Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un silencio

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: Hoy te invitamos a pausar y a considerar lo siguiente.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Déjame preguntarte, en esta temporada ajetreada y que a veces puede convertirse en una locura, ¿estás bendiciendo a Dios? ¿Es tu Navidad y sus preparaciones realmente cristocéntrica? Y no solo en Navidad, sino durante todo el año, ¿te encuentras viviendo entre arrebatos de estrés, tensión, lamento, murmuración y queja, cuando hablas en tu hogar o en el ámbito laboral o con tus amigos; o son las palabras que salen de tu boca de bendición? Bendiciendo al Señor, bendiciendo a otros.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Esta es la época del año para los anuncios, para ir a los centros comerciales, es una época de tráfico pesado, ensayos y fiestas. ¿Deseas poder pausar y simplemente disfrutar de un silencio? Hay un personaje bíblico que aprendió bastante acerca del silencio en los días previos al nacimiento de Cristo y tú puedes aprender mucho de su ejemplo. 

Aquí está Nancy en la serie, «El himno de Zacarías»

Nancy: Una de las cosas que me encanta de esta temporada del año son todos los villancicos navideños, la música navideña. Todavía, algunas veces, puedes entrar a un centro comercial o a una tienda y escuchar tocando esos villancicos navideños. No creo que todas estén familiarizadas con el significado de todas esas palabras, pero si tú creciste escuchando esos villancicos, ellos son una gran parte de nuestro patrimonio navideño. Muchos de ellos cuentan la historia de la primera Navidad.

Hablando de esa primera Navidad, pienso en los evangelios, en el Nuevo Testamento, mis relatos favoritos de esa primera Navidad se encuentran en el Evangelio de Lucas. Una de las cosas que disfruto del Evangelio de Lucas es que incluye cinco himnos, que fueron cantados o recitados durante la primera Navidad alrededor del nacimiento de Cristo.

Tres de esas canciones se encuentran en el primer capítulo del Evangelio de Lucas. ¿Recuerdas cuáles son? Primero, Elisabet cantó o recitó un himno, un villancico de alabanza, cuando María la fue a visitar. Entonces María recita las palabras que ahora conocemos como «El Magnificat». Después, tenemos el himno o la canción que estaremos viendo esta semana, lo que Zacarías recitó en el nacimiento de su hijo, Juan el Bautista, empezando en el versículo 68 del Evangelio de Lucas, capítulo 1.

Después, a medida que avanzamos en el Evangelio de Lucas, en el capítulo 2, tenemos la canción que los ángeles declamaron, que se titula «Gloria». «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace» (v.14). Luego, al final del capítulo 2, encontramos la bendición dada por Simeón mientras sostuvo al bebé Jesús en el templo y bendijo al Señor por mandar esa luz, esta salvación a las naciones.

Así que esta semana y la próxima, a medida que nos acercamos a la temporada Navideña, estaremos viendo lo que he titulado, «El Himno de Zacarías». Pero primero veamos algo del trasfondo de este himno, cómo se realizó. Permíteme animarte a ir a tu Biblia si no lo has hecho ya. Vamos al Evangelio de Lucas, capítulo 1.

Estamos comenzando en el versículo 13. Solo para darte un poco del contexto recuerda que Zacarías era un sacerdote. El nombre de su esposa era Elisabet. Por años esta pareja añoraba y había orado por un hijo, pero Dios en Su providencia había decidido no bendecirlos con hijos. Ellos oraron, ellos esperaron. Pero Elisabet era estéril, no podía tener hijos. En el momento en que esta historia comienza, ella ya había pasado la menopausia. No había forma humana de que ella pudiera tener un hijo.

Así que asumimos que ellos ya habían entregado esos sueños al Señor. Zacarías, al iniciar la historia en Lucas capítulo 1 versículo 13, está en el templo. Él está llevando a cabo sus tareas sacerdotales. Mientras él está haciendo lo que Dios le mandó hacer, un ángel se le aparece –no es algo que pase todos los días, aún para un sacerdote. El nombre del ángel es Gabriel y Gabriel le dice a Zacarías, después de que Zacarías se levanta del suelo… tú sabes, esta es una experiencia aterradora al principio, pero el ángel le dice que no tenga miedo.

