Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

La realidad de la resurrección

Annamarie Sauter: A ninguna de nosotras le gusta sentirse abandonada o humillada… pero cuando nos sentimos así debemos recordar a Jesús.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Recuerda que Su humillación se volvió exaltación. Recuerda que Su sufrimiento—Su cruz— no es el final de la historia. Y mientras lo haces, recuerda que tu sufrimiento y tu cruz tampoco son el final de la historia. Recuerda que más allá de la cruz, hay resurrección.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es 2 Corintios 1 al 4.

La perseverancia de Jesús transforma la manera en que tú y yo vemos las pruebas que enfrentamos. Hoy Nancy nos ayudará a profundizar en esto como continuación de la serie, «Persevera en las dificultades de la vida».

Nancy: Recuerdo que hace algunos años, mientras estaba viendo un video llamado Pedro y Pablo –que era sobre la vida de estos grandes siervos de Dios quienes estuvieron tan involucrados en el nacimiento de la iglesia primitiva– recuerdo en particular una escena muy emotiva. Y porque la vi hace mucho tiempo, quizás no sean tan exactos todos los detalles, pero recuerdo que Pedro estaba sentado sobre una colina.

Él era ya un hombre viejo, y estaba hablándole a un grupo de discípulos, de seguidores de Cristo, y él sabía y ellos sabían también que se estaba acercando el tiempo cuando él iba a ser llevado para ser crucificado.

Quizás recuerdas que él fue crucificado boca abajo porque no se sentía digno de morir de la misma forma en que había muerto su Salvador.

Y estas personas sabían que este era su mensaje final, estas eran sus palabras finales. Y Pedro derramó su corazón, y lo que él estaba diciendo en esa escena, en esencia, es lo que leemos en primera y segunda de Pedro. En la película, ellos hicieron que él dijera esa parte.

Y este es solo el contexto del video —y quiero recordar estas cosas. Él estaba exaltando a Cristo, en esta escena tan emotiva, y mientras él todavía está hablando con una voz fuerte, puedes ver a estos soldados romanos que llegan a la colina para llevárselo, y él está dando su último mensaje a la iglesia.

Ahora, mientras estamos viendo 2 Timoteo, cuyo autor fue el apóstol Pablo, en esta serie sobre la perseverancia, sobre soportar, sobre la resistencia, Pablo está quizás a tan solo unas semanas de su muerte. 2 Timoteo es la última carta escrita por Pablo que tenemos. Es, por decirlo de alguna manera, su última voluntad, su testamento. Y tú quieres saber, ¿qué va a decirle a Timoteo para animarlo, a su joven hijo en la fe?

¿Qué le dirá? ¿Cómo lo motivará? ¿Y qué me diría Pablo a mí? ¿Qué te diría a ti en relación a las circunstancias que estás enfrentando?

Timoteo tenía sus circunstancias particulares y Pablo se refiere a ellas muy específicamente en esta carta, pero como hemos dicho, Pablo termina este libro diciendo, «la gracia sea con todos ustedes», hay otras circunstancias que todos los creyentes de todos los tiempos enfrentan.

Y creo que los principios en este libro nos enseñan cómo soportar las pruebas y los sufrimientos de todo tipo. ¿Qué nos dice Pablo acerca de las circunstancias que estamos enfrentando? ¿De las batallas, las presiones, los problemas que enfrentamos? ¿Del estrés, las tensiones, las luchas que nos quieren hacer tirar la toalla?

Y hemos estado viendo en estos días pasados nueve perspectivas diferentes o principios de la 2 Timoteo, y si no pudiste escuchar alguna las tenemos todas disponibles en AvivaNuestrosCorazones.com, y encontrarás una lista de todo lo que tenemos disponible.

Hoy quiero hablarles de un décimo principio o punto de vista, una décima perspectiva que pudiera, de las diez, ser la más importante. Y puedo decir esto en tres palabras porque el apóstol Pablo lo dijo en tres palabras en el capítulo 2 en el versículo 8 de 2 Timoteo: «Acuérdate de Jesucristo».

Acuérdate de Jesucristo. ¿Tú quieres soportar en tiempos de pruebas y de sufrimientos? Acuérdate de Jesucristo. Él dice: «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio; porel cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor» (2 Tim. 2:8–9).

Ahora, piensa en esto por un momento. Pablo está escribiéndole a Timoteo. Timoteo era un pastor. Él era un hombre piadoso. Él tenía algunas inseguridades, algunos miedos, pero era un hombre piadoso; un hombre joven de Dios.

