Aviva Nuestros Corazones Podcast

Una historia del poder transformador de Dios

Annamarie Sauter: ¿Ves la prueba como una bendición?

Carla: Yo me acuerdo voltear al cielo y decir: Señor, por qué a mí?

Esto para mi esposo y para mí y para mi otra hija era una prueba como lo hizo con Job.

Me acuerdo de una frase que dice Nancy, «todo lo que te haga necesitar a Dios, es una bendición». Esto volteó nuestros ojos a Dios de una manera tremenda.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy en Aviva Nuestros Corazones queremos compartir contigo una historia de la maravillosa obra de Dios en la vida de una oyente. La escuchamos a través de nuestra embajadora regional en México, Myrna Ortiz.

Aquí está Patricia con nosotras.

Patricia: Y porque esta mujer prefiere mantener su historia anónima, la llamaremos «Carla». Ella compartirá con nosotras la mayor prueba que su familia ha enfrentado en más de 30 años de conocer al Señor.

Si escuchaste nuestra serie anterior, basada en Job capítulo 1, creo que el testimonio que escucharás hoy, te ayudará a ver cómo esa enseñanza se aplica a las pruebas en el dia de hoy. Si no escuchaste esa serie, te animo a hacerlo. Puedes encontrar tanto los audios como las transcripciones en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Carla conoció a su esposo en la iglesia, quien era misionero a las tribus étnicas de México. Cuando se casaron trabajaron juntos en las misiones, hasta que Carla quedó embarazada de su primera hija. Este embarazo tuvo algunas complicaciones, así que se asentaron en un lugar en el que su esposo pastorea una pequeña iglesia.

Carla: … y bueno pues yo les cuento que desde que nosotros supimos que íbamos a tener nuestra primera hija, le entregamos esa niña al Señor y le dijimos: Señor, esta hija es tuya. Nosotros tenemos dos hijas, y de la que voy a hablar es de la primera. Se la entregamos al Señor y nos empezamos a preparar como padres y «Señor, esta hija es tuya y Tú has con ella lo que Tú quieras». La empezamos a criar en la Palabra de Dios desde el vientre. Le leíamos la Biblia como nos decían: «Tú le lees y ella te escucha».

Desde que nació, todas las noches hacíamos devocionales con ella, y lo mismo hicimos con nuestra otra hija que nació dos años después de la primera. Le enseñamos la Palabra y todo el tiempo la enseñamos en el camino. Ella muy feliz, siempre iba a la iglesia y nos ayudaba, recogía las ofrendas cuando estaba pequeña, así nos apoyaba –la iglesia siempre ha sido pequeña– y entonces ella de alguna manera podía participar en algún ministerio o... cosas así.

Ella era la que se sabía todo en la clase de niños, y nosotros muy orgullosos como papás de que a ella le gustaba la Palabra de Dios y todo.

Todo iba muy bien hasta la secundaria cuando desafortunadamente abrió sus oídos a las doctrinas y filosofías de este mundo, y empezó a creer muchas cosas que enseña el mundo. Entre ellas, empezó a dudar de su identidad sexual y eso fue para mí y para mi esposo un shock, porque, «¿cómo, hija, si te hemos criado en la instrucción del Señor desde pequeña y desde siempre te hemos hablado la Palabra... o sea, qué está pasando contigo?»

Bueno, fue una lucha muy tremenda de ella en esa área y cuando ella estaba batallando con eso... bueno, entre otras cosas, porque empezó a creer muchas otras filosofías que están en contra de la Palabra de Dios como budismo, como karma, muchas cosas que empezó ella a escuchar y que las empezó a atesorar en su corazón y empezó a creerlas.

Su corazón se empezó a endurecer contra Dios un poco, no totalmente pero sí un poco, y entonces mi esposo y yo estábamos deshechos en esa parte. Su hermana todavía era un poco pequeña, entonces no alcanzaba a dimensionar esa situación. Con mi dolor de madre, para mí fue terrible. En ese entonces yo trabajaba de maestra en un kinder.

