Podcast Aviva Nuestros Corazones

La señal y la espada

Annamarie Sauter: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy: No serás víctima de la persecución porque crees en la religión. Por lo general, en nuestro mundo hoy, serás perseguido porque crees en el nombre de Jesucristo.

¡Espéralo! y regocíjate cuando ocurra.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Aún si has escuchado la historia de la Navidad una y otra vez, puede que no hayas descubierto las riquezas que hay en ella. Nos encontramos en una serie titulada, «La dedicación del Rey». Esta ha sido un rico estudio acerca de algunos personajes que a menudo hemos pasado por alto en nuestra celebración tradicional de la Navidad.

Si te has perdido cualquiera de los programas anteriores en esta serie, te invito a visitarnos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, o a través de nuestra aplicación, Aviva Nuestros Corazones.

Bien, Nancy retoma la historia acerca de uno de los personajes que solemos pasar por alto en la historia de la navidad.

Nancy: Hemos llegado a una parte difícil dentro del estudio que hemos venido haciendo acerca de Simeón en el Evangelio de Lucas, capítulo dos. Difícil porque Simeón ya había ofrecido un salmo de alabanza y acción de gracias al Señor por lo que Él había hecho al enviar a este niño, Jesús, al templo.

Simeón tomó al niño de los brazos de María y José y lo cargó en los suyos, bendijo a Dios y dijo: «Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos Tu salvación. Es Jesús la luz del mundo, luz para los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Pero entonces el tono de Simeón cambia a medida que él se dirige a la madre, y él habla esta profecía justo habiendo terminado de ofrecer esta bendición y alabanza. Él le dice: «Pero habrá dolor relacionado con Su vida y con la tuya por este asunto del evangelio. No será algo fácil».

Entonces retomamos en el versículo 34 de Lucas 2: «Simeón bendijo a María y a José y dijo a Su madre: «He aquí, este niño (este niño al que acabas de dar a luz) ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción (y una espada traspasará aun tu propia alma) a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.»

Él está diciendo: «Hay todo un peregrinar delante de ti, tanto para ti como para Cristo, y por implicación y aplicación, también para nosotros, como seguidores de Cristo. Dijimos que Simeón utiliza tres imágenes en su profecía.

Primero, vimos en la última sesión la imagen de una piedra. «Este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel». Para algunos Él será una piedra de tropiezo, una roca de ofensa. Ellos rechazarán a Jesús y tropezarán con Él en su camino al juicio.

Para otros, Él se convertiría en la piedra angular, la piedra preciosa del fundamento o zapata. Ellos creerían en Él, y Él sería el motivo de su levantamiento.

Así que vimos la imagen de Cristo como la piedra. Luego él utiliza las otras dos imágenes que queremos ver hoy: a Cristo como una señal y luego la espada que traspasaría el corazón de María.

Vamos a enfocarnos primero en la señal. «Este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción». Una de las traducciones dice, «para señal que será contradicha» (RV60).

Hablar en contra. La palabra implica «estar en contradicción, que se hable en contra de algo». Encontrar oposición. Es como la imagen de un blanco hacia el cual se puede disparar; un objetivo.

En realidad es una metáfora que se ha tomado del arco y la flecha. Es un objetivo, una marca, y se apunta a ese blanco. Un comentarista dijo: «Jesús sería un blanco, un objetivo para todos los dardos del maligno».

Él era una señal que encontraría oposición. Al que sería la consolación de Israel (como vimos al inicio de esta serie) se le haría oposición.

Él vino para consolar. Él vino para traer bendición. Él vino a traer salvación. Sin embargo, Él, Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, enfrentaría oposición.

A Él se opusieron y en Su contra hablaron los líderes religiosos, los fariseos, quienes consideraron cada ocasión que pudieron para exponerlo, para hacerlo quedar mal, para atraparlo en Sus palabras. Ellos siempre trataron de hablar en Su contra.

Aun sus propios hermanos y hermanas y otros familiares quienes no entendían quién era Él ni para qué había venido, hablaron en su contra.

Isaías 53 nos dice que «Él fue despreciado y desechado de los hombres» (v. 3). Una señal de contradicción. Juan 1 nos dice que «A lo suyo vino (al pueblo Judío), y los suyos no le recibieron» (v. 11). Él representaba oposición. Él era una señal que sería contradicha.

