No hay respuestas fáciles. Es importante recordarlo. Por lo tanto, hay partes de este tipo de salmos que siempre serán un misterio para nosotros.

Número 2: Este tipo de salmos nos ayuda a ver cuán increíblemente horrible es el pecado que provoca este tipo de consecuencias, tanto ahora como en la eternidad. Ves, Dios se lamenta por el pecado y sus consecuencias en este mundo que Él creó para Su gloria. Dios lo creó para que fuera un mundo hermoso sin violencia, sin abuso. Pero el pecado ha destruido este mundo. Vemos lo horrible del pecado. Es una violación de la santidad de Dios, y a Dios lo aflige y a nosotros también.

Número 3: Cuando alguien peca contra nosotros o contra aquellos a quienes amamos, sentimos un deseo humano natural de venganza. (Y dicho sea de paso, si estás tratando de tomar notas, siéntete libre de hacerlo, pero no canses tu mano tratando de copiar todo esto porque tenemos la transcripción disponible en el sitio web, www.AvivaNuestrosCorazones.com, y podrás leerla palabra por palabra. ¿De acuerdo?)

Cuando nosotras o aquellos a quienes amamos han sido atacados, tenemos un deseo humano natural de venganza. Queremos ver a los malhechores recibir lo que se merecen. Creo que es útil comprender que Dios no nos pide que reprimamos esas emociones naturales, ni que ocultemos el dolor, ni que pretendamos que la ofensa nunca ocurrió.

Sé que hay mujeres hoy que me escuchan, contra quienes se han cometido atrocidades incalificables. O contra alguien a quien amas, y surge en tu corazón esta sensación de que «fue realmente horrible y hay que hacer algo. ¡Eso no está bien!» Dios no te pide que entierres ese dolor o que pretendas que la ofensa nunca ocurrió.

De hecho, Él quiere que enfrentemos ese dolor honestamente, y le dejemos saber a Él el dolor y la ira que sentimos. Puedes decirle a Dios. Pero luego, también Él quiere que hagamos lo que este salmista está haciendo que es entregarlo todo a Dios. «Recuerda, oh Señor. Dice que colgamos nuestras arpas en los sauces de Babilonia». No dice que rompimos nuestras arpas o las arrojamos al océano. Las colgamos. Pero todavía hay un sentido de la presencia de Dios, una sensación de esperanza de que todavía hay una Sión, todavía hay una patria, todavía hay un futuro, a pesar de que todavía no hemos llegado. Así que le entregamos todo a Él, confiando en que al final Él sacará bien de todos los males.

Número 4: Dios es un Dios justo. Él no permitirá que la iniquidad quede impune indefinidamente. Ahora, sé que sabes eso en tu mente, pero a veces cuando ves las injusticias en el mundo, a nivel macro o micro, o en tu propia vida y familia, simplemente olvidamos lo que sabemos que es verdad. Tenemos que recordarnos a nosotras mismas la verdad para poder aconsejar nuestros corazones con ella, que Dios no permitirá que la iniquidad quede impune indefinidamente. Él pagará a todos los malvados que no se arrepientan. Él recompensará toda arrogancia, todo abuso, toda crueldad, todo racismo, todo crimen violento, toda injusticia, toda opresión, todo genocidio.

La gente dice: «¿Dónde está Dios cuando todo esto sucede?» Dios está donde siempre ha estado: en Su trono. Él no está en silencio. Él no se mantiene distante como lo hicieron los edomitas, viendo a los babilonios tomar a Israel. A Dios le importa, Él se lamenta. Él está afligido en Su corazón cuando ve estas atrocidades. Élrecompensará todo mal a Su tiempo y a Su manera.

Número 5: El pueblo de Dios, los justos, pueden sufrir, pero su sufrimiento no durará para siempre. Dios los librará de su cautiverio. Y por otro lado, aquellos que odian o maltratan al pueblo de Dios, puede parecer que están bien, pero ese estar bien tampoco durará para siempre. Llegarán a un final calamitoso, y estarán eternamente condenados.

«Oh hija de Babilonia, condenada a ser destruida». Cuando se escribió esto, no parecía que ese fuera el caso, pero así sucedió. Babilonia ya no existe, la Babilonia literal y física. Ellos estarán eternamente condenados, si no se arrepintieron de sus pecados, sin importar cuán poderosos o prósperos pudieron parecer.

