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Día 265 | Habacuc

Día 265 – septiembre 22

Habacuc

El libro de Habacuc podría resumirlo, a mi entender, como: «La lucha de un verdadero creyente por mantener firme su fe frente a las muchas dudas que se levantan en su alma cuando se ve rodeado de desesperanza». 

El nombre Habacuc, en hebreo es «Habaqquq». «Habaq» significa abrazo, abrazar, ceñir o luchar. A este fiel profeta lo vemos luchar con sus dudas, las cuales presenta con toda honestidad ante Dios, para entonces, luego de recibir Su respuesta... abrazar o ceñirse por fe, al carácter, al obrar y al disponer de ese Dios Soberano. Quien aunque muchas veces parece distante e indiferente, está más cercano de lo que creemos, manteniendo el control de todo cuanto sucede en este mundo y en nuestras vidas.

Su discurso va dirigido a Judá, pero es pertinente para todo el Pueblo de Dios en toda época. Todo ser humano siempre se ha preguntado el por qué, el cómo y el cuándo de nuestra existencia. Queremos respuestas a nuestras interrogantes, y sobre todo, queremos saber, ¿por qué Dios permite el mal en el mundo? ¿Por qué los injustos prevalecen y los justos sufren?

Como creyentes sabemos que la respuesta se encuentra en Génesis 3, cuando a causa de la caída de Adán, entró el pecado con todas sus nefastas consecuencias.

En el primer capítulo, versículos 1-4, vemos a Habacuc abrumado y cargado por lo que sucede a su alrededor: Violencia, iniquidad, destrucción, pleito y contienda, lo cual llevó a la nación que ya estaba en completa anarquía a lo que nos describe el v. 4: «Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia».

¿Qué hace cuando ve todo esto? Volverse a Dios y preguntar: «¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás…?». –1:2

En los versículos 5 al 9, Dios le da Su respuesta: Él levantaría a los Caldeos, nación cruel, presurosa, formidable y terrible, porque de ella procede su justicia y dignidad; con un ejército numeroso y diestro, el cual pasaría como un huracán llevándose cautiva a Judá. Además de esto, Egipto, que durante siglos fue una potencia, sería destruida y Asiria desolada, de forma tal que nadie recordaría donde estaba ubicada. Aunque Habacuc no lo supiera Dios estaba actuando, y de una manera asombrosa.

Al oír esto el profeta queda sorprendido. ¿Cómo un Dios «limpio de ojos para ver el mal», permitiría que una nación impía y cruel fuera instrumento de castigo para su pueblo? ¡Uf! Ahora las cosas parecieran ser más complejas e incomprensibles. Habacuc se pone en guardia y en vela para ver qué Dios le contestaría ante tan desoladoras noticias.

De nuevo, Dios, con toda Su paciencia, le responde en visión con una respuesta esperanzadora: «Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá». –2:3-4

Es como si Dios le dijese: «Habacuc, ten paciencia y confía, lo que Yo digo siempre se cumplirá, solo que a Mi tiempo y a Mi modo. Yo sé cómo son los Caldeos, no son rectos y son muy orgullosos; pero tú que eres justo, cree lo que te digo. La vida hay que vivirla por la fe».

La palabra «vivirá» significa: existir, preservar, florecer, disfrutar de la vida, vivir felizmente, respirar, estar animado, recuperar la salud, vivir ininterrumpidamente.El que es justo por su fidelidad, firmeza, consistencia, creencia y solidez en el Dios que cree... podrá experimentar todo lo implicado en esta palabra, aún en medio de situaciones difíciles y adversas como lo atestigua el profeta, y como lo atestiguaron muchos santos del pasado y del presente.

Cabe destacar que este es uno de los pasajes que dio lugar a la reforma protestante, la cual proclamaba que la salvación viene por la fe en Jesucristo, no por las «buenas obras» que el ser humano haga. 

Ahora bien, y ¿qué es la fe? «Es la certeza o garantía de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». –Hebreos 11:1. Certeza, garantía y convicción ¿en qué? Como vimos anteriormente, es creer en el carácter de Dios, pues Él es Quién dice ser. Es creer en Sus promesas, las cuales nunca han fallado. 