Hebreos 12 nos dice «Considerad, pues, a aquél (Jesucristo) que soportó la hostilidad de los pecadores contra sí mismo» (v. 3). Aquí estaban los pecadores hablando en contra de quien es sin pecado y sin culpa, el Hijo de Dios.

En Sus días Él encontró oposición. Contra Él hubo oposición; muchos hablaron en Su contra. Así es como en última instancia Él fue llevado a la cruz. «Crucifícalo!», «crucifícalo!». Una señal de contradicción.

Y aún hoy Él es una señal de contradicción. En este mundo en que vivimos, Él es aún una señal contra la cual se habla. ¿No es increíble como este mundo se ha vuelto tan tolerante de todas las religiones, con excepción de la creencia de que Jesucristo es el Hijo de Dios, el único Salvador del mundo?

Si hablas de Jesús hoy en día, puede que te metas en serios problemas, porque Él es un símbolo de contradicción. Podemos celebrar Kwanzaa; podemos celebrar todo tipo asuetos religiosos en nuestras escuelas y en nuestro gobierno; pero si hablas acerca de Jesucristo, el Hijo de Dios, el único Salvador del mundo, entonces entontrarás oposición; hablarán mal de ti.

Él representa una señal que encuentra oposición en el mundo. Él es una señal contra la cual se habla y si eres un seguidor de Jesucristo hoy, también puedes esperar, junto con Él, ser una señal de contradicción.

Jesús nos dijo que ese sería el caso. Él dijo a sus discípulos en Juan 15: «Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mi antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia» (v. 18-19).

No serás víctima de la persecución porque crees en la religión. Por lo general, en nuestro mundo hoy, serás perseguido porque crees en el nombre de Jesucristo.

Cuando levantas en alto la cruz de Cristo en nuestro mundo y en nuestra cultura, encuentras oposición. Entonces, ¿qué hacemos?

Pedro dice, ¡espéralo! y regocíjate cuando ocurra. No te acobardes ante el miedo. No te escondas debajo de una roca. No coloques tu candelero debajo de el dintel. Levanta en alto la cruz. Levanta en alto el nombre de Jesucristo.

Pedro dice: «regocíjate, mientras compartes los sufrimientos de Cristo». Él era una señal de oposición. Tú eres una señal de oposición. Regocíjate. Estás compartiendo Sus sufrimientos.

Si eres insultada por el nombre de Cristo, eres bendecida. Piensa sobre eso. Si eres insultada por el nombre de Cristo, eres bendecida. Eres bendecida porque el Espíritu de gloria y de Dios descansa sobre ti.

Jesús dijo en el Sermón del Monte: «Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos » (Mat. 5:10-12).

Ahora bien, en el versículo 35 tenemos un paréntesis, pero por favor enfoquémonos en la última frase del versículo 35: «a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.»

Él es una señal, una señal de oposición para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados. Esa es la palabra «revelado»; descubierto, dado a conocer.

Lo que hacemos con Jesús, lo que creemos acerca de Él, la forma como le respondemos a Él, expone nuestros pensamientos secretos y nuestro verdadero corazón. La manera en que la gente responde al nombre de Jesús, la manera en que la gente responde a la verdad del evangelio, expone lo que realmente hay en sus corazones.

Déjenme decirles, no hay punto medio. La personas están con Jesús o en contra de Jesús. O caes a los pies de Jesús, o te levantas en Su contra. No existe una posición intermedia.

Las personas que reciben a Jesucristo como su único Salvador y Señor de sus vidas revelan que tienen un corazón humilde. Eso revela sus corazones. Las personas que rechazan a Jesús revelan que ellos tienen un corazón soberbio, y esto es cierto incluso para aquellas personas que exteriormente pueden parecer «buenas personas o personas religiosas».

Hoy día vemos buenas personas religiosas, personas que hacen buenas  obras, personas que dan su dinero, personas que son buenos vecinos,  pero ellos rechazan a Jesús, y esto revela que ellos tienen un corazón soberbio, arrogante y orgulloso.