Nuestra iglesia es pequeña, entonces mi esposo es un pastor bivocacional y siempre ha trabajado en una escuela dando clases. Trabaja en una universidad dando clases y el otro tiempo lo dedica a la iglesia. Yo le ayudaba con la parte económica trabajando en un kinder y me salí porque empecé a ver que mi hija me necesitaba en esa área. Y aunque yo nunca las descuidé, siempre trabajaba medio tiempo nada más, de todas maneras siempre fue para mí como que yo veía otras mamás que trabajaban y sus hijos se apartaban de Dios, y yo decía, «eso es porque ellas no están en casa».

Yo veía a sus hijos, algunos cristianos, que caían en drogas o chicas que quedaban embarazadas, y yo decía: La mamá tiene la culpa, porque la mamá sale a trabajar y no ve por sus hijos, y la mamá no está al pendiente. Entonces cada vez que alguna mamá o algún hijo, yo veía que había algún problema en casa, ya sea que vinieran a consejería o no, yo siempre decía: Es culpa de la mamá porque la mamá no está.

Entonces como yo pensaba de esa forma, me salí de trabajar pensando que ahí estaba la solución, ¿no? Estar con mis hijas, con el tiempo libre y bueno, confiamos en que Dios supliría la parte económica y así fue.

Así que me salí de trabajar y empecé a estar más al pendiente de mis hijas. Pero cuando nuestra hija mayor cayó en esa situación, para mí fue muy duro, muy difícil y yo estaba muy caída. Fue en ese entonces cuando hubo Mujer Verdadera en Querétaro y le dije a mi esposo, «yo quiero ir», porque yo seguía al ministerio ya de años antes y me encantaba escuchar y me ayudaban mucho los testimonios y me ayudaban mucho las enseñanzas, tanto de Nancy como de las otras maestras.

Leí muchos libros de Nancy también y de otras autoras de ese ministerio, entre otros ministerios que también sigo. Para mí fue súper importante y le dije a mi esposo: «yo quiero ir», pero humanamente, económicamente fue muy difícil que reuniéramos la parte que nos tocaba, tanto de la inscripción como del hotel. El transporte no había problema pero la inscripción y el hotel sí se nos dificultaba.

Oré al Señor y Él me suplió una parte del dinero pero la otra parte faltaba por llegar. Yo seguía orando y ya faltaba como una semana para el congreso y yo no había juntado lo de la inscripción, aparte de que era en dólares. Así que pedí ayuda en oración a mi mamá y a algunas hermanas para que yo pudiera ir; y Lifeway que es una editorial, lanzó una convocatoria en internet donde iba a regalar dos boletos para entrar al congreso, si contestábamos unas preguntas.

Yo entré y contesté las preguntas y dándole gracias a Dios que salgo premiada con dos boletos. Dije: Aquí está la respuesta de Dios. Entonces le dije a mi hija: «Cómo ves hija, vamos. Y ella dijo: Mamá, pero tengo exámenes en la escuela. Le dije: No me importa, vamos, hablamos con los maestros.

Yo fui y hablé con los maestros y les pedí permiso para que mi hija pudiera no presentar el examen sino hasta el regreso, y me preguntaron para qué, y cuando les dije los maestros me dijeron, sí; estamos muy preocupados por su hija porque ella está actuando diferente, está con otras ideas, la conocemos de años y sabemos que ella no es así. Si eso le va a ayudar, llévesela y nosotros aquí le apoyamos y que nuestra niña se mejore, así me dijeron.

Ellos no son cristianos, pero imagínese cómo la veían. Entonces la llevé a Querétaro. Ahí en Querétaro, al estar reunida con todas las hermanas alabando al Señor y escuchando las predicaciones...o sea...¡yo traía unas cargas tan pesadas! Para mí fue tan duro lo que estaba pasando con mi hija. Yo la veía junto a mí, que ni siquiera alababa al Señor, solo estaba ahí como ida, como perdida, pues para mí era todavía más difícil.