«…reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas». –Josué 23:14

«Porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén». –2 Corintios 1:20 

¿Crees estas cosas? Entonces tienes verdadera fe.

Los versículos 5 al 20 nos describen las cualidades de los babilonios que los llevaría a su destrucción final. Seis veces aparece la palabra «¡ay!», la cual es una interjección que en este caso indica temor. Aquel que llenará la tierra del conocimiento de Su gloria, quien está sentado en Su santo templo y ante quien toda la tierra debe callar, ha emitido Su juicio.

¿Cuál fue la respuesta del profeta ante tales realidades? Entonar un cántico de adoración en forma de oración lleno de emoción y con la seguridad de la victoria. Aunque al oír la Palabra del Señor temió, de inmediato pide que Dios «avive Su obra en medio de los tiempos y que en Su ira recuerde la misericordia». –3:1-2; por igual, sus entrañas se conmovieron, sus labios temblaron, pudrición entró en sus huesos y se estremeció, por tanto, hizo lo único que se puede hacer ante una angustia como la que vendría: Estar quieto esperando el actuar de Dios (3:16).

Los versículos 3 al 15 nos describen juicios de Dios hechos en el pasado, los cuales garantizan esperanza para lo que deparará el futuro.

En los versículos 17 al 19 vemos «una fe llena de esperanza en medio de una situación desesperanzadora». Cuando los babilonios llegaran, todo lo necesario para la existencia sería desolado. Pero Habacuc toma una decisión: «Alegrarse y gozarse en Jehová el Dios de su salvación».

El verbo «gozarse» significa: regocijarse, estar feliz o alegre. Conlleva la idea de danzar o saltar de gozo. ¿En qué pudo gozarse el profeta en medio de tanta calamidad? En su comunión con Dios, el cual pasara lo que pasara, sería su fortaleza, haría sus pies como los de las ciervas, las cuales pueden andar por las alturas sin temor a caerse.

La fe de Habacuc pudo escalar bien alto porque le dio decretos a su alma: Miraría las cosas a través de los ojos de su Señor, y por lo tanto vislumbraría un glorioso y victorioso final.

  • ¿Te entristece ver que la justicia sale torcida a causa del pecado?
  • ¿Llevas tus quejas al Señor y en quietud esperas Su respuesta, aunque esta tome tiempo?
  • ¿Vives día a día por la fe?
  • ¿Floreces y te animas por medio de ella?
  • ¿Puedes gozarte aún cuando las cosas se ven difíciles porque tu mayor tesoro es tu relación con Dios?

¡Oh que el Señor nos permita elevarnos a las alturas porque verdaderamente para el íntegro, para el justo y para el que espera en el Señor hay un final dichoso! (Sal. 37:34, 37).

¡Amén!

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Margarita de Michelén

Margarita de Michelén

Mejor conocida por Maggie, recibió por la gracia de Dios a Jesucristo como su Señor y Salvador en el año 1980. Está casada con Eric Michelén desde 1981. Ambos desde su juventud han servido en Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Eric fungió como Diácono por mas de 35 años. Fue maestro de Escuela Dominical y Líder de grupo de parejas. Desde el 2017 forma parte del Cuerpo de Pastores de la Iglesia.

Maggie sirve en cuidado de cuna, como maestra de escuela Dominical, en estudios para damas, y parte del Ministerio de Mujeres. Está apasionada por el estudio y la enseñanza de las Escrituras, y de literatura cristiana. Sirve como voluntaria en el Ministerio de Aviva Nuestros Corazones y está comprometida de todo corazón con proclamar la libertad, plenitud y abundancia en Cristo y la Feminidad Bíblica.

Ambos son padres de cuatro hijos: Patricia, Elisa, Eric Yamil y Yamil Elías. Tres de ellos les han coronado con 7 nietos: Gianmarco, Rodrigo, Gianluca, Kalil, Gianpiero, Andrés y Lucía Amalia.

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