Últimos Episodios 29 de julio de 2026

¿Qué es una mujer?, con Mary Kassian

Diseñada para recibir y responder

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Débora de Rivera: La mujer fue creada para escuchar y responder. ¿Esta afirmación te hace sentir inferior o menos valiosa? Mary Kassian quiere que sepas algo… 

Mary Kassian: La receptividad no nos disminuye. Es la disposición que nos permite florecer. Es la manera en que somos llenadas de Cristo, de Su Palabra y de Su vida. 

A través de ella, mostramos al mundo lo que significa vivir con un corazón abierto en lugar de a la defensiva, satisfechas en Dios en lugar de depender de nosotras mismas, y dispuestas a acoger a otros en lugar de mantenerlos a distancia. 

Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 29 de julio de 2026.

Piensa en la última conversación realmente significativa que tuviste, una en la que alguien de verdad te escuchó, recibió tus palabras y respondió con atención genuina. Seguramente terminaste esa conversación sintiéndote conocida y comprendida, ¿no es así? Ese tipo de conversaciones es poco común. Y hay una razón por la que se sienten tan diferentes.

Hoy, Mary Kassian continúa esta serie haciendo la pregunta que nuestra cultura se niega a responder: ¿Qué es una mujer? Ella mostrará que esa capacidad que está en el corazón de toda gran conversación —recibir y responder— no es simplemente una habilidad social. Está entretejida en el diseño mismo de la feminidad. Y lejos de ser algo pasivo o débil, puede ser una de las expresiones más poderosas de cómo Dios te creó.

Aquí está Mary.

Mary: Quiero que pienses en la última conversación realmente buena que tuviste. No un debate ni un monólogo, sino una conversación de verdad, donde alguien dijo algo y tú realmente lo escuchaste, lo recibiste, lo meditaste, y luego respondiste con algo genuino. Y después esa persona hizo lo mismo con lo que tú compartiste, y la conversación simplemente avanzó hacia algo bueno.

Ese tipo de conversaciones son raras, ¿verdad? Son muy especiales porque alguien decide realmente recibir lo que el otro está diciendo: estar completamente presente y atento. Y luego responde, no simplemente reacciona, sino que responde de manera genuina y reflexiva.

Bueno, esto es lo que quiero proponerte hoy: esa dinámica —recibir y responder— no es solo el secreto de una buena conversación, sino que está entretejida en el diseño mismo de la feminidad.

Y sé que eso probablemente despierta preguntas en algunas de ustedes. Quizá incluso cierta incomodidad, porque en una cultura que les ha dicho a las mujeres que deben imponerse, tomar la iniciativa y nunca permitir que alguien las defina, la idea de ser receptivas o responder puede sonar limitante y tal vez incluso peligrosa, como si estuvieras cediendo algo.

Pero, ¡quédate conmigo! Porque creo que hoy descubriremos que recibir y responder no es debilidad, no es pasividad ni es una forma elegante de decir que debes dejar que otros pasen por encima de ti. En realidad, es una de las expresiones más poderosas de lo que significa ser mujer.

Hoy continuamos desarrollando la siguiente parte de nuestra serie titulada «¿Qué es una mujer?». Hasta ahora hemos visto que una mujer es la obra maestra viviente de Dios, formada por Sus manos a Su imagen, creada intencionalmente mujer, diseñada con delicadeza y belleza relacional. Hoy añadimos la siguiente frase: para recibir y responder.

En Génesis 2:18, Dios mira al hombre que ha creado y dice algo extraordinario: 

«No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada». 

Una ayuda. Así es como Dios identifica a la mujer en el momento mismo de su creación. La palabra hebrea es ezer. Y si observas cómo se usa a lo largo del Antiguo Testamento, descubrirás algo fascinante: la mayoría de las veces se usa para referirse a Dios mismo. El Salmo 33:20 dice: «Nuestra alma espera al SEÑOR; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo». Esta no es una palabra para alguien secundario o inferior. Es una palabra que describe a alguien que aporta lo que el otro no puede proveerse a sí mismo. Una colaboración esencial. Una ayuda indispensable. 

Pero aquí surge una pregunta: ¿cómo funciona realmente el ayudar? ¿Cuál es el primer requisito para ser una buena ayuda? 