En lo personal, Dios a mí me enseñó muchas cosas en ese congreso. El estar reunida con más de cuatro mil hermanas en ese salón, en ese auditorio tan grande fue tremendo. Dios me liberó de muchas de mis cargas, me hizo sentir que Él iba a tener cuidado de mi hija. Dios me enseñó muchas cosas en que yo estaba pensando de una manera equivocada, pero aún yo no veía un cambio en mi hija.

Para mí fue una bendición el congreso en Querétaro, fue una bendición estar con ella dos días juntas, comer juntas y que nada nos distrajera de estar las dos juntas. Entonces como un tiempo de mamá e hija fue maravilloso.

Bueno, en el camión de regreso mi hija estaba muy pensativa y le dije: ¿Qué piensas hija? Y me dijo: «Bueno, creo que si de algo me sirvió venir al congreso es saber que estoy mal. Estoy mal, mi vida no está bien y yo necesito que Dios me cambie». Fue todo lo que dijo, fue todo lo que comentó sobre el congreso. Le dije: Bueno, pues ese es un avance tremendo.

Sí empezamos a ver ciertos cambios en ella y cierta voluntad de obedecer al Señor. Eso fue algo maravilloso porque empezó a desear cosas que no había deseado, como leer la Biblia y así, que no había deseado en tiempo, porque desde chiquita sí lo hacía.

Bueno, nosotros como vimos un peligro en como están ahorita las preparatorias públicas porque era lo que podíamos ofrecerle, optamos por inscribirla en una escuela en línea, como un tipo escuela en casa o homeschooling como le llaman, y ella empezó a hacer la preparatoria aquí en la casa. Nosotros estábamos orando por ella para que se adaptara al nuevo sistema y sobre todo que estuviera alejada de todo lo que fuera el mundo.

Obviamente mucha gente nos criticó, «no, es que si ella no se enfrenta al mundo, no va a saber cómo luchar y cómo vencer al enemigo y cómo vencer las tentaciones». Y nosotros dijimos: Nosotros conocemos a nuestra hija y queremos en este tiempo sembrar muchas cosas en ella, pasar tiempo con ella y que esté apartada de todo lo horrible que está sucediendo allá afuera para que se consagre a Dios.

Y así fue, empezamos a pasar más tiempo con ella, pero de repente ella empezó como: «Oye mamá, qué crees, necesito hacer ejercicio porque necesito bajar de peso».

«Sí hija, no hay problema, te ayudo. Y como sí estaba un poquito subida de peso...»

Entonces le empezamos a ayudar con bajar sus comidas un poco, la cantidad. Empezó a hacer ejercicio, se empezó a ver más saludable. Y eso fue como ¡guau¡ esto está sirviendo para que ella pueda hacer ejercicio y pueda cuidar su salud.

De repente empezó a no querer comer, «ya no quiero, dame menos». Y nosotros, «no, hija, cómo crees. Pero con el tiempo fue diagnosticada con Anorexia. Y nosotros…¿cómo crees? Anorexia, ¿nuestra hija? O sea, me salí de trabajar para estar con ella, aquí estoy pendiente de todo y de la noche a la mañana mi hija comenzó con ese trastorno alimenticio. Claro que para que llegara ahí hubo muchos pleitos, gritos y que, «come» y a fuerza, pero no es como los niños chiquitos de que les enseñas la vara y «tienes que comer porque si no te doy vara». Con ella no era así, era, «pues a ver, come». Y ella, «no».

Cuando una persona tiene Anorexia, es enfrentarse con un temor todos los días, a lo que va a comer. Y fue como en tres o cuatro meses que cayó ahí. No fue de la noche a la mañana, más bien fue un proceso en que hubo muchos pleitos, dolores de cabeza y muchos problemas con ella, y pues la hermana también veía eso y lloraba y sufría, y era un dolor para nuestra hija pequeña ver a su hermana cómo se estaba cayendo.

