Aviva Nuestros Corazones Podcast

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: Con nosotras, Laura y Fausto González.

Fausto González: Antes que correr a un aborto, corre a la Palabra de Dios. Corre al consejo de Dios y no hagas lo que te dicen los que no conocen a Dios—o los que dicen conocerlo pero que no viven conforme a su revelación.

Laura González: Nosotros retamos a los jóvenes a que busquen la voluntad de Dios en la Palabra y no en la cultura, y no en las conveniencias o en los deseos o en la comodidad. 

Fausto: La realidad es que no se trata de nosotros. Se trata de Dios, se trata de Su gloria, de conocer Su voluntad. Aunque no la entendamos y aunque vaya en contra de nuestras opiniones y de nuestros deseos egoístas, debe prevalecer–si decimos ser cristianos– debe prevalecer lo que Dios ha dicho.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Deuteronomio capítulos 27 y 28.

Antes de continuar, te recuerdo que cada uno de estos programas viene acompañado de recursos relacionados al tema sobre el que has estado escuchando. Encuentra los accesos en la transcripción, en AvivaNuestrosCorazones.com

Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy DeMoss Wolgemuth: El valor que le damos a la vida, el valor que realmente le damos a la vida, no se ve tanto en lo que decimos o en qué etiqueta nos ponemos. Es evidente en cómo vemos y tratamos a otras personas, incluyendo a los niños.

Cuando escucho a alguien decir: «No soporto a los niños», pienso, ¡esta no es una persona provida! Puede que se llamen a sí mismos «provida», pero si realmente eres provida, amarás a los niños.

Durante los últimos días hemos estado escuchando una preciosa historia del poder redentor de Dios en las vidas de Laura y Fausto González. Este es el tercer programa en esta serie titulada, «De muerte a vida». Así que si te perdiste cualquiera de los anteriores, asegúrate de escucharlo en AvivaNuestrosCorazones.com.

Laura y Fausto se casaron con opiniones distintas acerca del valor de los hijos. Luego eligieron el aborto en un momento en el que se les dijo que era médicamente necesario. Luego Dios transformó sus corazones y descubrieron el perdón de Dios a través de Jesucristo, y ahora dan abundante fruto para la gloria de Dios. Antes de continuar con esta historia, escucha un resumen del programa anterior.

Fausto: Debido a mis temores de que yo no fuera el padre que yo quería ser, dije, «pues nada, Dios, está bien. Quitamos uno, Tú nos quitas el otro, ya estamos a la par.

Laura: Al no conocer al Señor en ese tiempo,era imposible para nosotros entenderlo. Nos llevamos más del consejo de los escarnecedores que del consejo de Dios. Pero tenía que haber sido un asunto de elegir, de dejar a Dios actuar, como en todas las áreas de nuestra vida. 

Fausto: Recuerdo que nos invadió un sentido de pesar, de dolor, porque ahora pudimos entender que nuestra decisión no era la de Dios, que habíamos decidido como deciden los hombres, conforme a lo que ellos creen y a lo que piensan, pero no decidimos conforme al Dios que nos regalaba esa criatura, que creó esa criatura y que ahora se había revelado a nosotros y que nos permitía conocerle mejor.

Laura: La gracia de Dios llenó mi corazón inmediatamente. Yo sentí inmediatamente la gracia de Dios porque Cristo es un gran salvador y Su gracia es tan inmerecida. Yo no merecía Su gracia, pero Su gracia es precisamente eso, inmerecida; y Su sangre es tan suficiente, que cubrió y sigue cubriendo cada día todo mi pecado.

Lo que todavía sí siento, es un sentido de pérdida, porque al final yo pude haber tenido otro hijo en mi familia, otra familia alrededor mío, que no tengo. Y es simplemente porque yo decidí que no.

Fausto: La Palabra dice que debemos tener hijos, que los hijos son flechas en manos de ese arquero, y que bienaventurado es ese hombre que tiene su aljaba llena de ellos. Veo hombres que están es sus veinte, en sus treinta con esta mentalidad que el mundo les ha vendido de que los hijos son un problema, como yo creía antes de conocer al Señor.

Annamarie: Continuemos con la tercera parte de esta historia del poder transformador de la gracia de Dios.