En primer lugar, tienes que recibir. Necesitas comprender qué se necesita antes de poder suplir esa necesidad. Debes estar atenta: a la situación, a la persona, a la necesidad presente. De lo contrario, no podrás responder adecuadamente.

Por eso recibir no es una acción pasiva ni secundaria. De hecho, recibir es el primer movimiento de toda ayuda genuina. Antes de que la mujer de Proverbios 31 extendiera sus manos al pobre, primero vio su necesidad. La percibió. Antes de que una madre consuele a un hijo que llora, primero reconoce su angustia. Antes de que una amiga acompañe a alguien en medio del dolor, primero percibe el peso que esa persona está cargando.

Recibir es el primer movimiento de ayudar y Dios lo incorporó en la mujer desde el principio.

Dios escribió la verdad acerca de la feminidad en tu cuerpo incluso antes de escribirla en cualquier otro lugar.

Y quiero detenerme un momento aquí, porque esto me parece profundamente hermoso.

Tu diseño físico como mujer es un diseño orientado a recibir. Fuiste creada para recibir a un esposo en la unión de una sola carne del matrimonio, el intercambio humano más íntimo de todos. Tienes un vientre: un lugar diseñado para proteger, sostener y nutrir nueva vida. Tienes la forma de alguien creada para envolver y abrazar a otro ser: caderas más anchas, una estructura curvada, brazos hechos para sostener de cerca.

La receptividad no es algo incidental en quien eres. Es estructural y biológica. Es el primer mensaje de Dios acerca de la feminidad, escrito en tu propio cuerpo.

Y en ningún lugar se refleja esta receptividad de manera más evidente que en el vientre. Piensa en lo que realmente hace el vientre. No es pasivo. Es uno de los entornos más activos y extraordinarios del cuerpo humano. El cuerpo de una mujer no espera sin hacer nada; se prepara semana tras semana, mes tras mes, creando un espacio acogedor. Recibe nueva vida y luego entrega todos sus recursos para nutrir y sostener esa vida.

Esa es la imagen más profunda de lo que significa recibir. No se trata simplemente de decir sí y hacerse a un lado. Es decir «sí» y luego involucrar todo lo que eres para cuidar, sostener y nutrir aquello que te ha sido confiado.

Tu cuerpo es el primer maestro de esta verdad. Pero antes de continuar, necesito decir algo importante.

Algunas de ustedes no son madres. Algunas quizá nunca lo serán, o esa puerta se ha cerrado, tal vez de manera dolorosa. Quiero ser muy clara: esta realidad física es una imagen de algo que aplica a toda mujer, independientemente de si alguna vez tendrá hijos biológicos o no. Esa disposición de recibir —la apertura, la atención activa, la disposición a acoger y nutrir vida— es una característica del alma femenina.

Y se manifiesta de mil maneras que no tienen nada que ver con el embarazo. Está entretejida en quien eres y Dios la puso allí intencionalmente.

Quiero cuestionar la idea de que recibir es algo pasivo, porque creo que aquí es donde muchas mujeres tropiezan. Escuchamos la palabra «recibir» y pensamos en alguien que simplemente se queda sentado, que asiente con la cabeza, que no participa, que no aporta nada y que solo absorbe.

Pero eso no es realmente recibir.

Piensa en lo que implica recibir una retroalimentación difícil de alguien que te ama. Recibir genuinamente significa silenciar la actitud defensiva. Significa escuchar de verdad las palabras, no la versión con la que ya comenzaste a discutir en tu mente. Significa confrontarlas honestamente con la realidad y preguntarte: «¿Será cierto esto?». Quizá necesites meditarlo, hacer preguntas, considerar si hay algo de verdad en eso. Tal vez necesites la humildad para decir: «¿Sabes qué? Tienes razón».

Eso no es pasividad. Eso requiere más valentía de la que la mayoría de las personas está dispuesta a mostrar.

Santiago 1:21 utiliza este mismo lenguaje de recibir en uno de los contextos espirituales más importantes que existen. Santiago dice: «Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, reciban ustedes con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar sus almas».

La imagen es impactante. Santiago une la humildad de recibir con el arduo trabajo de quitar todo aquello que podría impedirlo. La Palabra de Dios es dada para ser recibida, sembrada como una semilla en la tierra preparada de un corazón verdaderamente abierto. Y cuando realmente es recibida, no permanece estática. Echa raíces, crece y produce fruto.

