Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: ¿De qué nos sirve a ti y a mí reflexionar acerca del diluvio?

Nancy DeMoss Wolgemuth: No puedes apreciar o valorar en su totalidad la salvación de Cristo y la cruz de Cristo, hasta que no sepas de qué has sido salvada —de la ira de Dios.

Así que el diluvio es una gran advertencia a cada generación de que Dios toma el pecado muy en serio. Es una advertencia acerca del juicio final, acerca de la ira venidera de Dios. Por eso el mensaje es: ¡Arrepiéntete! ¡Cree en el evangelio! Huye a Cristo, a tu arca, para recibir refugio.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en la serie titulada, Noé y el diluvio: El evangelio en el Antiguo Testamento.

Nancy: Llegamos hoy a la sección en nuestro estudio de Noé en el capítulo 7, cuando después de haber experimentado la maldad del mundo, de haber advertido a los impíos, de haber esperado pacientemente por siglos para que los hombres se arrepintieran, Dios finalmente manda Su juicio y una generación entera –menos ocho que estaban en el arca– es destruida en el diluvio.

Génesis capítulo 7 en los versículos 11-12, dice:

«El año seiscientos de la vida de Noé, (120 años después que Dios primero mandara esta advertencia y esta palabra a él) el mes segundo, a los diecisiete días del mes, en ese mismo día se rompieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo fueron abiertas. Y cayó la lluvia sobre la tierra por cuarenta días y cuarenta noches».

El diluvio –bueno, a propósito, como tú sabes– ha sido tema de una enorme cantidad de debates por eruditos… Hablaremos más adelante en esta serie acerca de por qué es de tanta importancia para mucha gente comprobar que no hubo ningún diluvio. Pero yo simplemente tomo la Palabra de Dios de manera literal. Dice que sí hubo, y que hay mucha razón y evidencia científica y arqueológica para apoyar esto.

Pero el diluvio fue causado por grandes reservas de agua expelidas de debajo de la tierra, como también el diluvio de agua cayendo sobre la tierra. Estaba sentada en mi habitación estudiando el otro día, estudiando acerca de la vida de Noé, y estaba lloviendo. Y había estado lloviendo por varios días, y como que me estaba sintiendo un poco como la señora de Noé. Solo seguía lloviendo y lloviendo.

Pero mientras comenzaba a estudiar este pasaje y lo que los comentaristas han dicho acerca de cómo sucedió lo del diluvio, me di cuenta de que podrías estar sentada bajo la lluvia durante 40 días y no sería igual a como sucedió en los días del diluvio.

Para poder entender esto tenemos que regresar a Génesis capítulo 1. El versículo 2 de Génesis capítulo 1, nos dice que: «El Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Entonces dijo Dios: Haya expansión (algunas de sus traducciones dicen firmamento) en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión» (Gén. 1:2, 6-7).

La expansión son los cielos; es la condición atmosférica. Las Escrituras dicen en Génesis capítulo 1, que había un depósito de agua que estaba debajo de los cielos y había un depósito de agua que estaba sobre los cielos. Esas son las aguas, tanto las que estaban encima como las que estaban debajo de los cielos, que se unieron en el tiempo del diluvio –el agua debajo de la expansión– esta masiva cantidad de agua que estaba guardada debajo de la superficie de la tierra.

Las Escrituras son muy precisas aquí al decir cómo aconteció el diluvio. Dice: «En ese mismo día se rompieron todas las fuentes del gran abismo». Aquellas grandes reservas de agua que estaban guardadas bajo la tierra fueron desatadas, y se derramaron como erupciona un poderoso volcán de la tierra. Un comentarista dice, «vinieron en volumen y en violencia, desafiando una descripción».

Esto no es como las inundaciones ordinarias que se levantan porque llovió mucho. Esta es una ola gigantesca que de repente rompió con fuerza violenta sobre cada ser humano del planeta. Y todos excepto los ocho que estaban en el arca fueron totalmente desprevenidos.

Sabemos, por lo que Jesús dijo en el libro de Mateo, que ellos estaban viviendo sus vidas y siguiendo sus rutinas normalmente. Estaban teniendo familias. Festejando. Estaban divirtiéndose. Estaban pecando. No tenían ningún pensamiento de Dios o de su destino eterno. Y en medio de eso Dios manda estas aguas que se desatan con vigor torrencial de debajo de la corteza de la tierra.