Le dio un problema de salud fuerte con su corazón y la tuvimos que llevar al hospital público, y ahí nos dijo el doctor: «No puedo hacer nada señora porque su hija tiene que comer. Lo único que podemos hacer por ella, es mandarla a psiquiatría». Y nosotros, «cómo que a psiquiatría, ni que estuviera loca».

Pero no es que estuviera loca sino que los psiquiatras son los que atienden ese asunto de la Anorexia, y también los psicólogos. Bueno, no se pudo enviar a psiquiatría, y entonces la enviaron a psicología, y la psicóloga nos entrevistó y todo, y a fuerzas quería hallar una causa. Culparnos a nosotros como papás, buscar de alguna manera...indagaba tanto nuestras vidas, que no podía entender cómo era que nuestra hija había caído en eso. Porque soy una mamá presente, un matrimonio sin problemas, cristianos, la hermana no le hacía bullying, en la escuela no le hacían bullying –porque ni siquiera iba a la escuela– hasta que al final nos dijo: «no encuentro una razón y entonces quiso dar un diagnóstico que estaba totalmente fuera de lo que mi hija estaba viviendo.

Entonces nosotros dijimos que no. Maldito el hombre que confía en el hombre (Jer. 17-5), nosotros no vamos a confiar en una psicóloga ni en un psiquiatra, ni nada de eso, porque al final de cuentas nuestra hija está en las manos del Señor y el único que puede librarla de esta situación es nuestro Padre Dios.

Dejamos de ir a la psicóloga y empezamos a confiar en Dios totalmente. Mi esposo y yo empezamos todos los días con nuestra hija a reunirnos en la noche solo con ella después del devocional familiar. Comenzamos a leerle la Palabra a ella nada más, a orar con ella, y a mostrarle que lo que estaba sucediendo con ella era un pecado, porque ella desde la secundaria hasta cuando empezó con su problema de identidad sexual, ella no aceptaba cómo Dios la había hecho, ella no aceptaba que Dios es perfecto que es sabio y que como Él la había creado, así era y que ella tenía que aceptarse.

Y ella decía, «es que yo no me puedo aceptar gorda». Y le decíamos, «hija, no estás gorda». Ella para ese entonces se había bajado como veinte kilos, entonces ya parecía un esqueleto. Y aparte del problema de la comida, pues generó depresiones y otros trastornos que eran como síndrome obsesivo compulsivo y muchas cosas que estaban alterando ya nuestra dinámica familiar, y yo me acuerdo voltear al cielo y decir: Señor, ¿por qué a mí? ¿Por qué a mí? Mi esposo es pastor, yo soy esposa de pastor, hago bien mi trabajo, no estamos en pecado...porque toda la gente nos empezó a decir: Oigan, «¿no estarán en pecado?» Otras personas: «Oye, ¿no será por esto...? ¿No será por lo otro? ¿No habrás abierto una puerta aquí? ¿No habrás abierto una puerta acá?» Y nosotros, «pues no», por más que tratábamos de buscar por dónde podrá venir esto… ¿no será que el Señor nos está disciplinando por algo?

No, definitivamente no encontrábamos; y orábamos mi esposo y yo para que el Señor nos mostrara por qué nos estaba sucediendo esto. Entonces, Dios hermoso, que nos pudo de alguna manera hacer sentir que esto no tenía que ver con nosotros sino con ella, y que esto para nosotros, para mi esposo, para mí y para mi otra hija, era una prueba como lo hizo con Job.

Entonces me puse a leer el libro de Job y a estudiarlo y pude ver que todas las cosas maravillosas que Dios puede hacer en la vida de la gente y cómo Job se preguntaba y los amigos le decían. Hagan de cuenta que conmigo tuvimos todos los amigos de Job alrededor de nosotros. Que si esto, que si no será por esto... hasta que entendimos que era la voluntad del Señor que nosotros pasáramos por esto y que era una cierta forma de llamada de atención para nuestra hija, para que ella pudiera entender que estaba mal y que había dejado entrar a su vida muchas cosas que estaban mal.

