Abrazando tu misión | Reto devocional de vuelta a clases

¡No puedo creer que ya llegamos al último día de nuestro reto devocional: de vuelta a clases! Oro que Dios continúe poniendo en ti el anhelo de buscarle y meditar en su Palabra, mientras te esfuerzas cada día para perseverar en ella.

En esta semana hemos meditado sobre la importancia de:

Y para cerrar el día de hoy queremos hacerte un recordatorio de algo que es vital para la vida de un creyente. Algo que fácilmente se nos escapa, sobre todo en los años escolares. ¿Lista para el reto de hoy?

Lectura bíblica

«Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mat. 28:18–20)

Reflexión

Sí, conozco esa tensión… Cuando estás rodeada de personas que piensan que el Evangelio es una tontería. Quisieras que ellos entendieran pero reaccionan como si estuvieras hablándoles en un idioma alienígena. No es fácil hablar de arrepentimiento con esa chica que se cree salva solo porque ha asistido a la iglesia desde niña, ni con aquella que se enorgullece por ser la salvaje del salón. También pudiera ser muy retador ser “la evangélica” y aguantar la presión de ser diferente.

“Dios ha abierto nuestros ojos y nos ha dado una nueva vida para que sirvamos como luminares para aquellos que aún están en tinieblas.” Eso lo sabemos, lo aprendimos en la escuela dominical pero en el momento en que tenemos a alguien por delante, nuestras palabras se enredan y nos llenamos de temor. Luego pasa el momento y nos preguntamos, ¿qué pasó?

He aprendido que la razón por la que en ocasiones me siento retraída para compartir el evangelio es porque muy en el fondo pienso que el resultado de la conversación depende de mi desempeño. Es fácil llenarme de inseguridad al tratar de convencer a una persona de que está espiritualmente muerta y en urgente necesidad de salvación.

¡Déjale los resultados a Dios!

Si creo que depende de mí, entonces, claro que voy a llenarme de pánico porque Dios no diseñó el evangelismo para que funcionara de esa manera. Cuando Jesús les dio el mandato a sus discípulos les dejó claro aquello que los empujaría a la acción, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra». Detente un momento y deja que esas palabra entren a tu corazón. Jesús tiene toda autoridad en todo el universo, incluyendo el corazón de la persona que tienes al frente para compartirle el evangelio. Su Espíritu es el único que tiene el poder de transformar un corazón de piedra en uno de carne. Entonces, a la hora de compartir tu fe necesitas recordar que el poder de salvar no está en ti, la salvación es exclusiva del Señor. En la fórmula del evangelismo, necesitas dejarle los resultados a Dios.

No es una sugerencia, es un mandato

Tu trabajo es responder en obediencia, recordando que esto no fue una sugerencia, sino un mandato. Él dijo: «Id, pues, y haced discípulos…» Tu obediencia necesita estar acompañada de un sentido de urgencia, Jesús no dijo «solo cuando creas que es conveniente o cuando sientas deseos de hacerlo», no, Él los mandó a ir, a moverse, a hacer discípulos. Todo este mandato se trata de acciones que necesitamos realizar.

No se trata de ti

Y si te preguntas qué es lo que vas a compartir, recuerda que estás colaborando con la misión de Dios en el mundo y se trata de Él, no de ti. Asegúrate de leer con cuidado su mandato: «enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». ¿Te fijas? Eso que tenemos que compartir y enseñar es el consejo de Dios, es su Palabra. Así que en el momento en que trates de alcanzar a otros recuerda que no es tu historia, es la historia de un Dios que lo dio todo para rescatar a su pueblo perdido.

¡No estás sola!

Así es esta fórmula 1=2… «y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».  Él ha prometido estar contigo y eso destruye toda inseguridad al momento de abrir tu boca y declarar las verdades de Dios a quienes te rodean. No estás sola, Él está contigo.

Medita

Compartir el evangelio con otros siempre será un gran reto, porque el resultado no depende de nosotros. El evangelismo nos permite colaborar con la misión de Dios para la humanidad y ser partícipes del plan de redención que fue diseñado desde antes de la fundación del mundo. Medita en la asombrosa gracia que te salvó, confía que toda autoridad ha sido dada a Cristo y cree que Él cumplirá su promesa de estar contigo todos (sí, todos) los días. Si lo haces, vivirás en misión continuamente.

Pregúntate

  • ¿Cuándo fue la última vez que le hablé a alguien acerca de Jesús?
  • ¿Cuáles son las razones por las que no comparto mi fe con otros?
  • ¿Qué esperanza encuentro en el evangelio para vencer esos obstáculos?

Ora

  • Por una mayor comprensión de la obra de Cristo a tu favor.
  • Por un mayor entendimiento de la Palabra de Dios.
  • Por compasión por los perdidos.
  • Por oportunidades para compartir el evangelio.

¿Más? Quiero compartirte este recurso que te ayudará a organizar tus ideas para compartir el evangelio con quienes te rodean. ¡Gracias por llegar hasta aquí!

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Sobre el autor

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés, madre de Josué y Samuel, portadora de un ferviente anhelo por llevar el evangelio a las siguientes generaciones. Forma parte del ministerio para mujeres Aviva Nuestros Corazones, administrando los blogs Mujer Verdadera y Joven Verdadera. Además supervisa el área de Media. Actualmente está cursando un M.A. en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Escribe en Aviva Nuestros Corazones, en su blog personal y contribuye en Coalición por el Evangelio.

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