No quiero sonar demasiado dramática, pero no creo que tú puedas sobredramatizar lo que sucedió en este diluvio. Esto es enorme. Son aguaceros torrenciales y volcanes de debajo de la tierra, terremotos y maremotos; y todo esto está ocurriendo debido a un gran acto de Dios.

No podemos imaginarnos el efecto que esto tuvo en el planeta y como fue para todos esos hombres, mujeres, niños, animales y plantas, y para la superficie de la tierra también. Muchos de los aspectos de la topografía de la tierra de hoy fueron determinados por la conmoción que ocurrió en ese diluvio.

Tú dirás pero, «¿por qué haces tanto énfasis acerca de esto?» Porque esta es la respuesta de Dios al gran pecado del mundo. Y por eso necesitamos un concepto mayor de qué tan serio es nuestro pecado y cómo Dios lo ve. Este horrible diluvio torrencial es solo la retribución de Dios a aquellos que se rebelan contra Él.

En 1741 Jonathan Edwards, uno de los grandes predicadores que nuestra nación ha conocido, predicó lo que se convirtió en su más grande y famoso mensaje: «Pecadores en las manos de un Dios airado». Su texto fue Deuteronomio 32 el versículo 35: «A su tiempo el pie de ellos resbalará». Escucha una porción de ese mensaje «Pecadores en las manos de un Dios airado».

Hombre: Las nubes negras de la ira de Dios están colgando directamente sobre sus cabezas. Llenas de terribles tormentas y sus fuertes truenos. Y de no ser por la mano de Dios que las restringe, hubieran reventado inmediatamente sobre ti. Por el presente, la soberana voluntad de Dios detiene su viento agitado; de otro modo vendría con furia, y destrucción llegaría como un torbellino, y serías llevado como la paja seca.

La ira de Dios es como grandes aguas que están temporalmente contenidas. Crecen más y más, hasta que encuentran salida. Cuanto más tiempo se han contenido, más rápido y poderoso será su curso cuando una vez sean desatadas.

Es verdad que el juicio contra tus obras perversas no ha sido ejecutado todavía, entretanto, tu culpa está constantemente aumentado y cada día estás atesorando más ira para ti. Las aguas están aumentando constantemente, y no hay nada fuera de la mera voluntad de Dios que las refrene.

Si Dios tan solo retirara Su mano de la compuerta, se abriría inmediatamente, y los fieros diluvios del furor e ira de Dios empujarían con furia inconcebible, y vendría sobre ti con poder ilimitado. Aun si tu fuerza fuera 10,000 veces mayor de lo que es, si de hecho fuera 10,000 veces mayor que la fuerza del más corpulento y robusto diablo en todo el infierno, no sería capaz de resistirla o soportarla.

Nancy: Las palabras de Jonathan Edwards describieron la furia de la ira de Dios. La ira de Dios que fue liberada en el gran diluvio en el Génesis, y esa ira se volvió a ver 1,000 años después cuando Faraón rehusó permitir que el pueblo de Dios saliera de Egipto. ¿Recuerdas cómo mandó Dios a ese ángel de la muerte para destruir al primogénito de cada familia en Egipto? Esa fue la ira de Dios desatada sobre aquellos que rehusaron arrepentirse.

Vemos aún otro juicio de la ira de Dios desatada 1,500 años después cuando Dios dio muerte a Su propio Hijo y derramó sobre Cristo todas las aguas de la gran ira de Dios contra el pecado del hombre. El juicio de Dios –vasto, inmenso, incomprensible, poderoso– destruyendo todo a su paso excepto aquellos que creen el evangelio y se arrepienten están seguros en el arca.

Hay muy poca enseñanza hoy en la iglesia y en nuestro mundo acerca del juicio de Dios, de la ira de Dios en respuesta al pecado del hombre. Pienso que esa es una de las razones por las que tenemos un cristianismo tan ligero y que tenemos una forma de cristiandad frívola y despreocupada. La gente puede caminar hacia el altar para hacer una profesión de fe sin sentido de convicción, sin un sentido del peso o de la culpa por su pecado.