Y me acuerdo de una frase que dice Nancy en sus pláticas y libros, ella dice muy seguido, «todo lo que te haga necesitar a Dios es una bendición». Esto volteó nuestros ojos a Dios de una manera tremenda. Los hermanos de la iglesia veían a nuestra hija cómo se decaía de salud y nos animaban y la animaban a ella. Pudimos ver el amor de nuestros hermanos que le decían, «ánimo, ánimo, tú puedes hija, estamos contigo, estamos orando por ti»; y ellos pudieron ver una familia pastoral que no se cayó porque el Señor estaba con ella.

Ellos pudieron ver que también somos seres imperfectos, que también nos equivocamos y que también tenemos problemas y que también sufrimos las pruebas del Padre, que a veces nos da para fortalecer nuestro carácter, para animarnos y para mostrarnos dónde está nuestra fe. Y en todo el tiempo, todo el tiempo de esta prueba el Señor fortaleció nuestra fe. Fortaleció cada momento de nuestra vida. Cuando nuestra hija más mala estaba, había momentos en que estábamos los cuatro tirados en el piso orando y llorando, devastados de dolor, pero sabíamos que el Señor estaba ahí, y sabíamos que Dios nos estaba fortaleciendo y que el Señor se estaba levantando en medio de nosotros y nos estaba llevando a conocerlo más de cerca.

En todo este tiempo nuestra hija fue abriendo poco a poco sus ojos. A veces eran desveladas hablando con ella, orando con ella, y de repente, poco a poco, poco a poco, el Señor comenzó a abrir sus ojos y le empezó a mostrar el estado de su corazón, todo el pecado que había en ella, todo lo que había dejado entrar, todas las ideas equivocadas que ella había dejado entrar a su corazón, y esta fue una forma de, «despierta, despierta niña, el Señor está contigo, el Señor es poderoso y Dios te hizo perfecta, te creó con un propósito y no puedes estar lastimando tu cuerpo de esta manera, no puedes estar idolatrando tu cuerpo» –porque ella se miraba al espejo y se veía hermosa aunque pesaba a sus 16 años, veintitrés kilos– o sea, ella se veía hermosa, «pues así quiero estar y así quiero seguir», hasta que el Señor fue abriendo sus ojos.

Nos fue mostrando cómo la fue renovando, cómo fue quitando la escoria que había en su corazón. Quitando toda la suciedad que ella había dejado entrar a su corazón y a su mente y le fue abriendo sus ojos, y nuestra hija salió victoriosa de esta situación. Llegó un momento en que dijo: «Ya no quiero estar así, ya basta de estar peleando con Dios, ya basta de estar atesorando esta imagen que no es real, que no me va a dejar nada bueno». Basta de estar yendo tras cosas que se esfuman, como dice Eclesiastés, de ir persiguiendo esas cosas que al final de cuentas son vanidad.

Y vimos la transformación en ella, vimos el poder de Dios maravilloso en su vida. Y no solamente en ella, también en nosotros. A mí, Dios me calló la boca de una manera tremenda porque dejé de juzgar a otras mamás. Dejé de decir, «no, pues es que no le ponen atención a sus hijos, es que no están ahí presentes, es que quién sabe dónde está la mamá, por eso el hijo es drogadicto, por eso la chica quedó embarazada». No, a veces ahí estando presentes, Dios permite que pasen estas cosas. Y no importa si eres la esposa del pastor, y no importa si tienes una familia perfecta. Dios permite que pasen estas cosas para perfeccionarnos, para llevarnos a necesitarlo más, para llevarnos a tener más comunión e intimidad con Él y mostrarnos que Él está con nosotros.

Hoy en día nuestra hija está comiendo mucho mejor. Todavía tiene un poco de miedo a subir de peso, pero ya ha recuperado como diez kilos. Cuando ella quiso dejar la Anorexia, porque eso es una decisión que ellos tienen que tomar, fue difícil porque como no comía nada, de repente era comer nada más que leche o gelatinas, bien poquito como si fuera un bebé. Pero lo que sí devoraba era la Palabra,

Tú veías a la niña terminando su escuela –el homeschooling– leyendo la Biblia, me pedía todos los libros que yo tenía, leyó todos los libros de Nancy que tengo y de otras autoras, y me decía: «Mira mamá, encontré esto», y antes, nada de eso. Ella devoraba la Palabra. Se empezó a alimentar, empezó a alimentar su espíritu, pasaba tiempo en oración, solo escuchaba alabanzas. Hace mucho que no veíamos una niña así.