Piensa en esto por un momento: el vientre y la Palabra funcionan bajo el mismo principio: aquello que es recibido es transformado en vida.

Y esta es precisamente la imagen de la Iglesia: ella recibe el amor, el sacrificio y la provisión de Cristo, y responde con devoción y obediencia. La Iglesia es la gran receptora. Y nosotras, como mujeres, reflejamos esa postura de una manera única y hermosa, porque está incorporada en nuestro diseño.

La receptividad no nos disminuye. Es la disposición que nos permite florecer. Es la manera en que somos llenadas de Cristo, de Su Palabra y de Su vida. 

A través de ella, mostramos al mundo lo que significa vivir con un corazón abierto en lugar de a la defensiva, satisfechas en Dios en lugar de depender de nosotras mismas, y dispuestas a acoger a otros en lugar de mantenerlos a distancia. 

Ahora hablemos de la otra parte de esto: responder.

Si recibir tiene que ver con capacidad —la habilidad de acoger algo—, responder tiene que ver con la inclinación. Es la dirección hacia la que naturalmente se inclina tu corazón. Y Dios puso en la mujer un espíritu receptivo: un corazón inclinado hacia el «sí».

La palabra «receptivo» no suele usarse mucho en conversaciones cotidianas, así que déjame explicarla un poco más. Significa estar abierta en lugar de cerrada. Flexible en lugar de resistente. Dispuesta en lugar de defensiva. No significa no tener convicciones ni carácter. Se trata de una orientación profunda del corazón que te mueve hacia la participación en lugar del aislamiento, hacia el «sí» en lugar de una resistencia automática.

Piensa en el momento de Génesis 2 cuando Dios presenta a la mujer al hombre. Dios la había formado. Había construido esta criatura extraordinaria —y me encanta esa palabra hebrea, banah; es una palabra arquitectónica, de construcción— edificada del hueso y la carne misma de Adán. Y luego la trae al hombre.

¿Y qué hace Adán? Le da nombre. Génesis 2:23 dice: «Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada». 

Las Escrituras no registran ni una sola protesta de parte de la mujer. Ni una sola objeción. Y eso me parece fascinante, porque, siendo honestas, si alguien decidiera unilateralmente cuál será tu nombre, probablemente tu primera reacción no sería alegría. Quizá sería algo más parecido a: «Disculpa… creo que olvidaste preguntarme».

Pero creo que ese momento silencioso muestra algo importante. Eva respondió exactamente como Dios la creó para responder: con gozo, con apertura, con un sí natural a su diseño femenino. No estaba siendo anulada, sino que estaba plenamente en armonía con el diseño de Dios. Él inició, y ella respondió. Y juntos, en ese intercambio, reflejaron la imagen de Dios, quien es un Dios de perfecto dar y recibir, de perfecta iniciativa y respuesta, dentro de la comunión eterna de la Trinidad.

Esa disposición receptiva no es debilidad. Es la fortaleza de reconocer lo bueno y responder afirmativamente a ello. Su inclinación natural es la apertura, no la defensiva. Y esa disposición es precisamente lo que hace posible ayudar, porque una ayuda que nunca responde, que resiste toda iniciativa y rechaza toda petición, realmente no está ayudando.

Y esto también nos ayuda a entender mejor lo que Pablo y Pedro quieren decir cuando llaman a las esposas a sujetarse a sus esposos. Ese llamado en Efesios 5 y 1 Pedro 3 no es una regla externa impuesta desde afuera. Es una invitación a vivir aquello que ya fue entretejido en el diseño femenino. El «sí» voluntario, inteligente y consciente de una esposa hacia su esposo refleja la respuesta gozosa de la Iglesia hacia Cristo. No es una restricción colocada sobre la mujer. Es una característica del diseño femenino expresándose dentro del matrimonio.

Quiero llevar esto a un terreno muy práctico por un momento. Déjame hacerlo concreto.

