Una fuente de identidad vacía

El pasado lunes les compartía cómo fui criada para trabajar, desde niña trabajé como empacadora de bolsas en el supermercado, vendía pasteles a mis vecinos y mi primer trabajo formal lo obtuve estando en la secundaria… hice mi carrera en mercadeo y mi maestría en comunicación integral y para serles honesta no imaginaba mi vida sin el valor y el significado que me daba levantarme cada día y salir a trabajar… ¿era pecado trabajar desde joven, estudiar y perseguir una carrera universitaria? ¡Claro que no! El problema era que esas cosas eran mi fuente principal de identidad y propósito. Mi vida giraba en torno a mi trabajo y cuando me casé y tuve a mi primer hijo, mi familia se tenía que conformar con lo que sobraba de mi extenso horario laboral, mi hijo solo recibía migajas de mi tiempo y atención y todo esto era una evidencia de que mi corazón estaba muy lejos de las prioridades de Dios para una esposa y una madre.

Esa era mi realidad hace 7 años… hasta que Dios abrió mis ojos a todo lo que me estaba perdiendo… me estaba perdiendo de la riqueza de hacer de Él mi única fuente de identidad, de ver mi servicio en el hogar como un privilegio. Dios me mostró cómo estaba descuidando el lugar de influencia que Él me había entregado y cómo mi casa era un ministerio que no había valorado. Había perdido de vista que el trabajo lejos de ser un ídolo, había sido creado para manifestar la naturaleza y el carácter de Dios. ¡Yo lo había hecho todo acerca de mí!

La razón por la que te comparto mi historia es para apuntarte a una historia mayor, quiero que puedas considerar a Aquel, que siendo Dios y estando en Su trono se despojó de Sus privilegios para hacerse como uno de nosotros y servirnos. La labor perfecta de Cristo y su sumisión voluntaria a Su Padre hasta la cruz es lo que nos empuja a trabajar para un propósito mucho mayor que nuestra propia satisfacción. Su victoria y resurrección nos hacen despertar a una esperanza viva que es el combustible que nos empuja a rendirnos a Su voluntad y a trabajar de una manera que honra su nombre ya sea en el hogar, la oficina y o cualquier circunstancia en la que Dios te coloque.

Han pasado años de ese testimonio que te compartí, y ¿crees que ya logré la meta de poner toda mi identidad en Cristo y de rendirme a sus planes por completo? Pues no, es una lucha diaria que solo puede ser ganada por el poder del Espíritu y terminará el día en que Él restaure todas las cosas. Actualmente trabajo en el hogar y también para otras personas desde mi casa y cada día mi corazón idólatra se ve atraído a hacer de esas cosas mi fuente de significado. Así que necesito seguir aferrándome a sus promesas, confiando en su gracia y corriendo a su trono en los momentos de necesidad. Ya sea que trabaje dentro o fuera de mi hogar, el anhelo de mi corazón redimido es que todo lo que haga sea un reflejo de su obrar y su carácter. ¿Orarías conmigo? “Señor, ayúdame desde mi tiempo de juventud a cultivar un corazón que haga de ti su única fuente de identidad.”

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Sobre el autor

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés, madre de Josué y Samuel, portadora de un ferviente anhelo por llevar el evangelio a las siguientes generaciones. Forma parte del ministerio para mujeres Aviva Nuestros Corazones, administrando los blogs Mujer Verdadera y Joven Verdadera. Además supervisa el área de Media. Actualmente está cursando un M.A. en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Escribe en Aviva Nuestros Corazones, en su blog personal y contribuye en Coalición por el Evangelio.

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