Laura: Definitivamente la vida es importante para Dios. Él es el creador de la vida y nosotros no somos nadie para determinar quién muere y quién no. Y como Fausto decía, Dios ha sido tan bueno restaurando y redimiendo, que además de darnos los nietos que nos ha dado (ya van cuatro), Dios nos ha dado muchos hijos espirituales. 

Tenemos hijos espirituales en muchos lugares del mundo que nos llaman «pa Fausto y ma Laura». Nosotros que no queríamos tener hijos, que teníamos esa historia, ahora no solamente tenemos una hija y varios nietos, sino que tenemos hijos espirituales a los que podemos discipular, ayudar en su caminar con Cristo, y eso es todo parte de Su gracia inmerecida y de Su gracia abundante, y de Su poder redentor.

Fausto: Para mí Laura es una gran bendición de Dios, una de las tantas que nos ha permitido ver y vivir. El ver a nuestra hija Sarah, la próxima generación, ya criando sus hijos en el Señor, siguiendo un modelo bíblico del matrimonio, de la familia. 

Es decir que Él nos permitió en una generación pasar, en el caso de Laura y mío, pasar de total oscuridad y desconocimiento de la verdad y de la revelación de Dios, a la próxima generación ahora estar en Cristo, ella y su marido, criando a sus hijos en la verdad. 

Eso para mí, además de los hijos e hijas que Él nos ha dado en la fe, que son docenas y docenas, el ver a nuestra única hija criando a sus hijos en la verdad, de una generación a la otra, eso pone en despliegue la bondad, los favores, la misericordia y la gracia de un Dios que no toma en cuenta nuestras ofensas y nuestro pecado cuando venimos a Cristo en arrepentimiento.

Laura: Y como Dios es tan bueno, Él aún ministra nuestros corazones a través del tiempo. Yo recuerdo una mañana –quizás ya hace unos siete años de esto– estaba sentada con el Señor en mi tiempo devocional, y no estaba esperando oír nada especial de parte del Señor; era un día como cualquier otro. 

Recuerdo que era el mes de marzo y yo estaba leyendo este devocional, y esta señora –era un devocional acerca de testimonios de misioneros– y esta señora hablaba de que ella tuvo un embarazo, y a ella se le recomendó al igual que a mí hacerse un aborto terapéutico que fue lo que me recomendaron a mí. 

Pero ella sabía de la santidad de la vida, y a diferencia de mí, ella sabía que los hijos eran una bendición del Señor. Entonces ella decidió, «no, yo voy a confiar en el Señor. Si Él quiere que yo tenga un hijo con defectos, ese es Su propósito para mi vida; y si Él no quiere, entonces ese será Su propósito para mi vida. Y alabado sea Dios por ambas cosas.

Y ella decidió tener su niña, decidió darle vida, y esa niña llegó perfectamente sin defectos. Era una niña saludable, y la moraleja de la historia es que esa niña creció para ser una misionera y ahora está sirviendo al Señor como misionera. El nombre que ella le dio a la niña fue Rebeca, que era el nombre que yo hubiera querido darle a una segunda niña.

En ese momento, aún con años que habían pasado luego de mi aborto, que yo había experimentado el perdón de Dios, yo pude saber que el pecado tiene consecuencias en la vida, y como les dije antes, no hay un día que pase que yo no pueda sentir la ausencia de esa persona en mi familia. 

Pero qué diferente, esta señora tenía a Dios y pudo elegir correctamente y yo no. Pero aún así, como Fausto decía, la gracia y la misericordia de Dios de permitirnos servirle y servir a otros y animar a otros y mostrarles que la vida tiene valor, que Dios ama a los niños y quiere que nosotros nos multipliquemos y que tengamos familias grandes y que vivamos para Su gloria.

Fausto: La Biblia dice que los hijos son un regalo de parte de Dios, aún los niños especiales, los niños que vienen con defectos son un regalo de Dios. Cuánto yo hubiera deseado que yo hubiera tenido el entendimiento, porque aún no puedo culpar a los escarnecedores, no puedo culpar a aquellos hombres profesionales, médicos que me aconsejaron que matara a mi bebé, porque lo que ellos me dijeron era lo que ellos creían que era bueno.

