Mujer Verdadera 365 Podcast

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Día 261 | Abdias y Jonás

Día 261 – septiembre 18

Abdías y Jonás

Abdías

Estos 21 versículos que forman el libro más corto del Antiguo Testamento, contienen lecciones para el pueblo de Israel y también para nosotras en el día de hoy. 

La Biblia no habla nada más sobre su autor, el profeta Abdías, pero sí sabemos quién es Edom. Edom se refiere a los descendientes de Esaú, hijo de Isaac y hermano de Jacob. Tanto Israel como Edom provienen de Jacob y Esaú; había una relación de sangre entre ellos, y por la historia en Génesis sabemos que hubo enemistad entre estos hermanos mellizos desde el vientre. Aunque luego que Jacob regresó a la tierra de Canaán y ellos se reconciliaron, la simiente de la enemistad quedó sembrada en el corazón de sus descendientes.

Dios escogió soberanamente bendecir a Jacob:

«“El mayor servirá al menor”. Tal como está escrito: “A Jacob amé, pero a Esaú aborrecí”». –Romanos 9:13

Me llama la atención varias cosas de esta profecía contra Edom:

  1. El libro comienza diciendo: «Así dice el Señor Diosacerca de Edom» (v.1) dejando claro que Dios gobierna en el mundo y a las naciones como a Él le place. Este mundo no está fuera de control, nuestro Dios está sentado en Su trono y lo que vemos con nuestros ojos es Su obrar llevando a cabo Su historia. En Su plan soberano, Dios enaltece a unos y a otros humilla.
  2. Dios toma en cuenta el agravio que se hace a Su pueblo. Los Edomitas se aliaron con los enemigos de Israel en su ataque y destrucción. Por eso, Dios convoca a todos los ejércitos para atacar a Edom.

Siempre es dolorosa la oposición, enemistad y el ataque de otros, pero cuando viene de personas que deberían tenderte una mano amiga... es más triste aún. Estas ofensas penetran hasta lo más íntimo. Dice Proverbios 18:19 que las contiendas de hermanos son como cerrojos de alcázar.

«Porque no es un enemigo el que me reprocha, si así fuera, podría soportarlo… Sino tú, que eres mi igual, mi compañero, mi íntimo amigo…». –Salmo 55:12-13

El Señor, a través de Abdías, enumera una lista en los versículos del 10-14 de cosas que Edom no debió haber hecho contra Israel. Podríamos resumirlas en que no tuvo compasión de Israel, se unió a sus enemigos y se alegró de su calamidad. 

La profecía nos da esta sentencia de parte del Señor: 

«Por la violencia contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza, y serás cortado para siempre». –v. 10

«Como tú has hecho, te será hecho; tus acciones recaerán sobre tu cabeza». –v. 15

El Nuevo testamento lo dice de esta manera: «porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados; y con la medida con que midan, se les medirá». –Mateo 7:2

No te alegres de la desgracia ajena. 

Pero esta enseñanza tiene también una parte positiva. En ese mismo pasaje, en el Sermón del Monte está la famosa regla de oro:

 «Por eso, todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas». –Mateo 7:12

  1. En esta profecía vemos que es Dios el defensor de Su pueblo. Nosotras como Sus hijas podemos estar tranquilas sabiendo que Él nos defiende y Él es quien venga nuestros agravios.

Sin embargo, a nosotras Dios nos llama a amar a nuestros enemigos y a hacer bien a quienes nos ultrajan y nos persiguen. No perpetuemos las enemistades. Tenemos a nuestro alcance el perdón de Dios a través de la muerte y resurrección de Cristo, y si hemos recibido la gracia del perdón nosotras mismas, debemos perdonar y pedir perdón todas las veces que sea necesario. En cuanto dependa de nosotros debemos vivir en paz con todos los hombres.

  1. Otra lección importante es que Dios aborrece el orgullo. Esa fue la raíz del pecado de Edom contra Israel: «La soberbia de tu corazón te ha engañado». –v. 3

El orgullo es engañoso, nos hace pensar que podemos ser independientes, poderosas, autosuficientes. Todo esto es mentira. La realidad es que Dios odia el orgullo. Él se opone, resiste al orgulloso. Aborrece los ojos altivos. 

«Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu». –Proverbios 16:18

El Señor le dice a Edom en el versículo 4:

«“Aunque te remontes como el águila, y aunque entre las estrellas pongas tu nido, de allí te derribaré”, declara el Señor».

Cuidémonos del pecado y del orgullo en nuestros corazones. Si escogemos la independencia, Dios no será nuestro refugio ni nuestra justicia el día del juicio final.

Pero, ¡gloria a Dios!, el Señor ha provisto una vía de escape; El concede el arrepentimiento y ofrece Su gracia a los humildes. 

«Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo». –1 Pedro 5:6

Cuando veamos la calamidad de otros debemos temblar, extender gracia y ayudar, no sea que considerándonos firmes, caigamos por igual en el mismo juicio.

Dios, a través de Abdías, tiene promesas para Sión en esta vida y mejor aún, un final victorioso, «el reino será del Señor». –v. 23

«¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina». –Apocalipsis 19:6

Preguntas:

  • ¿Tienes tú como creyente alguna enemistad en tu familia que se ha prolongado por años?
  • Cuando ves a tu prójimo caer y ser atacado ¿te unes a quienes se le oponen o tratas de mediar y ser pacificadora?
  • ¿Le entregas a Dios los agravios hechos contra ti para que te defienda o tomas tú misma represalias?