Pero Timoteo es un pastor, ¿cómo puede él olvidarse de Jesucristo? Y tú te preguntas, ¿Pablo necesita decirle a Timoteo que se acuerde de Jesucristo? ¿Por qué necesitas decirle a un pastor que «se acuerde de Jesucristo»? ¿Por qué necesita decirnos a cada una de nosotras, «acuérdate de Jesucristo»?

¿Sabes por qué? Porque cuando estamos bajo presión, cuando estamos enfrentando las pruebas, tendemos a olvidar a Jesucristo. Tendemos a olvidar. Ahora, no olvidamos intelectualmente. No olvidamos Su nombre. Pero lo olvidamos tan fácilmente y Pablo nos advierte, «no lo olvides». «Acuérdate de Jesucristo». Que continuamente estés recordando a Jesucristo —no solo una vez, dos veces o tres veces, no solo ahora, no solo la semana que viene, sino que continuamente entre ahora y el momento en que llegues al final de la carrera, hasta que llegues a la meta, continuamente, acuérdate de Jesucristo.

Y quiero hablar en esta sesión de algunas cosas que necesitamos recordar de Jesucristo. Nada nuevo para ti, y lo que voy a decir nada nuevo para mí.

Pero en la medida en que he estado meditando en lo que significa acordarnos de Jesucristo en mi propio caminar y de manera personal, preguntándome a mí misma cómo puede esto ayudarme a perseverar, he aquí algunas de las cosas que pienso que son importantes para recordar. (Y por cierto esta lista no es exhaustiva). Nosotras necesitamos recordar Su vida, cómo nació de una virgen, en Belén—un nacimiento oscuro, pero al mismo tiempo, adorado por ángeles, por pastores, y por hombres sabios.

Necesitamos recordar cómo creció en Nazaret y vivió en medio de nosotros. Pablo dice en 2 Timoteo que Él era descendiente de David. Esto quiere decir que él fue un hombre real, un hombre de carne y hueso. Él supo lo que era tener hambre, tener sed, estar cansado, que se le opusieran.

Él llevó nuestro dolor y nuestro sufrimiento. Él vivió nuestra vida, caminó en este planeta, caminó en nuestros zapatos. Acuérdate de Su vida.

Pero recuerda Él era más que un hombre. Él era Dios. Él era el Dios-Hombre, y la resurrección de los muertos le validó como el Hijo de Dios. Él era Dios mismo.

Pero Él vivió una vida santa. Acuérdate de eso. Recuerda que Él habló la verdad. Todo el tiempo que Él habló, Él habló la verdad porque Él era la verdad. Él hizo milagros. Hizo ver al ciego y ayudó a aquellos que no podían caminar. Sanó leprosos, alimentó hambrientos, tuvo compasión de aquellos que eran marginados, despreciados. Acuérdate de Jesucristo. Recuerda Su vida.

Recuerda, mientras miras a través de toda Su vida, que Él es Señor sobre toda la creación. Y puedes verlo a través de Su ministerio terrenal, sobre el viento y las olas, sobre toda Su creación. Su poder. Su compasión. Su misericordia. Creo que es importante pasar tiempo regularmente en los evangelios. ¿Quieres recordar a Jesucristo? Mantente leyendo los evangelios. Ahora, Jesús está presente a través de toda la Escritura desde Génesis hasta Apocalipsis, pero recuerda Su vida. Vive en los evangelios. Enfócate ahí, no solo en los evangelios, sino mantente recordando Su vida.

Recuerda también Su sufrimiento y Su sacrificio. Recuerda lo que algunas de nosotras conocemos desde pequeñas, pequeñas, pequeñas, no lo olvides. Mantente continuamente recordando que Él fue rechazado, a la vez que se le oponían los líderes religiosos.

Recuerda cómo Él fue traicionado por uno de sus amigos más cercanos, este Salvador bueno, compasivo, gentil, un Salvador con un corazón tierno, del que hemos estado leyendo, el que amó a los demás. Recuerda cómo fue rechazado.

Recuerda que Él fue falsamente acusado. Fue burlado. Despreciado. Cruelmente perseguido. Y condenado a morir como un criminal.

Recuerda que Él oró, de ser posible, ser librado de tener que tomar sobre sí el pecado del mundo, pero sabiendo que era la voluntad de Su Padre, se rindió a sí mismo desde la eternidad pasada hasta la cruz para cumplir la voluntad de Su Padre.

Él dijo, «me deleito en hacer Tu voluntad». Él vivió esa vida rendida. Y recuerda, mientras piensas en Sus sufrimientos y en Su sacrificio, que en el proceso de ir a la cruz y ser rechazado y crucificado, Él nunca se amargó.