Ellos creían que me estaban dando un buen consejo y así lo recibí yo. Pero si yo hubiera tenido el entendimiento ya renovado por la Palabra de Dios a través de Su Espíritu para no haber escuchado a estos escarnecedores y haber hecho conforme a lo que Dios quería que yo hiciera, ese niño o niña habría sido un regalo para nuestra vida y Dios se habría glorificado de tantas maneras a través del nacimiento de ese niño.

No sé tú, si estás embarazada ahora que nos escuchas, si es un embarazo que quizás crees que es inconveniente porque ha llegado inesperadamente. No sé si te han dicho que tu embarazo es de alto riesgo o quizás te han dicho que tu bebé puede nacer con complicaciones, es importante que como mujer cristiana y tú, esposo –de una mujer que se encuentra en esa situación– entiendas que ese niño ha sido creado en el vientre, por Dios, y que perfecto a los ojos del hombre o imperfecto a los ojos del hombre –porque ante los ojos de Dios todos somos perfectos porque somos Su creación– ese niño o niña va a ser una bendición para tu vida.

De manera que antes de correr a un aborto, corre a la Palabra de Dios, corre al consejo de Dios y no hagas lo que te dicen los que no conocen a Dios, o los que dicen conocerlo pero que no viven conforme a Su revelación. Esta es una oportunidad que Dios te da para glorificarlo en tu vida, en tu familia.

Una cosa que ha roto mi corazón recientemente, es ver esos videos de Planned Parenthood en Estados Unidos, donde tú ves cómo succionan y cortan las partes de esos fetos y las sacan para vender después esos tejidos, y al pensar que eso le pasó a nuestro bebé en el vientre de Laura…esas son imágenes que aunque ya sé que soy perdonado en el Señor, son como recordatorios de como hombres a dónde podemos llegar en nuestra maldad, y luego creer que no somos tan malos.

Luego alguien me preguntó si soy salvo y yo le dije, «salvo de qué si yo soy bueno». Tenemos que revisar nuestras vidas y nuestras mentes porque creemos una cosa que no es lo que Dios cree de nosotros. Hoy en día vemos cómo, aún la sociedad se ocupa más de salvar a un animal de la extinción o de invertir recursos en salvar a un animal –que no está mal en sí mismo– pero darle más valor a eso que a la vida de un ser humano…

Una mujer puede abortar un embarazo, y a los dos meses estar haciendo campaña porque no maten a las ballenas, o no maten a otro animal. En la mente de Dios, a la luz de lo que Él ha revelado sobre Sí mismo, eso es inaceptable. Y así creemos muchos, así pensamos muchos, inclusive algunos que se dicen cristianos.

Laura: Otra cosa que yo quisiera dejar, transmitir en este programa, es que vivimos en una cultura de muerte. No solamente que abortamos y que matamos niños en el vientre, sino que ni siquiera les damos vida. Porque ahora queremos controlar tanto el número de niños, que cada vez tenemos menos hijos y ese no es el corazón de Dios.

El corazón de Dios es que seamos multiplicados y que tengamos niños, que tengamos aljabas llenas, familias grandes. Definitivamente eso es algo de lo que yo no puedo convencerte, solo la Palabra de Dios lo puede hacer y es un área que debemos someter a Dios, «Señor, ¿cuál es Tu voluntad?»

Los cristianos de Berea escudriñaban las Escrituras para corroborar que las enseñanzas eran de Dios. Fausto y yo retamos a los jóvenes a que busquen la voluntad de Dios en la Palabra y no en la cultura, ni en el mundo, ni en las conveniencias, ni en los deseos o en la comodidad.

Y no les estamos diciendo qué hacer, sino que consideren todo eso, todo lo que Dios dice a la hora de presentarle a Dios esta área de sus vidas. Antes de decidir qué método utilizar para retardar las bendiciones, nosotros recomendamos a los jóvenes que examinen su corazón y sus motivaciones, y verifiquen que ellos han rendido a Dios su descendencia, a Su soberanía, y junto con esa rendición han entregado sus temores y sus opiniones y sus trasfondos y sus entendimientos equivocados y egoístas.