Él le dice, «Zacarías, tu oración ha sido escuchada. Tu esposa, quien ha sido estéril durante los años cuando podía tener hijos, va a tener un hijo y su nombre será Juan» (v.13, parafraseado).

Después en los versículos del 14 al 17, el ángel le describe al futuro padre cómo será este hijo, cómo será criado, qué misión tendrá este niño aquí en la tierra. El hijo que nacería a Zacarías y a Elisabet sería el precursor del tan esperado Mesías, el Cristo de Dios, quien vendría y sería el Salvador del mundo.

Ahora llegamos al versículo 18, y Zacarías dice: «¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada». Él simplemente está pensando acerca de todo esto desde una perspectiva humana y lo que en realidad está diciendo es que esto es imposible. No hay forma de que esto pueda suceder. ¿Cómo sabré que esto realmente pasará?

Entonces, en el versículo 20, el ángel le dice, así es como sabrás qué pasará, aquí está la prueba. «Y he aquí, te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo».

Así que como recuerdas la historia, Zacarías se queda mudo por nueve meses. Bueno, quizás algunas de ustedes pueden pensar que su esposo es muy serio y que no habla lo suficiente, ¡cuenta tus bendiciones si él ha dicho algo en los últimos nueve meses! Por nueve meses, este hombre, Zacarías no pudo hablar hasta el nacimiento del niño.

A medida que llegas al versículo 39, en esta sección… Ya hemos enseñado esto antes en Aviva Nuestros Corazones, Elisabet, claro, queda embarazada. En el sexto mes de su embarazo, su pariente María de Nazaret, que a diferencia de Elisabet, que era una mujer mayor, María es una adolescente…

Su pariente, María, viene de visita y Elisabet se da cuenta que María está en su primer trimestre de embarazo; de un embarazo que es sobrenatural –aún más que el de Elisabet– porque Dios había plantado dentro del vientre de María la vida del Hijo de Dios, el Mesías. María estaba embarazada del Mesías y ella visita a su pariente mayor Elisabet, quien está embarazada de Juan el Bautista, el precursor del Mesías.

¿Se pueden imaginar ustedes el tiempo que estas mujeres tuvieron durante esos tres meses juntas en esa casa, regocijándose en el favor que Dios les había mostrado, no solo a ellas como madres, sino también a su pueblo, a los judíos, a todo el mundo, la bendición que Dios había prometido desde Génesis capítulo 3. La bendición que Dios había prometido, un Salvador para el mundo.

Sin duda alguna, Zacarías, que estuvo en casa durante todos esos meses sin poder hablar, pero sin lugar a dudas hubo algún tipo de comunicación y él está consciente de que hay algo inusual que está sucediendo. Claro, el ángel le había dicho que su hijo, Juan el Bautista, sería el precursor de este Mesías.

Así que llegamos al versículo 57 de Lucas capítulo 1 y leemos el relato del nacimiento de este tan esperado hijo, Juan.

«Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. Y sus vecinos y parientes oyeron que el Señor había demostrado Su gran misericordia hacia ella y se regocijaron con ella. Y al octavo día vinieron para circuncidar al niño…» (vv. 57-59).

Ahora, sin entrar en muchos detalles al respecto, recuerdas que en el Antiguo Testamento, Dios le dio a los todos los varones judíos la circuncisión como una señal del pacto, la señal de Su pacto con su pueblo. Este pacto es el tema del himno de alabanza de Zacarías que vamos a estudiar. Verás este concepto del pacto de Dios, del juramento de Dios de la promesa de Dios.

Como era costumbre y como Dios había ordenado a su pueblo que lo hiciera, cuando ellos tuvieron a este hijo, ellos lo tomaron en el octavo día y lo circuncidaron. Ese también era el día cuando típicamente se le ponía nombre al niño. Ellos probablemente habían pensado en esto también. Generalmente, las parejas piensan en eso durante los nueve meses; pero en este caso, ellos no tuvieron que pensar acerca del nombre del niño porque Dios ya les había dicho cuál sería el nombre de este niño.