Un esposo comparte una visión para el rumbo de la familia: quizá una mudanza, una decisión financiera o un cambio de prioridades. ¿Cómo se ve una esposa que verdaderamente recibe y responde? No rechaza la idea antes de que él termine de hablar. No comienza inmediatamente a enumerar todas las razones por las que no funcionará. Primero recibe lo que escucha. Lo toma en serio. Hace preguntas sabias. Ora al respecto. Aporta también su perspectiva y discernimiento. Y juntos buscan aquello que Dios tiene para su familia. El hecho de recibir y responder no elimina su voz; de hecho, hace que su voz sea más efectiva, porque se expresa desde un espíritu de colaboración y no de competencia.

Una amiga llama por teléfono, y en su voz se percibe una carga que todavía no logra expresar completamente. Una mujer que sabe recibir y responder no llena el silencio con sus propias palabras, sino que espera, escucha, recibe lo que la otra persona está compartiendo y luego responde, no con soluciones rápidas ni con un versículo lanzado como si fuera un dardo, sino con verdadero interés, cuidado y sabiduría.

Un hijo llega de la escuela más callado de lo habitual. Una madre que sabe recibir y responder no lo bombardea de preguntas ni intenta solucionar inmediatamente lo que ocurre. Ella crea espacio. Permanece presente. Espera a que aquello que está en el corazón salga a la luz. Y cuando finalmente sucede, ella está allí.

En cada uno de estos casos, recibir no significa simplemente dejar que otros te digan qué hacer. Significa estar lo suficientemente atenta para percibir lo que realmente se necesita y tener la sabiduría para saber cómo ayudar. No eres pasiva. Eres perceptiva.

La mujer de Proverbios 31 ilustra esto perfectamente. Antes de extender sus manos, ya había percibido lo que hacía falta. Observó y discernió, y luego respondió con sabiduría, acción y propósito. Ese es el patrón, ese es el diseño: recibir y luego responder; acoger y luego derramar. Percibir y luego actuar.

Ahora necesito ser muy honesta contigo acerca de algo, porque detenernos aquí dejaría esta conversación incompleta. Incluso podría ser peligroso.

Aquí está la verdad difícil: las mujeres responden. Está entretejido en nuestra naturaleza y eso significa que responderemos a algo. La pregunta no es si responderás o no, porque lo harás. La verdadera pregunta es: ¿a qué responderás?

Así que volvamos por un momento a Eva. Quédate conmigo aquí, porque esto importa mucho más de lo que parece a primera vista.

Con todo lo que acabamos de decir acerca de la naturaleza receptiva de la mujer, la historia de Eva podría malinterpretarse fácilmente. Podrías escucharla y concluir: «El problema fue que Eva era demasiado receptiva. Debió haber sido más reservada, más desconfiada, más resistente… menos receptiva».

Pero esa no es la lección.

El problema no fue que Eva respondiera. El problema fue que respondió a la voz equivocada.

Mira conmigo Génesis 3. La serpiente se acerca y le dice: «¿Conque Dios les ha dicho…?». Tres pequeñas palabras, cuidadosamente dirigidas. La serpiente sabía que Eva respondía naturalmente, que su corazón estaba orientado hacia la apertura. Así que se acercó con una pregunta diseñada para usar esa disposición en su contra. Distorsionó la Palabra de Dios. Introdujo duda donde antes había certeza. Le presentó una versión alternativa de la realidad que apelaba a su deseo de ser sabia, buena y plenamente satisfecha.

Y el corazón receptivo de Eva dijo «sí», pero no a Dios, sino a las mentiras de la serpiente. Ella seguía haciendo aquello para lo que había sido creada —podríamos decir que seguía armonizando—, pero estaba armonizando con la melodía equivocada.

Por eso es tan importante aquello a lo que estás anclada.

Tu corazón receptivo es un regalo. Pero los regalos pueden ser desviados. Una mujer con un corazón hermosamente receptivo, pero sin estar arraigada en las Escrituras, es una mujer que está en verdadero peligro… y quizás ni siquiera lo perciba. Pero no porque sea demasiado receptiva, sino porque está guiándose con una brújula que no está alineada con el verdadero norte.

Una mujer saturada de la Palabra desarrolla un discernimiento casi intuitivo, una sensibilidad para percibir cuando algo no está bien. No una actitud cerrada o desconfiada, sino una apertura que no es ingenua. Es receptiva sin ser imprudente.

El Salmo 119:105 dice: «Lámpara es a mis pies Tu palabra, y luz para mi camino». La Palabra no solo ilumina el siguiente paso; también revela hacia dónde conduce el camino antes de que llegues allí. 

