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Hebreos 12 es un pasaje del que podemos saber algunas implicaciones y aplicaciones para la maternidad en la vida de una mujer. Te invitamos a que te unas a nosotras en este episodio para escuchar lo que podemos aprender de este pasaje y cómo cobra vida en el llamado de la maternidad.
Frases destacadas del episodio de hoy
«Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. Consideren, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra Él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón» (Hebreos 12:1-3).
- Este pasaje es para la carrera cristiana en general. Pero en una mamá, en una mujer a quien Dios le da hijos, hay un tramo largo de la carrera que es la maternidad: criar esos hijos que Dios nos ha encomendado.
- Criar es parte de la carrera de la fe. Y la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque la verdad es que corremos sin ver los resultados, confiando en que Dios está obrando en los corazones de nuestros hijos y también en los nuestros, en cada pequeño acto de obediencia..
- La carrera de la fe y la carrera de la maternidad no son una carrera de velocidad, sino una de resistencia. A veces la vemos como una carrera profunda y agotadora, pero la verdad es que también es hermosa.
- El versículo 1 de Hebreos 12 comienza diciendo que tenemos en derredor nuestro una gran nube de testigos, tanto en la Escritura como fuera de la Escritura. Tenemos a María, a Elizabeth, a Ana, a Jocabed, la mamá de Moisés, etc. La Palabra de Dios nos dice: «Mira esos testigos y mira cómo ellas corrieron. Si ellas corrieron, tú puedes correr; si ellas terminaron, tú puedes terminar; y si ellas hicieron en fe su maternidad, tú también puedes hacerlo».
- Dice el escritor a los Hebreos que debemos despojarnos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve. En las carreras, los corredores tratan de llevar la menor carga posible. Así mismo, en la crianza de nuestros hijos hay cosas que son un peso. No son pecados en sí mismos, pero sí nos estorban, y pueden llegar a convertirse en pecados si no nos despojamos de ellos.
- Hay distracciones que se convierten en un peso:
- Compararnos con otras mamás.
- Buscar ser la mamá perfecta.
- Tener expectativas irreales.
- Vivir con culpa constante.
- Querer controlarlo todo.
- El agotamiento.
- Luchar en nuestras propias fuerzas y no en las que Dios nos quiere dar.
Querer abarcar muchas otras cosas en esta etapa de la crianza que nos desvían del foco principal, de concentrarnos en cada uno de estos niños que Dios nos ha dado y no en su conducta externa, sino en su corazón, de donde emanan los manantiales de la vida.
- Despojarnos no es esforzarnos cada día más en ser una mejor mamá, aunque eso no es malo. Tiene que haber intencionalidad de nuestra parte:
- Es rendirnos más a Dios.
- Rendirnos a nuestra labor.
- No querer estar en muchas cosas a la misma vez y desenfocarnos de esto.
- Es echar mi carga sobre el Señor y dejar que sea Jesús, que verdaderamente sea el Señor en nuestra maternidad.
- Es morir a nosotras mismas cada día y a tantas cosas que nos gustarían, pero que quizás no es el tiempo.
- Dios es quien nos da la competencia, la energía, la sabiduría para permanecer haciendo lo que sabemos que debemos hacer y no lo que nuestros sentimientos nos gritan.
- Dios no te está llamando a correr rápido; Él te está llamando a seguir corriendo, a avanzar un paso más hoy, a SOSTENERTE en Su gracia. La maternidad es la carrera de Dios para ti en esta etapa. Corre con paciencia la carrera que tienes por delante, con tus hijos, con tus dones, con tu historia y tu llamado. ¡Dios la diseñó para ti!
Un recordatorio para ti, mamá:
- En Jesús está nuestra paz
- Él promete renovar tus fuerzas
- Él no es solo nuestro ejemplo
- Él es nuestra fuente. Él es quien perfecciona nuestra fe, la fe que necesitamos para criar, para amar y para perseverar.
Mamá, no lo olvides:
- Recuerda que la fe no exige perfección, solo seguir adelante confiando.
- La debilidad no te descarta, te acerca más a Dios.
- El cansancio no significa fracaso, significa que estás entregando tu vida.
- Los hijos difíciles no están fuera del alcance de Dios y las esperas largas pueden producir milagros inesperados.
- En tus momentos más oscuros, recuerda, hay una gran nube de testigos que te animan y te dicen: «No te rindas. ¡Dios es fiel!».
Pasajes bíblicos para profundizar:
«…echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes». —1 Pedro 5:7
«Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma». —Hebreos 10:39
«Y Él me ha dicho: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”». —2 Corintios 12:9
«Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar». —Mateo 11:28
«La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da…». —Juan 14:27
«Él da fuerzas al fatigado, y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor». —Isaías 40:29
Recursos recomendados:
Episodio, Necesitas aprender a perseverar
Episodio, Mamá, ¡persevera!
Episodio, Sé fiel en entrenar a tus hijos
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