Pero ellos vinieron ese día a circuncidar al niño. Esto debió ser un tiempo donde los amigos y familiares se juntaron para celebrar. Era una fiesta de cumpleaños para este niño de ocho días.

Las Escrituras dicen:

«…y lo iban a llamar Zacarías según el nombre de su padre. Pero la madre respondió y dijo: No, sino que se llamará Juan. Y le dijeron: No hay nadie en tu familia que tenga ese nombre. ¿De dónde viene ese nombre? ¿Por qué le llamarás Juan? Entonces preguntaban por señas al padre, cómo lo quería llamar. Y él pidió una tablilla (porque Zacarías todavía no podía hablar) y escribió lo siguiente: Su nombre es Juan. Y todos se maravillaron» (Luc. 1:59-63).

Después, en el versículo 64, dice: «Al instante le fue abierta su boca y suelta su lengua, y comenzó a hablar». ¿Y qué fue lo que hizo cuando habló? Él habló, «dando alabanzas a Dios».

Entonces llegamos al versículo 67:

«Y su padre Zacarías fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó diciendo: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque nos ha visitado y ha efectuado redención para su pueblo, y nos ha levantado un cuerno de salvación en la casa de David su siervo, tal como lo anunció por boca de sus santos profetas desde los tiempos antiguos, salvación DE NUESTROS ENEMIGOS Y DE LA MANO DE TODOS LOS QUE NOS ABORRECEN; para mostrar misericordia a nuestros padres, y para recordar su santo pacto, el juramento que hizo a nuestro padre Abraham: concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días.

Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo; porque irás DELANTE DEL SEÑOR PARA PREPARAR SUS CAMINOS; para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación por el perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que la Aurora nos visitará desde lo alto, PARA DAR LUZ A LOS QUE HABITAN EN TINIEBLAS Y EN SOMBRA DE MUERTE para guiar nuestros pies en el camino de paz» (Luc. 1:67- 79).

Ahí tenemos el himno de Zacarías, la alabanza de Zacarías. El himno tiene dos estrofas. En sí, solo son dos oraciones, dos oraciones muy largas. Si hacen lo que he hecho recientemente, y las animo a que lo hagan, de memorizar este himno, ustedes encontrarán que son dos oraciones. La primera oración son los versículos del 68 al 75, y la segunda oración o la segunda estrofa son los versículos del 76 al 79.

Al igual que el cántico de María que está al principio de este evangelio, en Lucas capítulo 1, este himno tiene muchas, muchas referencias a citas del Antiguo Testamento. De hecho, leí en alguna parte –no estoy segura del número exacto– que en el himno de Zacarías hay 16 citas del Antiguo Testamento.

Y uno piensa en esa época cuando las personas no tenían sus propias biblias que pudieran leer o memorizar como lo hacemos hoy. Ellos tenían que escuchar la lectura de las Escrituras cuando iban al templo, pero ellos la escuchaban tan cuidadosamente que memorizaban los pasajes y los repasaban una y otra vez en sus mentes y en sus corazones hasta que los memorizaban.

Así que cuando muchos de estos santos oraban, cuando alababan, cuando adoraban, cuando buscaban al Señor, lo que salía de sus oraciones era lo que tenían en sus corazones y lo que tenían en sus corazones eran las Escrituras.

Si tú llenas tu corazón y tu mente con la Palabra de Dios, encontrarás que tanto en tiempos de gozo y de celebración (como en el caso del nacimiento de Juan el Bautista), como en tiempos de crisis o en la cotidianidad de la vida diaria, encontrarás que lo que saldrá será la Escritura, la Palabra de Dios, así como lo ves en este pasaje.

Ahora imagínate esta escena. Este es el octavo día. El bebé tiene ocho días. El bebé ha sido circuncidado y le han puesto nombre. Los miembros de la familia, los parientes, los amigos, los vecinos, todos están asombrados porque esta anciana, por la cual habían sentido pena todos estos años, acababa de tener un bebé milagrosamente; ahora ella tenía este hijo. Así que es una gran fiesta es una gran celebración. Hay regocijo. Todos están diciendo, «ohh» y «ahh» sobre este niño. Tú sabes cómo es.