Él nunca arremetió contra sus enemigos. En lugar de eso, perdonó a aquellos que lo crucificaron, dio Su vida por Sus amigos y por Sus enemigos. Recuerda eso. Cuando pienses que tu sufrimiento es más de lo que puedes soportar, acuérdate de Jesucristo.

Recuerda Su sufrimiento y Su sacrificio. Recuerda lo que Él soportó por ti. Recuerda que cuando tú estás sufriendo como creyente, estás compartiendo Sus sufrimientos.

Tengo una colección de correos electrónicos de una querida amiga que ha estado atravesando una muy, muy difícil situación, aguas insoportablemente difíciles en los últimos años. Y en la medida en que preparaba esta serie, en los últimos días más o menos, revisé algunos de estos correos y recordé cómo esta mujer ha soportado recordando a Jesucristo.

Y en uno de esos correos ella dice, «si mi esperanza no estuviera en Él, no lo soportaría. Su rechazo, el ser despreciado, insultado, y afligido, fue mucho más grande que lo mío».

Ella recordó a Jesucristo, y en la medida en que ella continuamente recuerda a Jesucristo y Su sufrimiento, ella ha recibido la gracia y el valor para soportar.

Y luego recuerda no solo Su sufrimiento y Su sacrificio, sino que en la medida en que recuerdas a Jesucristo, recuerda Su triunfo sobre la muerte, y mientras triunfa sobre la muerte, recuerda que Él también triunfó sobre Satanás y sobre el pecado.

Recuerda Su triunfo. Es lo que Pablo dice en el versículo 8 de 2 Timoteo: «Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos». Recuerda que Él no se quedó en la cruz. Él no se quedó en esa tumba.

Al tercer día, Él se levantó de la muerte por el poder de Dios. Recuerda que Su humillación se convirtió en Su exaltación. Recuerda que Su sufrimiento—Su cruz—no es el final de la historia. Y Su sufrimiento no es el final de la historia.

Recuerda que hay resurrección después de la cruz. Cuando Pablo dice: «Acuérdate de Jesucristo que resucitó de entre los muertos», esa palabra resucitó, se levantó es un hecho, Él resucitó y ahora Él vive. Y todavía está vivo. Acuérdate de Jesucristo, se levantó de entre los muertos, triunfó sobre Satanás, sobre el pecado y sobre la muerte, y recuerda que el Cristo resucitado vive en nosotras y en medio de nosotras.

Él está vivo. Se levantó de los muertos. Resucitó, y mientras piensas que tus sufrimientos quizás en algunos casos, van a destruirte, que quizás físicamente no vas a poder sobrevivirlos—sean estos físicos o financieros, maritales o relacionales, cualquiera que sea el asunto—recuerda que el Cristo resucitado vive en ti para darte esperanza. Porque Él ha resucitado de entre los muertos, nosotros también viviremos eternamente con Él.

Cuando pienses que de ninguna manera podrás, recuerda a Jesucristo, recuerda Su poder, Sus promesas y Su presencia.

Recuerda cómo Él estuvo en pie en la cima de la montaña con sus discípulos después de la resurrección, y les dijo en Mateo capítulo 28: «Toda autoridad en el cielo y en la tierra me ha sido dada. Id y haced discípulos de todas las naciones… y he aquí yo estoy con ustedes hasta el fin» (Mateo 28:18–20).

Y poco después de que Él dijo estas palabras, ¿te acuerdas que hizo? Él ascendió al cielo, a la diestra de Dios. Así que si Él se estaba preparando para dejar esta tierra, ¿cómo es que pudo decir yo estaré con ustedes hasta el fin?

Pero Él les dijo a sus discípulos, antes de partir: «Cuando Yo me vaya, pediré al Padre y Él enviará otro Consolador, el Espíritu Santo. Él morará entre ustedes y en ustedes».

El Espíritu Santo no es nada menos que la persona de Jesucristo viviendo en nosotras. El Espíritu es el Espíritu de Cristo. Es Cristo en nosotras, nuestra esperanza de gloria. Y recuerda que Cristo dijo: «Yo tengo toda la autoridad en el cielo y en la tierra. Me ha sido dada por mi padre. Tú irás. Tú vas a hacer discípulos de todas las naciones mientras vas. Les enseñarás, harás otros cristianos, seguidores de Cristo en tu hogar, en tu lugar de trabajo, en tu comunidad».