La persona que nunca ha demostrado un corazón arrepentido, que no le ha dado la espalda a su pecado para entregarse a Cristo, no tiene base para tener seguridad de salvación, ninguna base para esperar ser preservado en el tiempo cuando Dios derrame Su juicio final y Su ira en este mundo. No puedes apreciar o valorar en su totalidad la salvación de Cristo y la cruz de Cristo, hasta que no sepas de qué has sido salvada de la ira de Dios.

Así que el diluvio es una gran advertencia a cada generación de que Dios toma el pecado muy en serio. Es una advertencia acerca del juicio final, acerca de la ira venidera de Dios. Por eso el mensaje es: ¡Arrepiéntete! ¡Cree en el evangelio! Huye a Cristo, a tu arca, para recibir refugio.

Déjame pedirte que vayas a tu Biblia a 2 Pedro capítulo 3, mientras pensamos acerca de aquellos que nunca han venido a Cristo, aquellos que nunca se han arrepentido de sus pecados, que nunca han puesto su fe en Cristo; quizás algunas de ustedes que nos están escuchando hoy. Tal vez has estado escuchando esta serie acerca del diluvio o conoces personas que no son creyentes. ¿Cuáles son las implicaciones de esta historia para aquellos que son pecadores impenitentes?

Segunda de Pedro capítulo 3, comenzando en el versículo 3, dice: «Ante todo, sabed esto: que en los últimos días vendrán burladores, con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones». Él está hablando de una época, la de los últimos días. Nosotras estamos en los últimos días. Más adelante en el pasaje veremos que los últimos días son seguidos por el día final, el día del juicio, el día de la ira de Dios.

Así que los últimos días son días cuando todavía hay tiempo de arrepentirse, pero en estos últimos días la mayoría de las personas son burladoras. No creen en Dios. Se burlan de Su verdad. No creen a Su Palabra. Siguen sus propios deseos pecaminosos. Amigas, esa es la razón porque la gente se burla de la verdad bíblica. No es porque ellos tienen una gran percepción intelectual que tú no tienes, o respuestas a preguntas que tú no puedes contestar, es porque quieren justificar su propio pecado.

De manera que llegan estos burladores. Están a nuestro alrededor hoy. Están siguiendo sus propios deseos pecaminosos. El versículo 4 dice: «Y ellos dicen: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación».

¿Qué es lo que están diciendo estos burladores? «¡No hubo ningún diluvio! Las cosas solo evolucionaron. Pasó de esta otra forma». Pero tenemos todas estas evidencias en la corteza y en la superficie de la tierra de un gran diluvio universal, pero ellos dicen, «no, no, no, eso no fue un diluvio. Eso ocurrió por alguna otra cosa».

¿Por qué dicen eso? ¿Por qué se esfuerzan tanto para negar el diluvio? Su punto es que nunca ha habido un juicio cataclísmico antes; por lo tanto, no habrá otro en el futuro. Ellos están tratando de negar la probabilidad o la posibilidad de un juicio venidero de un juicio futuro.

Así que para poder presentar su caso ellos dicen, «nunca ha habido un gran diluvio. ¿Diluvio? Oh evangélicos tontos. Es que toman la Biblia literalmente». Y nos hacen sentir estúpidos. Bueno, ellos son los burladores. Nosotras somos las que tenemos la verdad. Ellos tratan de descartar, de negar, de refutar el diluvio para no tener que lidiar con el concepto, con el pensamiento de un juicio futuro.

Versículo 5: «Pero intencionalmente olvidan» (NVI). Acuérdate de eso la próxima vez que escuches a algún filósofo arrogante o un escritor o un científico o un periodista descartando sin pensar todas estas cosas que tú lees en las Escrituras. La Palabra de Dios dice que ellos intencionalmente olvidan. Son depravados. Tienen mentes malvadas. No quieren saber la verdad.

«Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua. Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado» (vv. 5-6 NVI).

Este es el Nuevo Testamento reafirmando la historicidad del diluvio. Sí ocurrió. Toda la tierra, excepto las ocho personas que estaban dentro del arca, fue destruida con este diluvio. La gente que no cree esto es porque intencionalmente quiere ignorarlo.