En medio de esta escena, Zacarías, quien no ha dicho ni una palabra por nueve meses, cuando finalmente habla, casi no menciona a su hijo. En vez de esto, sus primeras palabras, las cuales te acabo de leer, se enfocan casi totalmente en Dios y el Mesías venidero, el Cristo, el que pronto nacería.

Cuando Zacarías menciona a su hijo en el contexto del himno, es solamente en referencia de cómo este niño de ocho días crecerá para preparar el camino para el Mesías venidero.

En el versículo 67, leemos: «Y su padre Zacarías fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó diciendo: Bendito sea el Señor, el Dios de Israel». Y toda su oración, todo su himno estuvo centrado en Dios en la medida en que él ofrecía bendiciones al Señor.

Ahora, para dar un poco de contexto de todo esto, si regresas al versículo 21 de Lucas capítulo 1, recuerda que Zacarías estaba en el templo cuando el ángel se le apareció, y dice que el pueblo esperaba a Zacarías. La gente estaba en el atrio exterior del templo y el sacerdote iba adentro a ofrecer las ofrendas y los sacrificios para bendecir y ofrecer incienso al Señor, como era el deber de Zacarías, y el pueblo esperaba afuera.

¿Qué estaban ellos esperando? Bueno, después de que el sacerdote hubiera ofrecido los sacrificios, se esperaba que él saliera y dijera una bendición. Sin embargo, en esa ocasión, Zacarías fue detenido por un ángel así que se tardó más de lo que el pueblo esperaba. Ellos se preguntaban por qué se estaba tardando tanto. Ellos no podían ver u oír al ángel como lo hizo Zacarías, y entonces cuando Zacarías el sacerdote sale, se esperaba que diera una bendición, pero él no pudo hablar.

La bendición sería algo como la bendición de Números capítulo 6:24-25. «El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia». Pero Zacarías no pudo decir una bendición cuando terminó de ofrecer ese sacrificio. Así que salió. No pudo hablar. En este punto él ahora ha tenido nueve meses de silencio, pero nueve meses pudiendo escuchar al Espíritu de Dios hablando por medio de la Palabra de Dios en su corazón. Nueve meses meditando en silencio los caminos de Dios.

Algunas de ustedes quizás desearían tener nueve meses para solo escuchar a Dios y no escuchar a todos esos pequeñitos, todos esos sonidos y todas esas distracciones que ustedes tienen en casa. Sabes lo que es que cada vez que estás tratando de tener tu devocional, el teléfono suena, el horno suena, los niños suenan, el esposo suena, todo suena y hay distracciones en abundancia. Bueno, Zacarías ha tenido un mínimo de distracciones por nueve meses.

Tal vez tú no puedas tener nueve meses sin ninguna distracción en tu vida. De hecho, eso sería probablemente imposible hoy en día. Pero hay algo que decir en cuanto a tomar tiempo para estar en silencio y en quietud lo suficiente como para poder escuchar al Señor. Creo que una de las razones por las que muy poca Palabra de Dios sale de nuestras bocas en una forma significativa, es porque siempre tenemos ruido, plática y desorden a nuestro alrededor, y tenemos muy poco tiempo para escuchar a Dios.

Es por eso que en Aviva Nuestros Corazones, ocasionalmente animamos a la gente a apagar sus televisores, a apagar sus radios, para poder estar en silencio y en quietud delante del Señor. Apagar sus computadoras. Apagar el internet. Tiene que haber momentos en que puedas estar en silencio y quietud ante el Señor para escucharlo.

Para Zacarías fue como si esta bendición hubiera sido reprimida en él por nueve largos meses. Cuando él habla por primera vez… cuando finalmente habla, ¿qué es lo que va a salir de su boca? ¿Qué es lo que va a decir? De todo lo que él pudo haber dicho después de nueve meses de silencio, lo que sale es una bendición.