Entonces, lo que ves ahora no es lo que será para siempre, para los justos o para los malvados. Los justos sufren ahora, pero experimentarán el gozo eterno en la presencia de Dios. Los malvados parecen prosperar ahora, pero estarán condenados si no se arrepienten.

Número 6: Esto es muy importante, nuestros propios pecados no quedarán impunes. Es tan fácil concentrarse, enfocarse, fijarse en los pecados, en los errores de los demás e ignorar totalmente la viga que está en nuestro propio ojo.

Esto es verdad tan a menudo en heridas familiares. No hay ninguna mujer que nos escucha hoy, que haya vivido por algún tiempo, que no tenga una historia de dolor en su familia. Lo he vivido en la mía. Pero es tan fácil ver lo que otros hacen mal e ignorar nuestro propio pecado. Y debemos recordarnos mientras leemos un salmo imprecatorio como este, que nuestros pecados no quedarán impunes.

¡Cómo desearía que mis actitudes hacia mi propio pecado fueran tan violentas como la actitud que este salmista expresa hacia los enemigos físicos de Dios!

Los salmos imprecatorios se ocupan ante todo de la gloria de Dios. Oh, que estuviéramos tan ansiosas de eliminar todas las cosas en nosotras que se levantan contra la gloria de Dios.

¿Con qué frecuencia hemos sido insensibles, duras y crueles en nuestro trato con los demás, en palabras, hechos o pensamientos? ¿Con qué frecuencia los hemos herido con nuestras palabras, nuestras acciones?

Ves, y esto es algo difícil de entender, pero es verdad, es importante. Merecemos la ira de Dios por nuestro pecado tanto como Babilonia por su pecado. Recibiremos la justa ira de Dios por nuestro pecado, a menos que nos arrepintamos y pongamos nuestra fe en Cristo quien cargó con la ira y el juicio de Dios en nuestro lugar. Y al poner nuestra fe en Él, recibimos lo que no merecemos, que es la misericordia y el perdón.

Estos salmos imprecatorios nos señalan a Jesús que llevó la justa ira de Dios en nuestro lugar.

Número 7: A la luz de la cruz de Jesús, estamos llamadas a orar por misericordia para nuestros enemigos, para que sean reconciliados con Dios y salvados de Su ira.

Hassan Dehqani-Tafti fue el obispo anglicano de Irán durante casi treinta años. Pasó los últimos diez años en el exilio luego de la revolución iraní y un intento de asesinato en 1979, que dejó a su esposa herida. Siete meses después, su hijo de veinticuatro años fue asesinado por agentes del gobierno iraní.

En un libro que atesoro, titulado, Oraciones de los mártires, leemos una oración de este obispo anglicano sobre el asesinato de su hijo, y así es como él la termina, y cierro con esta oración. Él dice:

Oh Dios, la sangre de nuestro hijo ha multiplicado el fruto del Espíritu en el suelo de nuestras almas; así que cuando sus asesinos se pongan de pie ante Ti en el día del juicio, recuerda el fruto del Espíritu por el cual han enriquecido nuestras vidas y perdónalos.

Es una oración completamente diferente, ¿no?

Carmen: Definitivamente es una oración muy diferente.

Has estado escuchando a Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella regresará para orar.

Nancy nos ha estado ayudando a ver el dolor que causa el pecado. Han sido muy útiles para mí los puntos que ella nos acaba de compartir. Ciertamente nos duele cuando otros pecan contra nosotras. Pero también debemos reconocer que nuestro pecado le causa dolor a los que nos rodean. Creo que podemos aprender a orar como aquel obispo anglicano, en la medida en que meditemos en el evangelio y el perdón que Dios nos ha extendido en Cristo.

¿Has sentido que el mundo se está derrumbando? ¿Como si el extremismo, el terrorismo y las disensiones nunca fueran a terminar? Mañana, Nancy te recordará que este no es el fin. Ella te ayudará a fijar los ojos en el verdadero final de la historia, y te dará esperanza.

Ahora ella regresa para orar.

Nancy: Entonces, Padre, mientras pensamos acerca de cómo nuestras vidas se han enriquecido incluso con las cosas dolorosas y difíciles, te pedimos que recuerdes lo que se nos ha hecho y recuerdes lo que hemos hecho a los demás. Y, Señor, perdona. Ten compasión. Oramos en el nombre de Jesús, Amén.

Carmen: Cantando en tierra extranjera juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Mi Inspiración, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor, ℗ 2015 Iglesia Cristiana Oasis. Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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