¿Lo cortesía está matando tu vida de oración?

Los cristianos en NorteAmérica generalmente son personas de oraciones respetuosas.   Tenemos la tendencia a orar correctamente, con palabras de cortesía que creemos que Dios quiere escuchar. Pero seamos honestas…muchas de nuestras oraciones son intentos vacilantes, repetitivas, y algo aburridas.

Estoy a favor de los buenos modales con las personas que acabo de conocer. Pero las relaciones reales requieren de más. Si mi esposo solamente me dirigiera palabras distantes  y amables nuestra relación se marchitaría y moriría.  Quiero saber de sus luchas, sus temores, su enojo, y sus gozos. Quiero acompañarlo en el proceso y no solamente oír sus conclusiones. Quiero que él confíe en mí.

Las relaciones íntimas requieren de sentimientos auténticos. Nuestros pensamientos más recónditos –sean equivocados o inmaduros- se comparten en confianza. Entonces, ¿por qué mantenemos a Dios a distancia? ¿Estamos tratando de aparentar algo que no somos? ¿Tememos molestarlo? Dios es nuestro Padre, sin embargo, con frecuencia lo tratamos como a un pariente lejano.

Sé auténtica en oración

 

Recientemente estuve leyendo Jeremías, y quedé impactada por lo real que eran sus oraciones. No maquillaba sus palabras. Él oraba con palabras sinceras. Traía sus quejas delante de Dios y suplicaba.

Justo eres tú, oh SEÑOR, cuando a ti presento mi causa;

En verdad asuntos de justicia voy a discutir contigo.

¿Por qué prospera el camino de los impíos y viven en paz todos los que obran con perfidia? (Jer. 12:1).

¿Por qué salí del vientre para ver pena y aflicción,

y que acaben en vergüenza mis días? (Jer 20:18)

Sáname, oh SEÑOR, y seré sanado;

sálvame y seré salvo (Jer 17:14)

¿Qué pasaría si oráramos lo que realmente estamos sintiendo? A Dios no le sorprenderían nuestras palabras, pero seríamos humilladas cuando nuestros necios pensamientos fueran puestos en palabras. A veces sentimos algo que realmente no podemos definir o comprender hasta que las decimos en voz alta. Por tanto, lo ventilamos con amigas o las enterramos, no queriendo dar molestias a Dios con nuestras “pequeñas” preocupaciones. Estamos cometiendo un error muy serio cuando no venimos delante de Dios con nuestros problemas. A Él no solamente sí le importa, sino que también tiene el poder de cambiar las cosas.

La oración nos trae a un lugar vulnerable. Desnudamos nuestros corazones en oración. Nuestra imagen pública creada cuidadosamente es despegada hasta que quedamos expuestas delante de un Dios santo. Esto sería un pensamiento incómodo –no, aterrador- si la sangre de Cristo no hubiese sido ya derramada a nuestro favor. Con Dios no hay fingimiento, Él conoce nuestros pensamientos antes de que los expresemos (Sal 139:4) Cada cabello en nuestra cabeza está contado (Mat 10:30). Él nos conoce. La verdadera yo en cada una de nosotras.

La mujer cristiana puede acercarse al Padre con audacia (Heb 4:16, Rom 5:2). Somos hijas amadas, no empleadas distantes. No necesitamos temerle por lo que ya sucedió en la cruz. Cristo pagó el castigo por nuestro pecado y nos vistió de Su propia justicia (2Cor 5:21). De manera que podemos dar un salto de fé incómodo, no como teniendo confianza en nosotras mismas, sino porque Cristo es digno de nuestra confianza, y Dios nos ha adoptado como posesión Suya.

Espera ser cambiada

 

Cuando traemos nuestras cargas y peticiones delante de nuestro Padre celestial, sucede algo inesperado. Llegamos a Él esperando un cambio de circunstancias y nos levantamos con una nueva perspectiva.  Somos cambiadas por la oración. Con frecuencia vemos este patrón en los Salmos. A lo largo de la oración la queja se transforma en alabanza. Si aplicamos este directriz  a nuestra propia vida de oración, podríamos sorprendernos del fruto que rinde.

¿Por qué no ser despiadadamente honesta cuando solo son tú y Dios en oración privada? Puedes confiarle tu corazón porque a Él le importas. La oración auténtica profundiza la comunión. Aumenta la confianza y enciende el amor. Adelante, brinca en lo profundo con Dios. La cortesía en la oración puede ser cómoda, pero la oración auténtica transforma corazones

¿Te sientes libre para ser honesta con Dios en oración? ¿Qué le dirías al Señor si dejaras de hablarle con cortesía?

 

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Sobre el autor

Christel  Humfrey

Christel Humfrey

Christel es esposa de pastor y madre. Tiene una Licenciatura en Arte, en Música, con ballet como asignatura secundaria. Contra todas las posibilidades, ella se enamoró de un vaquero. Juntos tienen tres hijos y ministran en Calgary, Canadá. En su tiempo libre, ella disfruta escribir en su blog foretasteofheaven.blogspot.ca

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