Luego de todo eso, evaluar, «Señor, ¿qué hago?» Y dejarle a Dios la posibilidad de actuar. Y Dios se encarga de enviar hijos a quien Él designe soberanamente, y nosotros no somos nadie para obstaculizar a los niños que Él quiera enviar. Yo no quisiera que Dios tuviera que imponer Su voluntad sobre la mía, nosotros queremos siempre estar listos y abiertos y receptivos a que Él intercepte nuestras vidas y nuestros planes con Su voluntad.

Y si al final no es la voluntad de Dios que tengas hijos, y no puedes procrear –hay personas que están ahí– Él te dirá que hacer. Siempre hay niños huérfanos para adoptar o hijos espirituales que necesitan ser instruidos y amados en la familia de Dios.

Cada huérfano que adoptemos es una vida a la que hemos contribuido a redimir, y Dios va a dirigirnos de la mejor manera que podemos servirle. Pero el reto que queremos lanzar es: que seamos verdaderamente provida, no solamente en cuanto a tener el niño en el vientre, sino también a traerlos al mundo a dejarnos ser usados por Dios para traerlos al mundo. 

Me recuerdan las parteras de Egipto que preservaban la vida de los niños judíos porque le temían a Dios. Por eso los preservaban, por su temor a Dios, y dice que por haber temido a Dios Él prosperó sus familias. Por la fidelidad de esas parteras fue que vino Moisés al mundo, para llenar los propósitos que Dios tenía designados para él.

Fausto: La realidad es que no se trata de nosotros, se trata de Dios, se trata de Su gloria, de conocer Su voluntad aunque no la entendamos, y aunque vaya en contra de nuestras opiniones y nuestros deseos egoístas, debe prevalecer, si decimos ser cristianos, lo que Dios ha dicho. 

Nunca seremos, hombres y mujeres que nos escuchan, real y totalmente libres, como la Palabra de Dios dice que nos hace, hasta que hayamos rendido nuestras opiniones, nuestras preferencias, nuestras vidas, nuestro futuro, nuestros matrimonios, nuestra descendencia inclusive, y todos los demás aspectos de nuestra vida, total y absolutamente al control de Jesucristo que es ahora nuestro Señor y dueño.

No podemos decirnos cristianos y seguir viviendo como el mundo vive. Sí, quizás ahora no robamos, no matamos, no adulteramos, pero entonces gasto como el mundo me dice, tengo el número de hijos que el mundo dice que conviene…no podemos decirnos cristianos y vivir así.

Debemos evaluarnos. Tú que me escuchas, debemos evaluarnos, «¿será que quiero el control para garantizar que mis hijos y yo tengamos el estilo de vida que queremos tener?» Porque me dicen que es bueno, que me lo merezco, que nos hace sentir cómodos…¿decisiones, elecciones que me van a dar un estilo de vida mejor?

Debemos aceptar la porción que Dios tiene para cada uno de nosotros, y entender que como Él mismo dice, es buena porque viene de Él. Él es nuestro bien. 

¿Realmente quiero la voluntad de Dios en cada área de mi vida? ¿O solamente en aquellas que no me cuesta trabajo rendirle a Él?

Yo creo, hermanos y hermanas que estas son preguntas legítimas que debemos hacernos. Como nos recuerda el apóstol Pablo, que debemos examinarnos a ver si verdaderamente estamos en la fe, porque podemos decir que estamos, pero si nuestras elecciones y nuestras decisiones son contrarias a lo que Dios ha establecido, no podemos engañarnos, estamos viviendo una fe que no es real.

Esperamos que este testimonio, esta experiencia por la que el Señor nos hizo pasar y de la que hemos podido ver Su bondad y Su perdón y Su redención, llegue a tu vida en un momento crucial, muy específico. Que Dios la use junto a Su Palabra y acompañados por Su Espíritu para ampliar tu entendimiento en esta área, en este tema específico, del valor que tiene para Dios la vida que Él da. Él es el que la da y Él dice que es valiosa.

No seamos tú y yo los que digamos lo contrario porque estaríamos pecando contra Él. 