Luego Pedro sigue diciendo en el versículo 7: «Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por Su palabra» (esa palabra de Dios que destruyó la tierra con el diluvio), «están reservados para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos». El hecho de que hubo un diluvio es solo otra evidencia y otra advertencia dada por Dios para llamar a la gente a arrepentirse antes de la destrucción final del mundo ahora por medio de fuego, el día del juicio. 

Versículo 8: «Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día». Él está diciendo, «desde el punto de vista del hombre ese juicio final puede parecer muy lejano. Pero en la economía de Dios no está muy lejos». Viene en camino. Va a ser pronto.

Versículo 9: «El Señor no se tarda (el Señor no es lento) en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento».

Ahora, ¿quiere decir eso que todos se van a arrepentir? ¿Que todos van a ser salvos? Sabemos, por otras partes de las Escrituras, que eso no es así. Esto se está refiriendo a todos aquellos que Dios ha llamado y ha escogido para ser redimidos. Dios está esperando a que todos ellos crean, y sean salvos.

No puede referirse, en este contexto, a que todos en el mundo serán salvos, porque los versículos a su alrededor están hablando acerca del juicio final de los impíos. Así que se está refiriendo a todos aquellos que Dios ha escogido y ha llamado a creer. Dios está esperando, dándoles tiempo para arrepentirse y creer en el evangelio.

Versículo 10: «Pero el día del Señor vendrá como ladrón». ¿Qué es el día del Señor? Él ha estado hablando acerca de estos últimos días. Él dijo, «viene un día de juicio». Ahora él está hablando acerca del día del Señor. En el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, el día del Señor se refiere a ese día futuro de la ira y del juicio de Dios, cuando Él dará final a este mundo, tal y como existe actualmente.

Tan cierto como fue el diluvio, tan cierto como vino el diluvio y destruyó el mundo, vendrá el día del Señor cuando Dios mande fuego para destruir este mundo como lo conocemos. Será el día del juicio final. Y ese día, Pedro dice, vendrá como un ladrón.

¿Cómo viene un ladrón? Élno toca a tu puerta y te dice, «hola, ¿puedo entrar?» ¿Qué hace él? Él viene encubierto, viene secretamente. Es silencioso, inesperado.

Y Pedro dice, «este día del Señor será como un ladrón». Vendrá inesperadamente sobre los malos, sobre los injustos, los impíos. Los tomará por sorpresa. Sorprenderá a las personas que no han hecho preparaciones para la eternidad. Y será muy tarde en ese momento para prepararse.

«En el cual los cielos pasarán con gran estruendo». Los cielos ahí se refieren al universo físico como lo conocemos. El mundo será consumido por llamas. Sigue diciendo que «los elementos serán destruidos con fuego intenso». Algunas de sus traducciones dicen, «ardiendo serán desechos». Los elementos de la tierra se derretirán con fuego ardiente, «y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas». Serán destruidas, consumidas, quemadas.

El día del juicio viene. Hebreos capítulo 9 versículo 21 nos dice que «está decretado que los hombre mueran una sola vez, y después de esto, el juicio.

Jesús lo dijo en Mateo capítulo 13 en los versículos 40-42:

«Por tanto, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes».

Una y otra vez a través de las Escrituras vemos este tema del juicio de Dios que vendrá sobre los pecadores impenitentes. Tomé los primeros cinco días de esta serie para construir el caso de que este es un juicio justo, que es merecido por nuestra excesiva y nuestra gran pecaminosidad, y que hay una manera de escapar que Dios ha provisto para que nadie perezca.

Así que, ¿cuál es el mensaje? Cree en el evangelio y arrepiéntete. Dios está demorando Su juicio final. Él te está dando una oportunidad para venir al arca, para venir a Cristo para salvación.

Juan 3:16 dice:

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, (no tienes que perderte) mas tenga vida eterna».

Romanos 3:23 nos dice que «todos pecaron». Todos. «No alcanzaron la gloria de Dios». Y en el contexto de ese pasaje dice que todos merecemos el juicio de Dios. Pero Romanos 3:24 dice que «siendo justificados (hemos sido hechos justos por Dios) gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús».