Las palabras, «bendito sea el Señor», son la palabra griega de donde obtenemos nuestra palabra «elogio». Cuando se da un elogio en un funeral, ¿qué es lo que se hace? Se habla bien de alguien. La palabra significa hablar bien de. De hecho, el Himno de Zacarías frecuentemente se conoce como el «Benedictus». Benedictus es la palabra en latín, para la primera palabra de esta bendición. Bendecido. Es la traducción en latín, benedictus.

¿En qué te hace pensar esto? Bendición. La palabra significa en latín hablar bien. Lo mismo en griego, «hablar bien de». Cuando Dios nos ha bendecido, nosotros lo bendecimos. Le ofrecemos una bendición.

Todo este pasaje es en realidad una bendición, una doxología de alabanza. De hecho, algunas de sus traducciones probablemente digan: «Alabado sea el Señor». Y así Zacarías bendice a Dios en respuesta a la bendición de Dios a su pueblo.

El versículo 67 nos dice que Zacarías estaba lleno del Espíritu Santo. Cuando él habló, él dijo, «bendito sea el Señor». Cuando estamos llenas del Espíritu Santo, siempre resultará en alabanza. Ustedes pueden leer en Efesios capítulo 5, versículo 18: «Y no os embriaguéis con vino… sino sed llenos del Espíritu».

¿Cuando lo hagas, qué pasará? Hablaréis «entre vosotros con salmos, himnos, y cánticos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor» (Ef. 5:19-20). Si estás llena del Espíritu Santo, lo que sale de tu boca son palabras, cánticos y temas de alabanza.

A medida que llegamos a Lucas capítulo 2, versículo 27, vemos a Simeón en el templo dando la bienvenida y la bendición al recién nacido Señor Jesús. Dice, «movido por el Espíritu fue al templo». ¿Y qué fue lo que él hizo cuando tomó al niño en sus brazos? Bendijo a Dios. Sean llenas del Espíritu y lo que saldrá será bendición a Dios.

Déjame preguntarte, en esta temporada ajetreada y que a veces puede convertirse en una locura, ¿estás bendiciendo a Dios? ¿Es tu Navidad y sus preparaciones realmente cristocéntrica? Y no solo en Navidad, sino durante todo el año, ¿te encuentras viviendo entre arrebatos de estrés, tensión, lamento, murmuración y queja, cuando hablas en tu hogar o en el ámbito laboral o con tus amigos. ¿O son las palabras que salen de tu boca de bendición? Bendiciendo al Señor, bendiciendo a otros.

Esta palabra bendición aparece repetidas veces a través de los dos primeros capítulos de Lucas, ocho veces en los recuentos relacionados con el nacimiento de Cristo. Bendición. Bendición. Bendición. Bendición.

Esto es un verdadero contraste con lo que termina el Antiguo Testamento. El último versículo de Malaquías habla acerca de Dios trayendo una maldición a la tierra. ¿De dónde vino esta maldición? Bueno, de regreso a Génesis, capítulo 3. Porque desde Génesis capítulo 3, con la caída de Adán y Eva hasta Malaquías capítulo 4 en el Antiguo Testamento, encontrarás que la tierra está bajo la maldición del pecado.

Pero a medida que llegas a los evangelios, a las buenas nuevas, a la venida de Cristo, a la entrada del Mesías al mundo, la maldición se empieza a romper. La maldición es reemplazada por la bendición. ¿Y qué sale de las bocas y de los corazones de los hombres y las mujeres? Alabanza. Bendito sea el Señor Dios de Israel.

¡Al mundo paz nació Jesús!

Nació ya nuestro Rey.

El corazón ya tiene luz,

y paz su santa grey

y paz su santa grey

y paz su santa grey.

Y después la promesa de una bendición aún mayor por venir:

Ya la maldad vencida es, la tierra paz tendrá.

La bendición del Salvador quitó la maldición,

quitó la maldición, Jesús quitó la maldición.