Aquellos que no reciben a Cristo como Señor y Salvador de sus vidas están, de hecho, rechazando a Jesús. Los, verdaderos pensamientos de sus corazones, están siendo expuestos por lo que ellos hacen con Cristo.

Ahora bien, vamos a volver al paréntesis de Lucas 2:35. Simeón mira a María. Él le ha dicho que su Hijo ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos. Él será una señal contra la cual habrá oposición».

Luego, en paréntesis, también le dice a María: «y una espada traspasará aun tu propia alma».

«Una espada traspasará aun tu propia alma». La palabra traspasará está en un tiempo verbal que significa que continuamente estará traspasando. Esto no ocurrirá solo una vez. Esto será una acción repetitiva en su vida: «Una espada traspasará aun tu propia alma».

El término para espada aquí nos habla de una espada muy larga, como la que utilizó Goliat, una espada muy larga, ancha y de doble filo. Él está diciendo que, como madre de Jesús, ella vivirá una experiencia de dolor emocional extremo. «Ser la madre de este niño traerá un profundo dolor y una espada a tu corazón». 

Ahora bien, María ya había sufrido en cierta medida. Ella había sufrido la incomprensión y el reproche, tanto de su familia como de sus amigos cuando se supo que ella esperaba un niño. Las personas cercanas a ella no creyeron fácilmente el concepto de que fue el Espíritu Santo que hizo la obra de concepción en su vientre, la idea de que ella no había tenido intimidad con un hombre.

Ella estaba muy próxima a experimentar la huida hacia Egipto para escapar de Herodes. Ella iba a experimentar el dolor por la masacre de niños inocentes ejecutada por Herodes, y ella sabía que su Hijo, en cierto modo, había sido el motivo de este acto.

Herodes envió su ira y destruyó y mató a todos los niños menores de dos años. Esa fue una espada que tocó el corazón de María, puedes estar segura de ello. Como madre al fin, cuando su Hijo sufriera, ella iba a sufrir.

A lo largo de los diferentes puntos de Su vida, Él experimentó rechazo, incomprensión, abuso, y al final, muerte por crucifixión debido a crímenes de los cuales era totalmente inocente. Aquellas de ustedes que son madres, supondrán que esto fue una enorme espada en el corazón de esta madre.

Cuando esos clavos traspasaron Sus manos y sus pies en el Calvario, una espada atravesó su propia alma también. Este era su Hijo que ella estaba entregando para la salvación del mundo.

Ahora bien, todo este tema de la espada de la maternidad –no solo para María, sino para las madres en general— se remonta a la caída del hombre en Génesis 3. Permítanme leer unos cuantos versículos de este pasaje, y observa cómo se conectan en tu mente, con este concepto de la espada atravesando el alma de una madre.

Recuerda, luego de que la mujer escogió comer del fruto, ella lo dio a su esposo. Él comió, y luego Dios les visitó en el huerto del Edén, junto con la serpiente. Él les llamó y les explicó las consecuencias que vendrían de su decisión de actuar independientemente de Dios.

Y el Señor le dijo a la serpiente: «Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente» (Gén. 3: 15).

Dios está hablando a la serpiente, que representa a Satanás. Es Satanás encarnado en realidad. Él le dice a la serpiente: «Pondré enemistad entre tú y tus seguidores, entre los incrédulos y la descendencia de la mujer».

¿Quien es la descendencia de la mujer? Cristo, quien fue descendiente de Eva, y aquellos que están en Cristo. Él está diciendo que siempre habrá guerra entre Satanás y los no creyentes, contra la mujer y su simiente, que incluye a Cristo y a aquellos de nosotros que le seguimos.

Él, hablando de la simiente de la mujer —que es Cristo—te herirá en la cabeza, Satanás, y tú le herirás en Su calcañal. Satanás, tú le causarás sufrimiento a Él. La simiente de la mujer experimentará sufrimiento, pero Él, lo herirá mortalmente en la cabeza.

Luego de describir esta guerra, esta enemistad entre la descendencia de la mujer y Satanás y su descendencia, Él se dirige a la mujer. Él le dice a la mujer, justo en ese mismo contexto: «En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos» (v. 16).