Mientras me preparaba para esta sesión esta mañana, buscando al Señor y esperando en Él y tratando de obtener Su corazón para esta serie, mi corazón solo anhelaba ver a aquellos que pudieran estar escuchando, aún hoy, creer el evangelio y arrepentirse. Ven a Jesús en busca de refugio. Ven a Él para que seas librada de la ira de Dios.

Puede haber alguien escuchando hoy. Quizás eres miembro de alguna iglesia. Quizás te encanta Aviva Nuestros Corazones. Escuchas el programa. Lees mis libros. Lees los libros de otras personas. Te sientas en tu iglesia semana tras semana y escuchas a tu pastor predicar.

De hecho, hay un hombre en mi iglesia que no conoce a Cristo y él sabe que no conoce a Cristo, que viene semana tras semana y se sienta bajo la predicación de la Palabra de Dios. Yo no sé dónde estás tú en cuanto a esto. Yo no sé dónde está tu corazón. Solo Dios lo sabe. Pero te estoy diciendo, si no te has arrepentido de tus pecados, si no has creído en el evangelio, te ruego que lo hagas hoy.

Dios está demorando Su juicio por ti, para darte tiempo a creer el evangelio y arrepentirte de tu pecado. Huye a Cristo por misericordia. Él es el arca. Él es suficiente. Hay lugar para ti en Él, y Dios te ha estado preparando para que te arrepientas y creas, si no lo has hecho.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado invitando a refugiarte en Cristo, a quien Dios el Padre entregó en la cruz para llevar nuestros pecados y recibir Su justa ira que reposaba sobre nosotros. Y tú, ¿te has arrepentido de tus pecados? ¿Crees el evangelio de Jesucristo?

A la luz de lo que has escuchado hoy puedes sentirte tentada a temer ante el juicio de Dios, pero debes recordar que, si estás en Cristo, eres libre del temor.

Nancy: En Juan 10 versículo 28, Jesús dijo: «Y yo les doy vida eterna y jamás perecerán». Nunca. No tienes que temer al juicio de Dios, no hay por qué temer a la ira de Dios si eres una hija de Dios, si estás en el arca, si has creído a Dios, si te has arrepentido de tus pecados y pusiste tu fe en Cristo.

Annamarie: El lunes Nancy te hablará más acerca de esto. Ahora ella regresa para cerrar con unas últimas palabras.

Nancy: No conozco tu corazón. No conozco la condición de tu alma. Sé que nuestras iglesias están llenas de gente que tiene religión, pero que no tiene a Cristo. No están preparadas para la llegada del juicio final de Dios. Han crecido en una iglesia. Han puesto su firma en un papel en algún lugar. Han creído en una iglesia, han pasado al frente en algún momento durante un servicio o en una invitación, o se han unido a una iglesia. Han hecho muchas cosas buenas y religiosas, pero no tienen a Cristo. Todavía están bajo el juicio y la ira de Dios. Y esa pudieras ser tú hoy.

Si el Espíritu de Dios ha traído convicción a tu corazón de tu condición perdida, ¿puedo suplicarte? Vuélvete a Cristo. Cree en el evangelio y arrepiéntete. Corre a Cristo. Ven a Él. Si Dios está poniendo eso en tu corazón, si Dios está haciéndote ese llamado, Él te está diciendo, «el arca está abierta. La puerta todavía está abierta. El juicio todavía no ha llegado. El diluvio todavía no ha llegado. Cree en el evangelio y arrepiéntete. Vuélvete a Cristo».

Puedes hacer eso ahora mismo, y decir, «oh Señor, no puedo salvarme a mí misma. Soy pecadora. Merezco Tu juicio y Tu ira por mi pecado. Gracias por proveer a Cristo como sacrificio por mi pecado, como un arca donde puedo ir entrar y estar segura».

Oro que muchos pecadores perdidos escuchen este mensaje, oh Señor, y sean convertidos en el nombre de Cristo. Porque Tu voluntad es que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Te damos gloria por las almas que estás salvando, Señor; por salvar nuestras almas y traernos a Cristo, nuestro gran Salvador y refugio, en cuyo nombre oramos, amén.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Levítico capítulos 7 al 9.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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