Nancy: Es mi oración que al escuchar esta historia de Laura y Fausto González evalúes tu propio corazón. ¿Realmente –en tu corazón– valoras a los niños? ¿Promueves la vida?

Laura y Fausto han redirigido sus vidas, de abortar un hijo a invertir en parejas jóvenes, animándolas a celebrar la vida como un regalo de Dios.

En esta historia vemos la libertad, la plenitud y la abundancia a la que Dios ha llamado a cada uno de sus hijos. Y una forma en la que vivimos esto es afirmando que la vida humana es preciosa para Dios y debe ser valorada y protegida desde el momento de la concepción hasta la muerte.

Creo que muchas de nuestras oyentes dicen ser provida, aunque probablemente han sido engañadas al pensar que hay ocasiones en las que es válido terminar con la vida de un bebé. Quiero que realmente pensemos en esto: ¿Verdaderamente tratamos toda vida humana como preciosa? Si somos provida, ¿qué estamos haciendo para honrar la visión de Dios de la vida? ¿Realmente valoramos y protegemos las vidas que nos rodean?

Permíteme, en este breve momento, decirte algunas cosas en las que puedes pensar respecto a este tema. Lo primero es otra pregunta: ¿Estás tú—o tus hijos, siendo entretenidos por películas, espectáculos o videojuegos que trivializan el asesinato o que promueven una visión barata de la vida?

Piensa en los programas de televisión que ves, las películas que buscas e introduces en tu casa, los videojuegos que tus hijos juegan… ¿trivializan estos la vida? Si la respuesta es «sí», entonces quizás no eres verdaderamente tan provida como crees que eres. 

Mira el valor que le damos a la vida, el valor que realmente vemos en la vida, no se ve en la etiqueta que nos ponemos, sino en cómo vemos y tratamos a otras personas—incluyendo a los niños.

Dios ama al pobre, y ninguna de nosotras diría, «¡ah, no me gusta la gente pobre!». Pero cuántas de nosotras cambiamos de ruta para evitar encontrarnos con alguien cuyas necesidades son tales que demandarían una respuesta de nuestra parte. Y simplemente no queremos pasar por allí. 

Si realmente somos provida, se verá en cómo vemos a los pobres, cómo los tratamos, cómo vemos y tratamos a aquellos con discapacidades, a las personas mayores, a aquellos que ya no pueden cuidar de sí mismos, cómo vemos y tratamos a nuestros padres, a nuestra familia extendida, a personas difíciles, a aquellos que profesan otras religiones, a los inmorales, a las personas con las que estamos en desacuerdo. 

Todas estas personas, y cualquier otra que no mencioné, son preciosas ante Dios, y deben ser preciosas para nosotras también.

Ahora, en la medida en que reflexionas sobre estas cosas, quisiera que oremos con Fausto. Aquí está él para dirigirnos en oración.

Fausto: Santo Dios, te alabamos Padre sobre todas las cosas, y reconocemos que este es un tema con el que muchos cristianos luchan. No debería serlo porque Tú no luchas con este tema, un tema que cuando leemos Tu Palabra es claro; que para ti y para Tu corazón, la procreación, tener hijos, valorar la vida que Tú das es central al mensaje del evangelio y a Tu Palabra en general.

Yo te pido que aquellos que nos escuchan hoy y en el futuro, que Tú Señor les ayudes a entender como Tú entiendes; que brille la luz de Tu verdad sobre las mentiras que hemos creído, sobre las prácticas pecaminosas que hemos abrazado, y que podamos ser liberados de estos patrones del mundo, de estas enseñanzas diabólicas y que podamos verdaderamente rendir cada uno de los aspectos de nuestra vida, a Tu soberanía, a Tu autoridad.

Porque desde el día en que Tú nos rescataste te pertenecemos a ti. Queremos vivir conforme al Dios que nos ha salvado, y al Dios que decimos seguir. Esto te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén. 

Annamarie: Hoy hemos tenido la oportunidad de evaluar nuestros corazones respecto al valor de la vida. En este tiempo en el que somos bombardeadas por tantas ideas tan rápidamente, es importante que permanezcamos firmes sobre la verdad de la Palabra de Dios. 

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Dios muestra Su amor, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez.

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