Así que a medida que nos acercamos a esta temporada en la cual celebramos, recordamos, nos regocijamos en el nacimiento, en la primera venida de Jesucristo a esta tierra, nos unimos con los santos de antaño, tales como Zacarías y cantamos y decimos de lo profundo de nuestros corazones: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque nos ha visitado y ha efectuado redención para su pueblo».

Annamarie: Zacarías es un personaje que puede pasar desapercibido en la historia de la Navidad, pero su vida tiene mucho que decirnos. Nancy DeMoss de Wolgemuth continuará trayendo este personaje a la vida, a través de esta serie de programas titulada, «El himno de Zacarías».

Estudiar porciones o personajes de la Escritura que solemos pasar por alto puede hacer una gran diferencia en la vida de una persona. Una oyente que ha sido impactada por la Palabra de Dios a través de programas como este y otros recursos de Aviva Nuestros Corazones, nos dijo lo siguiente. Escuchemos:

«Hace algunos días me preguntaron de qué manera Dios había impactado mi vida a través de los recursos de Aviva Nuestros Corazones –los programas de radio, las conferencias de Mujer Verdadera, los recursos de enseñanza, los artículos– han sido herramientas que me han enseñado a entender y poner en práctica los diferentes roles que día a día desempeño; como esposa, madre, hija, hermana, amiga.

El convertirme en donadora ha sido una manera de agradecer todo lo que he recibido de parte de este hermoso ministerio y de las personas que trabajan en él. Además, para mí, contribuir mensualmente me hace sentir parte de este gran avivamiento que Dios está produciendo alrededor del mundo. Anhelo que cada vez más mujeres puedan conocer todos estos recursos, y pienso que tal vez yo puedo tener acceso a ellos, gracias a que alguien en alguna parte, decidió contribuir económicamente para que las enseñanzas de Aviva Nuestros Corazones llegaran hasta mí.

Así que ahora que tengo la oportunidad, doy gracias a Dios por permitirme hacerlo, y poner mi granito de arena.

Nancy: Diariamente recibimos mensajes del impacto que la verdad de Dios está teniendo en las vidas de tantas mujeres alrededor del mundo. Y el apoyo de oyentes como esta de la que acabas de escuchar y de otras oyentes como tú, es lo que hace esto posible.

Cuando pones tus recursos a disposición de Dios, no sabes cómo Él puede multiplicarlos en las vidas de otras personas. Tu apoyo, el de nuestras voluntarias y el de todas aquellas que nos apoyan en oración y compartiendo nuestros recursos, hace posible el archivo de recursos disponibles en AvivaNuestrosCorazones.com; y hace posible también, que podamos aprovechar oportunidades que Dios pone delante de nosotros para el avance de Su reino.

Cada ofrenda hace una diferencia, y en este mes de diciembre tienes una oportunidad especial de participar de esto. Este es un mes en el que recibimos un alto porcentaje de donaciones, que nos permiten continuar hacia adelante en este ministerio y ayudar a más mujeres a encontrar a Dios en Su Palabra, y a la vez verlas multiplicar eso en las vidas de otras mujeres. 

También nos ayuda a en la medida en la que nos preparamos para la Conferencia Mujer Verdadera 20, titulada «Arraigadas». ¿Le preguntarías al Señor, cómo quiere Él que participes de esto? Puedes hacer tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, o llamando (desde EEUU o Canadá) al 1-800-569-5959, asegúrate de indicar que tu donación es para el ministerio de alcance hispano. 

Annamarie: Gracias Nancy.

Y para más información acerca de la conferencia Mujer Verdadera 20, visítanos en MujerVerdadera20.com. Allí podrás enterarte de los detalles y registrarte. Y luego asegúrate de descargar la aplicación para interactuar con otras mujeres y mantenerte actualizada.

Si Dios se apareciera frente a tu puerta, ¿estarías feliz de verlo? Considera esta importante pregunta junto a nosotras, mañana, al Nancy retomar «El himno de Zacarías» aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, un ministerio que tú haces posible con tu apoyo, es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Pista 09, Iglesia Bautista Ozama, Noche de Paz ℗ 2017 Iglesia Bautista Ozama

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