Como ves, la caída trae consigo todo este sentido de conflicto, toda esta guerra, toda esta división. Él le dice a la mujer: «Habrá dolor en medio de todo esto».

Ahora bien, él está hablando aquí de un parto literalmente. Cualquiera que haya tenido un hijo sabe que este versículo es verdadero. Pero madres, ¿acaso no estoy en lo cierto cuando digo que el dolor no termina al concluir tu labor de parto sino que hay dolor asociado a la maternidad a lo largo de la vida?

Algunas veces es un dolor dulce. Algunas veces es un dolor más difícil. Depende de lo que cause este dolor, pero en la crianza de los hijos, hay dolor. No hay dolor como el que pasa una madre cuando ve a su hijo sufrir, incluso cuando ese sufrimiento es debido a las consecuencias de vivir en un mundo caído.

Cuando ves un niño de tres años de edad con una temperatura de 40 grados, lo cual es una fiebre altísima, pensamos que eso debe constituir un gran dolor para el corazón de su madre.

Cuando ves a tu hijo teniendo que pasar por sufrimiento físico causado en última instancia por el pecado de este mundo, resulta en un gran dolor, un sufrimiento, una espada en el corazón de una madre.

Algunas veces, el sufrimiento es consecuencia de actitudes y decisiones pecaminosas, y esto crea una espada, grande y dura, que atraviesa el corazón de una madre.

Al principio de esta serie, hice referencia a una amiga cuyo hijo ya adulto está tomando una serie de decisiones equivocadas. Mi amiga me llamó la semana pasada y llegó un momento en que su llanto era tan desesperado que apenas podía escucharla.

El corazón de esta madre está roto por lo que está sucediendo en la vida de su joven hijo en estos momentos. Estábamos hablando acerca de este pasaje, acerca de las madres que experimentan una espada atravesando su alma, y ella me dijo: «algunas veces, en medio de esta circunstancia, me siento como si una espada realmente estuviese traspasando mi corazón».

Claro, no hay una espada física atravesando su corazón, pero hay una espada, un dolor, por el que pasa su corazón de madre. El dolor que el pecado trae a nuestros hijos es indescriptiblemente profundo, ya sea que se trate de su pecado o del pecado de otros o del pecado de este mundo caído en general, que hace que este sea un mundo corrupto y caído.

Y hay momentos en los que no hay nada que una madre pueda hacer. No puedes detener el dolor en la vida de tu hijo. No puedes prevenirlo. No puedes ayudarle pero tampoco quieres ver a tu hijo atravesando por ese dolor.

Ahora bien, mientras cada madre experimenta ese tipo de dolor en mayor o menor grado, en el caso particular de María, no era el pecado de su Hijo que le produciría dolor. Era el pecado de otros. De hecho, cuando María se paró frente a esa cruz, 33 años después de aquél encuentro con Simeón –donde él le dijera: «y una espada traspasará aun tu propia alma», allí, de pie delante de esa cruz en el Calvario, una espada atravesó su alma nuevamente.

La espada fue a sabiendas de que no solamente los soldados romanos y los líderes religiosos judíos eran responsables por la crucifixión de su Hijo. Ciertamente, ellos eran culpables. Pero ¿no crees que otra espada que la atravesó fue el darse cuenta de que fue su propio pecado que colocó a su Hijo allí, en esa cruz? No solamente el pecado de otros, sino también su propio pecado.

¿Acaso no atraviesa una espada nuestra alma cuando nos paramos frente a la cruz y nos damos cuenta: «Señor Jesús, Tú hiciste eso por mí, fue mi pecado lo que te colocó en aquella cruz»?

Entonces esta espada no solo es experimentada por madres en relación con sus hijos, no solamente atravesó el alma de Maria con respecto a su Hijo. Esto también es un dolor que cualquiera que se identifique con Jesús experimentará en este mundo que rechaza a Jesús y a Su mensaje.

El apóstol Pablo, pensando en sus compañeros judíos que rehusaron creer en Cristo, dice en Romanos 9: «Digo la verdad en Cristo...de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón» (vv. 1-2). Esto representa una espada atravesando su alma.

Él amaba profundamente a Cristo. Él nos dice en Filipenses 3:
«Porque muchos andan como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo» (v. 18).