Eso es lo que deberías estar haciendo. Y quizás tú le dices, «pero Señor, ¿cómo puedo hacer eso? Es tan difícil en mi hogar. Es tan difícil en mi comunidad. Es difícil aún en mi iglesia a veces. ¿Cómo puedo hacer eso, Señor? ¿Cómo puedo soportar? Es tan difícil».

Pero Su respuesta es: «Yo tengo toda la autoridad y yo estoy contigo, así que si Él está contigo, ¿cuánta autoridad está contigo? Toda autoridad en el cielo y en la tierra, la autoridad de Cristo, el poder de Cristo en ti. Y Él es el que dice: «Yo estoy contigo siempre desde aquí hasta la meta». Recuerda Su poder, Sus promesas y Su presencia.

Y luego, mientras recuerdas a Jesucristo, recuerda lo que Él está haciendo hoy por ti en el cielo. Recuerda que Él continúa obrando a tu favor. Él dice en Juan capítulo 14 comenzando en el versículo 2: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros». Yo voy a preparar un lugar para ustedes.

Jesús está preparándonos una casa en el cielo. Recuerda que cuando tú piensas que no puedes sobrevivir mucho más aquí en la tierra, tienes algo hacia lo que puedes mirar más allá. Acuérdate de Jesucristo, lo que Él está haciendo por ti hoy.

Y luego Romanos 8:34 dice: «Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros».

Romanos capítulo 8 nos dice también que el Espíritu Santo intercede por nosotros. Jesús intercede por nosotros. ¿Cómo puedes perder? ¿Qué más necesitas?

Y quizás tú me digas, «es que yo no sé cómo orar por estas circunstancias». Pregúntale a Jesús. Pídele al Espíritu Santo que ore por ti. Pídele que te muestre cómo orar. Recuerda lo que Él está haciendo por ti en el cielo. Acuérdate de Jesucristo.

Ray Stedman, fue por muchos años pastor de una maravillosa iglesia en el norte de California. Él fue a estar con el Señor en el año 1992. Pero encontré en el internet un sermón que él predicó sobre este pasaje y quiero leerte parte de lo que él dijo acerca de acordarse de Jesucristo. Pienso que lo hace tan práctico por lo que estamos viviendo hoy en día. Él dijo:

La mayor provisión jamás hecha por Dios para manejar presión, problemas, peligro y desilusiones, parece ser el último recurso para muchos cristianos. Ellos aparentemente prefieren gastar miles de dólares en consejerías, facturas de psiquiatras o batallar con el miedo y las preocupaciones por años sin fin o explotar sus cerebros antes de seguir el simple consejo dado por el apóstol Pablo en su carta al joven Timoteo.

Él dice, como hemos estado aprendiendo en esta serie:

Pablo estaba escribiendo desde una celda en Roma al joven que había sido dejado solo en una gran ciudad pagana para enfrentar las batallas de la vida cristiana.

Aquí están las palabras de consejo del apóstol: «¿tiempos de pruebas y sufrimientos? Recuerda a Jesucristo. Él dice: «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio». Ese solo versículo es el patrón para manejar las dificultades en la vida.

La mayoría de la consejería cristiana dada aquí (hablando de su propia iglesia), como en cualquier iglesia sería eliminada si las personas tomaran en serio esta gran verdad: «Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos». 1

Ahora, yo no quiero sugerir con esto y tampoco creo que el Dr. Stedman quisiera implicar que no hay lugar para la consejería bíblica.

Pero creo que él estaba completamente en lo cierto cuando dijo que muchos, muchos de nuestros asuntos que parecen hacernos caer una y otra vez, sobre los que no logramos la victoria y sobre los que no encontramos la perspectiva, parece que nos halan y luego nosotros halamos a los demás con nuestros problemas.

Y no estoy queriendo significar de ninguna manera, ni menospreciar a las personas que tienen grandes problemas. Pero lo que él está diciendo es, «Acuérdate de Jesucristo». ¿Cuántos de esos asuntos se verían diferentes si tan solo recordáramos a Jesucristo, nada menos que el maravilloso consejero.

Él no está diciendo que todos los problemas desaparecerán. Jesús no dijo eso, lo que él está diciendo es que tendremos la gracia y la sabiduría para saber cómo lidiar con esos problemas si tan solo recordamos que Jesucristo resucitó de entre los muertos.

Así que el escritor de Hebreos dice en el capítulo 12, «y corramos con pacienciala carrera que tenemos por delante». Nosotras empezamos esta serie hablando acerca de estar corriendo una carrera y queriendo completarla hasta el final, hasta la meta.