Esa es la transformación que Dios hizo en ella, la transformación que hizo en nosotros, la transformación que hizo en su hermana porque su hermana también pudo ver eso. Si alguien sufrió con la Anorexia fue la hermana. Teníamos miedo que ella también cayera en eso porque las estadísticas decían que si la hermana o la mamá caen en eso, el resto de la familia también era susceptible.

Sin embargo Dios libró a nuestra hija menor. Ella llegó a sentirse tan frustrada y tan dolida y con tanto pesar, que se empezó a cortar su piel, empezó a hacerse cicatrices y cosas como hacen los jóvenes. Yo decía, «Dios, ¿por qué?, ¡ya una y ahora la otra!

Sin embargo Dios transformó también el corazón de la pequeña y fue maravilloso cómo pudimos ver la transformación en nuestra hija, en nuestra familia y pudimos ver en la iglesia cómo la gente pudo ver a su pastor que nos se cayó. Cómo pudo ver a la esposa de su pastor llorando a lágrima tendida los días de oración, rogando por su hija, y sin embargo pudieron ver el poder transformador de Dios en una familia que a lo mejor había sido atacada con salud, con dinero y sin embargo pudieron ver que Dios es poderoso, que Dios también prueba a la familia del pastor y que pudimos salir de esa prueba y fue maravilloso.

Patricia: Enfrentarás pruebas difíciles a lo largo de tu vida, aun si tienes muchos años en la fe. Todas tenemos luchas, y el único lugar, o más bien la única Persona en la que encontramos libertad, es en Jesucristo nuestro Salvador.

Al escuchar la historia de Carla, pienso en las batallas que cada una de nosotras ha enfrentado, está enfrentado o enfrentará. Sea la anorexia, el legalismo, tu identidad sexual, la envidia, _____, llena el espacio en blanco con tu pecado… Satanás nos engaña con sus mentiras, pero en la Palabra de Dios encontramos la verdad que nos hace libres.

Isaías 41:18: «Abriré ríos en las alturas desoladas, y manantiales en medio de los valles; transformaré el desierto en estanque de aguas, y la tierra seca en manantiales».

Quizás tú te encuentras en medio de una prueba para la cual no estabas preparada, o ante la que estás a punto de rendirte. Es mi oración que al escuchar el programa de hoy tu fe sea fortalecida. ¡Aférrate a Cristo y búscale en la Escritura y en oración!

Carla: Yo espero que este testimonio pueda servir para las familias de los pastores, para darse cuenta de que a veces vienen las pruebas pero que el Señor nunca nos deja, y que a veces cuando podemos sentir que somos intocables para el enemigo, y que como estamos sirviendo a Dios nada nos puede pasar porque estamos sirviendo al Señor y tenemos un lugar privilegiado, eso no es cierto. Dios puede permitir que pasemos por pruebas, por dificultades y por tormentas, pero Él está en la barca con nosotros. Él no está dormido, Él es el Dios que se levanta y enmudece la tormenta, y detiene los vientos y detiene al mar para que nosotros podamos cruzar. Él es nuestro Dios, es ese Dios poderoso que nunca nos va a dejar.

Annamarie: En nuestra próxima serie, estaremos abordando un tema que estoy segura que no te querrás perder. Imagina que tu mente fuera un armario en el que has almacenado pensamientos… Lo has llenado de todo tipo de cosas, incluyendo lo que te has dicho a ti misma. Una parte luce atractiva y útil, pero otra ya no te sirve. Jennifer Rothschild compartirá con nosotras algunas estrategias prácticas para guardar nuestro armario de pensamientos. Te esperamos para una próxima serie, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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