Pablo dice: «Esto rompe mi corazón. Es una espada que traspasa mi alma. Amo a Cristo. Amo Su cruz, y veo personas que son enemigos de la cruz de Cristo; incluso algunos de aquellos que profesan ser amigos de Cristo, también son sus enemigos. Esto me rompe el corazón».

Pablo dijo en 2da de Corintios 2: «Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón os escribí con muchas lágrimas, no para entristeceros, sino para que conozcáis el amor que tengo especialmente para vosotros.»

Pablo cuidó de estos creyentes, aun mientras ellos vivían en medio de este mundo carnal y apóstata. Los cristianos, o los cristianos profesantes, estaban tolerando el pecado en el cuerpo, por lo que el corazón de Pablo estaba muy dolido.

No puedes ser un seguidor de Cristo que ama y cuida de Sus hijos —ya sean estos tus hijos naturales o aquellos que cuidas dentro del cuerpo de Cristo— y amar a otros sin experimentar en ocasiones dolor en el corazón, una espada atravesando tu propia alma.

Pero aquí tenemos una palabra de esperanza en medio de todo esto:  Cristo permitió que esa espada traspasara Su alma para que pudiésemos tener gracia cuando esa espada atravesara nuestra propia alma. Cuando la espada atraviesa nuestra alma, ya seamos una madre o un simple seguidor de Cristo, estamos compartiendo el sufrimiento de Cristo.

  • Cristo sufrió en la cruz para pagar por el pecado de tus hijos.
  • El sufrió para pagar por aquellos que están rechazando a Cristo y Su cruz.
  • El sufrió para hacer provisión de la gracia que necesitas para soportar esa espada cuando atraviese tu propia alma.

No importa lo grande que pueda ser tu sufrimiento por tus propios hijos o cuando ves a las personas rechazando el evangelio y el nombre de Jesucristo. Independientemente de cuán grande pueda ser ese sufrimiento en esos momentos,  recuerda que el sufrimiento de Jesús en la cruz fue mucho más grande que tu sufrimiento.

Jesús lo ha pagado por todo. Él soportó la cruz por el gozo que fue puesto delante de Él, para que tu pudieras obtener, no solo el perdón por tus pecados, sino también la gracia para soportar las consecuencias que el pecado trae a la vida de otros.

Nancy: Señor, en este día, te damos gracias porque Tú estuviste dispuesto a ser un señal, una señal de contradicción en este mundo. Tú estuviste dispuesto a soportar, sin defenderte, en silencio, sin decir una palabra. Como una oveja que fue llevada al matadero en silencio, ni siquiera abriste Tu boca.

Estuviste dispuesto a dejar que una espada atravesara Tu alma para que cuando nos convirtiéramos en señal de contradicción, cuando esta espada atravesara nuestra propia alma, oh Señor, tuviéramos gracia para levantar nuestras miradas a la cruz para decir, «Tú has sufrido. Tú has soportado, y sin embargo has sido levantado en novedad de vida, y Tú nos resucitarás a una nueva vida también».

Gracias Señor porque hay gracia en el sufrimiento, y hay gozo y una gloria y una vida de resurrección detrás de la cruz que es indescriptible y que sobrepasa con creces cualquier dolor que podamos experimentar, ya sea el sufrimiento como madres o como discípulos de Cristo, a medida que vemos cómo otros te rechazan.

Oh Señor, danos Tu perspectiva en todo esto y ayúdanos a soportar. Te damos las gracias por todo lo que está más allá de la cruz y por la gracia para soportar la espada, a medida que atraviesa nuestra propia alma. Te rogamos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Amén. Lucas nos cuenta acerca de otro personaje en la historia de Navidad que usualmente no recibe mucha atención. La anciana Ana le dio la bienvenida a Jesucristo y tiene mucho que enseñarnos a nosotras hoy. Veremos que la Biblia nos da una idea de lo que significa vivir una vida plena en cualquier etapa de la vida en la que nos encontremos. Esto será mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Fijando nuestros ojos en Jesucristo, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

La Vía Dolorosa, Iglesia Cristiana Oasis, ¡A Dios sea la gloria!, ℗ 2012 Iglesia Cristiana Oasis.  Canción usada con permiso. 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la discusión