El escritor de Hebreos dice, «corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús». Acuérdate de Jesucristo. «Puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe que por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza y se ha sentado a la diestra de Dios» (Heb. 12:1–2).

Versículo 3: «Considéralo a Él» Acuérdate de Jesucristo. «Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad delos pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón».

¿Y no tendemos a hacer esto? Yo lo hago tan fácilmente. Parece que a medida que envejezco más cansada estoy de hacer el bien. Así que él dice, «no te canses de hacer el bien, no desmayes. Si continúas considerando a Cristo o lo que Él tuvo que soportar, serás capacitada para soportar.

Luego él dice, en el versículo 4 de Hebreos 12: «Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre». Ahora, algunas personas lo han hecho, pero la mayoría de nosotras no. Te dije que encontré esos correos de esta amiga que ha estado atravesando por aguas muy profundas y difíciles en estos últimos años.

Aquí te leo otro. Ella escribió esto un día en que estaba realmente luchando. Le parecía que se iba a ahogar en esa confusa situación sin tener la culpa. Porque tenía que ver con el pecado de otro que había impactado profundamente su vida y su familia.

Y ella escribió: «El Señor me bendijo de tal manera hoy con uno de sus pensamientos. Ciertamente Él (Cristo) llevó mis enfermedades, y cargó con mis dolores» (Isa. 53:4). ¿Qué fue lo que ella hizo? Se acordó de Jesucristo.

Ella dijo, «oh qué tonta he sido de haberlos cargado yo misma, cuando ya Él los cargó por mí. Solo tengo que arrepentirme por mi falta de adoración en estos días recientes y por tratar de cargar las cosas por mí misma cuando ya Él lo ha hecho. Yo sé que estoy en un lugar desesperado físicamente ahora mismo y ya Él ha cargado esto también. Así que lo estoy arrojando todo sobre Él y he sentido mi espíritu refrescarse».

¿Qué sacó a esta mujer de la ciénaga del desaliento, del pantano del desaliento, un lugar donde todas nos hemos encontrado alguna vez? Acuérdate de Jesucristo. Acuérdate de Él, y aún si llegamos al lugar donde Pablo estuvo y donde muchos otros han estado, y nos quitan la vida, todavía recordamos a Jesucristo.

Recuerdo en el bachillerato haciendo un estudio acerca de Savonarola, ese predicador italiano del siglo quince que al final fue colgado y quemado. Él dijo, «pueden matarme, pueden arrancarme en pedazos, pero nunca, nunca, nunca podrán arrancar de mi corazón al viviente Señor Jesús».

Y ¿cómo pudo hacerlo? Él se acordó de Jesucristo resucitado de entre los muertos.

Y en la medida en que te presionas en esta carrera y buscas mantenerte, no solo para sobrevivir sino para prosperar y florecer por la gracia de Dios en las pruebas y en el sufrimiento, mantente continuamente recordándole. Mantenlo siempre en la parte frontal de tu mente.

Recuerda a aquel que se levantó de entre los muertos, aquel que es la fuente de todo lo que necesitas mientras sufres, aquel que te va a sostener a través de las pruebas, aquel que te va a capacitar para poder soportar.

Acuérdate de Jesucristo, y mantente recordando a Jesucristo.

Annamarie: Acuérdate de Jesucristo. Esto es lo que Nancy DeMoss Wolgemuth te ha animado a hacer hoy. Ella regresará para orar.

Es increíble lo fácil que olvidamos a Jesús, especialmente cuando nos encontramos en medio de la dificultad. Pero es precisamente en esos momentos que necesitamos Su poder y Él nos lo da por medio de Su Espíritu Santo. ¿Crees esto?

Mañana estarás escuchando de una mujer —de la que has escuchado anteriormente aquí en Aviva Nuestros Corazones— una mujer que en un momento de su vida enfrentó una prueba que la hizo reflexionar sobre las verdades que has estado escuchando a lo largo de esta serie. Acompáñanos para este próximo programa, y ahora, oremos con Nancy.

Nancy: Perdónanos Señor, o perdóname a mí Señor por cuán a menudo me olvido de Jesucristo y cuán a menudo estoy más consciente de mis presiones y problemas y retos de lo que estoy de Cristo.

Ha sido dulce en estos momentos aconsejar mi propio corazón y recordar a Jesucristo. Aleluya, ¡qué gran Salvador!

Y gracias, Señor Jesús por cómo Tú soportaste y la gracia que nos das a cada una de nosotras para poder soportar mientras continuamos recordándote. Te doy gracias Señor en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Llamándote a —no solo sobrevivir— sino a tener una vida abundante en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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