Así que sumérgete en la Palabra, no como una obligación, sino porque tu hermoso corazón receptivo necesita aferrarse a la verdad. Léela. Memorízala. Medítala. Y cuando lo hagas —cuando tu primera respuesta sea recibir de Dios y responderle a Él antes que a cualquier otra voz— tu naturaleza receptiva llegará a ser todo aquello para lo que Él la diseñó.

Así que volvamos al punto donde comenzamos.

Esa gran conversación —aquella donde alguien realmente escuchó, recibió lo que se dijo y respondió con verdadera presencia y sabiduría— fue hermosa porque reflejó algo que Dios escribió en la esencia misma de las relaciones humanas y, de manera particular, en el diseño de la mujer.

Fuiste creada para recibir y responder. No como una limitación. No como algo inferior. Sino como un regalo: una capacidad que te permite ayudar, conectar, nutrir y convertirte en una persona en quien otros encuentran refugio, sabiduría y fortaleza.

Y cuando primero recibes de Dios —cuando Su Palabra está profundamente sembrada en ti y respondes a Su voz antes que a cualquier otra— este diseño llega a ser todo aquello para lo que fue creado. No una vulnerabilidad, sino una fortaleza. No pasividad, sino discernimiento. No debilidad, sino el poder de una vida completamente orientada hacia Aquel que la creó.

Desde el momento mismo de su creación, Dios llamó a la mujer ayuda —ezer— esencial, indispensable, con la capacidad de recibir y la inclinación de responder. Eso es lo que eres. Y es una verdad hermosa.

Débora: Qué regalo descubrir que recibir y responder no son limitaciones; son parte del diseño de Dios. Desde la palabra hebrea ezer hasta la estructura del cuerpo femenino y la postura misma de la Iglesia, Dios ha venido contando esta historia desde el principio. Fuiste creada para recibir y responder. No como algo inferior, sino como una gloria.

Y tú, ¿qué respondes cuando te preguntan «qué es una mujer»? Amada, la Palabra de Dios nos enseña que Su diseño para la mujer no es confuso ni una carga; antes bien es claro, firme y lleno de vida. Si quieres profundizar más en este tema, te invitamos a adquirir por una donación este mes de julio nuestro nuevo recurso digital «¿Qué es una mujer?», escrito por Mary Kassian, en él podrás profundizar mucho más en todo lo que estamos hablando en esta serie. Este recurso también incluye preguntas para reflexión personal y discusión en grupo. Para más información, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com

En nuestro episodio del día de mañana, Mary explorará lo que significa dar vida y nutrirla, y por qué toda mujer —haya sido madre o no— lleva dentro de sí esa capacidad.

Te esperamos en el próximo episodio aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a descubrir y abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Sobre las anfitrionas

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado la vida de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor … leer más …

Aviva Nuestros Corazones

Creemos que Dios desea producir un avivamiento y una reforma generalizada entre las mujeres del mundo mientras las llamamos a la libertad, plenitud y abundancia en Cristo. También confiamos que Dios continuará avivando corazones y llevando a las mujeres a … leer más …

Testimonios

  • Debo contarles que estoy tan tan tan feliz de poder tener este nexo, ya que el Señor, a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones, me rescató de la amargura que coseché al estar sirviendo en el ministerio pastoral por 14 años; mal enfocada en temas tan fundamentales como el evangelio, el servicio, el matrimonio, la verdad y el diseño divino para el varón y la mujer. Nunca antes había sido saciado mi corazón con las respuestas bíblicas que ha provisto para mi vida el ministerio de Aviva. ¡Dios me rescató para enfocar TODO en Él! Gracias nuevamente. Sigo instruyéndome con el ministerio y sigo proclamando la libertad y plenitud que hay en Cristo a todas las mujeres y esposas de pastor que puedo contactar. Así que, estoy muy feliz y agradecida porque la fuente de agua viva ¡NO TIENE FONDO! Y como dijo el pastor Sugel en Arraigadas: «¡Cristo provee más agua viva que la que podrás beber en toda tu vida!». Así es para mí, lo vivo y experimento a diario en Él a través de Aviva Nuestros Corazones. Sigo leyendo, comiendo la Biblia y cada libro que sale del ministerio de Aviva. Bendiciones mil.

    Carla de Chile