Hijas de Sarah | 1 Pedro 3:1-7 | Leamos la Biblia juntas

Los versículos que veremos hoy tienen mucho que ver con los anteriores, porque 1 Pedro está tratando de pintarnos un cuadro de cómo luce la conducta de un creyente en este mundo que no es su hogar. Vimos cómo los siervos eran llamados a ser obedientes a sus amos y el mérito que se encuentra en sufrir por hacer el bien y ahora nos enfocaremos en el matrimonio, sigue leyendo porque te aseguro que hay tesoros aquí que son para ti. ¡Sí! Para ti que aún no te has casado. #leamoslaBibliajuntas

1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres

2 al observar vuestra conducta casta y respetuosa.

3 Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos,

4 sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

5 Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.

6 Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no estáis amedrentadas por ningún temor.

7 Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas. --1 Pedro 3:1-7--

Pedro está conectando esta enseñanza con la sumisión perfecta de Cristo. (1 Pedro 2:21-24). ¿Notaste la palabra “asimismo”? El quiere decir, “de la misma manera” en la que Cristo se entregó por completo y lo dió todo en sumisión a su Padre, así mismo, que las mujeres sean sumisas con sus esposos, aún a aquellos que no son creyentes.

Puedo imaginarme lo que siente el corazón de una joven que no se ha casado al leer esto, puede sentirse como una esclavitud, como un llamado denigrante y abusivo. Pero, creeme, ¡es todo lo contrario!

Antes de que el pecado arruinara la hermosa relación entre los esposos, la sumisión no era una carga en lo absoluto, era una disposición natural que le traía gozo. ¿Por qué? Porque ella no tenía ningún temor, porque el deseo del esposo era proteger y suplir las necesidades de la mujer, así que no existía ningún peligro. Pero el pecado torció todas las cosas, como consecuencia, la relación entre ellos se dañó y ahora la mujer se resiste en someterse, así como el esposo en asumir su rol.

Y en medio de este enredo de pecado y oscuridad en la relación matrimonial brilla una luz de esperanza y es que el Evangelio restaura lo que el pecado dañó. Ahora una mujer que ha creído en Cristo como su Salvador , ha nacido para una esperanza viva, ahora su relación con su esposo puede ser redimida y ella puede volver al diseño original de la sumisión porque ya ella no tiene ningún temor, ya no hay una lucha de poder en su interior porque ella ha rendido todo al Señorío de Cristo. Ahora ella está bajo el cuidado del Pastor y Guardián de su alma y ella quiere entregarlo todo para seguir su ejemplo.

¿Ves? Es un cuadro hermoso que modela la sumisión de Jesús y que tiene como fin ganar al esposo a hacer lo mismo. (Muchas mujeres de la época se convirtieron ya estando casadas y sus esposos no eran creyentes.) Así que Pedro les animaba a cultivar un carácter piadoso que le sirva de testimonio a sus esposos.

Ese carácter piadoso en una mujer es hermoso delante de Dios y no tienes que esperar hasta el matrimonio para cultivar esa belleza que no se desvanece y que nada puede destruir. Te animo a que saques la maleza que ha crecido en el jardín de tu corazón y que siembres nuevas semillas para que den frutos hermosos.

Una joven preciosa a los ojos de Dios:

  • Se adorna con sumisión y respeto en todas sus relaciones.
  • Muestra castidad y pureza en su trato con los demás.
  • Mantiene un espíritu tierno y sereno y evita ser argumentativa.
  • Sus mejores adornos salen de su corazón, no de su armario.
  • No se deja consumir por la moda y las tendencia, la consume el anhelo por agradar a Dios y servir a otros.

Esto es lo opuesto a lo que la sociedad nos grita hoy en día. La cultura juvenil te dice que la sumisión es para chicas débiles y que la pureza y castidad son palabras pasadas de moda. Te invita a ser agresiva, escandalosa, a luchar por tus ideales y a seducir a todos con la manera en la que te vistes. Pero... ¿sabes qué? Esta es la manera de vivir de una chica que no tiene esperanza y ese no es tu caso, porque eres una hija de Sara y al igual que ella no tienes nada a qué temer, puedes ir en contra de la corriente sin miedo porque tienes toda tu esperanza en tu Salvador.

¡Sé intencional en adornarte de piedad y no temas en ir en contra de la corriente! Porque…

La sumisión nos hace como Cristo.

La sumisión + buen testimonio = oportunidad para el Evangelio

La sumisión te hace hermosa.

Y el versículo final puede ayudarte a ver cómo luce la masculinidad bíblica de manera que puedas escoger bien si Dios te llama al matrimonio. Fíjate que Pedro dice “igualmente” y se refiere a que también los esposos han de modelar a Cristo en su relación con sus esposas.

Los invita a tratarlas con honor, con sabiduría, con delicadeza porque son más frágiles y les recuerda que ellas son coherederas de la gracia y que participan de igual forma de la esperanza viva que tenemos en Cristo. ¡Que maravillosa noticia!

Para reflexionar

¿Cuáles de las características antes mencionadas necesitas cultivar?

¿Cómo el Evangelio redime la manera en la que ves la sumisión?

¿Cómo estos versículos te invitan a pedir perdón o dar gracias?

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Sobre el autor

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés, madre de Josué y Samuel, portadora de un ferviente anhelo por llevar el evangelio a las siguientes generaciones. Forma parte del ministerio para mujeres Aviva Nuestros Corazones, administrando los blogs Mujer Verdadera y Joven Verdadera. Además supervisa el área de Media. Actualmente está cursando un M.A. en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Escribe en Aviva Nuestros Corazones, en su blog personal y contribuye en Coalición por el Evangelio.

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