Mujer Verdadera 365 Podcast

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Día 215 | Jeremías 1 – 3

Día 215 – agosto 3

Jeremías 1 – 3

Hoy iniciamos un nuevo libro: el libro del profeta Jeremías.  Si has estado con nosotras desde el principio de este reto, ¡te felicito! ¡Sigue adelante!

Llamado y comisionado

Jeremías fue llamado y comisionado por Dios para denunciar la apostasía de Su pueblo elegido. Se le conoce como «el profeta llorón» debido al contenido de sus escritos. Siendo de naturaleza sensible y un tanto retraído, Dios mismo pone palabras en su boca y le inviste de autoridad para hablar a Su pueblo durante el reinado de Josías, Joacim y Sedequías, hasta el destierro a Babilonia.

  • Lee el versículo 1:5.

A la luz de los millones de abortos que ocurren en el mundo, ¿qué te enseña ese texto acerca de la vida? Según este texto, ¿desde cuándo inicia la vida? 

  • Lee Efesios 1:3-7. 

De acuerdo a estos versos, ¿cuál es el valor y el propósito de nuestras vidas?

Llamado a ser fiel

Si lo evaluamos humanamente, el ministerio de Jeremías no fue exitoso. A pesar de confrontar reyes y al pueblo al arrepentimiento, estos no le hicieron caso. Terminaron siendo llevados cautivos a Babilonia, tal y como Jeremías mismo profetizara. Pero esto no detuvo a Jeremías. Él continuó siendo fiel a la comisión que Dios le había dado, siendo fiel a la encomienda (transmitir un mensaje difícil y nada popular) en medio de—y a pesar de—los obstáculos y dificultades.

  • ¿Qué te ha encomendado Dios en este tiempo? ¿Eres fiel a ese llamado a pesar de las dificultades?

Recuerda: Dios te equipa para la encomienda que te da (vv. 1:6-8). Él no llama al equipado, Él equipa al que llama. 

Apostasía de Israel

Dios habló a través de Jeremías (1:9) para exhortar a Su pueblo, el cual se había olvidado de Dios. El pueblo había dejado de temer a Dios, y Él lo compara con una ramera. Debido a su apostasía ahora estaba sufriendo calamidad.

Jeremías compara al pueblo con otras naciones que no habían abandonado a sus dioses, a pesar de estos no ser realmente dioses, sino sólo ídolos (vv. 2:10-11). El pueblo de Israel, un pueblo que sí tenía al Dios verdadero, la única fuente de agua viva, lo había abandonado y había cambiado Su gloria para construir cisternas rotas que no retienen agua (vv. 2:12-13), había intercambiado la libertad por esclavitud a través de alianzas con pueblos paganos.

El pueblo había olvidado lo que Dios había hecho por ellos y estaban sumidos en la idolatría. Este abandono de Dios había traído calamidad sobre ellos y ahora sus dioses no podrían salvarlos (v.2:28). A través del profeta Jeremías Dios les llamaba a reconocer cuán malo y amargo era para ellos dejar a Dios y dejar de temerle (v.2:19).

Aunque Judá e Israel habían sido infieles a Dios, Dios estaba listo para extenderles misericordia si ellos reconocían su pecado. Pero lejos de reconocerlo, ellos lo negaban, «no estoy manchada, no me he ido tras los baales» (v. 2:23).

Jeremías le dijo al pueblo que aunque se lavaran con lejía y mucho jabón, su iniquidad no podía ser borrada.  

¿Y tú? Examina tu propia vida. No nos desviamos de los caminos de Dios de un día a otro. Es algo que ocurre poco a poco. Nos vamos enfriando. Dejamos nuestro primer amor para perseguir otras cosas, para construir cisternas rotas. Vamos perdiendo el apetito por Su Palabra. Dejamos de congregarnos. Empezamos a comprometer nuestras convicciones bíblicas y a dudar de Su Palabra. Nos vamos desviando poco a poco, y cuando rechazamos la autoridad de Dios vamos dando cabida a la esclavitud del pecado.

Dios es paciente, pero nos advierte una y otra vez acerca de las consecuencias de desviarnos de Sus caminos.

«Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil». –Mateo 26:41

  • ¿Has experimentado algún grado de enfriamiento en tu propia vida?
  • ¿Hay áreas en las que has desplazado a Dios, dónde has buscado otros refugios o has buscado ser satisfecha con las banalidades de este mundo? 
  • ¿Por qué no te pones de acuerdo con Dios con relación a esas áreas en tu vida, a esos pecados? Reconoce tu desvío y pide perdón. Él es fiel y justo para perdonar cuando reconocemos nuestros pecados.

«El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia». –Proverbios 28:13

Hoy, a través de Cristo y debido a su sacrificio, podemos venir ante Él arrepentidas y seremos perdonadas. Y no solo nos perdona, sino que nos limpia de nuestra maldad y nos hace blancas como la nieve. 

«“Vengan ahora, y razonemos”, dice el Señor, “Aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán”». –Isaías 1:18

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Illinios, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de Dios y ayudarlas a vivir de acuerdo a la fe que han abrazado. Laura es consejera bíblica y mentora de muchas mujeres jóvenes. Actualmente dirige el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, una labor que le ha ayudado a alcanzar a las mujeres de su generación con el mensaje del Evangelio y de la feminidad bíblica. También produce, junto a su esposo, el programa radial semanal "Un Hogar Sobre la Roca", que busca contribuir a redimir el diseño de Dios para la familia. Laura tiene una hija, Sarah, casada con Jonathan, y cuatro hermosos nietos, Zoë, Noah, Joy y Levi. 

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