Jonás

Esta historia en los profetas menores es una muy popular. Aun los niños pequeños conocen quien es Jonás y la historia del gran pez. En la meditación de hoy vamos a ir un poco más allá de la historia que se relata en los libros para niños.

Dios, en Su soberanía, puede usar a quien Él quiera como Él quiera. Usa personas que hacen lo correcto por motivaciones incorrectas y puede amar a través de ti o de mí, aunque no estemos amando a través de Él. ¿Quién puede decir que entiende la mente del Señor?

Lo que siempre vemos es que el profeta Jonás es un ejemplo de desobediencia a la voluntad de Dios. Dios lo manda a Nínive pero él se embarcó para Tarsis. Conocemos la historia: se levanta una tormenta, lo arrojan al mar y termina en el vientre de un gran pez. Desde allí clama a Dios y Dios tiene misericordia, le da una segunda oportunidad y él va a Nínive a predicar.

Ahora, yo te pregunto: ¿Qué motivó a Jonás a desobedecer a Dios y preferir la muerte antes de hacer lo que Dios le había mandado?

Claro que la raíz fue su pecado, pero esa es una respuesta muy general. Lo que lo motivó fue su animadversión por los ninivitas. Ellos eran un pueblo cruel y el profeta Amós había profetizado que Dios iba a traer una nación del norte a destruir a Israel. Así que él no tenía la más mínima misericordia ni compasión por esta gente. Él quería justicia, no misericordia. Y encima de todo eso, Dios estaba pidiéndole que fuera a predicarles el arrepentimiento para tener misericordia de ellos.

Ahora, debemos reconocer que Jonás conocía a Dios, quien es lento para la ira y grande en misericordia y verdad. Él no quiere la muerte del que muere. Por eso el profeta le dice al Señor:

«¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis. Porque yo sabía que Tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira y rico en misericordia».

Jonás en el Nuevo Testamento era una especie del hijo mayor en la parábola del hijo pródigo. Donde ese hijo fue incapaz de alegrarse con el regreso de su hermano menor y celebrar la misericordia que su padre le estaba extendiendo.

Podemos decir que Jonás fue egoísta, racista, inmisericorde, enojado con Dios por Su misericordia y aún así Dios lo usó para salvar toda una ciudad.

Pero antes de ser muy rápidas en juzgar a Jonás, creo que debemos preguntarnos: 

  • ¿Qué clase de corazón tenemos hoy en día por los perdidos? ¿Soy yo como Jonás o como el hijo mayor en la parábola? 
  • ¿Quiero juicio y justicia contra aquellos que se oponen a Dios (sin recordar que era como ellos y por su gracia ya no lo soy) o tengo ese corazón compasivo de Cristo quien en su peor hora pidió al Padre, «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen»? ¿De qué espíritu somos? ¿Somos de las que pedimos que descienda fuego del cielo?

El Señor Jesucristo nos invita a amar, no a los que nos aman, sino a los que nos aborrecen.

«Antes bien, amen a sus enemigos, y hagan bien, y presten no esperando nada a cambio, y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos.Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso». –Lucas 6:35-36

El libro del profeta Jonás es una invitación a ser como nuestro Padre, un llamado a imitarlo y a ser misericordiosas. 

«Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?». –Miqueas 6:8

El Ejemplo de Jonás

Hay dos cosas del profeta que fueron para mí de amonestación y advertencia:

Primero, su clamor en el momento de mayor angustia. La respuesta de Dios a Jonás es motivo de ánimo. Dios responde a sus hijos cuando claman en medio de la angustia. A pesar de su culpa, Dios lo trató con la misma misericordia con que iba a tratar a los ninivitas. Nos libra en circunstancias imposibles con medios sobrenaturales para que toda la gloria sea para Él. 

«En cuanto a mí, a Dios invocaré, y el Señor me salvará. Tarde, mañana y mediodía me lamentaré y gemiré, y Él oirá mi voz». –Salmo 55:16-17

En segundo lugar, resalta en el libro el enojo del profeta. Jonás era un hombre pronto para airarse. Qué triste es para nosotras vernos reflejadas en él, airadas, enojadas, y es como si el Señor nos hiciera la misma pregunta que le hizo a Jonás: ¿Haces bien en enojarte tanto? 

En realidad, me veo identificada con el profeta porque él no pasó el examen, él no aprobó la materia, yo también fallo muchas veces. Dios le da a Jonás una segunda oportunidad, pero él vuelve a airarse, ahora por un gusano y la calabacera. Dios como excelente maestro le enseña a Jonás su corazón. ¡Qué bueno es nuestro Dios que no nos paga como nosotros merecemos! 

«Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia. No luchará con nosotros para siempre, ni para siempre guardará Su enojo. No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es de grande Su misericordia para los que le temen. Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones. Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen. Porque Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que solo somos polvo». –Salmo 103:8-14

Nuestro Dios es muy misericordioso y compasivo y desde la eternidad ha redimido gente de toda tribu, lengua y nación. Todos los elegidos del Señor somos un pueblo, tenemos un mismo Dios y una misma fe. ¡Que Dios nos conceda un corazón misericordioso por los perdidos, no hacer acepción de personas y ver el mundo a través de los ojos de Cristo para así predicar Su evangelio a tiempo y fuera de tiempo!

Preguntas:

  • ¿Clamas al Señor en tu angustia? ¿A dónde corres cuando estás en problemas? 
  • ¿Te enojas cuando las cosas no son como tú quisieras que fueran?
  • ¿Haces acepción de personas en tu corazón?
  • ¿Compartes el evangelio con las personas que tienes cerca, o te avergüenza hablar de Cristo? 

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Sobre el maestro

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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